Prevención enfermera en adolescentes con depresión durante la pandemia COVID-19. Revisión bibliográfica

15 marzo 2024

 

AUTORES

  1. Clara García Vicente. Enfermera (Hospital Universitario Miguel Servet) Zaragoza.
  2. Jorge Gimeno Grima. Enfermero (Hospital Royo Villanova) Zaragoza.
  3. Beatriz Sanz Altarriba. Enfermera (HCULB) Zaragoza.
  4. David Crespo Martín. Enfermero (Hospital Royo Villanova) Zaragoza.
  5. María Fernández Pérez. Enfermera (Hospital Royo Villanova) Zaragoza.
  6. María Palacios Sánchez. Enfermera (Hospital Royo Villanova) Zaragoza.

 

RESUMEN

La Covid-19 y las medidas adoptadas para su control han supuesto un factor de riesgo para los adolescentes diagnósticos de depresión modulado por su capacidad de afrontamiento, su sexo y el uso de dispositivos electrónicos. También se estudian modificaciones en las manifestaciones clínicas de los adolescentes diagnosticados de depresión entre ellas alteraciones del sueño y la memoria, trastornos de alimentación y aumento de intentos autolíticos. Se llevaron a cabo intervenciones preventivas orientadas a adolescentes con depresión, entre ellas destacan la telepsiquiatría; acciones relacionadas con la mejora de la comunicación; coordinación entre enfermera escolar; enfermera de atención primaria y enfermera especialista. Investigar las repercusiones de la pandemia a corto y largo plazo y educación para salud en adolescentes, familia y entorno escolar, son líneas propuestas por los autores.

PALABRAS CLAVE

Pandemia, adolescentes, prevención secundaria de depresión, intervención enfermera.

ABSTRACT

Covid-19 and the measures adopted to control it have been a risk factor for adolescents diagnosed with depression modulated by their coping capacity, gender and the use of electronic devices. We also studied changes in the clinical manifestations of adolescents diagnosed with depression, including sleep and memory disturbances, eating disorders and increased self-harm attempts. Preventive interventions aimed at adolescents with depression were carried out, including telepsychiatry; actions related to the improvement of communication; coordination between school nurse; primary care nurse and specialist nurse. Research on the short- and long-term repercussions of the pandemic and health education for adolescents, family and school environment, are lines proposed by the authors.

KEY WORDS

Pandemic, adolescents, secondary prevention of depression, nursing intervention.

INTRODUCCIÓN

La depresión es un problema de salud mental en la sociedad occidental considerándose un importante problema de salud pública por el alto riesgo de suicidio y morbilidad1. La adolescencia es una etapa de cambios físicos y emocionales, aspectos que favorecen al estado depresivo, con una prevalencia en un 4-8% en los adolescentes2. La Atención Primaria se considera el nivel de atención sanitaria más adecuado para realizar una prevención eficaz3. En marzo de 2020 la OMS declaró la pandemia de la COVID-19, produciendo un riesgo en la interrupción o un cambio en la atención y el manejo de la enfermedad en los adolescentes diagnosticados de depresión4.

OBJETIVO

Valorar las intervenciones enfermeras orientadas a la prevención secundaria en adolescentes diagnosticados con depresión, en situaciones sociales complicadas, como es una alerta sanitaria con periodos de cuarentena que incluye la modificación de las consultas presenciales.

METODOLOGÍA

Revisión bibliográfica utilizando las bases de datos “Cuiden”, “Cinalh”, “PubMed”, “Dialnet” y “ScienceDierct”.

 

RESULTADOS-DISCUSIÓN

Factores de riesgo para el control de la depresión en adolescentes durante la pandemia Covid-19.

Se observan en la población adolescente una serie de consecuencias con mayor grado en los diagnosticados con patología depresiva.

Las medidas adoptadas durante la cuarentena han traído:

  • Aislamiento social, produciendo baja tolerancia a la angustia, sentimientos de soledad, incremento del nivel de ansiedad, miedo e incertidumbre5.
  • Disminución de la actividad física, ha dado aumento de peso6 y producido dolor somático5.
  • La docencia online, ha incrementado el nivel de estrés, produciendo sentimientos negativos: soledad, ansiedad e incertidumbre4 y un aumento de la sintomatología depresiva7.

 

La situación de la COVID y el mal afrontamiento de los adolescentes depresivos se ha visto repercutido por una baja resiliencia del adolescente, baja reevaluación ambiental y suspensión emocional del cuidador8.

También se han observado diferencias entre sexos en cuanto al afrontamiento de la situación vivida con mayor malestar emocional5 y resiliencia en el sexo femenino9. Las mujeres experimentaron un aumento de la sintomatología depresiva si además se habían infectado por el virus5.

El aumento del uso de dispositivos electrónicos ha producido sentimientos de tristeza, nerviosismo e irritabilidad, disminución del rendimiento escolar10 y mayor vulnerabilidad a sufrir acoso o abuso11.

El miedo al contagio o fallecimiento de familiares por la enfermedad ha generado sentimientos negativos y aumento de sintomatología depresiva4.

La situación socioeconómica del país aumentó la violencia doméstica, provocada por la frustración de los padres al perder el trabajo y no recibir ingresos económicos.

También temían posibles recaídas en su enfermedad por miedo a ser institucionalizados5.

Aquellos adolescentes con enfermedades de salud mental previas corrían el riesgo de generar problemas mentales más graves o un cambio negativo en sus condiciones de vida debido a que son más vulnerables a las emociones y las situaciones que no pueden controlar ellos mismo. Estos sentimientos de miedo al coronavirus deben ser controlados por los problemas futuros que pueden acarrear7. Más del 91% de la población estudiantil del mundo se vio afectada negativamente por el cierre de colegios e institutos. La falta de la rutina de sus actividades académicas llevó al aburrimiento en la mayoría de los adolescentes11, a consecuencia se produjo el uso abusivo de internet y dispositivos electrónicos que conducía a mayores problemas mentales o de comportamiento4. También aumentaba la facilidad de sufrir acoso o abuso por las redes sociales, teniendo en aquel entonces el problema de que los servicios de salud mental durante la pandemia se vieron bloqueados11. Estas repercusiones eran más graves en adolescentes con diagnóstico previo de depresión. Lo que justificaría aprender de esta situación para poner medidas preventivas en un futuro.

Algunos padres, especialmente si eran familias con bajos ingresos económicos, transmitían la impotencia que generó el confinamiento a sus hijos y no atendían las demandas emocionales que estos requerían12. Un hogar representa una fuente de seguridad y protección en la mayoría de las familias. Sin embargo, para los jóvenes que vivían la violencia familiar en sus casas era lo contrario, esto pudo hacer que fueran más vulnerables a la depresión y sus recaídas11.

Manifestaciones clínicas:

Entre las manifestaciones físicas se detallan: las alteraciones del sueño, trastornos de la alimentación4, alteraciones de la memoria y aumento de intentos autolíticos10. Se calcula un aumento del 35% de intentos de suicidio7.

La pandemia afecta a las horas de sueño por las preocupaciones generadas, la inquietud y el nerviosismo que conlleva la situación. La desorganización de las horas de sueño produjo en la mayoría de ellos apatía6. Se han manifestado recaídas o empeoramientos en la enfermedad del adolescente diagnosticado de depresión en varios estudios11.

El cierre de escuelas y el menor acceso a los servicios de salud mental derivó a una nueva sintomatología o se agravaron las ya existentes, en muchos de los adolescentes, esto conllevó a su vez un importante aumento de medicación4. Otro problema detectado con la medicación fue el incremento de autoconsumo de calmantes 7 y la incorporación de nuevos fármacos suplementarios13.

En otros casos, se produjo la interrupción del tratamiento y del seguimiento de la enfermedad relacionado directamente con la crisis sanitaria vivida. Recordemos que se concentraron muchos de los recursos materiales y personales en los enfermos de coronavirus y no se priorizó la atención de necesidades psicológicas y psiquiátricas de la población7.

Intervenciones preventivas:

Los especialistas de salud mental tuvieron que garantizar la continuidad en la atención de los pacientes para amortiguar el impacto psicológico generado por la pandemia y se vieron obligados a adoptar medidas con un enfoque: se desarrolló la telepsiquiatría junto a las consultas presenciales13.

La telepsiquiatría sirvió durante la pandemia para mantener la atención de auxilio psicológico, la continuidad de cuidados y la terapia individual o grupal 12 y así poder estar en contacto con otras personas en su situación5. A su vez se diseñaron e implementaron cuestionarios para identificar la gravedad de la crisis depresiva11.

Una de las barreras que tuvieron que librar las enfermeras y el resto de personal sanitario fue la utilización del EPI, material que dificulta la relación paciente-enfermera, impedía una buena comunicación y el reconocer a la persona que estaba atendiendo14. Esto produjo en el equipo de enfermería una reacción de angustia y miedo que producía un malestar general repercutiendo en la toma de decisiones y el desempeño laboral10. Esto motivó nuevas intervenciones con el objetivo de intentar mejorar la relación paciente-enfermera, desde la aplicación de modelos de comunicación basados en gestos y señas hasta llevar el nombre de forma visible en el EPI, todo esto hacía que tanto el paciente como la enfermera mejoraran sus habilidades de comunicación14.

El papel de la enfermera de Atención Primaria fue primordial para la prevención secundaria de la salud mental. Fue preciso abordar aspectos como potenciar el desarrollo de la resiliencia, reconocer los síntomas que indican enfermedades mentales y sus recaídas y la coordinación con los profesionales de salud mental. Se valoraron nuevas manifestaciones del estrés y problemas de salud emocional de los jóvenes, reflejándose muchas veces en dolor, molestias o intentos autolesivos. También incorporaron la valoración de la respuesta, la capacidad de adaptación a las clases online, el comportamiento con los compañeros/amigos y la adaptación a su nueva rutina, aspectos que facilitan la individualización de las intervenciones11.

Entre las intervenciones propuestas para la educación del adolescente depresivo estaban: promoción del apoyo psicosocial, motivación a un estilo de vida saludable, proporcionar información precisa y adecuada sobre la situación de salud, terapias conductuales para la higiene del sueño, ejercicio y alimentación saludable15.

El profesorado junto a la enfermera escolar formó un nexo con la enfermera de atención primaria y la enfermera especialista de salud mental juvenil favoreciendo la identificación y derivación temprana de nuevos brotes para implementar un plan de cuidados de calidad10.

Para realizar una correcta prevención secundaria y un buen desarrollo de programas, orientados al bienestar y la capacidad de afrontar situaciones como la vivida en la pandemia, para adolescentes diagnosticados de depresión, debemos de seguir investigando los posibles factores de riesgo de la COVID-19 y la detención de forma precoz de las complicaciones de la depresión. Nuestro gobierno debe mejorar el acceso a los servicios de salud mental durante y después de la crisis sanitaria tanto de forma presencial como online10.

Invertir en cada adolescente es invertir en su presente y su futuro, pero además es asegurar un desarrollo sostenible del país12.

 

CONCLUSIÓN

La pandemia y las medidas adoptadas para su control han supuesto un factor de riesgo para los adolescentes diagnosticados de depresión, relacionándose en algunos casos con el empeoramiento de los síntomas depresivos.

El adecuado control de la sintomatología relacionada con el diagnostico de depresión según los estudios está condicionado por las medidas adoptadas, la capacidad de afrontamiento de cada adolescente, el sexo, el tiempo invertido en el uso de los dispositivos electrónicos y con aspectos derivados de la COVID-19.

Las complicaciones que con mayor frecuencia se han detectado en los adolescentes diagnosticados de depresión previos a la pandemia durante la misma son: la alteración del sueño, de la memoria, los trastornos en la alimentación y el aumento de intentos autolíticos.

La pandemia ha motivado la interrupción del tratamiento y seguimiento de la enfermedad en los adolescentes con depresión. El equipo sanitario y las enfermeras como integrantes de este se vieron sobrepasados en la demanda generada por la pandemia y se priorizó la atención de los pacientes Covid-19, frente al control y seguimiento de pacientes con enfermedades crónicas como la depresión.

Las intervenciones enfermeras para una prevención secundaria eficaz han ido dirigidas al propio adolescente diagnosticado de depresión, a la familia o al entorno escolar. Se basan en potenciar los apoyos que se les puede proporcionar a través de una adecuada y personalizada información, motivar sobre hábitos de vida saludables como es una buena alimentación y la realización de ejercicio físico.

Otras intervenciones orientadas a mejorar la prevención secundaria son: la elaboración de programas de prevención de salud mental, la coordinación entre atención primaria y los servicios de salud mental y la reducción del estigma de la enfermedad mental.

Por último, la incorporación de la enfermera escolar, el reconocimiento de la especialidad de psiquiatría juvenil en enfermería y aumentar el número de especialistas se plantea como una propuesta para mejorar la atención integral de las necesidades de estos pacientes.

 

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