AUTORES
- María Reche Romero. (Enfermera). Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Marina Aguayo Carrasco. (Enfermera). Hospital Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Nerea Pérez Redon. (Enfermera). Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Rocío Azañedo Fuertes. (TCAE). Residencia de Personas Mayores, Javalambre, Teruel. España.
- Gloria Escobar Azañedo. (Enfermera). Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
- Patricia Burzurí Lafuente. (Enfermera). Hospital Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza. España.
RESUMEN
La cicatrización por segunda intención es un proceso complejo que implica el cierre espontáneo de una herida sin aproximación quirúrgica de los bordes. Este tipo de cicatrización ocurre comúnmente en heridas traumáticas, quirúrgicas abiertas o con pérdida tisular significativa. El manejo adecuado de la limpieza de estas heridas es fundamental para prevenir infecciones, acelerar la cicatrización y reducir complicaciones.
PALABRAS CLAVE
Limpieza, desinfección, antiséptico, cicatrización de heridas, tejido de granulación.
ABSTRACT
Second intention healing is a complex process involving spontaneous wound closure without surgical approximation of the wound edges. This type of healing commonly occurs in traumatic wounds, open surgical wounds or wounds with significant tissue loss. Proper management of the cleansing of these wounds is essential to prevent infection, accelerate healing and reduce complications.
KEY WORDS
Cleaning, disinfection, antiseptic, wound healing, granulation tissue.
INTRODUCCIÓN
La cicatrización de heridas es un proceso biológico complejo y dinámico que implica una serie de fases coordinadas: hemostasia, inflamación, proliferación y remodelación tisular. Las heridas que cicatrizan por segunda intención se caracterizan por sanar sin la aproximación quirúrgica de sus bordes, dependiendo exclusivamente de los mecanismos naturales de granulación, contracción y epitelización para restaurar la integridad cutánea1.
Este tipo de cicatrización suele presentarse en heridas con pérdida tisular significativa, contaminación o infección activa, así como en heridas crónicas como úlceras venosas, úlceras por presión, heridas traumáticas extensas y heridas quirúrgicas complicadas por dehiscencia o necrosis. A diferencia de la cicatrización por primera intención, donde los bordes de la herida se aproximan y suturan, la cicatrización por segunda intención es más lenta, con mayor riesgo de complicaciones y demanda un manejo clínico más riguroso2.
Uno de los principales retos en la atención de estas heridas es la prevención y control de la infección. La presencia de tejido necrótico, exudado excesivo y colonización bacteriana pueden retardar significativamente la cicatrización, favorecer la formación de biofilm bacteriano y aumentar la probabilidad de infección sistémica. La limpieza eficaz de la herida se presenta como la intervención inicial y más crucial para eliminar detritos, microorganismos y tejido desvitalizado, facilitando así un microambiente propicio para la regeneración tisular3.
Además, la selección adecuada de soluciones para limpieza y técnicas de irrigación es fundamental para presevar la viabilidad celular, evitar la citotoxicidad y reducir el dolor del paciente durante las curas. La literatura ha evolucionado desde el uso exclusivo de soluciones isotónicas simples como el suero fisiológico, hacia el empleo de soluciones antisépticas con actividad antimicrobiana comprobada, pero con baja toxicidad, como la polihexanida y el hipoclorito sódico diluido4.
MÉTODOS DE LIMPIEZA:
Soluciones de limpieza:
La solución ideal para limpiar heridas debe ser efectiva contra patógenos, no citotóxica y no interferir con el proceso de cicatrización. El suero fisiológico (cloruro de sodio al 0.9%) es ampliamente recomendado por su isotonicidad y baja irritación3. Sin embargo, en presencia de contaminación evidente o carga bacteriana elevada, se puede emplear povidona yodada, polihexanida, o soluciones con hipoclorito sódico diluido, bajo indicación clínica4.
Técnicas de irrigación:
La irrigación con presión controlada (4-15 psi) es la técnica más efectiva para remover detritos sin dañar tejido sano5. Dispositivos con jeringas con cánula o sistemas de irrigación pulsátil han demostrado eficacia en la limpieza profunda.
Indicaciones y frecuencia:
La limpieza debe realizarse en cada cambio de apósito o al menos una vez al día, dependiendo del exudado, el tamaño de la herida y la presencia de signos de infección6. En heridas con evolución favorable y poco exudado, puede reducirse la frecuencia para evitar traumatismos al tejido de granulación.
Por otro lado, el desbridamiento mecánico, autolítico, enzimático o quirúrgico constituye un complemento indispensable en el manejo de heridas por segunda intención, ya que facilita la eliminación del tejido necrótico y detritos que pueden impedir la formación de tejido de granulación funcional7.
En suma, el manejo de heridas que cicatrizan por segunda intención requiere un enfoque multidisciplinario, basado en protocolos actualizados y adaptados a las características específicas de cada paciente y herida. La aplicación sistemática y efectiva de técnicas de limpieza y desbridamiento optimiza los tiempos de cicatrización, disminuye la morbilidad asociada y mejora la calidad de vida de los pacientes8.
OBJETIVOS
- Determinar el impacto clínico de un protocolo de limpieza eficaz sobre la evolución de la cicatrización.
- Conocer los beneficios de una limpieza eficaz de heridas que cicatrizan por segunda intención.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión narrativa de literatura científica en las bases de datos de PubMed, Scopus, ScienceDirect y Cochrane Library. Se priorizaron guías clínicas, ensayos clínicos aleatorizados, revisiones Cochrane y consensos de expertos.
RESULTADOS
Diversos estudios indican que una limpieza adecuada proporciona beneficios y mejora el impacto clínico:
- Reduce el tiempo de cicatrización en un 25-40% en comparación con métodos inadecuados o escasos9.
- Disminuye la colonización bacteriana y previene infecciones secundarias.
- Aumenta la calidad del tejido de granulación y acelera la epitelización.
- Mejora la tolerancia al dolor y reduce la necesidad de desbridamientos invasivos.
- Mejora la calidad de vida del paciente al disminuir el número de curas requeridas y el riesgo de hospitalización10.
CONCLUSIÓN
La limpieza adecuada de las heridas que cicatrizan por segunda intención es un pilar en el manejo integral. La elección correcta de soluciones, técnica de irrigación y frecuencia de intervención mejora significativamente la evolución clínica, reduce complicaciones infecciosas y acorta los tiempos de cicatrización.
Se recomienda individualizar cada protocolo según la naturaleza de la herida y el contexto del paciente. El profesional de enfermería y el equipo multidisciplinario deben estar capacitados en técnicas de limpieza modernas y criterios de selección de apósitos complementarios.
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