AUTORES
- María Castiella Sanjoaquín. Enfermera. Centro de Salud Delicias Sur, Zaragoza, España.
- Luna Rosa Bellosta López. Enfermera EIR pediatría. Hospital clínico universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Natalia Muñoz Agudo. Enfermera. Urgencias Hospital Clínico universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
- Marina Margeli Martin. Enfermera. CRP Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza, España.
- Paula Palacín Sales. Enfermera. Centro de Salud Fernando el Católico. Zaragoza, España.
- Erika López Alcain. Enfermera. Servicio de radiología en el Hospital Royo Villanova, Zaragoza, España.
RESUMEN
La demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia en la población adulta mayor a nivel mundial. Este síndrome afecta progresivamente las funciones cognitivas, interfiriendo significativamente en la vida diaria del paciente y generando un alto impacto en sus cuidadores. La enfermedad de Alzheimer es la forma más frecuente, aunque existen distintos tipos de demencia según su origen y localización cerebral. El paciente con demencia no solo sufre deterioro cognitivo, sino también alteraciones psicológicas y conductuales que dificultan su atención. En este contexto, la comunicación se vuelve un aspecto clave, especialmente para el personal de enfermería, que debe adaptar sus estrategias para establecer una relación terapéutica efectiva. El desarrollo de competencias comunicativas, tanto verbales como no verbales, permite comprender mejor las necesidades del paciente, mantener su dignidad y mejorar su bienestar. Además, existen herramientas como los libros de memoria y actividades artísticas han demostrado ser útiles para facilitar esta interacción y reducir conductas problemáticas.
PALABRAS CLAVE
Demencia, Alzheimer, comunicación, enfermería.
ABSTRACT
Dementia is one of the leading causes of disability and dependency among the older adult population worldwide. This syndrome progressively impairs cognitive functions, significantly interfering with the patient’s daily life and placing a considerable burden on caregivers. Alzheimer’s disease is the most common form, though there are various types of dementia depending on their origin and the areas of the brain affected. Patients with dementia experience not only cognitive decline but also psychological and behavioral changes that can complicate their care. In this context, communication becomes a crucial element, especially for nursing staff, who must adapt their approaches to build an effective therapeutic relationship. Developing strong communication skills, both verbal and non-verbal, helps caregivers better understand the patient’s needs, preserve their dignity, and enhance their overall well-being. Additionally, tools such as memory books and artistic activities have proven effective in facilitating interaction and reducing challenging behaviors
KEY WORDS
Dementia, Alzheimer, communication, nursing.
INTRODUCCIÓN
Actualmente el fenómeno de envejecimiento es una realidad a nivel mundial, asociada a factores como el descenso de la natalidad, la disminución de hijos por cada familia y el deterioro en la calidad de vida. El proceso de envejecimiento en ocasiones trae consigo el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles, como la demencia. Según la OMS en 2021, 57 millones de personas en todo el mundo vivían con demencia. A esta cifra se le suman 10 millones de casos nuevos al año. En la actualidad, la demencia representa la séptima causa de defunción más común, y una de las causas principales de discapacidad y dependencia1,2.
Al ser un síndrome que se caracteriza por el deterioro progresivo de las funciones cognitivas, la demencia interfiere en la vida diaria de los pacientes, ya que comienzan a presentar muchas más necesidades que requieren de cuidados especializados1,3. En este contexto, la enfermería tiene un papel esencial en la asistencia y comunicación con el paciente, así como en la educación al cuidador, para que el paciente conserve en todo momento su bienestar y dignidad4.
DESARROLLO
Como hemos nombrado anteriormente, la demencia se trata de un síndrome adquirido crónico, generalmente asociado con el envejecimiento que evoluciona de forma progresiva e irreversible, y provoca un deterioro de la función cognitiva, es decir, de la capacidad para procesar el pensamiento, la memoria, el lenguaje, y otras habilidades mentales. Este deterioro suele ser lo suficientemente grave como para afectar significativamente la calidad de vida del paciente, teniendo consecuencias a nivel físico, psíquico, social y económico tanto para los pacientes como para sus familiares y cuidadores1,3.
Existen varios tipos de demencias, que se pueden clasificar según las estructuras cerebrales afectadas y según su etiología. Según la zona cerebral afectada podríamos hablar por un lado de demencias corticales, que cursan con amnesia, afasia, apraxia, agnosia o dificultades en la memoria, y por otro lado de demencias subcorticales con alteraciones en el procesamiento de la información, la psicomotricidad, el afecto, la personalidad y la capacidad de atención, entre otros síntomas. En cuanto a la clasificación de las demencias según su origen, estas se dividen en primarias cuando no se conoce la causa, secundarias cuando la demencia es la consecuencia de otro trastorno, y las combinadas dentro de las cuales se encuentran las demencias mixtas (vascular y degenerativa). Entre todos los tipos existentes, la más común es la enfermedad del Alzheimer, representando un 60-70% de los casos, seguida por la demencia vascular, que es más frecuente en edades avanzadas5.
Los pacientes que sufren de demencia experimentan una serie de síntomas psicológicos y conductuales que agravan el deterioro cognitivo y funcional, a la vez que aceleran el proceso de institucionalización. Esta sintomatología es muy variada e incluye desde síntomas como depresión, ansiedad y psicosis, hasta manifestaciones conductuales como agresividad, hiperactividad motora y desinhibición, las cuales representan un gran desafío para los cuidadores y el equipo de enfermería6.
La comunicación con estas personas puede resultar especialmente compleja debido a las alteraciones cognitivas y al deterioro de sus habilidades verbales. A pesar de las dificultades para encontrar palabras adecuadas, construir frases complejas o recordar información reciente, muchos pacientes aún conservan la capacidad de comunicarse a través de gestos, expresiones no verbales o frases sencillas, e incluso pueden hablar sobre acontecimientos pasados. Por ello, es fundamental que el personal de enfermería comprenda tanto las limitaciones verbales como las formas no verbales de expresión para poder comunicarse con ellos de manera efectiva y comprender sus necesidades. El poder comunicarnos adecuadamente con los pacientes es esencial, ya que es a través de este medio por el cual las personas compartimos significados y damos sentido a otras personas, al mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Por lo tanto, aunque la sobrecarga laboral y la falta de formación específica puedan dificultar que el personal de enfermería establezca estos diálogos, es importante recalcar la importancia de fortalecer las competencias comunicativas del equipo de enfermería para mejorar la atención a pacientes con demencia y los resultados del cuidado7,8.
En esta línea, distintas investigaciones han explorado intervenciones formativas orientadas a fortalecer las competencias comunicativas del personal de enfermería en el contexto del cuidado a personas con demencia. En ellas se enfatiza el desarrollo de habilidades de comunicación no verbal, profundizando en el reconocimiento de emociones básicas, así como los desencadenantes emocionales personales de cada paciente. Estas habilidades tienen una gran relevancia, ya que las personas con demencia a menudo mantienen su capacidad de interpretar gestos, tonos de voz y expresiones faciales, incluso si su lenguaje verbal se encuentra deteriorado. También existen otras herramientas como los libros de memoria, que al recopilar información sobre la vida, intereses y experiencias del paciente, facilitan la conexión emocional y ayudan a reducir conductas problemáticas al proporcionar un anclaje visual y afectivo que orienta al paciente en su entorno y rutina. Otra herramienta especialmente poderosa que favorece la comunicación y socialización en personas con demencia es el arte. Iniciativas como el Proyecto AR. S, desarrollado en España, han demostrado que las actividades artísticas estimulan sus capacidades sensoriales y cognitivas, actuando como una forma de comunicación no verbal que se apoya en las habilidades aún preservadas7,9.
El abordaje de la demencia requiere no solo conocimientos clínicos, sino también una profunda comprensión de las necesidades emocionales y comunicativas del paciente. El personal de enfermería desempeña un papel esencial en este proceso, ya que es quien mantiene el contacto más cercano y continuado con la persona afectada. Fortalecer sus competencias comunicativas es indispensable para garantizar una atención centrada en la persona, mejorar la calidad de vida del paciente y proporcionar apoyo efectivo a sus cuidadores. Iniciativas formativas que fomenten la empatía, el uso adecuado de la comunicación no verbal y herramientas como los libros de memoria o las actividades artísticas, son una vía prometedora para humanizar el cuidado. En definitiva, cuidar a una persona con demencia es también aprender a comunicarse con ella de otros modos para comprenderla.
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