- Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Laura Llovera García. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- María Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
- Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu.Navarra, España.
RESUMEN
Se presenta el caso de un varón de 22 años, estudiante universitario, sin antecedentes psiquiátricos previos, que acude al servicio de urgencias por alteraciones conductuales, discurso desorganizado, alucinaciones auditivas e ideas delirantes de persecución, tras consumo intensivo y prolongado de cannabis. El paciente refería un patrón de consumo diario desde los 17 años, con incremento notable en los últimos seis meses. La evolución clínica incluyó síntomas psicóticos positivos y afectivos, con gran impacto en la funcionalidad social y académica.
Fue ingresado en la unidad de hospitalización de agudos, iniciándose tratamiento con risperidona, benzodiacepinas y medidas de contención verbal y ambiental. La intervención enfermera se centró en la monitorización de síntomas, establecimiento de una relación terapéutica y educación sanitaria dirigida al paciente y la familia. La evolución mostró mejoría progresiva de la agitación y disminución de las ideas delirantes, aunque persistieron déficits cognitivos y suspicacia residual.
Este caso pone de relieve la asociación entre consumo de cannabis y aparición de un primer episodio psicótico, la dificultad del diagnóstico diferencial con la esquizofrenia incipiente, así como la importancia del abordaje precoz e interdisciplinar para optimizar el pronóstico funcional.
PALABRAS CLAVE
Psicosis; cannabis, primer episodio psicótico, salud mental.
ABSTRACT
We present the case of a 22-year-old university student with no prior psychiatric history, admitted to the emergency department with behavioral disturbances, disorganized speech, auditory hallucinations, and persecutory delusions following intensive cannabis use. The patient reported daily cannabis consumption since the age of 17, with a marked increase in the last six months. Clinical evolution included positive psychotic and affective symptoms, severely affecting social and academic functioning.
He was hospitalized in an acute psychiatric unit and treated with risperidone, benzodiazepines, and supportive nursing care including close monitoring, therapeutic engagement, and family psychoeducation. Progressive improvement of agitation and reduction of delusional content was observed, although residual cognitive deficits and suspiciousness persisted.
This case highlights the strong association between cannabis use and psychosis onset, the challenge of differential diagnosis with early schizophrenia, and the relevance of early, multidisciplinary intervention to improve functional outcomes.
KEY WORDS
Psychosis, cannabis, first episode, mental health.
INTRODUCCIÓN
El consumo de cannabis constituye uno de los factores ambientales de mayor riesgo en el desarrollo de psicosis, especialmente en población joven. Estudios multicéntricos han demostrado que el inicio temprano, la frecuencia elevada y el uso de variedades con alta concentración de tetrahidrocannabinol (THC) incrementan significativamente la probabilidad de experimentar un primer episodio psicótico.
La psicosis inducida por sustancias, recogida en manuales diagnósticos como el DSM-5, se caracteriza por la aparición de síntomas psicóticos en relación temporal con el consumo de una droga, en este caso cannabis. Sin embargo, la diferenciación con un trastorno psicótico primario, como la esquizofrenia, requiere un seguimiento clínico prolongado y constituye un desafío diagnóstico y terapéutico.
El abordaje temprano del primer episodio psicótico es crucial para mejorar el pronóstico. Intervenciones precoces reducen la duración de la psicosis no tratada (DUP, duration of untreated psychosis), mejoran la adherencia y disminuyen el riesgo de recaídas y deterioro funcional. El rol del equipo de medicina y enfermería, mediante la monitorización de síntomas, la educación sanitaria y el acompañamiento familiar, resulta esencial en este proceso.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 22 años, estudiante universitario, soltero, sin antecedentes psiquiátricos ni médicos de relevancia. No antecedentes familiares de psicosis. El paciente fue traído a urgencias por sus padres, quienes referían un cambio brusco de comportamiento en las últimas 48 horas, con insomnio, agitación psicomotriz, irritabilidad, discurso incoherente y conductas de aislamiento.
En la entrevista inicial, el paciente se mostró suspicaz, con lenguaje desorganizado, tendencia a la fuga de ideas y presencia de alucinaciones auditivas de carácter imperativo (‘me dicen que me persiguen’, ‘que no debo confiar en nadie’). Expresaba ideas delirantes de persecución, afirmando que compañeros de la universidad lo vigilaban. Presentaba ansiedad intensa y episodios de verborrea, alternados con mutismo parcial. Negaba ideación suicida, aunque su familia refería frases ambiguas en días previos (‘sería mejor no estar aquí’).
El consumo de cannabis era diario desde los 17 años, con una media de 3-4 porros al día. En los últimos seis meses había aumentado a 6-7 porros, con predominio de variedades de alta potencia. Negaba consumo de otras sustancias salvo alcohol ocasional.
La exploración física fue normal. En la exploración psicopatológica destacaban:
– Síntomas positivos: alucinaciones auditivas, ideas delirantes de persecución, suspicacia.
– Síntomas negativos: apatía relativa, aislamiento social, hipobulia.
– Síntomas afectivos: ansiedad intensa, irritabilidad, insomnio.
– Síntomas cognitivos: dificultades atencionales y de memoria reciente.
Se realizaron analíticas generales y tóxicas: normales salvo test de orina positivo para THC. TAC craneal sin hallazgos patológicos.
El paciente fue ingresado en la unidad de hospitalización psiquiátrica aguda. Se inició tratamiento con risperidona (3 mg/día), benzodiacepinas de rescate y medidas de contención verbal y ambiental. El equipo de medicina y enfermería realizó monitorización de la agitación, registro de sueño-vigilia y aplicación de técnicas de contención verbal, además de psicoeducación a la familia sobre los síntomas y la importancia de evitar consumo futuro.
Durante la primera semana, el paciente presentó episodios de agitación y discurso desorganizado, que fueron disminuyendo progresivamente con el ajuste farmacológico. En la segunda semana, mostró mayor contacto con el entorno, reducción de la intensidad de las alucinaciones y de las ideas delirantes. Persistió suspicacia residual y cierta apatía.
Fue dado de alta tras tres semanas, con seguimiento ambulatorio en programa de primer episodio psicótico y derivación a terapia psicoeducativa individual y grupal.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
El presente caso ilustra la compleja relación entre consumo de cannabis y la aparición de un primer episodio psicótico. Numerosos estudios han establecido que el uso intensivo y precoz de cannabis aumenta significativamente el riesgo de psicosis, siendo mayor en aquellos individuos con predisposición genética¹.
La diferenciación diagnóstica entre una psicosis inducida por sustancias y un trastorno psicótico primario requiere un seguimiento longitudinal, ya que una proporción considerable de pacientes que presentan psicosis tras cannabis evolucionan hacia un diagnóstico de esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo².
El concepto de duración de psicosis no tratada (DUP) es un predictor clave de evolución. La intervención temprana, como en este caso, permite reducir complicaciones y mejorar la recuperación funcional³. Los programas específicos de primer episodio psicótico han mostrado eficacia en la reducción de recaídas, la mejora de la adherencia y la integración social⁴.
El rol del equipo de medicina y enfermería es esencial en todas las fases: detección de síntomas iniciales, contención de la agitación, acompañamiento emocional, educación sanitaria al paciente y familia, y vigilancia de efectos adversos farmacológicos⁵. Además, la participación activa de la familia en el proceso terapéutico se ha relacionado con un menor riesgo de recaídas y un mejor pronóstico⁶.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la psicosis asociada al consumo de cannabis representa un reto clínico frecuente en la práctica actual. La intervención temprana, el seguimiento interdisciplinar y la participación activa de medicina y enfermería constituyen pilares fundamentales para mejorar la evolución y reducir el riesgo de cronificación.
BIBLIOGRAFÍA
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