Seguridad del paciente desde el rol de enfermería

2 junio 2026

 

AUTORES

  1. Laura Tercero Antoni. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  2. Marcos Jaime Elpón. Auxiliar Administrativo. Aragón, España.
  3. Miriam Revuelta Vicente. Auxiliar Administrativo Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
  4. María Susín Estremé. Enfermera Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.

 

RESUMEN

La seguridad del paciente se fundamenta en principios éticos y en un enfoque sistémico que reconoce que los errores no dependen solo de los profesionales, sino también de la organización sanitaria. En este contexto, las enfermeras desempeñan un papel clave por su presencia continua y su capacidad para detectar riesgos, aplicar cuidados y garantizar la calidad asistencial.

La gestión de enfermería resulta esencial para trasladar estos principios a la práctica, ya que influye directamente en la aparición o prevención de eventos adversos, especialmente a través del liderazgo, la cultura de seguridad y la adecuada dotación de personal. Factores como la sobrecarga laboral, el agotamiento profesional y la falta de recursos incrementan la atención omitida y comprometen la seguridad del paciente.

Asimismo, el liderazgo enfermero se posiciona como el eje central para mejorar los resultados, al favorecer entornos de trabajo seguros, una comunicación efectiva y el bienestar del equipo. La resiliencia profesional y el apoyo organizativo también contribuyen a reducir errores, aunque no sustituyen la necesidad de cambios estructurales.

Por último, las herramientas tecnológicas pueden mejorar la seguridad si están bien diseñadas e integradas, pero su efectividad depende de una gestión adecuada. En conjunto, la seguridad del paciente requiere una visión integral que combine liderazgo, recursos suficientes, cultura organizativa sólida y apoyo al personal sanitario.

PALABRAS CLAVE

Seguridad del paciente, administración de enfermería, eventos adversos, gestión de la seguridad, liderazgo.

ABSTRACT

Patient safety is grounded in ethical principles and a systemic approach that recognises that errors are not solely attributable to individual professionals, but also to the healthcare organisation. In this context, nurses play a key role due to their constant presence and their ability to identify risks, provide care and ensure the quality of care.

Nursing management is essential for translating these principles into practice, as it directly influences the occurrence or prevention of adverse events, particularly through leadership, a culture of safety and adequate staffing levels. Factors such as work overload, professional burnout and a lack of resources increase the likelihood of care being overlooked and compromise patient safety.

Likewise, nursing leadership is positioned as the central pillar for improving outcomes, by fostering safe working environments, effective communication and the well-being of the team. Professional resilience and organisational support also help to reduce errors, although they do not replace the need for structural changes.

Finally, technological tools can improve safety if they are well designed and integrated, but their effectiveness depends on proper management. Overall, patient safety requires a holistic approach that combines leadership, sufficient resources, a strong organisational culture and support for healthcare staff.

KEY WORDS

Patient safety, nursing administration, adverse events, safety management, leadership.

INTRODUCCIÓN

La seguridad del paciente se sustenta, en primer lugar, en principios éticos fundamentales como la no maleficencia, la justicia y la fidelidad, los cuales orientan la práctica sanitaria hacia la protección y el bienestar de las personas atendidas. En este sentido, no solo constituye una disciplina científica en constante desarrollo, sino también un compromiso moral explícito entre los profesionales de la salud y las poblaciones a las que prestan servicio. Así, los líderes de enfermería desempeñan un papel clave, ya que materializan estos valores mediante el diseño e implementación de sistemas asistenciales que buscan prevenir el sufrimiento evitable y fomentar la equidad en la atención1.

Asimismo, la magnitud del problema pone de manifiesto la urgencia de abordar la seguridad del paciente desde una perspectiva global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la atención insegura en los hospitales provoca aproximadamente 134 millones de eventos adversos y 2,6 millones de muertes cada año en países de ingresos bajos y medianos, superando incluso el impacto de enfermedades como la malaria o la tuberculosis. Estos datos evidencian que, aunque los sistemas de salud están concebidos para curar, también pueden generar daño como consecuencia de fallos en la organización, en la dotación de personal o en la cultura de seguridad1.

Por consiguiente, y bajo la premisa de que errar es humano, la seguridad del paciente ha evolucionado desde una responsabilidad ética centrada en la actuación individual de los profesionales hacia un enfoque sistémico, en el que las organizaciones sanitarias y los gobiernos asumen un papel fundamental en la prevención de riesgos y en la mejora continua de la calidad asistencial1.

En continuidad con este enfoque sistémico, resulta imprescindible destacar el papel central que desempeñan las enfermeras en la implementación efectiva de la seguridad del paciente. Entre todos los grupos profesionales, son ellas quienes ocupan una posición especialmente decisiva a la hora de trasladar las políticas y estrategias de seguridad a la práctica clínica cotidiana. De hecho, al constituir el colectivo más numeroso de la fuerza laboral sanitaria a nivel mundial —representando cerca del 59 % de los profesionales—, las enfermeras garantizan la continuidad asistencial mediante una atención ininterrumpida, las 24 horas del día, los 7 días de la semana1-5.

En este contexto, su labor va mucho más allá de la ejecución de cuidados básicos, ya que incluye funciones clave como la monitorización constante del estado del paciente, la educación sanitaria, la planificación de los procesos asistenciales y la aportación de su experiencia clínica tanto en la prevención como en el tratamiento2,3. Asimismo, desempeñan un papel fundamental en la detección precoz de errores y en la evaluación de los resultados de la atención, lo que las sitúa en una posición privilegiada para contribuir de manera directa a la mejora de la seguridad del paciente1.

No obstante, la efectividad de estas funciones no depende únicamente de la actuación individual, sino que está estrechamente vinculada a la calidad de la gestión enfermera. En este sentido, la estructura de liderazgo intermedio adquiere una relevancia particular, ya que es la encargada de traducir las estrategias organizativas en acciones concretas, adecuar los recursos humanos a la complejidad asistencial y promover estilos de comunicación que influyen de manera decisiva en la configuración de una cultura de seguridad sólida y sostenible1.

OBJETIVO

Analizar el papel de la enfermería en la seguridad del paciente, destacando su contribución en la práctica asistencial y en la mejora de la calidad de los cuidados dentro de los sistemas sanitarios.

METODOLOGÍA

Se llevó a cabo una revisión bibliográfica sistemática de artículos publicados en los últimos cinco años, incluyendo trabajos en español, inglés y portugués. Para ello, se consultaron las bases de datos PubMed, Google Scholar y Dialnet, seleccionadas por su amplia cobertura de literatura científica y revisiones académicas.

La estrategia de búsqueda incorporó filtros orientados a la identificación de estudios originales, revisiones sistemáticas y revisiones narrativas. Se excluyeron aquellos documentos que no disponían de texto completo o que no abordaban de forma específica el papel de la enfermería en la seguridad del paciente.

La información recopilada se organizó por temáticas, lo que permitió resaltar los hallazgos más relevantes y detectar tendencias en la práctica enfermera, facilitando así un análisis global sobre la contribución del personal sanitario en la atención y cuidado del paciente.

RESULTADOS

La gestión de enfermería constituye un pilar esencial para garantizar que los principios de seguridad del paciente se materialicen en la práctica asistencial1,3,4, pues diversos estudios señalan que las actividades de enfermería retrasadas o no realizadas, conocidas como atención de enfermería omitida, se asocian con la aparición de múltiples eventos adversos. Entre ellos se incluyen errores de medicación, infecciones del tracto urinario, caídas de pacientes, lesiones por presión, incidentes críticos, disminución de la calidad asistencial y un aumento de los reingresos hospitalarios4.

Asimismo, se ha evidenciado que una cultura de seguridad del paciente más sólida dentro de las instituciones sanitarias contribuye a mejorar los sistemas de notificación de incidentes, lo que favorece la prevención de su repetición. En este sentido, diferentes investigaciones indican que la atención de enfermería omitida está estrechamente influenciada por el entorno laboral y por el nivel de desarrollo de la cultura de seguridad en los centros de salud4.

A través del liderazgo, la supervisión del personal y el fortalecimiento de la resiliencia de los equipos, se facilita la aplicación efectiva de estrategias orientadas a ofrecer cuidados seguros y de calidad. En este sentido, la organización y dirección de los recursos humanos de enfermería no solo repercuten en los resultados clínicos, sino también en la consolidación de una cultura de seguridad dentro de las instituciones sanitarias1.

No obstante, este proceso se enfrenta a importantes limitaciones estructurales. La inequidad en la fuerza laboral representa una falla ética que impacta directamente en la seguridad a nivel global. En particular, la escasez de personal, el sufrimiento moral y el agotamiento profesional afectan de manera desproporcionada a las enfermeras, reduciendo su capacidad para desempeñar su labor en condiciones óptimas y comprometiendo, en consecuencia, la calidad y seguridad de la atención1.

En relación con estas limitaciones, el liderazgo en enfermería se posiciona como el factor más determinante en la construcción de una cultura sólida de seguridad del paciente a nivel global. Más allá de su dimensión organizativa, el liderazgo actúa tanto como estructura como proceso dentro de modelos teóricos consolidados, como los de Donabedian y Reason, contribuyendo a reforzar las defensas del sistema mediante la promoción de la confianza y la comunicación efectiva entre los profesionales1,5.

Asimismo, diferentes enfoques de liderazgo han demostrado impactos significativos en los entornos asistenciales. Por ejemplo, el liderazgo auténtico se asocia con una menor intención de abandono entre las enfermeras noveles, lo que favorece la estabilidad de la plantilla y, de manera indirecta, mejora la seguridad del paciente. Del mismo modo, se ha relacionado con climas de seguridad más sólidos y con una menor incidencia de errores notificados. En esta línea, las intervenciones basadas en el liderazgo de servicio —centradas en valores como la humildad y la escucha activa— han mostrado resultados positivos, especialmente en el aumento de la notificación de cuasi accidentes, un elemento clave para la mejora continua1.

Por otro lado, la evidencia transcultural pone de manifiesto que el liderazgo no es un constructo rígido, sino adaptable a distintos contextos. Así, los programas de liderazgo diseñados con sensibilidad cultural y centrados en el respeto han logrado fortalecer los climas de seguridad en diversos entornos, lo que refuerza la idea de que una gestión eficaz y contextualizada resulta esencial para afrontar los desafíos actuales en la seguridad del paciente1.

En estrecha relación con el papel del liderazgo, la dotación de personal de enfermería se consolida como el factor con mayor respaldo empírico en la predicción de la seguridad del paciente. Numerosos estudios evidencian que, a medida que aumenta el número de pacientes asignados por enfermera, se incrementan tanto la mortalidad como los eventos de fallo en el rescate. Por el contrario, unas ratios más seguras se asocian con una reducción significativa de infecciones y errores de medicación, lo que pone de manifiesto la importancia de una adecuada planificación de los recursos humanos1,5.

Cuando las estructuras de personal resultan insuficientes o se ven desbordadas, los procesos asistenciales tienden a acortarse o simplificarse, dando lugar a fenómenos como la atención omitida. Esta situación, lejos de ser puntual, tiene un impacto directo en los resultados en salud, incrementando el riesgo de complicaciones y mortalidad. Asimismo, no solo la cantidad, sino también la calidad del personal resulta determinante, ya que una mayor proporción de enfermeras cualificadas se asocia con mejores resultados clínicos y una menor mortalidad1.

En este escenario, la incorporación de herramientas tecnológicas puede contribuir a mitigar la carga de trabajo, facilitando, por ejemplo, la planificación de turnos basada en la gravedad de los pacientes o la generación de alertas relacionadas con la dotación. Sin embargo, su efectividad depende en gran medida de una adecuada interpretación y gestión por parte de los líderes de enfermería, lo que refuerza, una vez más, la importancia de un liderazgo competente para integrar recursos, optimizar procesos y garantizar la seguridad del paciente1.

En continuidad con la importancia del liderazgo, la dotación de personal y la organización de los recursos, la resiliencia emerge como un pilar fundamental en la seguridad del paciente. El agotamiento profesional, que afecta aproximadamente a un tercio de las enfermeras a nivel mundial, se asocia de manera consistente con entornos de seguridad más deficientes y con una mayor incidencia de eventos adversos. En contraposición, la resiliencia contribuye a restaurar aspectos esenciales del cuidado, como la empatía, la atención centrada en el paciente y la toma de decisiones clínicas, mediante el fortalecimiento de recursos psicológicos individuales y el apoyo organizacional1.

En este sentido, diversas estrategias formativas y de apoyo han demostrado beneficios relevantes. Intervenciones como el entrenamiento en atención plena, la escritura reflexiva mediante diarios o los grupos de apoyo entre iguales han mostrado reducciones del agotamiento emocional de entre un 20 % y un 30 %1,3,4. Del mismo modo, los programas de inteligencia emocional refuerzan la conciencia situacional y pueden mejorar la detección precoz de riesgos. No obstante, aunque estas estrategias individuales resultan útiles, no son suficientes por sí solas para compensar deficiencias estructurales en sistemas inseguros1.

Por ello, el papel del liderazgo vuelve a ser determinante, especialmente a través de acciones como las rondas de escucha activa, que permiten identificar de forma directa las preocupaciones del personal y funcionan como herramientas diagnósticas del estrés organizacional. Las instituciones que han implementado rondas estructuradas de bienestar han informado de una reducción en los errores de medicación y en el absentismo laboral, mientras que medidas como la flexibilidad en la programación, la garantía de descansos adecuados y el acceso a apoyo en salud mental contribuyen a disminuir la fatiga y mejorar la seguridad global1.

Además, resulta relevante destacar que las fallas en la comunicación continúan siendo uno de los principales factores asociados al daño prevenible. En entornos de cuidados críticos, un trabajo en equipo deficiente y climas organizativos con baja cultura de reporte se relacionan directamente con un aumento de los eventos adversos, lo que refuerza la necesidad de abordar la seguridad del paciente desde una perspectiva integral que combine resiliencia individual, apoyo organizacional y liderazgo efectivo1.

Siguiendo con la importancia de los factores organizativos, humanos y relacionales previamente abordados, la incorporación de sistemas digitales se presenta como un elemento complementario clave para la mejora de la seguridad del paciente, siempre que estos estén centrados en el ser humano. En este sentido, la historia clínica electrónica y sus sistemas de apoyo a la toma de decisiones han demostrado su utilidad en la reducción de errores de transcripción y en la mejora de la precisión de los procesos asistenciales1,5.

No obstante, su implementación no está exenta de desafíos, ya que un diseño inadecuado puede generar efectos contraproducentes, como la fatiga por alertas, especialmente cuando no existe una participación activa de las enfermeras en el desarrollo y ajuste de estas herramientas. Por ello, la implicación del personal de enfermería en el diseño tecnológico resulta fundamental para garantizar su adecuación a la práctica clínica real y maximizar su efectividad1.

Asimismo, las intervenciones de salud digital orientadas a la seguridad de la medicación (como la conciliación electrónica, los sistemas de dispensación inteligente y las plataformas avanzadas de apoyo a la toma de decisiones) muestran un creciente valor tanto clínico como económico. Sin embargo, la evidencia disponible varía en función de los contextos asistenciales, lo que subraya la necesidad de seguir evaluando su impacto dentro de distintos entornos sanitarios para asegurar su integración efectiva y segura en la práctica clínica1.

CONCLUSIÓN

En conclusión, la gestión de enfermería se configura como un elemento determinante en la garantía de la seguridad del paciente, al influir de manera directa tanto en los procesos asistenciales como en los resultados en salud. La evidencia analizada pone de manifiesto que factores como el liderazgo efectivo, una adecuada dotación y cualificación del personal, el fortalecimiento de la cultura de seguridad y el fomento de la resiliencia profesional son esenciales para prevenir la atención de enfermería omitida y reducir la incidencia de eventos adversos.

No obstante, estos elementos no pueden abordarse de forma aislada, ya que la seguridad del paciente depende de un enfoque integral que contemple tanto las condiciones estructurales del sistema como los factores humanos y organizativos. En este sentido, aunque las estrategias individuales y las herramientas tecnológicas aportan beneficios relevantes, su efectividad está condicionada por un liderazgo competente y por entornos laborales adecuados que permitan su correcta implementación.

Por tanto, resulta imprescindible impulsar modelos de gestión enfermera que integren de manera equilibrada recursos humanos suficientes, culturas organizativas sólidas, innovación tecnológica centrada en el usuario y políticas de apoyo al bienestar profesional. Solo mediante esta visión global y coordinada será posible avanzar hacia sistemas sanitarios más seguros, eficientes y sostenibles.

BIBLIOGRAFÍA

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  4. Putra KR, Hany A, Ningrum E, Arisetijono E, Taji M, Vatmasari R. Patient safety culture, missed nursing care, and adverse events in university hospitals: a cross-sectional study. Iran J Nurs Midwifery Res. 2025;30(3):349-355. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12164783/
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