Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.39.82.002
AUTORES
- Carlota Clemente Ansón. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Irene Carceller Ramírez. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Carla Álvarez Conde. Enfermera, Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Raúl Calvera Rábanos. Enfermero, Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. España.
- Elena Arquillué Familiar. Enfermera, Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
RESUMEN
Las heridas tumorales son lesiones causadas por la infiltración directa o metastásica de un tumor en la piel con un alto impacto en la calidad de vida de los pacientes que las presentan, debido a la gran cantidad de síntomas y complicaciones que implican. Su manejo requiere una aproximación multidisciplinar, siendo los profesionales de enfermería actores clave en su tratamiento paliativo. Este artículo sintetiza la evidencia más relevante sobre su etiología, diagnóstico y tratamiento y los cuidados de enfermería relacionados con estas heridas. Además, destaca la importancia de la formación especializada para mejorar la atención prestada.
PALABRAS CLAVE
Herida tumoral, cuidado paliativo, tratamiento, cuidados de enfermería.
ABSTRACT
Malignant fungating wounds are lesions caused by the direct or metastatic infiltration of a tumor into the skin. They have a significant impact on the quality of life of patients who present them due to the large number of symptoms and complications they entail. Their management requires a multidisciplinary approach, with nursing professionals playing a key role in their palliative care. This article synthesizes the most relevant evidence on their etiology, diagnosis and treatment, as well as nursing care related to these wounds. It also highlights the importance of specialized training to improve the care provided.
KEY WORDS
Malignant fungating wounds, palliative care, treatment, nursing care.
DESARROLLO DEL TEMA
En las últimas décadas, el cáncer se ha consolidado como una de las principales amenazas para la salud pública mundial. En España, su incidencia ha aumentado debido al envejecimiento poblacional, la exposición a factores de riesgo y una mayor capacidad diagnóstica precoz1,2.
Como consecuencia de los avances terapéuticos, la esperanza de vida de los pacientes oncológicos ha mejorado, visibilizando nuevas necesidades asistenciales, especialmente en fases avanzadas y sin opciones curativas, donde el control de síntomas y la mejora de la calidad de vida se convierten en objetivos prioritarios del equipo de salud3-5. En este contexto, las heridas tumorales han emergido como un foco relevante de atención e investigación dentro de la práctica enfermera a nivel internacional4.
ETIOLOGÍA Y CLASIFICACIÓN:
Las heridas tumorales se producen por la infiltración de un tumor o sus metástasis en la piel, pudiendo involucrar a los vasos sanguíneos y linfáticos, causando hipoxia y necrosis6. También pueden surgir, aunque con menor frecuencia, como resultado de la implantación accidental de las células malignas en el epitelio durante procedimientos diagnósticos o quirúrgicos o por la malignización de heridas crónicas que no cicatrizan durante un tiempo prolongado (úlcera de Marjolin)7.
EPIDEMIOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO:
Aparecen con frecuencia en tumores de alto grado de malignidad o durante la fase terminal de la enfermedad oncológica, más frecuentemente en el cáncer de mama y cabeza y cuello. Se estima que entre un 5% y un 15% de los pacientes con cáncer desarrollan heridas tumorales, con una expectativa de vida promedio de 6 a 12 meses. Aunque, desafortunadamente, ningún registro de cáncer de base poblacional analiza su incidencia y su prevalencia está infranotificada debido, en parte, a la vergüenza, incomodidad y miedo que producen, lo que actualmente imposibilita una estimación más precisa6,8,9. Pero con el aumento de la supervivencia del cáncer se espera que estas cifras continúen en ascenso10-11.
El diagnóstico se sospecha por antecedentes oncológicos y presentación clínica. La confirmación requiere biopsia cutánea y análisis histopatológico12,13. No existen registros epidemiológicos estandarizados, lo que dificulta estimaciones poblacionales precisas6,11.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
Las heridas tumorales se caracterizan por un crecimiento rápido y asociado a dolor, exudado, sangrado, mal olor, infección y prurito y pueden presentarse de diferentes formas dependiendo del tipo de crecimiento tumoral, distinguiendose7,11,12:
- Lesiones exofíticas o vegetantes, con aspecto de coliflor “Fungating” (fase proliferativa).
- Lesiones endofíticas, en forma de cráter, con crecimiento irregular, bordes evertidos e indurados, fondo sucio, sin halo inflamatorio perilesional y que evoluciona a la destrucción de los tejidos (fase de destrucción).
TRATAMIENTO:
Las heridas tumorales representan un desafío importante en la práctica clínica por sus posibles complicaciones graves y el impacto en la imagen corporal, autoestima y calidad de vida de quienes las padecen y sus allegados, difiriendo su tratamiento, en gran medida, del de otras heridas crónicas3-4,7,12. Se trata así de un abordaje multidisciplinario y paliativo, que debe adaptarse a la evolución clínica del paciente y, al no esperarse su cicatrización, el objetivo principal de su tratamiento es el control de síntomas, la preservación del confort y el mantenimiento de la calidad de vida del paciente y de sus familiares cercanos y/o cuidadores6-7,11,14.
Qué hacer:
- Priorizar una valoración holística y continua del paciente (incluyendo aspectos físicos, psicosociales y nutricionales) y de la herida (localización, dolor, olor, exudado, sangrado, prurito e infección)6,11.
- Realizar una limpieza suave con suero fisiológico o agua tibia para arrastrar detritus y bacterias6, 11.
- Controlar el mal olor mediante metronidazol tópico (gel 0.75-0.8% o polvo), apósitos de carbón activado, y ventilación ambiental6,11.
- Gestionar el exudado con apósitos absorbentes (alginatos, hidrofibras, espumas)6,11.
- Manejar el dolor con analgesia sistémica y tópica (como opioides o anestésicos locales), administrándola antes de las curas6,11,13.
- Detener el sangrado aplicando presión directa, y usando agentes hemostáticos (alginatos, ácido tranexámico), considerando la radioterapia como alternativa para los sangrados persistentes6,11.
- Aliviar el prurito y proteger la piel perilesional con hidratación de la misma, compresas frías y apósitos de hidrogel o agentes tópicos (mentol, lidocaína) 6,11,13.
Qué no hacer:
- Se deben evitar los apósitos que se adhieran al lecho de la herida, ya que aumentan el dolor y el sangrado15.
- No se debe realizar desbridamiento cortante por el alto riesgo de hemorragia que este conlleva15.
CUIDADOS DE ENFERMERÍA:
La enfermería desempeña un rol clave en la valoración integral del paciente, en el manejo de los síntomas y en la educación sanitaria, tanto a los pacientes como a sus familiares y/o cuidadores, para su correcto abordaje en el domicilio3,5. El modelo PALCARE14 y los criterios HOPES16 son guías útiles que permiten orientar el abordaje enfermero de estas lesiones6,11,14.
CONCLUSIONES
Las heridas tumorales cuentan con una incidencia en aumento y su elevada cantidad de síntomas y complicaciones tienen una gran repercusión en la calidad de vida de los pacientes que las padecen. Estas suponen un gran desafío asistencial y su manejo adecuado requiere de conocimientos específicos.
Siendo destacable que, a pesar de su relevancia, los profesionales de enfermería a menudo carecen de formación especializada para su manejo, registrándose una capacitación inadecuada para el cuidado de estas heridas en enfermeras de todos los niveles4. Por lo que la formación especializada de los enfermeros será útil para mejorar su autoconfianza y garantizar una atención integral y de calidad4.
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