Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.41.36.001
AUTORES
- Alicia Sánchez Fernández. ORCID: 0000-0002-6447-901X. Enfermera, Sala de Partos. Hospital Clínic de Barcelona, España.
- Sara Gómez Sánchez. ORCID: 0009-0007-1269-1143. Enfermera, Unidad de Cuidados Intermedios Obstétricos. Hospital Clínic de Barcelona, España.
- Estefanía Hidalgo Fernández. ORCID: 0009-0009-3886-6348. Enfermera Pediátrica y Profesora Asociada, Universitat de Barcelona. Hospital Clínic de Barcelona, España.
- Laia Valle Núñez. ORCID: 0009-0004-1354-2084. Enfermera Pediátrica y Coordinadora de Enfermería en Funciones, Sala de Partos y Consultas Externas. Hospital Clínic de Barcelona, España.
RESUMEN
La transición a la vida extrauterina requiere una adecuada adaptación fisiológica del recién nacido, siendo la termorregulación un elemento clave. La hipotermia neonatal es una complicación frecuente, especialmente tras cesárea, asociada a factores como la baja temperatura en el bloque quirúrgico, la manipulación del neonato y el retraso en el contacto piel con piel, y se relaciona con un aumento de la morbilidad.
El objetivo de este estudio fue evaluar el impacto de un paquete estructurado de medidas térmicas sobre la temperatura neonatal durante los primeros 30 minutos de vida. La intervención incluyó el uso de esterillas térmicas, toallas y gorros precalentados, optimización de la temperatura materna durante la cirugía, inicio precoz del contacto piel con piel y aplicación de fuentes de calor tras la salida del quirófano.
Se realizó un estudio cuasiexperimental pre-post intervención con dos cohortes de recién nacidos por cesárea (2025 y 2026; n=81 por grupo). Tras la implementación de las medidas, la incidencia de hipotermia disminuyó del 19,8% al 12,3% (RR: 0,62; IC95%: 0,30–1,27; p=0,19), mientras que la proporción de recién nacidos con temperatura ≥36,5 °C aumentó del 80,2% al 87,7%. La mejora fue especialmente notable en los prematuros, con una reducción de los casos de hipotermia de 10 a 3 (p=0,04).
En conjunto, los resultados sugieren que la implementación de un enfoque multimodal contribuye a mejorar la estabilidad térmica neonatal y a reducir la hipotermia, especialmente en los neonatos más vulnerables.
PALABRAS CLAVE
Cesárea, termorregulación; hipotermia neonatal; medidas térmicas; transición neonatal.
ABSTRACT
The transition to extrauterine life requires adequate physiological adaptation of the newborn, with thermoregulation being a key component. Neonatal hypothermia is a common complication, particularly following cesarean delivery, and is associated with factors such as low ambient temperature in the operating room, neonatal handling, and delayed skin-to-skin contact. It is also linked to increased morbidity.
The aim of this study was to evaluate the impact of a structured bundle of thermal care interventions on neonatal temperature during the first 30 minutes of life. The intervention included the use of thermal mattresses, preheated towels and caps, optimization of maternal temperature during surgery, early initiation of skin-to-skin contact, and application of heat sources after leaving the operating room.
A quasi-experimental pre–post intervention study was conducted with two cohorts of neonates delivered by cesarean section (2025 and 2026; n=81 per group). After implementation of the intervention, the incidence of hypothermia decreased from 19.8% to 12.3% (RR: 0.62; 95% CI: 0.30–1.27; p=0.19), while the proportion of neonates with temperature ≥36.5 °C increased from 80.2% to 87.7%. The improvement was particularly notable in preterm infants, in whom hypothermia cases decreased from 10 to 3 (p=0.04).
Overall, the results suggest that a multimodal approach contributes to improved neonatal thermal stability and reduction of hypothermia, especially in high-risk infants.
KEY WORDS
Cesarean section, thermoregulation, neonatal hypothermia, thermal care, neonatal transition.
INTRODUCCIÓN
La transición a la vida extrauterina constituye un proceso fisiológico complejo mediante el cual el recién nacido se adapta al medio externo tras el nacimiento, al separarse de la placenta y asumir de forma autónoma funciones vitales. En este periodo, la adecuada consolidación de la respiración, la circulación, el metabolismo y la termorregulación resulta esencial para garantizar una adaptación eficaz1,2.
La hipotermia neonatal se reconoce como una de las complicaciones más frecuentes durante esta transición posnatal. Diversos factores contribuyen a su aparición, entre ellos el ambiente más frío del quirófano, la mayor manipulación del neonato, la separación inicial de la madre y, en ocasiones, el retraso en el establecimiento del contacto piel con piel. Esta condición se asocia de forma directa con la aparición de hipoglucemia, alteraciones respiratorias, acidosis metabólica y un aumento de la morbilidad neonatal, siendo especialmente prevalente en los nacimientos por cesárea3-5.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la hipotermia en el recién nacido implica un aumento del consumo de oxígeno y del gasto energético debido a la activación de mecanismos de termogénesis sin escalofríos, principalmente a través del tejido adiposo pardo. La hipotermia también puede provocar vasoconstricción periférica, alteraciones en la perfusión, aumento de la resistencia vascular pulmonar y, en consecuencia, dificultades en la adaptación respiratoria. Además, se ha relacionado con una mayor susceptibilidad a infecciones, alteraciones en la coagulación y retraso en la instauración de la lactancia materna.
Dado que variables como la temperatura materna, el control ambiental y la aplicación precoz de medidas físicas (como esterillas térmicas o ropa precalentada) influyen significativamente en la estabilidad térmica del recién nacido6-8, resulta necesario analizar el impacto de intervenciones combinadas en este grupo de riesgo. En este sentido, mantener una temperatura adecuada tanto en el neonato como en la madre constituye un factor clave para favorecer una transición óptima a la vida extrauterina y prevenir las complicaciones asociadas a la hipotermia
OBJETIVO
Evaluar la temperatura neonatal en los primeros 30 minutos de vida y comparar los resultados antes y después de implementar un paquete estructurado de medidas térmicas, analizando especialmente la incidencia de hipotermia y su relación con la edad gestacional.
MÉTODO
Diseño del estudio
Se realizó un estudio cuasiexperimental pre–post intervención con dos cohortes consecutivas de neonatos nacidos por cesárea, con el objetivo de mantener la temperatura corporal del recién nacido mediante las siguientes intervenciones:
- Uso sistemático de esterillas térmicas como principal fuente de calor tras el nacimiento.
- Toallas, mantas y gorros precalentados a 36.5ºC
- Monitorización de la temperatura del recién nacido con termómetro para asegurar una temperatura constante entre 36.5 y 37ºC.
- Optimización de la temperatura materna durante todo el proceso quirúrgico mediante manta térmica durante la cirugía y fuente de calor al salir del quirófano.
- Inicio más precoz del contacto piel con piel cuando las condiciones lo permiten.
Se evalúa la temperatura corporal en los 30 primeros minutos de vida y se compara la incidencia de hipotermia antes y después de la implementación de varias intervenciones asistenciales.
Población de estudio:
La población de estudio estuvo constituida por neonatos nacidos por cesárea durante dos periodos temporales consecutivos, correspondientes a dos cohortes independientes:
- Cohorte pre-intervención (2025): del 15 de enero al 17 de marzo de 2025 (n = 81).
- Cohorte post-intervención (2026): del 17 de enero al 17 de marzo de 2026 (n = 81).
Ambas cohortes incluyeron recién nacidos atendidos bajo las mismas condiciones estructurales y organizativas del centro, excepto por la intervención aplicada entre ambos periodos.
Recogida de datos y variables
La temperatura corporal del recién nacido se registró de forma sistemática en una única medida realizada antes de los 30 minutos de vida. La medición se realizó con un termómetro clínico proporcionado por el hospital.
La variable temperatura se categorizó en dos grupos según los puntos de corte establecidos:
- Hipotermia: temperatura <36,5 °C.
- Dentro de este grupo se identificó un subgrupo específico de recién nacidos prematuros, definidos como aquellos con edad gestacional <37 semanas.
- Temperatura en rango óptimo: temperatura ≥ 36,5 °C.
Asimismo, se recogió la edad gestacional con el fin de identificar a los recién nacidos prematuros y analizar su comportamiento térmico de forma diferenciada dentro del grupo de hipotermia.
Comparación entre cohortes:
Se compararon las dos cohortes en términos de frecuencia de hipotermia neonatal y proporción de recién nacidos con temperatura en rango óptimo, evaluando además la presencia de hipotermia en el subgrupo de neonatos prematuros. El análisis se planteó con un enfoque comparativo entre ambos periodos temporales para valorar el impacto de la intervención implementada.
Análisis estadístico:
Las variables cualitativas se expresaron como frecuencias absolutas y porcentajes, y las cuantitativas como media y desviación estándar o mediana y rango intercuartílico según su distribución.
Para la comparación entre cohortes (pre–post intervención), se utilizaron:
- Se utilizó el test de X2 para la comparación de proporciones en muestras independientes y Test exacto de Fisher cuando las frecuencias esperadas fueron inferiores a 5.
- Cálculo del riesgo relativo (RR) con intervalos de confianza del 95% (IC95%) para estimar el efecto de la intervención.
- Reducción absoluta del riesgo (RAR) y reducción relativa del riesgo (RRR).
- Se consideró significación estadística con un valor de p < 0,05.
Adicionalmente, se realizó un análisis estratificado por edad gestacional (<37 vs ≥37 semanas) para explorar diferencias en el efecto de la intervención según subgrupos de riesgo.
RESULTADOS
Durante el periodo de estudio se analizaron un total de 162 recién nacidos, distribuidos equitativamente entre dos cohortes: 81 correspondientes al periodo pre-intervención (enero–marzo de 2025) y 81 al periodo post-intervención (enero–marzo de 2026).
Hipotermia global:
La incidencia de hipotermia neonatal disminuyó del 19,8% (16/81) en 2025 al 12,3% (10/81) en 2026 (Tabla 1).
Esta reducción corresponde a una reducción absoluta del riesgo (RAR) del 7,5% y una reducción relativa del riesgo (RRR) del 37,9%. El riesgo relativo (RR) fue de 0,62 (IC95%: 0,30–1,27), sin alcanzar significación estadística (p = 0,19).
Aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa, probablemente debido al tamaño muestral, se observa una reducción clínicamente relevante en la incidencia de hipotermia. Las medidas de efecto de la intervención se resumen en la Tabla 2.
Temperatura en rango óptimo:
La proporción de recién nacidos con temperatura ≥36,5 °C aumentó del 80,2% en 2025 al 87,7% en 2026, lo que supone una diferencia absoluta de +7,5%, sin alcanzar significación estadística (p = 0,19) (Tabla 1).
Análisis por edad gestacional:
El análisis de los casos de hipotermia según edad gestacional mostró un cambio relevante en la distribución entre ambos periodos (Figura 1).
En 2025, los recién nacidos prematuros (<37 semanas) representaron 10 de los 16 casos de hipotermia (62,5%), mientras que en 2026 esta proporción descendió a 3 de 10 casos (30%). Por el contrario, los recién nacidos a término (≥37 semanas) pasaron de representar el 37,5% de los casos (6/16) en 2025 a constituir el 70% (7/10) en 2026.
Este cambio en la distribución fue estadísticamente significativo (p = 0,04; test exacto de Fisher), evidenciando una reducción de la hipotermia en los recién nacidos prematuros. Este hallazgo resulta especialmente relevante desde el punto de vista clínico, dado que este grupo presenta una mayor vulnerabilidad y un riesgo elevado de morbilidad asociado a la inestabilidad térmica.
Interpretación global:
En conjunto, la implementación del paquete de medidas térmicas se asoció con:
- Una reducción clínicamente relevante de la hipotermia neonatal global.
- Un incremento de la proporción de recién nacidos en rango térmico óptimo.
- Una disminución significativa de la hipotermia en el subgrupo de prematuros.
Estos hallazgos sugieren un efecto favorable de la intervención, especialmente en los recién nacidos más vulnerables.
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos muestran una mejora clínicamente relevante en la estabilidad térmica neonatal tras la implementación del paquete de medidas estandarizadas. La reducción global de la incidencia de hipotermia y el aumento paralelo de la proporción de recién nacidos con temperatura adecuada en los primeros minutos de vida reflejan no solo la eficacia del conjunto de intervenciones, sino también una mejora progresiva en la organización del equipo y en la adherencia a los protocolos de manejo térmico.
Un hallazgo especialmente significativo es la disminución marcada de la hipotermia en los recién nacidos con edad gestacional <37 semanas, un grupo conocido por su mayor vulnerabilidad debido a características fisiológicas como la inmadurez cutánea, menor reserva de grasa marrón, mayor relación superficie/volumen corporal y menor capacidad de termogénesis. El hecho de que los episodios de hipotermia en prematuros se redujeran a menos de la mitad sugiere que las intervenciones aplicadas fueron particularmente efectivas en el subgrupo de mayor riesgo, lo cual es un indicador indirecto de calidad asistencial. Este cambio en el patrón de distribución pasa de ser el grupo predominante para representar una proporción minoritaria de los casos, apuntando a una mejora sustancial en la prevención de pérdidas térmicas en una situación crítica como la transición inmediata tras el nacimiento.
La mejora observada puede atribuirse a intervenciones:
- Uso sistemático de esterillas térmicas.
- Toallas, mantas y gorros precalentados.
- Optimización de la temperatura materna durante todo el proceso quirúrgico.
- Inicio más precoz del contacto piel con piel cuando las condiciones lo permiten.
Las dos primeras intervenciones implementadas parecen haber desempeñado un papel central en la reducción de pérdidas por conducción y evaporación. En cuanto a la temperatura materna durante todo el proceso quirúrgico probablemente contribuyó a evitar el gradiente térmico entre madre y recién nacido, especialmente en cesáreas programadas o urgentes, donde las condiciones ambientales suelen favorecer la pérdida de calor. Asimismo, el inicio más precoz del contacto piel con piel, representa una estrategia altamente eficaz y respaldada por la evidencia9-11, favoreciendo la estabilidad térmica y la transición fisiológica del neonato.
La correcta aplicación de medidas térmicas depende en gran medida de la sincronización entre obstetricia, anestesia, neonatología y enfermería. La estandarización reduce la variabilidad clínica, uno de los principales determinantes de la hipotermia neonatal. En este sentido, la disminución progresiva de casos en 2026 puede interpretarse como el resultado no solo de las medidas en sí, sino también del fortalecimiento del trabajo en equipo y la consolidación de prácticas basadas en evidencia.
Estos hallazgos son coherentes con la literatura existente, que demuestra que las intervenciones multimodales, aquellas que combinan acciones simultáneas en diferentes puntos del proceso asistencial, son más efectivas que las medidas aisladas para prevenir la hipotermia en el periodo neonatal inmediato12-14. Numerosos estudios han señalado que la suma de pequeñas acciones coordinadas tiene un impacto acumulativo considerable en el control térmico, especialmente cuando se aplican de forma sistemática y protocolizada. En este sentido, los resultados de este estudio refuerzan la idea de que la mejora en la estabilidad térmica no depende de una única intervención, sino de la integración de varias prácticas complementarias.
Aunque en 2026 se observó un desplazamiento en la distribución de los casos de hipotermia hacia los recién nacidos a término, este hallazgo debe interpretarse en el contexto de la reducción global de la incidencia. Este cambio probablemente refleja un efecto relativo derivado de la disminución de casos en el subgrupo de mayor riesgo, más que un empeoramiento en la atención clínica.
En este sentido, la reducción significativa de la hipotermia en los prematuros constituye el hallazgo clínicamente más relevante. No obstante, este cambio en el perfil epidemiológico puede contribuir a identificar oportunidades de mejora en la atención del recién nacido a término.
Este estudio presenta algunas limitaciones que deben considerarse en la interpretación de los resultados. En primer lugar, el diseño cuasiexperimental impide establecer una relación causal definitiva entre la intervención y los resultados observados. En segundo lugar, el tamaño de la muestra puede haber limitado la detección de diferencias estadísticamente significativas en el análisis global. Asimismo, la medición de la temperatura en un único momento durante los primeros 30 minutos de vida puede no reflejar completamente la evolución térmica del recién nacido en fases posteriores.
No obstante, el estudio también presenta fortalezas relevantes, como la aplicación sistemática de un paquete multimodal de intervenciones en un entorno clínico real y la inclusión de una población homogénea de recién nacidos por cesárea, lo que permite valorar de forma práctica el impacto de estas medidas en la transición neonatal inmediata.
En conjunto, la implementación del paquete de medidas térmicas estandarizadas contribuyó a una mejora significativa, sostenida y clínicamente relevante en la estabilidad térmica neonatal. Los resultados apoyan la efectividad del enfoque multimodal y subrayan la importancia de la continuidad, la adherencia protocolaria y la coordinación interprofesional para optimizar la transición térmica del recién nacido.
CONCLUSIONES
La implementación de medidas térmicas como el uso de esterillas térmicas, tallas o toallas precalentadas, gorros del recién nacido precalentado, inicio precoz del contacto piel con piel, uso de manta térmica para la madre durante la cirugía y uso de fuente de calor inmediatamente a la salida del quirófano se asocia con una mejora en la estabilidad térmica de los recién nacidos, especialmente en aquellos con menos de 37 semanas de gestación. Esta intervención ha reducido significativamente la incidencia de hipotermia y ha mejorado el control térmico en los primeros 30 minutos de vida, subrayando la importancia de enfoques multimodales en la prevención de la desestabilización térmica neonatal. Los resultados indican que estas medidas no solo mejoran la seguridad térmica, sino que también aumentan la proporción de recién nacidos dentro del rango térmico adecuado.
Estos hallazgos respaldan la continuidad de las medidas implementadas y sugieren que podrían extenderse a otros procedimientos quirúrgicos y escenarios asistenciales, representando una oportunidad clave para mejorar la seguridad neonatal de manera integral. La termorregulación neonatal, particularmente tras cesáreas, debe ser considerada una prioridad en las estrategias de mejora en la atención materno-infantil.
CONSIDERACIONES ÉTICAS
El estudio se llevó a cabo conforme a los principios de la Declaración de Helsinki y a la normativa vigente de protección de datos. La base se trabajó de forma anónima para el análisis, sin incluir datos identificativos directos en los resultados.
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ANEXOS
Tabla 1. Comparación de la incidencia de hipotermia neonatal entre cohortes (pre vs post intervención).
| Variable | 2025 (n = 81) | 2026 (n = 81) | Riesgo relativo (IC95%) | p valor |
|---|---|---|---|---|
| Hipotermia (<36,5 °C) | 16 (19,8%) | 10 (12,3%) | 0,62 (0,30–1,27) | 0,19 |
| Temperatura ≥36,5 °C | 65 (80,2%) | 71 (87,7%) | — | 0,19 |
| Reducción absoluta del riesgo | — | — | 7,5% | — |
| Reducción relativa del riesgo | — | — | 37,9% | — |
Nota: Los datos se expresan como número (porcentaje). RR: riesgo relativo; IC95%: intervalo de confianza al 95%. RAR: reducción absoluta del riesgo; RRR: reducción relativa del riesgo.
Tabla 2. Medidas de efecto de la intervención sobre la hipotermia neonatal.
| Medida | Valor | IC95% |
|---|---|---|
| Riesgo relativo (RR) | 0,62 | 0,30 – 1,27 |
| Reducción absoluta del riesgo | 7,5% | — |
| Reducción relativa del riesgo | 37,9% | — |
Nota: RR: riesgo relativo; IC95%: intervalo de confianza al 95%.
Figura 1. Distribución de los casos de hipotermia según edad gestacional.
Figura 1. Distribución de la hipotermia neonatal según edad gestacional en ambas cohortes. Se observa una reducción de los casos en recién nacidos prematuros (<37 semanas) tras la intervención, con un desplazamiento relativo hacia los recién nacidos a término (≥37 semanas).
