AUTORES
- Marina Huesa Nuez. TCAE, R. Utrillas. Zaragoza, España.
- Claudia María Diez Serrano. DUE, HRV. Zaragoza, España.
- Marta Rodríguez Nogué. MÉDICO, AT.P. Zaragoza, España.
- Carmen María Ricon Freitas. TCAE, HUMS. Zaragoza, España.
- Noelia Pelegrín Fajardo. TCAE, HRV. Zaragoza, España.
- Estefanía Flox Carballo. DUE, HUMS. Zaragoza, España.
RESUMEN
La deshidratación representa un problema de salud frecuente durante los meses de verano, especialmente en poblaciones vulnerables como personas mayores, niños pequeños, pacientes crónicos y dependientes. El aumento de las temperaturas, la mayor pérdida de líquidos por sudoración y la limitada capacidad de respuesta fisiológica en determinados grupos incrementan el riesgo de complicaciones graves como insuficiencia renal, alteraciones cardiovasculares y cuadros de golpe de calor.
Este artículo analiza los factores predisponentes, la fisiopatología y las consecuencias clínicas de la deshidratación estival, así como las estrategias preventivas y de cuidado. Se resalta la importancia del rol de los profesionales sanitarios en la detección temprana, el acompañamiento educativo y la implementación de planes de hidratación individualizados.
PALABRAS CLAVE
Deshidratación, verano, personas vulnerables, golpe de calor y prevención.
ABSTRACT
Dehydration is a common health problem during the summer months, especially in vulnerable populations such as the elderly, young children, and chronically ill patients and dependents. Rising temperatures, increased fluid loss through sweating, and limited physiological response in certain groups increase the risk of serious complications such as kidney failure, cardiovascular disorders, and heat stroke.
This article analyzes the predisposing factors, pathophysiology, and clinical consequences of summer dehydration, as well as preventive and care strategies. The importance of the role of healthcare professionals in early detection, educational support, and the implementation of individualized hydration plans is highlighted.
KEY WORDS
Dehydration, summer, vulnerable populations, heat stroke and prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
La deshidratación es un proceso caracterizado por el déficit de agua y electrolitos en el organismo, cuya magnitud puede variar desde formas leves hasta cuadros graves que comprometen la vida. Durante el verano, los factores ambientales como las altas temperaturas, la exposición solar prolongada y la humedad relativa elevada aumentan significativamente las pérdidas de líquidos, lo que convierte a esta estación en un periodo de especial riesgo.
En poblaciones vulnerables, la capacidad de compensación fisiológica se encuentra reducida. En los adultos mayores, por ejemplo, la sensación de sed disminuye, mientras que en los niños la proporción de agua corporal es mayor y la regulación hídrica aún inmadura. Además, los pacientes con enfermedades crónicas o polimedicados enfrentan limitaciones adicionales en la regulación del equilibrio hidroelectrolítico.
Este escenario exige la implementación de estrategias preventivas eficaces, la sensibilización social y un papel activo de los equipos de salud en la protección de quienes tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones.
Fisiopatología de la deshidratación en verano:
La pérdida excesiva de líquidos y electrolitos por sudoración es el mecanismo principal de deshidratación durante el verano. La evaporación del sudor permite la termorregulación, pero si no existe reposición suficiente, se reduce el volumen plasmático, lo que genera alteraciones circulatorias, renales y neurológicas.1
El golpe de calor es una de las complicaciones más graves, caracterizada por hipertermia superior a 40 ºC, alteraciones del sistema nervioso central y fallo multiorgánico. Su aparición es más frecuente en situaciones de deshidratación no corregida.
Poblaciones vulnerables:
- Personas mayores: presentan disminución de la sensación de sed, menor reserva hídrica y en muchos casos dependencia funcional.
- Niños pequeños: poseen un mayor porcentaje de agua corporal, metabolismo acelerado y menor capacidad para expresar la necesidad de líquidos.
- Pacientes crónicos: enfermedades renales, cardíacas o respiratorias dificultan el mantenimiento del equilibrio hídrico.
- Personas dependientes o institucionalizadas: requieren asistencia para ingerir líquidos y pueden carecer de apoyo constante en situaciones de ola de calor.
Consecuencias clínicas:
La deshidratación puede clasificarse en leve, moderada y grave, de acuerdo con la pérdida de líquidos respecto al peso corporal y la repercusión clínica.
- Deshidratación leve (pérdida de hasta 3% del peso corporal):
Se manifiesta con sensación de sed, sequedad de mucosas, piel menos elástica y leve cansancio. Aunque no suele ser incapacitante, en ancianos y niños pequeños puede evolucionar rápidamente si no se corrige.2
- Deshidratación moderada (pérdida entre 3–6%):
Aparecen síntomas más notorios como taquicardia, hipotensión ortostática, oliguria, irritabilidad, cefalea y mareos. A nivel cognitivo puede presentarse falta de concentración y somnolencia, lo que compromete la autonomía funcional en personas mayores.
- Deshidratación grave (pérdida superior al 6–8%):
Puede derivar en shock hipovolémico, confusión mental intensa, alteraciones neurológicas, arritmias e insuficiencia renal aguda. Es una situación que requiere atención hospitalaria inmediata, ya que compromete la vida.
A nivel orgánico, las complicaciones más frecuentes son:
- Sistema nervioso: delirium, confusión y convulsiones, especialmente en ancianos.
- Sistema cardiovascular: colapso circulatorio, hipotensión severa y arritmias.
- Sistema renal: insuficiencia renal aguda por hipoperfusión prolongada.
- Sistema digestivo: estreñimiento, íleo paralítico y aumento del riesgo de impactación fecal en personas institucionalizadas.
- Sistema termorregulador: aparición de golpe de calor cuando la deshidratación impide la disipación del calor corporal.
En niños pequeños, incluso pérdidas del 5% del peso corporal pueden causar hipovolemia significativa, debido a su menor reserva hídrica y mayor metabolismo basal. En adultos mayores, el deterioro cognitivo y la disminución de la sensación de sed hacen que los signos clínicos se detecten tarde, lo que incrementa la mortalidad en esta población durante olas de calor.
Por tanto, la detección temprana y el abordaje inmediato son fundamentales para evitar la progresión a estados críticos. Una evaluación clínica rutinaria en población vulnerable debe incluir parámetros como el estado de mucosas, diuresis, presión arterial, frecuencia cardíaca y nivel de conciencia.
Estrategias preventivas:
El pilar fundamental frente a la deshidratación es la prevención, que debe contemplar:
- Hidratación adecuada: asegurar la ingesta de líquidos suficientes, priorizando agua y evitando bebidas alcohólicas o azucaradas.
- Planificación de horarios: limitar la exposición al sol en las horas de mayor temperatura y favorecer actividades en ambientes frescos.
- Uso de ropa ligera y transpirable que facilite la pérdida de calor.
- Educación sanitaria: fomentar la cultura del autocuidado y la importancia de la hidratación en todas las edades.
- Protocolos institucionales: en residencias, hospitales y centros de día deben establecerse planes de hidratación programada con registro de volúmenes ingeridos3.
Rol del personal sanitario en la prevención y detección temprana:
Los profesionales de salud tienen la responsabilidad de:
- Evaluar el estado de hidratación en consultas y durante visitas domiciliarias.
- Identificar factores de riesgo en cada paciente y elaborar planes individualizados.
- Supervisar la correcta reposición hídrica en poblaciones dependientes.
- Desarrollar campañas comunitarias de prevención, especialmente en periodos de ola de calor.
- Actuar de forma inmediata ante los primeros signos clínicos de deshidratación, evitando complicaciones mayores.
Perspectivas de salud pública:
El cambio climático y el aumento de las olas de calor en Europa y Latinoamérica convierten la deshidratación estival en un reto de salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud, las muertes asociadas a golpes de calor y deshidratación aumentarán en los próximos años si no se implementan políticas efectivas de adaptación climática.
Programas como las alertas sanitarias por calor en España son un ejemplo de estrategia preventiva, aunque aún se requiere mayor inversión en recursos comunitarios, campañas de concienciación y planes de protección para ancianos institucionalizados.
CONCLUSIÓN
La deshidratación en verano constituye un problema de salud con elevada incidencia y consecuencias potencialmente graves en poblaciones vulnerables. La combinación de factores ambientales, fisiológicos y sociales incrementa la susceptibilidad de estos grupos, lo que exige una vigilancia activa y la aplicación de medidas preventivas.
El acompañamiento sanitario, la educación comunitaria y la implementación de protocolos de hidratación son claves para reducir el impacto de este fenómeno estacional. La adaptación de los sistemas de salud al contexto climático actual y futuro resulta imprescindible para garantizar una atención equitativa y efectiva.
BIBLIOGRAFÍA
- Organización Mundial de la Salud. Cambio climático y salud [Internet]. OMS; 2023 [citado 2025 ago 1]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-and-health
- Ministerio de Sanidad, España. Plan nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperaturas sobre la salud [Internet]. Madrid: MSSSI; 2023 [citado 2025 ago 1]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/planAltasTemperaturas/home.htm
- Zona Hospitalaria. La hidratación de las personas mayores en verano. 2025. Disponible en: https://zonahospitalaria.com/la-hidratacion-de-las-personas-mayores-en-verano/