Mastocitosis cutánea difusa en un lactante: reporte de caso y revisión diagnóstica

22 octubre 2025

 

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2025.83.22.002

 

 

AUTORES

  1. Carlos Marroquín Pasquel. Médico residente de Posgrado de Medicina Familiar, Universidad Pontificia Católica del Ecuador, Quito, Ecuador.
  2. Efrain Suárez Concha. Médico Residente de Posgrado de Dermatología, Universidad UTE, Quito, Ecuador.
  3. Lisseth Ramírez Velasco. Médico Residente de Posgrado de Dermatología, Universidad UTE, Quito, Ecuador.
  4. Nataly Altamirano Caicedo. Médico Residente de Posgrado de Dermatología, Universidad UTE, Quito, Ecuador.
  5. Maria Andrade Celi. Médico General Graduada en la Universidad Pontificia Católica del Ecuador.
  6. Francisco Estrella Vásquez. Médico Especialista en Patología en Instituto Dermatológico CEPI, Quito, Ecuador.

 

RESUMEN

Se describe el caso de un lactante masculino de 2 meses, prematuro de 36 semanas, que presentó desde el nacimiento lesiones pigmentadas inicialmente interpretadas como nevos congénitos, pero que evolucionaron con aparición de nuevas máculas y placas en diferentes regiones corporales, algunas con vesiculación central. El examen físico reveló dermatosis diseminada con placas anulares de tonalidad amarillenta a marrón-violácea. La biopsia cutánea mostró un infiltrado dérmico difuso de mastocitos con núcleos redondeados y gránulos basófilos, confirmados por tinción de Giemsa y expresión positiva para CD117, con hallazgos compatibles con mastocitosis cutánea. La mastocitosis es una enfermedad hematopoyética poco frecuente caracterizada por la proliferación clonal de mastocitos, que en la infancia se manifiesta predominantemente en su forma cutánea. Su diagnóstico se basa en la clínica, el signo de Darier y la histopatología, siendo necesario descartar compromiso sistémico en casos extensos o con elevación de triptasa sérica. El manejo es principalmente sintomático, centrado en evitar factores desencadenantes y utilizar antihistamínicos como primera línea; en formas severas pueden considerarse terapias adicionales. Aunque la evolución en la mayoría de pacientes pediátricos es favorable, las formas difusas pueden asociar complicaciones como anafilaxia, afectación visceral o infecciones cutáneas secundarias, lo que subraya la importancia de un diagnóstico temprano, la monitorización clínica y el abordaje integral para reducir riesgos y mejorar la calidad de vida del paciente y su familia.

PALABRAS CLAVE

Mastocitosis cutánea, lactante, biopsia de piel, dermatología pediátrica.

ABSTRACT

We describe the case of a 2-month-old male infant, born premature at 36 weeks, who presented from birth with pigmented lesions initially interpreted as congenital nevi, but which progressed with the appearance of new macules and plaques in different body regions, some with central vesiculation. Physical examination revealed disseminated dermatosis with annular plaques of yellowish to purplish-brown hue. A skin biopsy showed a diffuse dermal infiltrate of mast cells with rounded nuclei and basophilic granules, confirmed by Giemsa staining and positive expression for CD117, with findings compatible with cutaneous mastocytosis. Mastocytosis is a rare hematopoietic disease characterized by clonal proliferation of mast cells, which in childhood manifests predominantly in its cutaneous form. Its diagnosis is based on clinical features, Darier’s sign, and histopathology; it is necessary to rule out systemic involvement in extensive cases or with elevated serum tryptase. Management is primarily symptomatic, focusing on avoiding triggering factors and using antihistamines as first-line therapy; in severe cases, additional therapies may be considered. Although the outcome in most pediatric patients is favorable, diffuse forms may be associated with complications such as anaphylaxis, visceral involvement, or secondary skin infections, underscoring the importance of early diagnosis, clinical monitoring, and a comprehensive approach to reducing risks and improving the quality of life for patients and their families.

KEY WORDS

Cutaneous mastocytosis, infant, skin biopsy, pediatric dermatology.

INTRODUCCIÓN

La mastocitosis es una enfermedad rara del sistema hematopoyético caracterizada por la proliferación clonal y acumulación anormal de mastocitos en la piel y/o en órganos extracutáneos. Su desarrollo suele asociarse con mutaciones activadoras del protooncogén c-KIT (CD117), que favorecen la supervivencia y expansión de estas células. De acuerdo con la clasificación de la OMS (2019), puede dividirse en formas cutáneas y sistémicas. En la población pediátrica, la variante más común es la mastocitosis cutánea (MC), que representa cerca del 90% de los casos y cuya forma más habitual es la maculopapular, anteriormente denominada urticaria pigmentosa.

La presentación clínica en niños suele ser benigna y transitoria, con tendencia a la mejoría espontánea antes de la pubertad. Sin embargo, la enfermedad puede manifestarse con una amplia variedad de lesiones cutáneas, desde máculas y pápulas pigmentadas hasta ampollas o placas infiltradas, dependiendo del subtipo. Aunque la anafilaxia y las complicaciones sistémicas son poco frecuentes en edad pediátrica, su reconocimiento oportuno resulta fundamental para establecer un diagnóstico diferencial adecuado, iniciar un manejo sintomático temprano y prevenir riesgos asociados.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Se presenta el caso de un paciente masculino de 2 meses de edad, con antecedente de prematuridad de 36 semanas, hospitalizado durante 9 días en la unidad neonatal de cuidados intermedios. La madre refiere que desde el nacimiento observó dos manchas en la pierna y el tórax, inicialmente interpretadas como nevos congénitos. Sin embargo, a los 20 días de vida comenzaron a aparecer nuevas lesiones de similares características en diferentes regiones del cuerpo, algunas con vesículas centrales.

Al examen físico se evidenció dermatosis diseminada en tórax anterior, posterior y extremidades inferiores, caracterizada por placas anulares de tonalidad amarillenta a marrón-violácea. Se realizó biopsia incisional (punch de 4 mm) en piel del muslo izquierdo.

El estudio histopatológico reportó epidermis sin alteraciones significativas y, en dermis papilar-reticular, un infiltrado difuso de células con núcleos redondos y ovales, citoplasma amplio con gránulos basófilos, acompañadas de linfocitos y eosinófilos. En las inmunohistoquímicas, se observaron marcajes negativos para S-100 y CD1a; CD68 mostró positividad débil perinuclear; tinción de Giemsa positiva en la mayoría de células del infiltrado, y CD117 positivo difuso de diferente intensidad. Con estos hallazgos, se concluyó que la lesión era compatible con mastocitosis cutánea.

DISCUSIÓN

La mastocitosis es una enfermedad hematopoyética infrecuente caracterizada por la proliferación clonal y la acumulación anormal de mastocitos en la piel y/o en diversos órganos1. Este proceso suele estar vinculado a mutaciones activadoras del protooncogén c-KIT (CD117), que favorecen la supervivencia y expansión de estas células2. Se reconocen dos formas principales: la mastocitosis cutánea (MC), donde la afectación se limita a la piel, y la mastocitosis sistémica (MS), que compromete órganos extracutáneos como médula ósea, hígado, bazo o ganglios linfáticos3. Mientras que en la edad adulta predomina la variante sistémica, en la población pediátrica la enfermedad se manifiesta casi exclusivamente como mastocitosis cutánea, siendo la forma maculopapular (antes denominada urticaria pigmentosa) la presentación más habitual4.

La mastocitosis puede presentarse en cualquier grupo etario, pero en la infancia predomina la variante cutánea, que representa alrededor del 90% de los casos pediátricos3. Se estima que cerca del 50% de los pacientes debutan antes de los 2 años de edad, siendo frecuente su aparición en los primeros seis meses de vida, mientras que aproximadamente un 15% corresponde a formas congénitas y un 10% aparece entre los 2 y 15 años5. Aunque no hay diferencias significativas entre sexos, algunos estudios sugieren un ligero predominio masculino, y se han descrito casos familiares e incluso en gemelos6.

La incidencia global exacta es difícil de establecer, pero se han reportado entre 5 y 10 nuevos casos por cada 100.000 habitantes, con una prevalencia estimada de 1 por cada 50.000 a 1 por cada 150.000 individuos en la población general1. En el ámbito pediátrico dermatológico, diversos estudios han mostrado variabilidad: desde 1:1000 hasta 1:8000 consultas en EE. UU., 5,4 casos por cada 1000 consultas en España, 1:234 en clínicas turcas y hasta 1:800 en Irlanda del Norte7.

La presentación clínica en niños suele ser transitoria y con tendencia a la mejoría espontánea antes de la pubertad, aunque solo un 6%–30% alcanza resolución completa según las series publicadas3. En contraste, la mastocitosis de inicio en la adultez se asocia con formas crónicas y, con frecuencia, sistémicas. La variante maculopapular (también llamada urticaria pigmentosa) constituye la forma más habitual en pediatría, mientras que los mastocitomas solitarios o múltiples y la mastocitosis cutánea difusa son menos comunes2.

Clasificación de la mastocitosis:

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019), la mastocitosis se divide en dos grandes categorías: formas cutáneas y formas sistémicas7.

Mastocitosis cutánea (MC):

  • Mastocitosis máculo-papulosa (MMPM), también conocida como urticaria pigmentosa.
  • Mastocitoma cutáneo solitario, caracterizado por una única lesión nodular.
  • Mastocitosis cutánea difusa (MCD), con afectación extensa de la piel.
  • Telangiectasia macular eruptiva persistente (TMEP) y otras variantes menos frecuentes.

 

Mastocitosis sistémica (MS):

  • Indolente: curso crónico sin asociación con otras neoplasias hematológicas.
  • Asociada a neoplasia hematológica clonal: coexistente con leucemias u otros trastornos mieloides.
  • Agresiva: con afectación orgánica significativa, pero sin criterios de leucemia de mastocitos.
  • Latente: forma intermedia que puede progresar a estadios más graves.
  • Leucemia de mastocitos: caracterizada por infiltración difusa de mastocitos atípicos e inmaduros en médula ósea y sangre periférica (>20% en médula o >10% en sangre).
  • Sarcoma de mastocitos: tumor localizado con crecimiento destructivo, sin asociación a mastocitosis sistémica7.

 

El diagnóstico diferencial de la mastocitosis cutánea en la infancia debe considerar múltiples entidades dermatológicas que pueden presentar máculas, pápulas, placas, vesículas o ampollas, con pigmentación o cambios inflamatorios, y cuyo aspecto clínico puede simular las lesiones de mastocitosis4. Entre ellas están los nevus congénitos pigmentados, que pueden estar presentes al nacer y tener borde o distribución semejante, pero carecen del signo de Darier, así como la histiocitosis cutánea, tanto de tipo Langerhans (que mostraría positividad para CD1a/S-100) como no Langerhans, donde el infiltrado celular y las tinciones inmunohistoquímicas difieren6. También deben considerarse enfermedades ampollares infantiles, o dermatosis con formación de vesículas como la epidermólisis bullosa, dermatitis del pañal con sobre infección, infecciones virales o bacterianas que produzcan vesiculosis, e incluso reacciones postinflamatorias que dejen hiperpigmentación o cambios en la piel5. Otro diagnóstico diferencial importante es la urticaria pigmentosa (forma maculopapular de mastocitosis), pero que se distingue por su evolución, presencia de degranulación con estímulos mecánicos, marcajes histológicos con mastocitos abundantes y negativos para marcadores característicos de otras células8. En casos dudosos, el estudio histopatológico con inmunohistoquímica (marcadores como CD117, Giemsa, CD1a, S-100) y la exclusión de compromiso sistémico (niveles de triptasa sérica, estudios de órgano si hay signos clínicos) son esenciales para descartar otras patologías y confirmar el diagnóstico de mastocitosis cutánea3.

La mastocitosis cutánea en la infancia suele diagnosticarse a partir de la edad de inicio, la morfología y distribución de las lesiones y la presencia del signo de Darier, considerado característico5. Este signo se manifiesta cuando la fricción de las lesiones provoca, en pocos minutos, eritema, edema e incluso formación de ampollas, resultado de la liberación local de mediadores de mastocitos. En lactantes pequeños o en casos de afectación extensa, esta prueba debe realizarse con precaución, ya que puede inducir reacciones sistémicas como rubor intenso o hipotensión4.

Las lesiones más frecuentes corresponden a la mastocitosis cutánea maculopapular (urticaria pigmentosa), que suele aparecer en los primeros dos años de vida, mientras que los mastocitomas solitarios o múltiples se observan con menor frecuencia y las formas difusas (MC difusa) tienden a manifestar una afectación extensa con dermografismo marcado y formación de ampollas tras mínima irritación. Estas ampollas, aunque llamativas, generalmente cicatrizan sin dejar secuelas2.

Los síntomas clínicos se relacionan con la liberación de histamina y otros mediadores. Los más comunes son prurito (reportado en casi la mitad de los casos), ampollas recurrentes, rubor episódico y, en menor proporción, síntomas gastrointestinales como dolor abdominal, diarrea o náuseas8. La anafilaxia es poco frecuente en la población pediátrica (0–9%), a diferencia de los adultos, donde alcanza hasta el 50%. En niños, los desencadenantes suelen ser inespecíficos y muchas veces no se identifica causa clara; en algunos casos se relacionan con alimentos o fármacos, aunque las picaduras de insectos raramente son responsables, a diferencia de lo observado en adultos3.

En la mastocitosis cutánea, el estudio histológico suele mostrar un infiltrado dérmico denso, que se extiende desde la dermis papilar hasta la reticular, compuesto por mastocitos con núcleos redondeados u ovales y citoplasma rico en gránulos metacromáticos, fácilmente evidenciables con tinciones como Giemsa o azul de toluidina 8. Estos mastocitos pueden disponerse en forma de láminas difusas o en localización subepidérmica, un patrón considerado muy característico de esta enfermedad. La inmunohistoquímica confirma su origen mediante la positividad para CD117 (c-KIT), mientras que otros marcadores, como CD1a o S-100, resultan negativos7.

En la población pediátrica, los hallazgos muestran un aumento notable en la densidad mastocitaria, con recuentos que superan los valores normales y que pueden alcanzar hasta 40 veces más mastocitos que en dermis sana1. Estos se organizan en agregados de más de 15 células o en infiltrados monomórficos con más de 20 mastocitos por campo de gran aumento, generalmente con morfología redondeada o cúbica. (6)Además, suelen observarse acumulaciones perivasculares y difusas en la dermis, en ocasiones acompañadas de hiperpigmentación epidérmica y de cambios vasculares como dilatación o hiperplasia de los vasos dérmicos superficiales2.

Un recuento mayor de 75–100 mastocitos por mm² o un porcentaje superior al 40% de mastocitos en el infiltrado se considera diagnóstico3. Aunque en algunos casos se identifican células inflamatorias accesorias, como linfocitos o eosinófilos, la confirmación se logra principalmente mediante tinciones especiales e inmunomarcadores. La presencia aberrante de CD25 y/o CD30, relacionada con riesgo de mastocitosis sistémica en adultos, no ha mostrado una correlación pronóstica clara en niños4. En formas extensas, como la mastocitosis cutánea difusa, la elevación significativa de la triptasa sérica refleja mayor actividad mastocitaria y obliga a descartar compromiso sistémico, incluyendo hepatomegalia o infiltración medular.2

El manejo de la mastocitosis cutánea infantil se orienta principalmente al control sintomático y al bienestar del paciente, dado que la evolución suele ser favorable con el paso del tiempo 6. La estrategia inicial incluye la evitación de factores desencadenantes de la degranulación mastocitaria, tales como cambios bruscos de temperatura, traumatismos locales, estímulos físicos o ciertos medicamentos7. Para los síntomas cutáneos más frecuentes, como prurito, eritema y flushing, los antihistamínicos H1 constituyen la base del tratamiento; en presencia de molestias gastrointestinales se pueden asociar bloqueadores H2 o inhibidores de la bomba de protones. En brotes inflamatorios localizados e intensos, los corticosteroides tópicos pueden emplearse de manera breve1.

En los casos más severos, como la mastocitosis cutánea difusa, se consideran alternativas terapéuticas adicionales, entre ellas agentes tópicos estabilizadores de mastocitos, fototerapia y, de manera excepcional, tratamientos sistémicos dirigidos, siempre valorando cuidadosamente riesgos y beneficios3. A largo plazo, la mayoría de los pacientes pediátricos experimentan una mejoría progresiva con la edad, y en algunos casos las lesiones llegan a resolverse espontáneamente al alcanzar la pubertad4.

En la mastocitosis cutánea pediátrica, aunque el curso suele ser benigno, pueden presentarse complicaciones, sobre todo en formas extensas o difusas. Entre ellas destaca el riesgo de anafilaxia por liberación masiva de mediadores mastocitarios, favorecida por la gran extensión cutánea8. Otros síntomas incluyen flushing intenso, hipotensión, taquicardia y manifestaciones digestivas como vómitos, diarrea o dolor abdominal 6. En casos con inflamación dérmica marcada pueden aparecer ampollas, vesículas, edema e induración cutánea, lo que aumenta el riesgo de daño epidérmico e infecciones secundarias. En situaciones poco frecuentes, cuando existe compromiso sistémico, se han descrito hepatomegalia, esplenomegalia, lesiones óseas y elevación de triptasa sérica, esta última considerada un marcador de mayor severidad 1.

 

CONCLUSIÓN

La mastocitosis cutánea en la infancia, aunque poco frecuente, debe considerarse dentro del diagnóstico diferencial de lesiones pigmentadas o ampollares en lactantes. Su reconocimiento temprano mediante examen clínico, signo de Darier e histopatología con inmunomarcadores permite establecer un diagnóstico preciso y descartar compromiso sistémico.

El manejo se centra en el control sintomático y la educación familiar para evitar factores desencadenantes, ya que la mayoría de los casos presentan una evolución benigna con tendencia a la mejoría espontánea. Sin embargo, las formas difusas requieren una vigilancia estrecha por el riesgo de complicaciones como anafilaxia o afectación visceral.

 

CONFLICTO DE INTERÉS

Los autores declaramos no presentar ningún tipo de conflicto de interés.

 

FINANCIAMIENTO

La presente investigación no ha recibido ayudas específicas provenientes de agencias del sector público, sector comercial o entidades sin ánimo de lucro.

 

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ANEXOS

Imagen 1. Dermatosis diseminada en tórax anterior y miembro inferior derecho, caracterizado por presencia de placas anulares color marrón-violáceo.

 

Imagen 2. Se observa una lesion localizada posterior a realizar frotamiento de la piel (signo de Darier).

 

Imagen 3. Lesion no melanocítica con una red de pigmento marrón homogénea con ciertas áreas mas claras difusas.

 

Imagen 4. Histopatología en la que se observa epidermis sin alteraciones; en la dermis papilar y reticular se observa un infiltrado difuso de células con núcleos centrales redondos y ovales con citoplasmas amplios con gránulos basófilos, entremezclados con linfocitos y eosinófilos.

 

Imagen 5. Inmunohistologia con CD117: Marcaje positivo perinuclear difuso de diferente intensidad.

 

Imagen 6. Giemsa: Marcaje positivo en la mayor parte de células del infiltrado.

 

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