AUTORES
- Teresa Toledo Arizón. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Oftalmología. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
- Sara Braña Balige. Hospital Meixoeiro, Complejo Hospitalario Universitario de Vigo. Servicio de Oftalmología. Residente. Vigo, Galicia, España.
- Beatriz García Checa. Hospital Universitario de Jaén. Servicio de Oftalmología. FEA. Jaén, Andalucía, España.
- Ana Hernaiz Cereceda. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Oftalmología. FEA. Burgos, Castilla y León, España.
- Álvaro M. Losa García. Hospital Universitario de Burgos. Servicio de Oftalmología. Residente. Burgos, Castilla y León, España.
RESUMEN
El linfoma orbitario es una neoplasia maligna del sistema linfático que compromete las estructuras de la órbita ocular y representa una entidad poco frecuente dentro de los tumores orbitarios, aunque constituye el subtipo maligno más común de esta localización. Su presentación clínica es heterogénea y puede incluir proptosis indolora, edema palpebral, alteraciones visuales y restricción de la motilidad ocular, lo que con frecuencia retrasa el diagnóstico inicial. La mayoría de los linfomas orbitarios corresponden a linfomas no Hodgkin de bajo grado, especialmente el linfoma de la zona marginal asociado a tejido linfoide de mucosas (MALT), aunque también pueden presentarse formas de alto grado con comportamiento más agresivo.
El diagnóstico del linfoma orbitario requiere un enfoque multidisciplinar que combine la evaluación clínica oftalmológica, estudios de imagen como la tomografía computarizada y la resonancia magnética, y la confirmación histopatológica mediante biopsia. La inmunohistoquímica y los estudios moleculares son fundamentales para la correcta clasificación del subtipo de linfoma y para orientar el tratamiento. La estadificación sistémica es obligatoria, dado que la afectación orbitaria puede ser primaria o secundaria a una enfermedad diseminada.
El manejo terapéutico depende del subtipo histológico, la extensión de la enfermedad y el estado general del paciente. La radioterapia local constituye el tratamiento de elección en los linfomas orbitarios de bajo grado localizados, con excelentes tasas de control local. En cambio, los linfomas de alto grado o con afectación sistémica suelen requerir quimioterapia sistémica, sola o combinada con inmunoterapia. El pronóstico suele ser favorable en las formas de bajo grado, aunque es necesario un seguimiento prolongado debido al riesgo de recaídas locales o sistémicas.
Este artículo revisa de manera exhaustiva la epidemiología, fisiopatología, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento y pronóstico del linfoma orbitario, con el objetivo de proporcionar una visión actualizada y útil para la práctica clínica.
PALABRAS CLAVE
Linfoma, órbita, exoftalmos.
ABSTRACT
Orbital lymphoma is a malignant neoplasm of the lymphatic system that affects the structures of the eye socket. It is a rare entity among orbital tumors, although it is the most common malignant subtype in this location. Its clinical presentation is heterogeneous and may include painless proptosis, eyelid edema, visual disturbances, and restricted ocular motility, which often delays initial diagnosis. Most orbital lymphomas are low-grade non-Hodgkin lymphomas, especially marginal zone lymphoma associated with mucosal lymphoid tissue (MALT), although high-grade forms with more aggressive behavior can also occur.
The diagnosis of orbital lymphoma requires a multidisciplinary approach that combines clinical ophthalmological evaluation, imaging studies such as computed tomography and magnetic resonance imaging, and histopathological confirmation via biopsy. Immunohistochemistry and molecular studies are essential for the correct classification of the lymphoma subtype and for guiding treatment. Systemic staging is mandatory, since orbital involvement can be primary or secondary to disseminated disease.
Therapeutic management depends on the histological subtype, the extent of the disease, and the patient’s overall health. Local radiotherapy is the treatment of choice for localized, low-grade orbital lymphomas, with excellent local control rates. In contrast, high-grade lymphomas or those with systemic involvement usually require systemic chemotherapy, alone or in combination with immunotherapy. The prognosis is generally favorable in low-grade forms, although long-term follow-up is necessary due to the risk of local or systemic relapse.
This article provides a comprehensive review of the epidemiology, pathophysiology, clinical manifestations, diagnosis, treatment, and prognosis of orbital lymphoma, with the aim of providing an up-to-date and useful overview for clinical practice.
KEY WORDS
Lymphoma, orbit, exophthalmos.
DESARROLLO DEL TEMA
El linfoma orbitario es una entidad clínica que engloba un grupo heterogéneo de neoplasias linfoides que afectan la órbita y sus anexos. Aunque representa menos del 1% de todos los linfomas no Hodgkin, constituye entre el 50 y el 60% de los tumores malignos orbitarios en adultos1. Su reconocimiento es de gran relevancia clínica, ya que puede simular procesos inflamatorios benignos y retrasar el inicio del tratamiento adecuado.
Desde el punto de vista anatómico, la órbita carece de tejido linfoide organizado, sin embargo, puede desarrollar infiltración linfoide secundaria a procesos inflamatorios crónicos o autoinmunes, lo que favorece la aparición de linfomas, especialmente del tipo MALT2. El linfoma orbitario puede presentarse como enfermedad primaria confinada a la órbita o como manifestación secundaria de un linfoma sistémico previamente diagnosticado o aún no detectado.
Epidemiología:
El linfoma orbitario afecta predominantemente a adultos mayores, con una edad media de presentación entre la sexta y séptima década de la vida3. Existe una ligera predominancia femenina, especialmente en los linfomas de bajo grado. La incidencia ha aumentado en las últimas décadas, posiblemente debido a una mayor esperanza de vida y a mejoras en las técnicas diagnósticas.
Los linfomas de la zona marginal tipo MALT representan aproximadamente el 50–70% de los linfomas orbitarios, seguidos por el linfoma folicular y el linfoma difuso de células B grandes4. La afectación bilateral ocurre en hasta un 25% de los casos y se asocia con mayor probabilidad de enfermedad sistémica.
Etiopatogenia y fisiopatología:
La patogénesis del linfoma orbitario no está completamente esclarecida. Se ha propuesto que la estimulación antigénica crónica, secundaria a infecciones o enfermedades autoinmunes, desempeña un papel clave en el desarrollo de linfomas MALT5. Se ha descrito una asociación entre Chlamydia psittaci y el linfoma orbitario en ciertas regiones geográficas, aunque esta relación no es uniforme a nivel mundial6.
A nivel molecular, estos linfomas presentan alteraciones genéticas que conducen a la activación de vías de señalización implicadas en la proliferación y supervivencia celular, como la vía del factor nuclear kappa B (NF-κB)7. En los linfomas de alto grado, se observan mutaciones adicionales que confieren un comportamiento más agresivo.
Manifestaciones clínicas:
La presentación clínica del linfoma orbitario suele ser insidiosa. El síntoma más frecuente es la proptosis unilateral indolora y de progresión lenta8. Otros signos incluyen edema palpebral, masa palpable, ptosis, diplopía y disminución de la agudeza visual. El dolor es poco común y su presencia debe hacer sospechar diagnósticos alternativos o complicaciones.
Dependiendo de la localización, el linfoma puede afectar la glándula lagrimal, los músculos extraoculares, el tejido graso orbitario o el nervio óptico. La afectación de la glándula lagrimal suele manifestarse como aumento de volumen en el cuadrante superoexterno de la órbita9.
Diagnóstico:
El diagnóstico del linfoma orbitario se basa en la integración de datos clínicos, radiológicos e histopatológicos. Las técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM), permiten evaluar la extensión de la lesión y su relación con las estructuras adyacentes10. Típicamente, el linfoma aparece como una masa homogénea que moldea las estructuras orbitarias sin destruirlas.
La biopsia es imprescindible para el diagnóstico definitivo. Se recomienda obtener una muestra adecuada para estudios histológicos, inmunohistoquímicos y, cuando sea posible, moleculares11. La estadificación sistémica incluye tomografía por emisión de positrones (PET-TC), biopsia de médula ósea y estudios analíticos.
Diagnóstico diferencial:
El diagnóstico diferencial del linfoma orbitario es amplio e incluye la pseudotumoración inflamatoria, la orbitopatía tiroidea, las metástasis, los tumores de glándula lagrimal y las infecciones12. La evolución clínica, la respuesta al tratamiento con corticoides y los hallazgos histológicos son claves para diferenciar estas entidades.
Clasificación histológica:
La clasificación de los linfomas orbitarios sigue los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La mayoría corresponden a linfomas no Hodgkin de células B13. El linfoma MALT es el subtipo más frecuente y suele tener un curso indolente. Los linfomas de células T son raros y generalmente más agresivos.
Tratamiento:
El tratamiento del linfoma orbitario depende del subtipo histológico y del estadio de la enfermedad. En los linfomas MALT localizados, la radioterapia externa a dosis bajas (24–30 Gy) es altamente efectiva, con tasas de control local superiores al 90%14.
En los casos con enfermedad sistémica o linfomas de alto grado, se emplea quimioterapia sistémica, habitualmente basada en esquemas que incluyen rituximab15. La cirugía se limita a la obtención de biopsias diagnósticas.
Pronóstico y seguimiento:
El pronóstico del linfoma orbitario es generalmente favorable, especialmente en los linfomas de bajo grado, con tasas de supervivencia a 5 años superiores al 80%16. No obstante, existe riesgo de recaída local o de progresión sistémica, por lo que se recomienda un seguimiento prolongado y multidisciplinar.
CONCLUSIONES
El linfoma orbitario es una neoplasia poco frecuente, pero de gran importancia clínica en oftalmología y oncología. Su presentación inespecífica exige un alto índice de sospecha para evitar retrasos diagnósticos. El abordaje multidisciplinar y la correcta clasificación histológica son fundamentales para optimizar el tratamiento y mejorar el pronóstico.
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