AUTORES
- María Del Carmen Moyano Espadero. Matrona en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), España.
- Belén Labián Díaz. Matrona en Hospital Universitario San Jorge (Huesca), España.
- Esther López Romero. Matrona en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), España.
- María Royo Del Río. Matrona en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), España.
- Sofía Vargas Artajona. Matrona en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), España.
- Laura Pascual Pelegrina. Matrona en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza), España.
RESUMEN
El síndrome de las “tuberías oxidadas” es un síndrome raro, con poca bibliografía y reporte de casos al respecto, pero de carácter benigno, indoloro, generalmente bilateral y autolimitado. En la mayoría de los casos, este síndrome se cura espontáneamente en la primera semana del inicio de la lactancia. La importancia del reconocimiento del síndrome de tuberías oxidadas radica en poder descartar malignidad y disminuir el estrés en la madre y profesionales, así como en garantizar una alimentación adecuada al recién nacido.
PALABRAS CLAVE
Síndrome, tuberías oxidadas, lactancia materna.
ABSTRACT
“Rusty pipes” syndrome is a rare syndrome, with little literature or case reports on the subject, but it is benign, painless, generally bilateral and self-limiting. In most cases, this syndrome heals spontaneously within the first week of starting breastfeeding. The importance of recognizing rusty pipe syndrome lies in being able to rule out malignancy and reduce stress on the mother and professionals, as well as ensuring adequate nutrition for the newborn.
KEY WORDS
Rusty-Pipe syndrome, breastfeeding.
DESARROLLO DEL TEMA
La leche materna tiene una composición y propiedades únicas, determinadas por una serie de factores, entre los que se incluye la presencia de células madre y células sanguíneas materna, cuya concentración es variable según el día del posparto1.
Entre las células de origen sanguíneo presentes en la leche materna, se encuentran los glóbulos rojos, y su alta concentración en el calostro, se considera un factor potencial en el cambio del color de la leche a marrón o sanguinolento, conocido como “síndrome de la tubería oxidada”1.
El calostro macroscópicamente sanguinolento, descrito como “síndrome de la tubería oxidada”, se describe como una afección fisiológica benigna, indolora, generalmente bilateral, y autolimitada, de calostro rosado, marrón, sanguinolento o negro, en función de la cantidad de eritrocitos, y un cambio de color de la leche a amarillo o blanquecino, dentro de los 7 días posteriores al parto entre la mayoría de las madres1,2.
Presenta una prevalencia estimada del 0,1%, y no se han determinado factores predisponentes para su aparición1,2,3,4. Afecta principalmente a mujeres primíparas y su aparición está descrita a partir del tercer trimestre de la gestación, siendo más frecuente durante los días previos al parto o durante los primeros días de lactancia3,4,5,6.
Etiología:
Durante el embarazo, las glándulas mamarias cambian bajo la influencia de las hormonas1.
Los estrógenos actúan aumentando el flujo de los vasos sanguíneos mamarios, así como el número de lóbulos, lo que conduce en consecuencia a su agrandamiento. El aumento de volumen mamario, cambia la forma de las células mioepiteliales que rodean las glándulas y los conductos galactóforos, haciendo que sus paredes se vuelven más delgadas, y resultando en un aumento de su permeabilidad1.
La progesterona interviene en la proliferación de las glándulas mamarias y, como resultado de los estrógenos, se desarrolla una red de conductos galactóforos1.
En el síndrome de las tuberías oxidadas, el origen es incierto, pero se asocia a ese aumento de vasculariación en el tejido mamario, donde la red de capilares es frágil debido a los estímulos hormonales, y susceptible al trauma durante la lactancia, provocando que las células sanguíneas se filtren hacia las secreciones mamarias2,3,4,5,6,7.
En ese caso, cuando el recién nacido inicia la succión, genera una presión negativa dentro de los conductos galactóforos, facilitando la ruptura y descamación de los capilares que los envuelven, con la consiguiente salida de sangre en la leche materna6,7.
Diagnóstico:
El diagnóstico inicial se establece en base a la historia clínica y examen físico, seguido de pruebas específicas, como el análisis citológico y cultivo de la secreción sanguinolenta, y la ecografía mamaria, si es necesario2,3,4,7.
El diagnóstico se realizará tras un examen físico normal y de la obtención de resultados citológicos y cultivos negativos de la secreción sanguinolenta. Las pruebas de imagen serán solicitadas en aquellos casos en que persista la secreción durante más de una semana, o se sospeche causa subyacente, siendo las recomendadas la ecografía y la galactografía6,7.
Diagnóstico diferencial:
El propósito principal de la evaluación de la telorragia en mujeres lactantes, es diferenciar las secreciones de origen benigno de aquellas que puedan explicarse mediante una patología maligna4,5,7.
La secreción sanguinolenta del pezón durante la lactancia puede estar relacionada con lesiones en los pezones como grietas, que suelen ser dolorosas y evidentes al examen físico, mastitis, o, puede atribuirse a causas patológicas como el papiloma intraductal, causa más común de secreción patológica del pezón y que representa el 35-57% de los casos, seguido de la ectasia ductal (17-36%) y las lesiones malignas (4-21%)2,3,4,7.
El papiloma intraductal es un tumor benigno de los conductos mamarios. Suele presentarse secreción sanguinolenta o clara del pezón, generalmente unilateral, y en ocasiones puede palparse una masa3.
En el caso de la ectasia del conducto mamario, también suele presentarse secreción intermitente del pezón, acompañado de hinchazón y eritema leve cerca de la areola2.
En el cáncer de mama, suele presentarse igualmente una masa mamaria asintomática y la secreción sanguinolenta del pezón; y la hinchazón del pecho y dolor como síntomas menos frecuentes2.
Se debe tener en cuenta la lateralidad de la telorragia, así como realizar un examen exhaustivo de las mamas, descartando posibles tumoraciones, en cuyo caso, se debe realizar una ecografía como modalidad de diagnóstico por imágenes inicial en una mujer que amamanta. Si la ecografía revela hallazgos sospechosos o es discordante con el examen clínico, pueden estar indicadas imágenes adicionales mediante mamografía o tomosíntesis digital mamaria3,5,6,7.
Otros factores que modifican el color de la leche materna, es la bacteria Serratia marcenens, que a temperatura ambiente, produce un pigmento rosa rojizo (prodigiosina). No hay recomendaciones sobre su manejo y, si no se observan signos de infección en el recién nacido, se debe continuar con la lactancia materna1.
La importancia en el reconocimiento del síndrome de tuberías oxidadas, radica en poder descartar malignidad y disminuir el estrés en la madre, así como en garantizar una alimentación adecuada del recién nacido. A pesar de la rara coexistencia del embarazo con las enfermedades mencionadas, dichas condiciones patológicas deben descartarse antes de diagnosticar el síndrome de las tuberías oxidadas2,7.
Tratamiento:
Este proceso suele mejorar a medida que aumenta la producción de leche, resolviéndose de forma espontánea sin tratamiento en un periodo de entre tres y siete días del inicio de la lactancia2,3,5,6.
En caso de no mejoría tras este periodo, es importante establecer diagnóstico diferencial con otras patologías2,3,5,6.
En caso de calostro con mucha sangre, es necesario apoyar a la madre y observar la situación para ver si se resuelve por sí solo, ya que se trata de un proceso benigno que no supone peligro para la madre ni para el recién nacido, por lo que no se debe suspender la lactancia1,2,5,6,7.
Pese a que es poco probable que se produzcan problemas en el recién nacido, en algunos estudios, se ha observado que la presencia de sangre en la leche materna puede ser razón de irritación gastrointestinal, pudiendo generar regurgitación o vómitos, pero según los autores, esto no sería indicación para suspender la lactancia materna. En otros casos se recomendaría la sustitución temporal de la lactancia por fórmula artificial, a la vez que la madre se estimula la producción de leche; reiniciando la lactancia tan pronto como la leche vaya aclarándose. Si el recién nacido tolera adecuadamente la secreción, se debe fomentar y promover la lactancia materna1,5,7.
No se ha observado una correlación significativa entre este síndrome y la incidencia de regurgitación en los recién nacidos, independientemente del número de eritrocitos en el calostro1.
Abordaje por parte de la matrona:
El síndrome de las tuberías oxidadas genera gran preocupación y ansiedad en la madre1,2,3.
Una vez realizado el diagnóstico, es importante realizar un asesoramiento y manejo adecuados. Deberá emplearse una escucha activa, teniendo en cuenta las preocupaciones de la madre y siempre será importante brindarle información en un lenguaje comprensible y dando recomendaciones3,7.
Se debe informar a la madre de que la aparición de un color marrón o sangre en el calostro no es una contraindicación para la lactancia materna, y que el recién nacido no se verá afectado por la cantidad de sangre consumida, para evitar la interrupción de la lactancia1,2,7.
En un estudio, donde se analiza la composición del calostro con sangre, se demostró que el valor cualitativo de dicha leche no se modificó1.
Los profesionales sanitarios, entre ellos la matrona, tienen un papel fundamental en la educación y asesoramiento ofrecido a las madres durante el embarazo, sobre la lactancia1.
Es fundamental, por ello, la formación de los profesionales, pues el peligro más grave asociado a la falta de educación del personal, y de las madres, es el cese temporal o inhibición de la lactancia materna, y la alimentación del bebé con fórmula. Dada la composición única del calostro y la leche materna, esta intervención es injustificada y perjudicial1.
CONCLUSIÓN
El “síndrome de la tubería oxidada” es una condición poco común e inofensiva, pero puede ser alarmante para la madre y profesionales.
Se trata de una afección autolimitante, que generalmente se resuelve dentro de los tres a siete días posteriores al inicio de la lactancia y donde si el recién nacido tolera la leche, se debe continuar con la misma. Si la secreción persiste durante más de una semana, se debe realizar un diagnóstico diferencial.
El conocimiento por parte de los profesionales es esencial para realizar un asesoramiento y manejo adecuados, para evitar causar ansiedad a las madres e investigaciones innecesarias, así como la interrupción o abandono de la lactancia materna.
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