Leishmaniosis cutánea en la infancia: presentación de un caso en una niña de 13 años procedente de zona rural

29 agosto 2025

 

AUTORES

  1. Ignacio Lasierra Lavilla. FEA Medicina Interna. H Obispo Polanco. Teruel. España.
  2. Alberto Muñoz Vos. MIR MFyC de la unidad docente de Teruel. España.
  3. Joan Izquierdo Alabau. Médico Familia y Comunitaria CS Santa Eulalia, Teruel. España.
  4. Andrea Soriano Barrera. Enfermería Centro Salud rural. Teruel. España.
  5. Pablo De Fez Febré. FEA Psiquiatría Hospital Obispo Polanco Teruel. España.
  6. Carlos Antonio Utria Hernández. FEA Urgencias hospital obispo Polanco Teruel. España.
  7. Sara Plou Izquierdo. Médico de Atención Primaria Centro de salud de Sarrión. Teruel. España.

 

RESUMEN

Se describe el caso de una niña de 13 años procedente de una zona rural de Teruel, España, que consultó por una lesión nodular ulcerada en el brazo izquierdo de seis semanas de evolución. La lesión comenzó como una pápula eritematosa, evolucionando hacia una úlcera con bordes sobreelevados y centro costroso. No refería picaduras previas ni síntomas sistémicos. La serología para Leishmania (IgG) fue negativa. La biopsia mostró dermatitis linfohistiocitaria perivascular e intersticial inespecífica. La evolución clínica fue compatible con leishmaniasis cutánea, también conocida como “botón de Oriente”. La lesión se resolvió espontáneamente dejando una cicatriz queloidea. Este caso ilustra la importancia del diagnóstico clínico y la necesidad de sospecha elevada en áreas endémicas.

PALABRAS CLAVE

Leishmaniosis cutánea, infancia, dermatología pediátrica, botón de Oriente, diagnóstico diferencial.

ABSTRACT

We report the case of a 13-year-old girl from a rural area in Teruel, Spain, who presented with a six-week history of a nodular ulcerative lesion on the left arm. The lesion started as an erythematous papule that evolved into an ulcer with elevated borders and a crusted center. She denied previous insect bites or systemic symptoms. Serology for Leishmania (IgG) was negative. Histopathology revealed nonspecific perivascular and interstitial lymphohistiocytic dermatitis. Despite the lack of microbiological confirmation, the clinical course was compatible with cutaneous leishmaniasis, also known as «Oriental sore.» The lesion healed spontaneously, leaving a keloid scar. This case highlights the importance of clinical recognition and high diagnostic suspicion in endemic areas.

KEY WORDS

Cutaneous leishmaniasis, pediatric dermatology, Oriental sore, differential diagnosis.

INTRODUCCIÓN

La leishmaniosis cutánea es una zoonosis causada por protozoos del género Leishmania, transmitidos por la picadura de flebótomos, principalmente del género Phlebotomus en Europa. Se trata de una enfermedad de distribución mundial, pero con alta prevalencia en áreas tropicales, subtropicales y cuencas mediterráneas. En España, la principal especie implicada es Leishmania infantum, relacionada clásicamente con formas viscerales, aunque también se han descrito casos de leishmaniosis cutánea, especialmente en zonas rurales o periurbanas del Levante, Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón.

A pesar de que la leishmaniosis cutánea es más frecuente en adultos, puede afectar a la población pediátrica, sobre todo en regiones endémicas. Los reservorios animales, como perros y liebres, y la presencia del vector son factores determinantes para la transmisión. Su manifestación clínica varía, pero comúnmente se presenta como una pápula o nódulo que evoluciona hacia una úlcera de bordes elevados, a menudo denominada “botón de Oriente” debido a su característica.

El diagnóstico de esta entidad puede ser un reto, ya que en muchos casos no se logra una confirmación microbiológica o serológica clara, especialmente en las formas cutáneas localizadas. Por tanto, el juicio clínico, la anamnesis detallada y el análisis histopatológico son claves para orientar el diagnóstico. A continuación, se presenta un caso clínico de leishmaniasis cutánea en una niña sin antecedentes relevantes, que evolucionó de forma favorable sin tratamiento específico.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Niña de 13 años, sin antecedentes médicos personales ni familiares de interés, ni historial alérgico relevante, que consulta por la aparición progresiva de una lesión nodular en el brazo izquierdo, de aproximadamente seis semanas de evolución. Según el relato de la paciente y su madre, la lesión comenzó como un pequeño grano eritematoso, asintomático, que la paciente manipuló de forma repetida al retirar las costras que se formaban. Esta manipulación contribuyó a la cronificación del cuadro.

Con el paso de las semanas, la lesión aumentó de tamaño y se transformó en una estructura nodular de aspecto inflamatorio, con un centro ulcerado cubierto de una costra gruesa y bordes sobreelevados, sin exudado purulento. La paciente no recordaba picaduras recientes de insectos, y no presentaba síntomas sistémicos como fiebre, malestar general, pérdida de peso, ni linfadenopatías.

A la exploración física, se observó una lesión nodular, de aproximadamente 1 cm de diámetro, localizada en la cara lateral del brazo izquierdo. La lesión presentaba un centro ulcerado costroso, con halo eritematoso e inflamatorio, sin signos de sobreinfección bacteriana. No se observaron otras lesiones cutáneas en el resto del cuerpo ni alteraciones mucosas. Se procedió a solicitar estudios complementarios (Anexo 1).

Se realizó una serología para Leishmania infantum (IgG) mediante inmunofluorescencia indirecta, la cual resultó negativa. Considerando la persistencia de la lesión, se realizó una biopsia cutánea con punch de 6 mm bajo anestesia tópica y local, sin complicaciones. El análisis histopatológico reveló una dermatitis perivascular e intersticial de tipo linfohistiocitario, de distribución superficial y profunda, sin visualización directa de amastigotes ni cuerpos extraños, pero compatible con una inflamación crónica. No se observaron signos de malignidad.

El diagnóstico diferencial incluyó leishmaniosis cutánea en forma localizada y nevus de Spitz, dada la morfología clínica. Dado que la paciente se encontraba clínicamente estable, sin progresión de la lesión, se optó por una conducta expectante. En el seguimiento por dermatología realizado tres meses después, se constató la resolución espontánea de la lesión, dejando como secuela una cicatriz queloidea. La paciente no presentó nuevas lesiones ni signos de afectación sistémica en el seguimiento posterior.

DISCUSIÓN

La leishmaniosis cutánea constituye un problema de salud pública en zonas endémicas de España. Aunque la mayoría de los casos se concentran en adultos, no es infrecuente en niños, quienes pueden adquirir la infección durante actividades al aire libre, especialmente en áreas rurales. La forma cutánea localizada suele tener buen pronóstico, pero puede generar secuelas cicatriciales permanentes, con potencial impacto estético y psicológico en pacientes jóvenes.

El diagnóstico clínico se basa en la anamnesis detallada, incluyendo antecedentes de estancia en zonas endémicas, contacto con animales reservorios o exposición ambiental a vectores. Sin embargo, en muchas ocasiones, como en este caso, la paciente no refería antecedentes claros de picadura de insecto. Es importante destacar que los flebótomos pueden pasar desapercibidos, ya que su picadura es indolora y ocurre predominantemente durante el crepúsculo o la noche.

En cuanto al diagnóstico laboratorial, la serología para Leishmania puede ser de utilidad en las formas viscerales, pero su sensibilidad es baja en las formas cutáneas localizadas, debido a la baja carga parasitaria sistémica. La histología puede no ser concluyente, pero permite descartar otras patologías y, en algunos casos, detectar signos compatibles como granulomas linfohistiocitarios o presencia de amastigotes. En este caso, aunque la serología fue negativa y la histología no mostró evidencia directa del parásito, la evolución clínica y morfología fueron altamente sugestivas.

El manejo de la leishmaniosis cutánea varía según la extensión y localización de la lesión, la especie involucrada y las comorbilidades del paciente. En casos leves o únicos, como el presente, puede optarse por una actitud expectante. La resolución espontánea es posible en semanas o meses, aunque puede dejar cicatrices residuales, como ocurrió en este caso. En casos más severos o persistentes, se puede recurrir a tratamientos tópicos (como antimoniales o crioterapia), terapia intralesional o sistémica.

Este caso destaca la importancia de mantener un alto índice de sospecha ante lesiones cutáneas crónicas o atípicas, especialmente en niños que residen o viajan a zonas endémicas. Asimismo, subraya la necesidad de formación continua en enfermedades emergentes o reemergentes en atención primaria y dermatología, así como el valor de un enfoque multidisciplinar para el diagnóstico y seguimiento.

 

BIBLIOGRAFÍA

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ANEXO

Imagen 1. Fotografía propiedad de Ignacio Lasierra Lavilla.

 

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