AUTORES
- María López Cabrejas. Enfermera pediátrica en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Marta Sánchez Duro. Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Daniel Mariñosa Martín. Enfermero en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Lara Blasco Polo. Enfermera pediátrica en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Natalia Boquer Benedicto. Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La seguridad del paciente es un pilar fundamental en la calidad de la atención sanitaria, especialmente en el contexto de la creciente complejidad del sistema y la vulnerabilidad del paciente. Los eventos adversos siguen siendo un importante problema de salud pública, aunque muchos se consideran prevenibles. Este artículo revisa el concepto de eventos adversos y destaca el papel crucial de los profesionales de enfermería en su prevención, detección y gestión, particularmente en los procesos de medicación, donde las enfermeras actúan como la última barrera de seguridad. Se enfatiza un enfoque sistémico, reconociendo la influencia de factores organizacionales, humanos y estructurales en la ocurrencia de errores. La cultura de seguridad del paciente emerge como un elemento clave, que abarca valores, creencias y comportamientos compartidos que promuevan una atención segura, junto con el liderazgo como factor determinante para fomentar entornos seguros. Se analizan estrategias como la estandarización de procedimientos, la formación continua y los sistemas de notificación de incidentes como herramientas eficaces para mejorar la seguridad. Sin embargo, persisten brechas entre el conocimiento teórico y la práctica clínica, junto con limitaciones metodológicas en la evidencia disponible. Se necesita más investigación para fortalecer la implementación de intervenciones de seguridad eficaces y potenciar el papel de la enfermería en la seguridad del paciente.
PALABRAS CLAVE
Seguridad, eventos adversos, medicación, enfermería.
ABSTRACT
Patient safety is a fundamental pillar of healthcare quality, especially in the context of increasing system complexity and patient vulnerability. Adverse events remain a major public health issue, although many are considered preventable. This article reviews the concept of adverse events and highlights the critical role of nursing professionals in their prevention, detection, and management, particularly in medication processes, where nurses act as the last safety barrier. A systems-based approach is emphasized, acknowledging the influence of organizational, human, and structural factors in the occurrence of errors. Patient safety culture emerges as a key element, encompassing shared values, beliefs, and behaviors that promote safe care, alongside leadership as a determining factor in fostering safe environments. Strategies such as standardization of procedures, continuous education, and incident reporting systems are discussed as effective tools to improve safety. However, gaps between theoretical knowledge and clinical practice persist, along with methodological limitations in the available evidence. Further research is needed to strengthen the implementation of effective safety interventions and enhance nursing’s role in patient safety.
KEY WORDS
Patient safety, adverse events, medication, nursing.
DESARROLLO DEL TEMA
Los eventos adversos se definen como situaciones o acontecimientos inesperados relacionados con la atención sanitaria dada a un paciente, que tienen o pueden tener consecuencias negativas para su salud, no necesariamente atribuibles al curso natural de la enfermedad1.
La seguridad del paciente se ha consolidado como un pilar fundamental en la calidad de la atención sanitaria, especialmente en un contexto caracterizado por la creciente complejidad de los sistemas de salud, el envejecimiento poblacional y el aumento de la cronicidad. Esta se define según la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “la ausencia de daño evitable al paciente durante el proceso de atención sanitaria y la prevención del riesgo de daño innecesario”1,2.
A pesar de los avances tecnológicos y organizativos, la ocurrencia de eventos adversos continúa representando un problema de salud pública de gran magnitud, con importantes repercusiones clínicas, éticas y económicas. Diversos estudios han evidenciado que una proporción significativa de estos eventos es prevenible, lo que pone de manifiesto la necesidad de reforzar estrategias orientadas a minimizar riesgos y mejorar la seguridad en la práctica clínica3,4.
En este sentido, los eventos adversos derivados de la atención sanitaria incluyen incidentes como caídas, infecciones relacionadas con la asistencia, errores de identificación y, de forma destacada, errores relacionados con la medicación con una prevalencia anual del 20%1. Estos últimos constituyen una de las principales causas de daño evitable en los pacientes, tanto en el ámbito hospitalario como en otros niveles asistenciales. El proceso de utilización de medicamentos es complejo y multidimensional, abarcando fases como la prescripción, la dispensación, la preparación, la administración y la monitorización, lo que incrementa la probabilidad de error en cualquiera de sus etapas. No obstante, la evidencia señala que la fase de administración concentra un elevado porcentaje de errores, situando al profesional de enfermería como una figura clave en la prevención y detección de los mismos5,6.
El papel de la enfermería en la seguridad del paciente adquiere especial relevancia debido a su contacto continuo y directo con los usuarios del sistema sanitario. Los profesionales de enfermería no solo son responsables de la ejecución de cuidados, sino también de la vigilancia clínica, la detección precoz de complicaciones y la aplicación de medidas preventivas frente a riesgos potenciales1,7. En el ámbito de la administración de medicamentos, su actuación representa la última barrera de seguridad antes de que el fármaco llegue al paciente, lo que implica una elevada responsabilidad profesional6.
Sin embargo, los errores en la práctica clínica no pueden entenderse exclusivamente desde una perspectiva individual o atribuible al profesional, sino que deben analizarse dentro de un enfoque sistémico que contemple factores organizativos, estructurales y humanos.7 Elementos como la sobrecarga laboral, la falta de personal, la comunicación deficiente entre profesionales, la ausencia de protocolos estandarizados o la limitada cultura de seguridad influyen de manera significativa en la aparición de eventos adversos2,7 .
En este contexto, la teoría de los sistemas complejos y modelos como el del “queso suizo” han permitido comprender cómo el encadenamiento de fallos en diferentes niveles puede favorecer la materialización del error clínico1,7.
La cultura de seguridad del paciente emerge, por tanto, como un componente esencial en la prevención de eventos adversos. Esta cultura engloba el conjunto de valores, creencias, actitudes y comportamientos compartidos dentro de una organización que determinan el compromiso con la seguridad1,2. La literatura evidencia que dimensiones como el trabajo en equipo, el liderazgo, la comunicación abierta y la retroalimentación sobre errores contribuyen a fortalecer entornos seguros2. No obstante, persisten importantes debilidades, como la infra notificación de incidentes y la presencia de culturas punitivas, que dificultan el aprendizaje organizacional y la implementación de mejoras efectivas2,7,8.
En relación con lo anterior, el liderazgo enfermero se posiciona como un factor determinante en la promoción de la seguridad del paciente1. Un liderazgo efectivo favorece la creación de entornos de trabajo seguros, fomenta la comunicación interdisciplinar y facilita la implementación de protocolos y prácticas basadas en la evidencia2,7. Asimismo, contribuye a generar un clima de confianza que promueve la notificación de errores sin temor a represalias, elemento clave para el aprendizaje y la mejora continua9.
A lo largo de los últimos años, se han propuesto diversas estrategias para la reducción de eventos adversos, entre las que destacan la estandarización de procedimientos, la formación continua del personal sanitario, el desarrollo de sistemas de notificación de incidentes y la implementación de prácticas seguras tanto a nivel asistencial como organizativo2. Estas intervenciones han demostrado ser eficaces en la mejora de la seguridad del paciente; sin embargo, su aplicación en la práctica clínica no siempre es homogénea ni sostenida en el tiempo, lo que evidencia la existencia de una brecha entre el conocimiento teórico y su implementación real9,10.
Además, la evidencia disponible presenta ciertas limitaciones metodológicas, caracterizadas por la predominancia de estudios descriptivos y revisiones de la literatura, con escasa presencia de diseños experimentales o longitudinales que permitan establecer relaciones causales sólidas. Esta situación dificulta la evaluación del impacto real de las intervenciones y limita la generalización de los resultados a diferentes contextos asistenciales.
Por ello, resulta necesario profundizar en el análisis de los factores que influyen en la aparición de eventos adversos, así como en la efectividad de las estrategias implementadas desde la práctica enfermera. La generación de conocimiento en este ámbito permitirá no solo mejorar la seguridad del paciente, sino también optimizar la calidad de los cuidados y fortalecer el papel de la enfermería como agente clave en los sistemas de salud.
CONCLUSIONES
La seguridad del paciente constituye un componente esencial de la calidad asistencial, siendo los eventos adversos una problemática relevante y en gran medida prevenible. La enfermería desempeña un papel central en la prevención de estos eventos, especialmente en procesos críticos como la administración de medicamentos, donde actúa como última barrera de seguridad. No obstante, la aparición de errores debe entenderse desde un enfoque sistémico que incluya factores organizativos y estructurales, más allá de la responsabilidad individual. El desarrollo de una cultura de seguridad sólida, junto con un liderazgo enfermero efectivo, resulta fundamental para fomentar entornos seguros y promover la notificación de incidentes sin temor a represalias. A pesar de las estrategias propuestas para mejorar la seguridad, persiste una brecha entre la evidencia y su aplicación en la práctica clínica, lo que pone de manifiesto la necesidad de reforzar la implementación de intervenciones basadas en la evidencia. Asimismo, se requieren estudios con diseños más robustos que permitan evaluar el impacto real de estas estrategias y optimizar la seguridad del paciente.
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