Sarcopenia en personas mayores: prevención, detección y papel de enfermería

30 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Julia Palacios alguacil. Atención Continuada ZBS de Calahorra, Servicio Riojano de Salud (SERIS) La Rioja, España.
  2. Alba Achón Cerdán. Atención Continuada, Sector Alcañiz, Servicio Aragonés de Salud (SALUD), Teruel, España.
  3. Álvaro Serrano Mingorance. Servicio Oncología y Neurología, Hospital Universitario San Jorge, Servicio Aragonés de Salud (SALUD), Huesca, España.
  4. Rebeca Calle Sampietro. Servicio de Pediatría, Hospital Universitario San Jorge, Servicio Aragonés de Salud (SALUD), Huesca, España.
  5. Mónica Betrán Piracés. Servicio de Urgencias y Emergencias Sanitarias 061 Aragón, Servicio Aragonés de Salud (SALUD), Huesca. España.

RESUMEN

Introducción: la sarcopenia es una enfermedad musculoesquelética progresiva y generalizada, caracterizada por la pérdida acelerada de masa, fuerza y rendimiento muscular asociada al envejecimiento, que incrementa el riesgo de caídas, fragilidad, discapacidad, hospitalización y mortalidad. Objetivo: analizar las estrategias de prevención y detección precoz de la sarcopenia en la población anciana, así como describir el papel de enfermería en su abordaje integral. Metodología: se realizó una revisión narrativa de la literatura científica publicada en bases de datos biomédicas, seleccionando estudios y documentos de consenso relevantes sobre definición, epidemiología, cribado, diagnóstico e intervención en sarcopenia. Desarrollo: la prevalencia de la sarcopenia aumenta con la edad y se asocia a comorbilidades crónicas, sedentarismo y desnutrición proteica. El cribado mediante el cuestionario SARC-F, complementado con dinamometría y pruebas de rendimiento físico, permite una identificación temprana en atención primaria y en centros residenciales. La prevención se sustenta en dos pilares: el ejercicio físico de resistencia progresiva y una ingesta proteica adecuada y bien distribuida a lo largo del día. El personal de enfermería desempeña un papel central en el cribado, la educación para la salud, la planificación de cuidados individualizados y la coordinación interdisciplinar. Conclusiones: la detección precoz y las intervenciones preventivas lideradas por enfermería, centradas en el ejercicio y la nutrición, pueden retrasar la progresión de la sarcopenia y reducir sus consecuencias funcionales, contribuyendo a preservar la autonomía de las personas mayores.

PALABRAS CLAVE

Sarcopenia, anciano, fuerza muscular, atención de enfermería, prevención primaria, ejercicio.

ABSTRACT

Introduction: sarcopenia is a progressive and generalized skeletal muscle disease characterized by an accelerated age-related loss of muscle mass, strength and performance, which increases the risk of falls, frailty, disability, hospitalization and mortality. Objective: to analyze prevention and early detection strategies for sarcopenia in the older population, and to describe the role of nursing in its comprehensive management. Methods: a narrative review of the scientific literature was conducted, selecting relevant studies and consensus documents on the definition, epidemiology, screening, diagnosis and management of sarcopenia. Results: sarcopenia prevalence increases with age and is associated with chronic comorbidities, sedentary behaviour and protein malnutrition. Screening with the SARC-F questionnaire, complemented by handgrip dynamometry and physical performance tests, allows early identification in primary care and nursing homes. Prevention relies on two pillars: progressive resistance exercise and an adequate, evenly distributed protein intake. Nurses play a central role in screening, health education, individualized care planning and interdisciplinary coordination. Conclusions: early detection and nurse-led preventive interventions focused on exercise and nutrition can slow the progression of sarcopenia and reduce its functional consequences, helping to preserve the autonomy of older adults.

KEY WORDS

Sarcopenia, aged, muscle strength, nursing care, primary prevention, exercise.

DESARROLLO DEL TEMA

El término «sarcopenia» fue acuñado en 1989 para describir la pérdida de masa muscular esquelética asociada al envejecimiento1. En 2010, el Grupo Europeo de Trabajo en Sarcopenia en Personas Mayores (EWGSOP) publicó el primer consenso europeo, que definía la sarcopenia como la combinación de baja masa muscular y baja función muscular, expresada esta última como fuerza o como rendimiento físico2. Este reconocimiento clínico se consolidó en 2016, año en que la sarcopenia obtuvo un código propio dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades, pasando a considerarse una entidad nosológica independiente y no solo una consecuencia inevitable de la edad3.

En 2019 se publicó la actualización del consenso europeo, conocida como EWGSOP2, que sitúa la baja fuerza muscular como el criterio central para sospechar sarcopenia y reserva la confirmación diagnóstica a la constatación de una masa muscular reducida, quedando el bajo rendimiento físico como indicador de gravedad4. Junto al consenso europeo coexisten otras propuestas relevantes, como la del Grupo Internacional de Trabajo en Sarcopenia5 y la del Grupo Asiático de Trabajo en Sarcopenia, esta última con puntos de corte adaptados a la población asiática6.

La sarcopenia constituye, además, un problema de salud pública creciente: la Organización Mundial de la Salud estima que la proporción de personas mayores de 60 años se duplicará entre los años 2000 y 20507, lo que incrementará de forma notable el número de personas en riesgo. Su prevalencia oscila entre el 10 % y el 27 % en personas mayores de 60 años que viven en la comunidad, mientras que puede superar el 60 % entre las personas mayores institucionalizadas8. Sus consecuencias son múltiples y graves: pérdida de autonomía funcional, mayor riesgo de caídas y fracturas, deterioro de la calidad de vida, hospitalizaciones prolongadas y aumento de la mortalidad9, hallazgos corroborados por revisiones sistemáticas y metaanálisis recientes10. Por ello, la prevención y la detección precoz de la sarcopenia se han convertido en objetivos prioritarios de los equipos de salud, en los que el personal de enfermería, por su cercanía y continuidad asistencial con la persona mayor, desempeña un papel determinante.

PREVENCIÓN DE LA SARCOPENIA:

La evidencia científica coincide en que la prevención de la sarcopenia se sustenta en dos pilares fundamentales: el ejercicio físico y la nutrición, ambos recogidos en las guías internacionales de práctica clínica11.

Ejercicio físico:

El ejercicio de resistencia progresiva, dirigido a los principales grupos musculares, es la intervención con mayor evidencia para incrementar la masa y la fuerza muscular en personas mayores, superando en eficacia a otras modalidades como el ejercicio aeróbico, la flexibilidad o el entrenamiento del equilibrio cuando se emplean de forma aislada11. No obstante, los programas combinados que integran fuerza, resistencia aeróbica, equilibrio y flexibilidad ofrecen beneficios adicionales sobre la funcionalidad global y la prevención de caídas, por lo que se recomienda su inclusión siempre que la condición clínica de la persona lo permita.

Nutrición:

Una ingesta proteica insuficiente constituye un factor de riesgo modificable de sarcopenia y se relaciona de forma directa con la disminución de la masa y la fuerza muscular, mientras que una ingesta adecuada actúa como factor protector12. El grupo de estudio PROT-AGE recomienda una ingesta de al menos 1,0 a 1,2 g de proteína por kilogramo de peso y día en personas mayores sanas, que debe aumentarse hasta 1,2-1,5 g/kg/día en presencia de enfermedad aguda o crónica, distribuyendo la ingesta en cantidades de 25 a 30 g de proteína de alto valor biológico en cada comida principal para maximizar la síntesis proteica muscular13. Las sociedades científicas de nutrición clínica respaldan estas recomendaciones e insisten en la necesidad de realizar un cribado nutricional sistemático en toda persona mayor con sospecha de sarcopenia14. A la ingesta proteica se suman otras medidas preventivas: garantizar un aporte energético suficiente, asegurar niveles adecuados de vitamina D, evitar el sedentarismo y controlar las enfermedades crónicas que favorecen el catabolismo muscular11.

Otros factores modificables:

Además del ejercicio y la nutrición, la prevención de la sarcopenia debe contemplar la reducción del sedentarismo y de los periodos de reposo prolongado, especialmente durante los ingresos hospitalarios, la revisión periódica de la polimedicación, el abandono del hábito tabáquico y la moderación del consumo de alcohol, así como el control adecuado de las enfermedades crónicas asociadas al catabolismo muscular, como la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o la enfermedad renal crónica11.

DETECCIÓN Y DIAGNÓSTICO:

La detección precoz de la sarcopenia requiere la aplicación sistemática de herramientas de cribado sencillas y accesibles en los distintos niveles asistenciales. El cuestionario SARC-F, compuesto por cinco ítems que valoran la fuerza percibida, la dificultad para caminar, la capacidad de levantarse de una silla, la dificultad para subir escaleras y el número de caídas en el último año, es el instrumento de cribado más utilizado y validado15. Cada ítem se puntúa de 0 a 2 puntos y la puntuación total oscila entre 0 y 10; una puntuación igual o superior a 4 indica riesgo de sarcopenia y obliga a continuar el proceso diagnóstico, mientras que una puntuación inferior lo descarta con una elevada especificidad15 (véase Tabla 1, Anexo 1).

Cuando el cribado resulta positivo, el algoritmo diagnóstico propuesto por el EWGSOP2 recomienda medir la fuerza muscular mediante dinamometría manual. Si la fuerza es normal, se descarta la sarcopenia; si es baja, se habla de sarcopenia probable y se procede a confirmar el diagnóstico mediante la valoración de la masa muscular, habitualmente con bioimpedanciometría o densitometría (DXA). Cuando, además, se detecta un bajo rendimiento físico, medido a través de la velocidad de la marcha, la batería corta de rendimiento físico (SPPB) o la prueba de levantarse y andar cronometrada, se clasifica como sarcopenia grave4 (véase Tabla 2, Anexo 2).

Se recomienda realizar este cribado de forma oportunista ante la presencia de deterioro funcional, pérdida de peso no intencionada, caídas de repetición o enfermedades crónicas asociadas, como el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la cardiopatía isquémica o la enfermedad renal crónica15. La sarcopenia se relaciona, además, estrechamente con el síndrome de fragilidad, definido como un estado de vulnerabilidad fisiológica caracterizado por pérdida de peso, debilidad, baja resistencia, lentitud de la marcha y baja actividad física, con el que comparte mecanismos fisiopatológicos y estrategias de prevención16. Diversos estudios han comparado los criterios diagnósticos EWGSOP1 y EWGSOP2, observando que, si bien ambos identifican poblaciones de riesgo similares, difieren en su capacidad predictiva sobre la mortalidad y la dependencia funcional, lo que subraya la importancia de emplear un protocolo de cribado y diagnóstico estandarizado en cada centro asistencial17.

PAPEL DE ENFERMERÍA EN EL ABORDAJE DE LA SARCOPENIA:

El personal de enfermería ocupa una posición privilegiada para la prevención, la detección precoz y el seguimiento de la sarcopenia, tanto en atención primaria como en el ámbito hospitalario y residencial, debido a su contacto continuado con la persona mayor y su familia.

Cribado y valoración:

La consulta de enfermería constituye un espacio idóneo para incorporar de forma sistemática el cuestionario SARC-F y la dinamometría manual dentro de la valoración geriátrica integral, lo que permite identificar a las personas en riesgo sin necesidad de equipamiento complejo y en un tiempo asistencial reducido15. La detección temprana facilita la derivación oportuna a otros profesionales del equipo interdisciplinar cuando se requiere confirmación diagnóstica mediante técnicas de composición corporal.

Planificación de cuidados:

A partir de la valoración, enfermería formula diagnósticos enfermeros que orientan el plan de cuidados individualizado, entre los que destacan el deterioro de la movilidad física, el riesgo de caídas, el desequilibrio nutricional por defecto y el riesgo de síndrome de fragilidad del anciano, recogidos en la taxonomía NANDA-I18. Sobre esta base se establecen intervenciones específicas: la elaboración de programas de ejercicio de fuerza adaptados a la capacidad funcional de cada persona, en coordinación con fisioterapia; la educación nutricional dirigida a garantizar un aporte proteico y calórico suficiente y bien distribuido a lo largo del día; la revisión de la medicación para identificar fármacos que favorezcan la sarcopenia, la anorexia o el riesgo de caídas; y la valoración periódica de la evolución mediante la repetición de las pruebas de cribado.

Educación para la salud y coordinación interdisciplinar:

La educación para la salud es una función enfermera esencial en la prevención de la sarcopenia. Enfermería debe informar a la persona mayor y a su entorno de cuidado sobre la importancia de mantener la actividad física, evitar el reposo prolongado innecesario y asegurar una alimentación adecuada, promoviendo la autogestión y la adherencia a las recomendaciones. Asimismo, actúa como enlace entre los distintos profesionales implicados —medicina de familia, geriatría, nutrición, fisioterapia y trabajo social—, garantizando la continuidad asistencial entre el domicilio, el centro de salud, el hospital y, en su caso, la residencia.

Prevención de complicaciones:

Dado que la sarcopenia incrementa el riesgo de caídas, fracturas, dependencia funcional y reingresos hospitalarios, enfermería debe integrar la prevención de caídas dentro del plan de cuidados, adaptando el entorno del domicilio o la unidad de hospitalización, fomentando el uso de calzado y ayudas técnicas adecuadas, y promoviendo la movilización precoz durante los ingresos hospitalarios, periodo especialmente crítico para la pérdida acelerada de masa muscular en la persona mayor.

CONCLUSIONES

La sarcopenia es una enfermedad prevalente, infradiagnosticada y con importantes repercusiones sobre la autonomía, la calidad de vida y la supervivencia de las personas mayores. El cribado sistemático mediante herramientas sencillas como el cuestionario SARC-F, seguido de la confirmación diagnóstica según los criterios del EWGSOP2, permite una identificación precoz que resulta clave para iniciar intervenciones preventivas oportunas. El ejercicio de resistencia progresiva y una ingesta proteica adecuada y bien distribuida constituyen los pilares de la prevención, con un nivel de evidencia consolidado. El personal de enfermería, por su papel en el cribado, la planificación de cuidados, la educación para la salud y la coordinación interdisciplinar, resulta determinante en la prevención y el manejo integral de la sarcopenia, contribuyendo de forma directa a preservar la funcionalidad y la independencia de las personas mayores.

BIBLIOGRAFÍA

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  4. Cruz-Jentoft AJ, Bahat G, Bauer J, Boirie Y, Bruyère O, Cederholm T, et al. Sarcopenia: revised European consensus on definition and diagnosis. Age Ageing. 2019;48(1):16-31.
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  6. Chen LK, Woo J, Assantachai P, Auyeung TW, Chou MY, Iijima K, et al. Asian Working Group for Sarcopenia: 2019 Consensus Update on Sarcopenia Diagnosis and Treatment. J Am Med Dir Assoc. 2020;21(3):300-7.
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  9. Cruz-Jentoft AJ, Sayer AA. Sarcopenia. Lancet. 2019;393(10191):2636-46.
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  12. Peña-Ordóñez GG, Bustamante-Montes LP, Ramírez-Duran N, Halley-Castillo E, García-Cáceres L. Evaluación de la ingesta proteica y la actividad física asociadas con la sarcopenia del adulto mayor. Rev Esp Nutr Hum Diet. 2015;20(1):16-22.
  13. Bauer J, Biolo G, Cederholm T, Cesari M, Cruz-Jentoft AJ, Morley JE, et al. Evidence-based recommendations for optimal dietary protein intake in older people: a position paper from the PROT-AGE Study Group. J Am Med Dir Assoc. 2013;14(8):542-59.
  14. Cederholm T, Barazzoni R, Austin P, Ballmer P, Biolo G, Bischoff SC, et al. ESPEN guidelines on definitions and terminology of clinical nutrition. Clin Nutr. 2017;36(1):49-64.
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  17. Spexoto MCB, Ramírez PC, Máximo RO, Steptoe A, de Oliveira C, Alexandre TDS. European Working Group on Sarcopenia in Older People 2010 (EWGSOP1) and 2019 (EWGSOP2) criteria or slowness: which is the best predictor of mortality risk in older adults? Age Ageing. 2022;51(8):afac164.
  18. NANDA International. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación 2021-2023. 12ª ed. Barcelona: Elsevier; 2021.

ANEXOS

Anexo 1

Tabla 1. Cuestionario SARC-F: componentes y puntuación:

Componente Pregunta orientativa Puntuación
Fuerza (Strength) ¿Cuánta dificultad tiene para levantar y transportar un peso de 4,5 kg? 0-2
Ayuda para caminar (Assistance walking) ¿Cuánta dificultad tiene para caminar a través de una habitación? 0-2
Levantarse de una silla (Rise from a chair) ¿Cuánta dificultad tiene para levantarse de una silla o cama? 0-2
Subir escaleras (Climb stairs) ¿Cuánta dificultad tiene para subir un tramo de 10 escalones? 0-2
Caídas (Falls) ¿Cuántas veces se ha caído en el último año? 0-2

Puntuación total: 0-10 puntos. Un resultado ≥4 indica riesgo de sarcopenia. Fuente: elaboración propia a partir de Malmstrom y Morley15.

Anexo 2

Tabla 2. Algoritmo diagnóstico de sarcopenia según el EWGSOP2:

Categoría Criterios diagnósticos
Sarcopenia probable Fuerza muscular baja (dinamometría manual)
Sarcopenia confirmada Fuerza muscular baja + masa muscular baja (bioimpedanciometría o DXA)
Sarcopenia grave Fuerza muscular baja + masa muscular baja + bajo rendimiento físico (velocidad de la marcha, SPPB o timed up and go)

Fuente: elaboración propia a partir de Cruz-Jentoft et al.4

 

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