Microbiota cutánea y cuidado diario de la piel: ¿limpiar o desequilibrar?

11 agosto 2025

 

 

AUTORES

  1. Diego Laborda Galindo. Enfermero Servicio de Urgencias del Hospital Quirón Zaragoza. España.
  2. David Arcusa Puente. Enfermero USMA CE Inocencio Jiménez Zaragoza. España.
  3. Ángela Rodríguez Val. Enfermera. Servicio Oncología del HCU Zaragoza. España.
  4. Laura Gracia Galindo. Enfermera Servicio de Farmacia en HCU Zaragoza. España.
  5. Diana Alonso Sáenz. Enfermera USMA CE Inocencio Jiménez Zaragoza. España.
  6. Eliana Solari Mendoza. Enfermera USMA CE Inocencio Jiménez Zaragoza. España.

 

RESUMEN

La microbiota cutánea cumple un rol fundamental en el mantenimiento de la salud de la piel. Actúa como una barrera inmunológica y reguladora del pH, siendo la primera línea de defensa contra patógenos. Sin embargo, la higiene diaria, aunque necesaria, puede alterar este ecosistema microscópico. Este artículo analiza estudios recientes sobre el impacto de los productos cosméticos de uso diario en la composición y diversidad del microbioma cutáneo. Se abordan aspectos como el pH de los productos, la frecuencia del lavado e ingredientes activos como el saccharide isomerate o la clorhexidina.

PALABRAS CLAVE

Microbiota cutánea, pH; saccharide isomerate, clorhexidina, disbiosis.

ABSTRACT

The skin microbiota plays a key role in maintaining skin health. It acts as an immune barrier and pH regulator, being the first line of defence against pathogens. However, daily hygiene, although necessary, can disrupt this microscopic ecosystem. This article reviews recent studies on the impact of daily cosmetic products on the composition and diversity of the skin microbiome. Aspects such as product pH, frequency of washing and active ingredients such as saccharide isomerate or chlorhexidine are addressed.

KEY WORDS

Skin microbiota, pH; saccharide isomerate, chlorhexidine, dysbiosis.

DESARROLLO DEL TEMA

La piel humana, el órgano más extenso del cuerpo, alberga una diversa comunidad microbiana conocida como microbiota cutánea. Esta microbiota está compuesta por bacterias, hongos y virus que coexisten en simbiosis con el huésped, ejerciendo funciones esenciales para la salud cutánea. Entre sus principales funciones se encuentra la modulación de la respuesta inmunitaria, la prevención de la colonización por patógenos y el mantenimiento de un pH ácido que favorece el equilibrio cutáneo1.

No obstante, prácticas aparentemente inofensivas como la higiene diaria pueden alterar significativamente este ecosistema. El uso frecuente de productos de limpieza, especialmente aquellos con tensioactivos agresivos, antisépticos o pH no fisiológico, puede provocar disbiosis, es decir, un desequilibrio microbiano que conlleva consecuencias clínicas relevantes. Estudios recientes han evidenciado que ciertos ingredientes cosméticos influyen directamente en la diversidad bacteriana, favoreciendo o perjudicando la presencia de especies protectoras1,2.

Además, factores como la edad, el estado inmunológico y la frecuencia de lavado determinan la respuesta del microbioma cutáneo frente a los productos de cuidado personal. Por ello, comprender la relación entre limpieza y microbiota se ha vuelto un aspecto clave tanto en dermatología preventiva como en salud pública. Este artículo revisa la evidencia actual sobre los efectos de la higiene diaria en la microbiota cutánea, enfatizando en algunos ingredientes específicos como el saccharide isomerate o la clorhexidina1,2.

La piel humana está colonizada por una compleja y diversa comunidad microbiana que incluye bacterias, hongos y virus. Esta microbiota desempeña funciones esenciales para la salud cutánea, como la protección contra agentes patógenos, la regulación inmunitaria y el mantenimiento de un pH ácido que inhibe el crecimiento de microorganismos oportunistas. Su composición está influenciada por factores como la localización anatómica, la edad, el sexo y los hábitos de higiene personales1.

La higiene diaria es una de las principales variables externas que afectan este equilibrio. Aunque es esencial para eliminar la suciedad, el sudor y otros contaminantes, la limpieza frecuente o con productos inadecuados puede conducir a un desequilibrio del microbioma, conocido como disbiosis. Este estado se ha vinculado con trastornos como dermatitis, infecciones recurrentes o inflamaciones crónicas de la piel.

La fórmula de los productos de limpieza influye considerablemente en la microbiota cutánea. Ingredientes como el saccharide isomerate han demostrado efectos positivos. En un estudio de Sfriso et al., se aplicó un gel corporal con este componente dos veces al día, observándose cambios inmediatos en la composición microbiana, con estabilización a las 24 horas. Se produjo un aumento de bacterias beneficiosas como Paracoccus marcusii y una reducción de coryneforms, potencialmente patógenas2.

Por el contrario, algunos antisépticos como la clorhexidina, clínicamente utilizados por su eficacia antimicrobiana, pueden causar una reducción significativa de la diversidad bacteriana. Kates et al. demostraron que el uso diario de clorhexidina disminuye la presencia de géneros protectores como Staphylococcus y Corynebacterium, especialmente en adultos. En niños, el impacto fue menos severo, lo que sugiere una respuesta microbiana diferente según la edad3.

El pH del producto cosmético es otro factor crítico. La piel humana mantiene un pH ligeramente ácido, entre 4,5 y 5,5, de tal forma, productos con pH alcalino pueden alterar esa acidez fisiológica, promoviendo el crecimiento de patógenos. Según una revisión reciente, el uso de productos con pH inferior a 5 ayuda a una rápida recuperación del microbioma tras la limpieza, evitando la proliferación indeseada4.

La frecuencia y el modo de limpieza también tienen consecuencias. Lavados excesivos o con tensioactivos agresivos pueden erosionar la barrera lipídica de la piel, causar sequedad e irritación, y facilitar una disbiosis crónica. La situación se agrava en poblaciones vulnerables como ancianos, niños o personas con dermatitis. Por ello, es crucial la educación sanitaria respecto al uso adecuado de productos de higiene.

Las buenas prácticas incluyen el uso de limpiadores suaves, sin fragancias ni conservantes irritantes, con pH fisiológico y activos que favorezcan la integridad microbiana. El uso de antisépticos debe reservarse a contextos clínicos o infecciosos y no formar parte de la rutina diaria en piel sana2,3,4.

IMPLICACIONES CLÍNICAS DE LA DISBIOSIS CUTÁNEA:

Para la disbiosis cutánea, el uso de cosméticos, no solo tiene efectos superficiales, sino que puede derivar en consecuencias clínicas significativas. Se ha asociado con una mayor incidencia de infecciones bacterianas, dermatitis atópica, psoriasis e incluso retraso en la cicatrización de heridas. La pérdida de diversidad microbiana puede reducir la competencia entre microorganismos, facilitando la colonización por patógenos oportunistas. En individuos inmunocomprometidos o con enfermedades dermatológicas, estas alteraciones pueden complicar el pronóstico y requerir tratamientos más agresivos. Además, la interacción entre la microbiota y el sistema inmunológico sugiere que un desequilibrio microbiano podría incluso contribuir al desarrollo o exacerbación de enfermedades inflamatorias sistémicas. Así pues, la comprensión de la microbiota cutánea debe ser considerada como pilar fundamental, no solo en dermatología preventiva, sino también en la práctica clínica general1,2,3,4.

 

CONCLUSIÓN

La microbiota cutánea es un componente vital de la salud de la piel y su equilibrio debe ser preservado como parte de una estrategia integral de cuidado personal. Su alteración por hábitos de higiene inadecuados puede desencadenar disbiosis, facilitar infecciones y agravar patologías cutáneas. La limpieza diaria no debe suponer una agresión, sino un acto consciente que preserve la integridad microbiana. El uso de productos con pH adecuado, activos respetuosos como el saccharide isomerate y la restricción de antisépticos a usos clínicos son estrategias fundamentales. Asimismo, comprender las implicaciones clínicas de una microbiota alterada permite anticipar riesgos y personalizar las recomendaciones higiénicas. El rol del profesional de la salud es clave para educar e informar al usuario sobre el equilibrio entre higiene y respeto al microbioma.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Zeeuwen PLJM, Kleerebezem M, Timmerman HM, Schalkwijk J. A human skin microbial gene catalogue established by metagenomic sequencing. Nat Commun. 2024;15:1647.
  2. Sfriso R, Claypool J. Microbial reference frames reveal distinct shifts in the skin microbiota after cleansing. Microorganisms. 2020;8(11):1634.
  3. Kates AE, Zimbric ML, Mitchell K, Skarlupka J, Safdar N. The impact of chlorhexidine gluconate on the skin microbiota of children and adults: a pilot study. Am J Infect Control. 2019;47(8):1014‑16.
  4. Ananthapadmanabhan KP, Dasgupta BR, Hawkins S. The dynamic relationship between skin microbiomes and personal care routines. Sci Direct. 2024; S2405-8440(24)105804.

 

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