Modificaciones en la carga viral y en CD4 atribuibles a la vacunación contra SARS-CoV-2 en personas que viven con VIH en un hospital de segundo nivel

5 diciembre 2024

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2024.36.10.001

 

 

AUTORES

  1. Erika Daniela Martínez Sánchez. Médico Residente de Medicina Interna, Hospital General Regional de Orizaba No. 1, OOAD Veracruz Sur del Instituto Mexicano del Seguro Social. México.
  2. Joaquín Ángel Ortiz Abrego. Médico Residente de Epidemiología, Hospital General Regional de Orizaba No. 1, OOAD Veracruz Sur del Instituto Mexicano del Seguro Social. México.
  3. Arlette Juliette Reyes Pintor. Médico Especialista en Epidemiología, Unidad de Medicina Familiar No. 61, OOAD Veracruz Sur del Instituto Mexicano del Seguro Social. México.

 

RESUMEN

Antecedentes: La enfermedad por SARS-CoV-2, es un importante desafío de salud, sobre todo para grupos vulnerables, como portadores de VIH. Algunos estudios han evidenciado una disminución en el recuento de células T CD4+ entre los niveles basales y los medidos después de la primera y la segunda vacuna, por lo que es importante recopilar datos sobre alteraciones en estos valores de forma cruzada posterior a la aplicación de las vacunas contras SARS-CoV-2.

Objetivo: Determinar cuáles son las modificaciones en la carga viral y en CD4 atribuibles a la vacunación contra SARS-CoV-2 en personas que viven con VIH de un hospital de segundo nivel.

Material y Métodos: Estudio transversal, en un hospital de segundo nivel; se incluyeron 66 expedientes de pacientes portadores de VIH, que contarán con dos dosis de vacuna contra COVID-19 y que tuvieran determinación de carga viral y conteo CD4. La asociación entre variables se realizó mediante X 2, considerando estadísticamente significativas aquellas con valor de p≤0.05.

Resultados: Se identificó predominio de los hombres 78.7%. La vacuna aplicada con mayor frecuencia fue AstraZeneca con 77.27%. El principal evento adverso fue el dolor en el sitio de aplicación con 93.96%. La asociación entre el conteo CD4 pre y post vacunal no mostró una diferencia estadísticamente significativa (p=0.5822). Mientras que para la asociación entre carga viral pre y post vacunal muestra un valor de p=0.0089, obteniendo significancia estadística entre estas dos variables.

Conclusiones: La respuesta de la vacunación contra COVID-19 en las personas que viven con VIH ha sido poco estudiada, y pese a que se ha evidenciado que existen alteraciones en la carga viral y el conteo CD4 posterior a la inmunización contra COVID-19, en este estudio de investigación, solo se aprecian modificaciones en la carga viral del paciente portador de VIH que ha recibido dos inmunizaciones para COVID-19.

 

PALABRAS CLAVE

COVID-19, VIH, vacunación, carga viral, CD4.

 

ABSTRACT

Background: SARS-CoV-2 disease is a major health challenge, especially for vulnerable groups, such as HIV carriers. Some studies have shown a decrease in CD4+ T cell counts between baseline levels and those measured after the first and second vaccines, so it is important to collect data on changes in these values ​​in a cross-sectional manner after the application of SARS-CoV-2 vaccines.

Objective: To determine which changes in viral load and CD4 are attributable to vaccination against SARS-CoV-2 in people living with HIV in a second-level hospital.

Material and Methods: Cross-sectional study, in a second-level hospital; 66 records of patients with HIV were included, who had two doses of COVID-19 vaccine and who had their viral load and CD4 count determined. The association between variables was performed using X2, considering those with a p value≤0.05 as statistically significant.

Results: A predominance of men was identified 78.7%. The most frequently administered vaccine was AstraZeneca with 77.27%. The main adverse event was pain at the injection site with 93.96%. The association between pre- and post-vaccination CD4 content did not show a statistically significant difference (p=0.5822). While for the association between pre- and post- vaccination viral load it shows a value of p=0.0089, obtaining statistical significance between these two variables.

Conclusions: The response to vaccination against COVID-19 in people living with HIV has been little studied, and although it has been shown that there are alterations in the viral load and the CD4 count after immunization against COVID-19, in this research study, only modifications are seen in the viral load of the HIV patient who has received two immunizations for COVID-19.

KEY WORDS

COVID-19, HIV, vaccination, viral load, CD4.

 

INTRODUCCIÓN

La pandemia de Coronavirus (COVID-19) ha golpeado de manera inclemente la mayoría de las naciones del mundo, ataca todas las edades, produciendo cientos de miles de muertes1,2.

El 09 de enero el Centro Chino de los CDC informó el descubrimiento del nuevo coronavirus y el 12 de enero dieron a conocer la secuencia genómica del nCoV-2019 para el reporte de nuevos casos en otras regiones y el desarrollo de pruebas diagnósticas. El 11 de enero se reportó la primera defunción en China. Estados Unidos de Norteamérica reportó su primer caso confirmado el 20 de enero en un paciente de 35 años que viajó a Wuhan. La OMS, el 30 de enero, declaró a la infección por nCoV-2019 una emergencia internacional de salud pública3-5.

Al 29 de noviembre de 2021 se habían confirmado 3,888,948 casos y 292,977 defunciones en México, con una tasa de letalidad global de 7.6%, se reportan casos graves en 15.54%. Se reporta una probable cuarta oleada6.

Los coronavirus son unos virus ARN, los cuales están distribuidos entre los humanos y diferentes especies de mamíferos y aves, y causan enfermedades gastrointestinales, neurológicas, pulmonares y hepáticas. Son de alta prevalencia y amplia distribución, con gran diversidad genética y recombinación frecuente de su genoma. Entre este grupo de virus se encuentra el coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo 2 (SARS-CoV-2), causante de la pandemia actual, el cual es de origen zoonótico, causante de enfermedades severas, que incluso pueden llegar a ser fatales7.

El brote de SARS-CoV-2, que se informó por primera vez en Wuhan, China, en diciembre de 2019, ha tenido un enorme impacto en China y el mundo entero. La enfermedad causada por el SARS-CoV-2 se denomina enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Para el 19 de marzo de 2020, el número de casos confirmados había aumentado a más de 200,000. Aunque la mayoría de los pacientes infectados con SARS-CoV-2 tenían una enfermedad leve, aproximadamente el 5% de los pacientes tenían una lesión pulmonar grave o incluso disfunción multiorgánica, lo que resulta en un 1.4% de letalidad8.

El mayor informe de COVID-19 de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de China resumió los hallazgos de 72,314 casos y señaló que mientras el 81% eran de naturaleza leve con una tasa de letalidad general del 2.3%, un pequeño subgrupo del 5% presentaba insuficiencia respiratoria, shock séptico y disfunción multiorgánica que resulta en fatalidad en la mitad de estos casos, un hallazgo que sugiere que es dentro de este grupo que la oportunidad de salvar vidas9.

La enfermedad, de gran capacidad de contagio, se produce una variedad de Coronavirus originario de los murciélagos SARS-CoV-2 y se caracteriza, en su forma más severa (16 a 20%), por síndrome respiratorio agudo, por neumonía alveolo-intersticial que requiere tratamiento en unidades de cuidado intensivo. Se puede observar, además, compromiso de otros órganos, como el corazón, el tracto digestivo, el sistema nervioso, inmunológico, hematopoyético y renal10.

La mortalidad inicialmente se situó en el 16.1% y se debe a sepsis, falla multiorgánica, shock e insuficiencia respiratoria. Por lo que es importante identificar los factores de riesgo que llevan a un resultado negativo o mortal y, por lo tanto, identificarlos mejoraría la atención oportuna y la supervivencia de COVID-1911.

Las complicaciones comunes observadas más frecuentemente en pacientes fallecidos incluyen síndrome de dificultad respiratoria aguda (113; 100%), insuficiencia respiratoria tipo I (18/35; 51%) y sepsis (113; 100%). El síndrome respiratorio agudo severo por coronavirus (COVID-19) puede causar inflamación tanto pulmonar como sistémica, que conduce a la disfunción multiorgánica en pacientes con alto riesgo12-13.

A mediados de enero de 2020, la empresa alemana de biotecnología Biopharmaceutical New Technologies (BioNTech) inició el “Proyecto Lightspeed” en cooperación con otras dos empresas: Pfizer y Fosun. El objetivo principal del proyecto era un rápido desarrollo de una vacuna eficaz y bien tolerada contra la enfermedad del coronavirus (COVID-19; síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2, SARS-CoV-2) siguiendo estándares altamente científicos y éticos. En noviembre de 2020, los datos de seguridad estaban disponibles durante al menos dos meses después de la segunda dosis de la vacuna. Además, otros equipos de investigadores de todo el mundo trabajan intensamente en el rápido desarrollo de vacunas contra COVID-19.

En septiembre de 2021, había más de 140 vacunas candidatas en ensayos clínicos y alrededor de 20 vacunas aprobadas en todo el mundo14-16.

El desarrollo enormemente rápido de vacunas COVID-19 seguras y altamente efectivas es uno de los logros más impresionantes de la investigación biomédica en los últimos tiempos. El éxito de las campañas de vacunación depende de la disponibilidad de las vacunas y su asignación, que se asocia positivamente con los ingresos de un país específico. Pero sobre todo depende de la disposición de la población a vacunarse. La disposición puede contribuir al logro de una inmunidad colectiva sin la infección de una gran proporción de la población. Se requiere un umbral de inmunidad colectiva de alrededor del 71 al 74% para superar el brote pandémico y volver a la vida «normal»17-19.

La evaluación de la eficacia de la vacuna se realiza con datos del mundo real. Son esenciales para monitorear el desempeño de los programas de vacunación a lo largo del tiempo y en el contexto de la aparición de nuevas variantes.

A julio de 2021 se han vacunado contra el SARS-CoV-2 en el mundo unos 2000 millones de personas (el 26% de la población mundial) y en México 38 millones (el 30% de la población total). Esto ha implicado aprender nuevos abordajes para hacer una vacunación en masa para minimizar la morbilidad y la mortalidad de la COVID-19. Sin embargo, cada biológico presenta sus características particulares20.

En el caso de la vacuna de Pfizer-BioNTech contiene ARNm específico para la producción de proteína S en las células del huésped, que estimula anticuerpos protectores con 95% de eficacia. Debido a la rápida degradación del ARNm, esta vacuna debe mantenerse a muy baja temperatura (−70 °C) desde el momento en que se produce hasta unos días antes de que se inyecte. La vacuna de Moderna es similar a la de Pfizer-BioNTech. La vacuna rusa Sputnik V emplea vectores de adenovirus del catarro común. En la primera dosis se emplea el vector de adenovirus 26, el cual sintetiza la proteína S, y en la segunda dosis, a los 21 días, se inocula un segundo vector de adenovirus 5 para proporcionar inmunidad a largo plazo. La vacuna china de Sinovac, en las pruebas realizadas en Brasil, Indonesia y Turquía ha dado resultados con mucha variabilidad. La vacuna de AstraZeneca utiliza un adenovirus J&JAd26 genéticamente modificado, tiene una efectividad del 79% y su almacenamiento requiere la temperatura de un refrigerador; en México se dispone actualmente de 7 biológicos aprobados por la COFEPRIS. (Anexo 1)21.

La enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) se ha convertido en un importante desafío de salud mundial, con una alta morbilidad y mortalidad. A pesar de que se están produciendo diferentes vacunas en todo el mundo, la propagación del virus aún no está controlada. En particular, la escasez de vacunas en los países de bajos ingresos es uno de los factores clave que obstaculizan los esfuerzos para reducir la propagación del virus. Aunque diferentes organismos responsables han proporcionado pruebas, todavía existen múltiples creencias y conceptos erróneos sobre la vacunación contra COVID-19 que aún no se han abordado. Hoy en día, la vacilación ante las vacunas es una de las diez principales amenazas para la salud mundial, derivada de la falta de voluntad de los pacientes crónicos para recibir la vacuna. Los pacientes con enfermedades crónicas en entornos de bajos recursos temen recibir la vacuna debido a la escasez de información sobre la vacuna COVID-1922.

Es evidente que el objetivo primario de la vacunación ha buscado frenar los contagios y disminuir la morbilidad y mortalidad que ha generado la enfermedad, principalmente en personas con comorbilidades23.

Una de las estrategias primarias para prevenir infecciones por COVID-19 en este tipo de población con comorbilidades asociadas, es la administración de vacunas de COVID-19 especialmente en personas que viven con VIH, en el contexto que se encuentran en riesgo de síntomas severos y mayor mortalidad comparado con casos sin comorbilidad24.

Al igual que la población en general, las personas que viven con VIH deben recibir una de las vacunas disponibles como medida preventiva contra el desarrollo de COVID-19. Curiosamente, en general, la evidencia hasta la fecha no sugiere que los pacientes con VIH/SIDA tengan una susceptibilidad marcadamente mayor a la infección por SARS-CoV-2, con disparidades en los determinantes sociales de la salud y las comorbilidades. Probablemente tenga una mayor influencia, especialmente con respecto al acceso a la atención médica de apoyo y la continuación del tratamiento antirretroviral25.

También hay otros informes de instalaciones separadas que describen un aumento, una disminución o ninguna diferencia en los resultados de COVID-19 en esta población de pacientes, especialmente en términos de tasa de mortalidad. Estos estudios provienen de varios lugares, cada uno con una prevalencia de VIH subyacente diferente y acceso a varios regímenes de tratamiento antirretroviral26.

La mayoría de la literatura publicada no ha respaldado un riesgo significativamente mayor de enfermedad grave entre los pacientes con VIH/SIDA en los Estados Unidos y Europa, aunque un gran estudio poblacional en Sudáfrica informó una tasa más alta de muerte por COVID-1927.

Las tasas más altas de comorbilidades asociadas con la gravedad de la enfermedad de COVID-19 entre los pacientes con VIH/SIDA es un área que aún debe monitorearse de cerca. El impacto inmediato de COVID-19 es que podría conducir a una disminución del acceso a los servicios de prevención del VIH y a las pruebas del VIH, y dificultar el acceso al tratamiento del VIH y la supresión virológica podría conducir al empeoramiento del control del VIH y otros resultados positivos deseables. Además, en esta línea, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. han concluido que las personas con VIH que reciben un tratamiento eficaz contra el VIH tienen el mismo riesgo de desarrollar COVID-19 que las personas que no tienen VIH, aunque el riesgo de que las personas con VIH se enfermen gravemente es mayor para aquellas que tienen un recuento bajo de células CD4 y no reciben un tratamiento eficaz contra el VIH28.

Aunque el número de personas que viven con VIH que participan en ensayos que evaluaron las vacunas contra el COVID-19 es muy limitado, la Organización Mundial de la Salud, ONUSIDA y las sociedades clínicas expresan confianza en la seguridad y eficacia de las vacunas en esta población clave. El ensayo de fase 2/3 de la vacuna de ARNm BNT162b2 (Pfizer) incluyó 196 personas que viven con VIH (0,5% del total de participantes), pero no se informaron los datos de eficacia y seguridad de la vacuna para esta población29.

El ensayo mRNA-1273 (Moderna) incluyó a 176 personas que viven con VIH (0,6% del total de participantes) de los cuales 90 recibieron la vacuna y ninguno tenía infección por COVID-19 después de recibir las dos dosis programadas (100% de eficacia de la vacuna)30.

El ensayo de la vacuna del vector Ad26.COV2. S adenovirus 26 (vacuna Janssen/Johnson & Johnson COVID-19) ha incluido lo que, hasta la fecha, es el mayor número de personas que viven con VIH: 467 bien controlados (virológicamente suprimidos, recuento de células CD4 300 células en terapia antirretroviral estable) recibieron una sola dosis de la vacuna y 498 recibieron placebo. A los 28 días posteriores a la vacunación, dos personas del grupo vacunado y cuatro del grupo placebo tenían COVID-19 de moderado a grave/crítico (eficacia de la vacuna 47,5 %, intervalo de confianza [IC] – 266,0–95,3 %), sin cualquier diferencia significativa en la seguridad31.

El estudio realizado por Liu y cols en 2021, en China, incluyó 219 que recibieron por lo menos una dosis de vacuna CoronaVac, de los cuales, aproximadamente un tercio (33.4%) presentaron eventos adversos asociados a la vacuna. De las reacciones locales, el 25.1% presentó dolor en el sitio de inyección.

Las reacciones adversas sistémicas más comunes fueron: fatiga (13.5%), fiebre (4.7%) y cefalea (3.3%). Todas las reacciones adversas fueron de baja o moderada intensidad y se autolimitaron. En este estudio también se evaluó el efecto de la vacuna en la respuesta inmunológica a los 28 días de su aplicación, observando que el conteo de CD4 no cambiaba significativamente tras la administración de la vacuna ni se observaron rebotes en la carga viral de VIH, sugiriendo no existir impacto de la vacuna sobre el tratamiento antirretroviral24.

Con el objetivo fue evaluar la inmunogenicidad y la seguridad de vacuna COVID-19 en personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana a 143, ≥18 años de edad, se monitorean los eventos adversos, la carga viral y los recuentos de células CD4. En una mediana de 18 días (rango intercuartil 14-21 días) después de la segunda dosis, se informaron eventos adversos en el 60 %, principalmente dolor en el lugar de la inyección, fatiga y dolor de cabeza. No se informaron eventos adversos relacionados con el SIDA. La carga del virus de la inmunodeficiencia humana aumentó en 3/143 (2%) pacientes menores de 40 a 100 copias/mL. El recuento de linfocitos T CD4+ disminuyó de una media geométrica de 700 células/μL (IC 95 % 648–757 células/μL) a 633,8 células/μL (IC 95 % 588–683 células/μL) (p < 0,01)32.

A raíz de la pandemia por COVID-19 se han buscado estrategias para disminuir la morbimortalidad por esta enfermedad, dentro de las cuales se aplicó la vacunación, sin embargo, a pesar de demostrar el beneficio por esta intervención, continúa existiendo rechazo a la vacunación por el desconocimiento de los eventos adversos que pudieran presentarse en la población general. Esto no difiere en las personas que viven con VIH, quienes por presentar alteraciones inmunológicas asociadas a su patología base, continúan rechazando la vacunación por COVID-19.

El presente estudio valoró la respuesta de la vacunación por COVID-19 en las personas que viven con VIH en un hospital de segundo nivel, ya que los reportes que se tienen previamente han sido desarrollados principalmente en poblaciones de China, Francia, Estados Unidos, sin embargo se considera que la población mexicana cuenta con características sociodemográficas diferentes al resto de la población y hasta el momento no se cuenta con reportes en población mexicana, y aún continúa existiendo rechazo a la vacunación en algunas personas con esta comorbilidad, por lo que se demostró la seguridad de la vacunación en esta población para mejorar su aceptación y disminuir la morbimortalidad por COVID-19.

 

MATERIAL Y MÉTODO

Se elaboró un estudio transversal, observacional, retrolectivo en Hospital General Regional No. 1 de Orizaba, Veracruz perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social. Se revisaron 66 expedientes de pacientes con diagnóstico de VIH, mayores de 18 años, en control virológico (carga viral menor a 40 copias/ml, que se hubiesen aplicado dos dosis de vacuna contra COVID-19 y que contarán con una determinación de carga viral y conteo CD4 por lo menos seis meses previos a la administración de la primera dosis de vacuna y por lo menos tres meses después de la administración de la segunda dosis. Se excluyeron aquellos expedientes en los que se mostrará evidencia de que el paciente había cursado con una infección al momento de la determinación de la segunda carga viral o bien que hubiesen recibido alguna otra vacuna al momento de la determinación de la segunda carga viral y el conteo CD4; fueron eliminados los expedientes de los pacientes que suspendieron el tratamiento antirretroviral durante las fases de la vacunación. Las variables estudiadas fueron: edad, escolaridad, índice de masa corporal, comorbilidades, antecedente de vacunación contra SARS-CoV-2, vacuna aplicada contra SARS-CoV-2, semanas transcurridas desde el antecedente vacunal, conteo de CD4 y carga viral previo a la vacunación y posterior a esta. Los datos obtenidos se analizaron con el paquete estadístico GraphPad Prism 10, obteniendo para las variables cualitativas frecuencias y porcentajes; para las variables cuantitativas con distribución normal media y desviación estándar, para las variables cuantitativas sin distribución normal mediana y rangos. La asociación entre variables se realizó mediante X2, considerando estadísticamente significativas aquellas con valor de p≤0.05.

 

RESULTADOS

La media de edad de la población estudiada fue de 44.45±12.01años, una edad mínima de 26 años y una edad máxima de 78 años. Predominaron los hombres 52(78.7%) y mujeres 14(21.2%). (Figura 1 y Figura 2).

Se analizó el Índice de Masa Corporal (IMC) de los participantes, identificando que 37 (56.06%) presentaba sobrepeso, 19 (28.78%) se encontraban en un peso normal, 6 (9.09%) tenían obesidad Grado I, 2(3.03%) Obesidad Grado II y 3 respectivamente. La principal comorbilidad identificada fue la Hipertensión con 8 (12.12%) casos, seguida de la Diabetes Tipo 2 con 4 (6.06%) casos, hepatopatías en solo 2 (3.03%) pacientes, cardiopatía y EPOC con un caso cada uno (1.51%). (Tabla 1).

La vacuna aplicada con mayor prevalencia entre los participantes fue AstraZeneca con 51 (77.27%), seguida de Cansino con 8 (12.12%), Pfizer con 6 (9.09%) y finalmente, Janssen con solo un caso (1.51%). (Tabla 2) Se puede observar que la vacuna que presentó la mayor cantidad de eventos adversos fue AstraZeneca. Los principales eventos adversos reportados de manera general fueron el dolor en el sitio de aplicación con 62 casos (93.96%), las mialgias y las artralgias 50 (75.75%), fatiga 48 (72.72%), fiebre y cefalea con 21 (31.81%) respectivamente. Las reacciones adversas por vacuna, muestran que para AstraZeneca predominó el dolor local con 71.21%, seguido de la fatiga 65.15%, mialgias y artralgias con 60.60%, cefalea 28.78% y fiebre 24.24%, para la vacuna de Cansino, predominó el dolor local con 12.12%, mialgias y artralgias con 9.09%, fatiga 4.54%, fiebre 3.03% y cefalea 1.51%; Pfizer dolor local 9.09%, mialgias y artralgias 6.06%, fatiga 3.03%, fiebre 1.51% y cefalea 1.51%; con la vacuna Janssen, predominó el dolor local y la fiebre con 1 caso cada una (1.51%) y cero casos para las mialgias, artralgias, fatiga y cefalea. (Tabla 3).

En cuanto a las etapas clínicas de VIH, se identificaron 47 (71.21%) casos correspondientes a la etapa A1, 17 (25.75%) a la etapa A2 y 2 (3.03%) a la etapa A3. (Figura 3).

El conteo CD4 medio prevacunal se observa en 688.5 con una DE ±321.2 (IC 95% 165-1824); mientras que, el CD4 post vacunal presenta una media de 664.3 con una DE ±314.9 (IC 95% 175-1768); la asociación entre el conteo CD4 pre y post vacunal no mostro una diferencia estadísticamente significativa (p=0.5822). Mientras que para la carga viral prevacunal se obtuvo una media de 53.38±37.44 (IC 95% 40-346) y una carga viral post vacunal media de 249.5 ±605.2 (IC 95% 40-4010) la asociación entre carga viral pre y post vacunal muestra un valor de p=0.0089, obteniendo significancia estadística entre estas dos variables. (Tabla 4).

 

CONCLUSIONES

La respuesta de la vacunación contra COVID-19 en las personas que viven con VIH ha sido poco estudiada, sin embargo, los estudios realizados, mencionan que la efectividad y eficacia de la vacuna hacia este grupo vulnerable es alta, aunque al igual que otros grupos inmunizados pueden presentar reacciones adversas a la vacunación.

En este estudio, realizado en pacientes diagnosticados con VIH, se pudo observar que los pacientes presentaron al menos una reacción a la inmunización contra COVID-19, siendo la más frecuente el dolor local con un 93.69%, las mialgias y artralgias con un 75.75%, la fatiga con 72.72% y la fiebre y la cefalea con un 31.81% respectivamente; además se identificó que estas reacciones se presentaron con mayor frecuencia tras la administración de la vacuna de AstraZeneca24. Mientras que los CD4 no mostraron cambios significativos, pero si, la carga viral, en 16 de 66 pacientes, pasando de una carga viral <40 a más de 100 en estos casos32. Tampoco se observó diferencia significativa entre el conteo CD4 prevacunal y el post vacunal (p= 0.5822), no así en la carga viral, en donde sí se identificó un incremento del conteo viral posterior a la vacunación con una diferencia estadísticamente significativa (p= 0.0089)24.

Pese a que la literatura ha evidenciado que existen alteraciones en la carga viral y el conteo CD4 en pacientes que han recibido inmunización contra COVID-19, sin que esto se asocie con problemas de salud adicionales en esta población vulnerable, en este estudio de investigación, solo se aprecia que existen modificaciones en relación con la carga viral del paciente portador de VIH que ha recibido dos inmunizaciones para COVID-19, más no así para el conteo de CD4. Esta investigación cuenta con limitantes, como son el tamaño de la muestra, y la imposibilidad de evaluar la eficacia de la vacunación a través de la cuantificación de anticuerpos contra SARS-CoV-2 en los participantes y poder relacionar estos hallazgos con la respuesta inmunitaria prevacunal y post vacunal. Pese a esto, es importante destacar la importancia de la vacunación contra COVID-19 y los beneficios que estas brindan a los pacientes que son portadores de VIH.

El continuar realizando investigaciones sobre las diferencias de los CD4 y la carga viral pre y postvacunal, permitirá generar evidencia sobre la eficacia de la vacunación, dando más seguridad a los pacientes portadores de VIH eliminando la resistencia aún presente a la inmunización contra COVID-19 en este grupo de riesgo.

 

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