- Andrea Barrado Ballestero. Médico Interno Residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud San José Centro, Zaragoza, Aragón, España.
- Clara María Muñoz Villanova. Médico Interno Residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud San José Centro, Zaragoza, Aragón, España.
- Félix Úbeda Azuara. Médico Interno Residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud San José Centro, Zaragoza, Aragón, España.
- Pablo Chicapar Machín. Médico Interno Residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud San José Centro, Zaragoza, Aragón, España.
- Inés Morales Benedí. Médico Interno Residente de Medicina de Familia y Comunitaria del Centro de Salud San Pablo, Zaragoza, Aragón, España.
- Pablo Sampietro Buil. Médico Interno Residente de Medicina Interna del hospital Royo Villanova, Zaragoza, Aragón, España.
RESUMEN
El ojo rojo constituye uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria y en los servicios de urgencias oftalmológicas. Se trata de un signo clínico común a múltiples patologías, desde procesos autolimitados hasta condiciones potencialmente graves con riesgo de pérdida visual irreversible. Su evaluación exige una anamnesis dirigida y una exploración clínica sistemática para identificar signos de alarma y orientar el diagnóstico diferencial.
El elemento clave en la valoración inicial es la presencia o ausencia de dolor ocular y/o disminución de la agudeza visual, lo que permite diferenciar cuadros potencialmente graves de aquellos de manejo conservador. La exploración básica incluye la valoración de secreciones, la distribución de la hiperemia, el examen pupilar y, cuando sea posible, la tinción con fluoresceína corneal. El objetivo es establecer un abordaje sistemático para el médico de familia que permita un diagnóstico diferencial eficiente.
La mayoría de los casos corresponden a conjuntivitis (infecciosas o alérgicas) y procesos autolimitados. Sin embargo, ante la presencia de dolor y pérdida visual, es imperativo descartar queratitis, uveítis anterior o glaucoma agudo. El uso de la tinción con fluoresceína es una herramienta clave para identificar lesiones corneales y orientar la derivación urgente.
Un enfoque estructurado en el primer nivel asistencial optimiza el manejo de patologías banales, reduce derivaciones innecesarias y garantiza una atención precoz en urgencias oftalmológicas, mejorando el pronóstico visual del paciente.
PALABRAS CLAVE
Ojo rojo, atención primaria, conjuntivitis, queratitis, uveítis.
ABSTRACT
Red eye is one of the most frequent reasons for consultation in Primary Care and ophthalmological emergency departments. It is a clinical sign common to multiple pathologies, ranging from self-limiting processes to potentially serious conditions with a risk of irreversible visual loss. Its evaluation requires a focused clinical history and a systematic clinical examination to identify warning signs and guide the differential diagnosis.
The key element in the initial assessment is the presence or absence of ocular pain and/or decreased visual acuity, which allows for the differentiation between potentially severe cases and those suitable for conservative management. The basic examination includes the assessment of discharge, the distribution of hyperaemia, pupillary examination, and, whenever possible, corneal fluorescein staining. The objective is to establish a systematic approach for the family physician that enables efficient differential diagnosis.
Most cases correspond to conjunctivitis (infectious or allergic) and self-limiting processes. However, in the presence of pain and vision loss, it is imperative to rule out keratitis, anterior uveitis, or acute glaucoma. The use of fluorescein staining is a key tool for identifying corneal lesions and guiding urgent referral.
A structured approach at the primary care level optimizes the management of minor pathologies, reduces unnecessary referrals, and guarantees early care in ophthalmological emergencies, thereby improving the patient’s visual prognosis
KEY WORDS
Red eye, primary care, conjunctivitis, keratitis, uveitis.
INTRODUCCIÓN
El ojo rojo es un motivo de consulta frecuente en las consultas de Atención Primaria y en los servicios de urgencias oftalmológicas.
Se define como el enrojecimiento de los vasos de la conjuntiva, esclera o estructuras del segmento anterior del ojo, y representa un signo clínico presente en múltiples procesos etiológicos, desde condiciones benignas hasta patologías graves con riesgo de pérdida visual irreversible por lo que es fundamental la identificación de estas patologías, así como el inicio precoz de manejo y tratamiento adecuado1,6.
Algunas de las causas más habituales incluyen conjuntivitis infecciosa y alérgica, blefaritis y otras afecciones superficiales que suelen responder a medidas conservadora en Atención Primaria. Sin embargo, un pequeño, pero clínicamente relevante porcentaje de casos se asocia con infecciones complejas, uveítis, queratitis o glaucoma agudo, que requieren derivación urgente o para iniciar tratamiento de manera temprana, así como seguimiento del cuadro clínico por parte del servicio de oftalmología2,6.
El papel del médico de Atención Primaria es clave para diferenciar causas benignas y que requieren un manejo conservador de aquellas urgentes y que precisan manejo y tratamiento inmediato.
Lo hacemos mediante una anamnesis dirigida, identificación de signos de alarma como dolor ocular severo, fotofobia o alteración de la agudeza visual, si se acompañan o no de síntomas sistémicos y una exploración ocular básica incluyendo la utilización de fluoresceína corneal cuando sea posible3,7.
Revisiones recientes subrayan que, aunque la mayoría de los casos de ojo rojo pueden ser manejados de forma segura en el ámbito de la atención primaria, existe una necesidad creciente de protocolos claros y herramientas diagnósticas para reducir errores diagnósticos y mejorar los criterios de derivación temprana a oftalmología⁷. Además, estudios integradores han destacado que la epidemiología del ojo rojo muestra una alta prevalencia de conjuntivitis bacteriana y vírica en la comunidad, lo que genera una alta carga asistencial para los sistemas de salud y costes asociados que también deben considerarse en el abordaje clínico1,7.
PRESENTACIÓN DE CASO CLÍNICO
Mujer de 57 años sin antecedentes oftalmológicos de interés que acude a nuestra consulta por enrojecimiento ocular unilateral derecho de 48 horas de evolución, acompañado de sensación de cuerpo extraño y lagrimeo, sin dolor intenso, ni pérdida de visión, ni alteración pupilar, ni síntomas sistémicos asociados.
No ha tenido traumatismo reciente, ni uso de lentes de contacto, ni exposición solar o lumínica intensa, ni ha estado en contacto con partículas que pudieran afectar a nivel ocular. Se admite un uso significativo de pantallas, sobre todo en el ambiente laboral.
En la exploración física se observa hiperemia conjuntival difusa en el ojo derecho, con secreción mucosa escasa. La agudeza visual es normal y simétrica en ambos ojos. Las pupilas son isocóricas y normorreactivas. No se aprecia inyección ciliar ni signos de afectación corneal a la inspección.
Ante ausencia de dolor y pérdida visual, y la presencia de secreción mucosa, se orienta el cuadro como conjuntivitis infecciosa. Se indica tratamiento conservador con medidas higiénicas exhaustivas, sobre todo con su entorno más cercano y antibiótico tópico 3 veces al día durante 5 o 7 días según evolución del cuadro clínico.
La paciente tras una semana de tratamiento presenta resolución completa con buena tolerancia al manejo, sin presentar complicaciones del cuadro.
DISCUSIÓN
El abordaje clínico del ojo rojo debe ser estructurado y dirigido por prioridades diagnósticas basadas en la presencia de síntomas clave. La literatura reciente destaca que, si bien las conjuntivitis siguen representando la mayoría de los casos, otros diagnósticos menos frecuentes, como queratitis infecciosa o uveítis anterior, pueden tener consecuencias graves si no se identifican oportunamente⁷. Esto enfatiza la necesidad de una anamnesis exhaustiva y una exploración sistemática para no confundir cuadros benignos con patologías de mayor riesgo3,6,7.
La presencia de dolor ocular intenso, fotofobia, disminución de agudeza visual o inyección ciliar debe alertar al clínico sobre la posibilidad de patología grave y motivar derivación urgente3,7. Estudios recientes apoyan el uso de algoritmos estructurados de decisión clínica que integren historia y exploración básica para mejorar la precisión diagnóstica en Atención Primaria (7). Estos protocolos diagnósticos recientes resaltan la utilización de algoritmos clínicos que combinan historia clínica, evaluación de secreciones, uso de fluoresceína y valoración pupilar7.
El tener un algoritmo de abordaje del ojo rojo constituye una herramienta fundamental en Atención Primaria, ya que permite orientar el diagnóstico diferencial de forma sistemática con un enfoque escalonado facilitando la identificación precoz de patologías potencialmente graves y evitar derivaciones innecesarias.
Proponemos iniciar la anamnesis con la determinación si el ojo rojo se acompaña de dolor ocular significativo y/o pérdida visual. La presencia de cualquiera de estos signos obliga a descartar patología grave del segmento anterior o aumento de la presión intraocular1,2.
En caso de que el ojo rojo se acompañe de dolor y/o disminución de la agudeza visual, la exploración con fluoresceína corneal es esencial. La tinción con fluoresceína es una herramienta diagnóstica útil para detectar lesiones epiteliales de la córnea, abrasiones o úlceras, especialmente en pacientes con dolor ocular significativo. Una fluoresceína positiva nos puede orientar a patología corneal que requiere manejo especializado, mientras que un resultado negativo nos hace considerar otras causas de inflamación intraocular3.
Una tinción positiva orienta a abrasión corneal o queratitis. La abrasión corneal simple puede manejarse en Atención Primaria con antibiótico tópico de amplio espectro (eritromicina o tobramicina), analgesia y, si existe dolor importante, cicloplejia, con control evolutivo en 24–48 horas. Por el contrario, la presencia de tinción irregular o profunda asociada a infiltrado corneal, dolor intenso, fotofobia o disminución de la agudeza visual es sugestiva de queratitis infecciosa o úlcera corneal lo que requiere derivación urgente a oftalmología1.
Una tinción positiva negativa, obliga a evaluar el tamaño y reactividad pupilar. La miosis asociada a dolor y fotofobia sugiere uveítis anterior, que precisa derivación urgente para tratamiento específico. La presencia de midriasis, dolor ocular intenso, visión borrosa y náuseas orienta a glaucoma agudo de ángulo cerrado, una urgencia oftalmológica que requiere derivación inmediata. Cuando el dolor es profundo y la pupila es normal, debe considerarse la escleritis, entidad poco frecuente pero potencialmente grave, que también precisa valoración especializada1,2.
En los casos de ojo rojo sin dolor ni pérdida visual, el diagnóstico diferencial se orienta principalmente por el tipo de secreción. De forma complementaria, el abordaje terapéutico inicial para conjuntivitis viral o bacteriana debe ir acompañado de medidas de higiene ocular y educación del paciente, prácticas que han demostrado reducir la transmisión y complicaciones sin sobretratamiento antibiótico1,7.
La secreción acuosa acompañada de prurito es característica de la conjuntivitis alérgica, cuyo tratamiento se basa en antihistamínicos tópicos, lágrimas artificiales y evitación del alérgeno desencadenante. La secreción purulenta, con ojos pegados al despertar, sugiere conjuntivitis bacteriana, tratada con antibióticos tópicos durante 5–7 días1-3. La conjuntivitis vírica suele cursar con secreción acuosa, hiperemia difusa y elevada contagiosidad, por lo que el tratamiento es sintomático mediante medidas higiénicas exhaustivas y lágrimas artificiales, evitando el uso rutinario de antibióticos1-3.
La aparición de una mancha roja bien delimitada, indolora y sin secreción corresponde a un hiposfagma, proceso benigno autolimitado que no precisa tratamiento específico. Finalmente, la episcleritis se manifiesta como una hiperemia sectorial, generalmente sin dolor ni afectación visual, con evolución benigna y resolución espontánea en la mayoría de los casos1-3.
Este enfoque diagnóstico, permite al médico de Atención Primaria orientar de forma eficaz el diagnóstico diferencial, iniciar el tratamiento adecuado y garantizar la derivación oportuna de las patologías potencialmente graves1.
CONCLUSIONES
El ojo rojo es un motivo de consulta frecuente en Atención Primaria. El abordaje del ojo rojo debe ser sistemático y guiado por la presencia de signos de alarma. Aunque la conjuntivitis es la causa más frecuente, otras entidades como la queratitis, uveítis o glaucoma agudo pueden tener consecuencias muy graves si no se identifican de manera precoz y se inicia el tratamiento adecuado para dicha patología.
Una anamnesis dirigida y una exploración básica estructurada permiten identificar la mayoría de los cuadros benignos y detectar de forma precoz aquellas patologías que requieren derivación urgente, contribuyendo a prevenir complicaciones visuales.
La presencia de dolor ocular intenso, fotofobia, disminución de la agudeza visual o inyección ciliar debe nos tiene que hacer sospechar cuadros graves y que debemos derivar urgentemente. La utilización de fluoresceína corneal resulta de gran utilidad para detectar lesiones epiteliales y orientar el diagnóstico diferencial y el adecuado manejo desde las consultas de atención primaria.
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