AUTORES
- María Royo del Río. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Patricia Blanco Rollan. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Andrea Echart Broto. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Lorena Aznar Galve. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Marta Lugo Baile. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Andrea Ruiz Martínez. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
RESUMEN
El despegamiento de membranas es una técnica empleada en obstetricia en la cual mediante un tacto vaginal se pretende separar el polo inferior de la membrana amniótica del útero con el fin de estimular la dilatación cervical.
Se trata de un recurso con escasos riesgos para la madre y el feto y de utilidad para evitar una inducción medicalizada al parto, especialmente en el caso de las gestaciones postérmino.
La información a la gestante sobre la técnica y la obtención de su consentimiento aumenta la satisfacción materna y debe ser una prioridad para los profesionales que la realicen.
PALABRAS CLAVE
Embarazo, inicio del trabajo de parto, trabajo de parto inducido, membrana amniótica.
ABSTRACT
Membrane sweeping is a technique used in obstetrics in which with a vaginal examination is pretended to separate the inferior pole of the amniotic membrane of the uterus to stimulate cervical dilatation.
It is a resource with low risks for the mother and the fetus and it is used to avoid labour medical induction, especially in the case of post-term pregnancies.
The information to the pregnant woman about the technique and obtaining her consent increases maternal satisfaction and has to be a priority for the professionals that perform it.
KEY WORDS
Pregnancy, labour onset, induced labour, amniotic membrane.
DESARROLLO DEL TEMA
La fecha probable de parto (FPP) se calcula gracias a la Regla de Naegele, en la cual se añaden siete días y restan tres meses al primer día de la última regla, obteniendo una fecha coincidente con la semana 40 de gestación1. En torno a esta fecha se puede desencadenar espontáneamente el trabajo de parto, no obstante, en el caso de algunas mujeres el embarazo puede prolongarse llegando incluso a la semana 42 de gestación considerándose embarazos postérmino2.
La inducción al parto medicalizada se ofrece cuando continuar el embarazo reporta más riesgos para la madre o para el feto que el hecho de no hacerlo. El motivo más frecuente de inducción es el embarazo postérmino, aunque existen otros motivos como las alteraciones del crecimiento (crecimiento retardado o macrosomía) o las enfermedades hipertensivas del embarazo3. Normalmente, para la inducción medicalizada se utilizan métodos mecánicos como la rotura artificial de membranas o las sondas de doble balón, pero también se pueden usar medicaciones como las prostaglandinas o la oxitocina exógena2.
Internacionalmente, el número de inducciones ha aumentado un 60% en los últimos diez años debido especialmente a los avances ecográficos que pueden mejorar la calibración de la edad gestacional y el diagnóstico de patologías fetales3. Sin embargo, el uso de las inducciones medicalizadas, a pesar de ser algo común, no está exento de riesgos ya que se relaciona con un trabajo de parto más largo y doloroso, mayor necesidad de analgesia epidural, aumento de las hemorragias postparto y mayores tasas de medicalización del parto (episiotomías, partos instrumentales con fórceps o ventosa y cesáreas)3.
Con el fin de estimular el parto sin necesidad de una inducción medicalizada existen técnicas como el despegamiento de membranas.
El despegamiento de membranas, o maniobra de Hamilton, es una técnica obstétrica simple que se basa en separar el polo inferior de la bolsa amniótica del segmento inferior del útero gracias a un tacto vaginal. Con ello se pretende estimular el borramiento y la dilatación del cérvix mecánicamente y, a su vez, estimular la secreción hormonal de prostaglandinas F2a y fosfolipasa A2 favoreciendo así el inicio del parto2,4.
La maniobra, que puede ser llevada a cabo por profesionales de enfermería y medicina especialistas en obstetricia, está especialmente recomendada en el embarazo postérmino y aparece en algunas guías como en la del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) que sugiere que en la visita prenatal de la semana 39+0, en especial si la mujer es nulípara (no ha tenido partos antes), se realice para evitar una inducción medicalizada5. Otras guías como la del Ministerio de Sanidad de España aconseja “no realizar la maniobra como procedimiento de rutina en las mujeres con un embarazo sin complicaciones antes del término y que no tengan indicación de finalización de la gestación”6. En el caso concreto de los países con bajos recursos donde la inducción medicalizada tiene altos costes y sus efectos adversos son difíciles de solventar por la escasez de recursos, la maniobra de Hamilton resulta de gran utilidad4.
Los estudios apuntan que el tiempo máximo desde que se realiza la maniobra hasta que se desencadena el parto son 48 horas3 y en la mayoría de casos con uno o dos despegamientos el 86,4% de las mujeres se ponen de parto en contra del 13,6% que necesitaron repetirla en más ocasiones o que no hizo efecto7.
El número de veces que se puede repetir la técnica en caso de que esta no haya surtido efecto no está descrito, no obstante, se ha observado que una vez pasada la semana 40 de gestación la efectividad de realizarla solamente una vez parece disminuir4.
Otra variable que puede influir en su efectividad es la paridad de la mujer. Existe variedad de opiniones en la literatura ya que en algunos estudios se describe que no existe diferencia entre el grupo de nulíparas y el de multíparas, y otros afirman que la maniobra en multíparas tiene menos efecto ya que su puntuación en el test de Bishop suele ser más alta y en algunas ocasiones ni siquiera es necesario realizarla4.
Respecto a los potenciales riesgos del despegamiento de membranas podemos encontrar la ruptura accidental de membranas, la infección, sangrado vaginal, contracciones irritativas no efectivas y disconfort materno3. En estudios prospectivos se ha observado que la mayoría de las mujeres que han aceptado la maniobra no tienen complicaciones (93,9%), lo que se asemeja a las ratios en el grupo que no se realizó la técnica7.
Para realizar el despegamiento de membranas es necesario el consentimiento informado previo de la mujer, explicándole en qué consiste la técnica y sus posibles riesgos para que ella decida si quiere realizarla o no. El consentimiento es una máxima ya que es una técnica no exenta de riesgos, que además puede implicar una sensación de pérdida de intimidad en la mujer y el posible inicio de su proceso de parto3.
Los estudios sobre satisfacción materna muestran que en ocasiones las mujeres se sienten presionadas para la realización de este tipo de técnicas por lo cual es imprescindible ofrecerle toda la información que necesite y respetar su decisión, siendo esta revocable3. Las mujeres que aceptaron el despegamiento de membranas lo identificaron como incómodo, pero consideraban que los efectos beneficios superaban a los perjudiciales y la mayoría lo recomendaban a otras mujeres2.
CONCLUSIONES
El despegamiento de membrana amniótica es una técnica sencilla y con escasos efectos secundarios que parece disminuir la incidencia de inducción medicalizada al parto al ser comparado con el manejo expectante, no obstante, la evidencia es baja.
La mayoría de los estudios utilizados presentan limitaciones como poca muestra, falta de ciego o manejos diferentes de los parámetros cervicales lo que dificulta la generalización respecto al número óptimo de veces que se debe repetir la técnica para que sea eficaz o la edad gestacional a la que realizarla.
BIBLIOGRAFÍA
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