AUTORES
- Luz Divina Mata Crespo. Médica de Medicina Familiar y Comunitaria en Centro de Salud Fuentes de Ebro (Zaragoza), España.
- Jorge Sánchez Melús. Facultativo Especialista de Área. Servicio de Urgencias. Hospital General de la Defensa. Zaragoza, España.
RESUMEN
El síndrome febril en el paciente oncológico constituye una urgencia clínica frecuente y potencialmente grave, especialmente en el contexto de inmunosupresión inducida por la enfermedad o el tratamiento. La fiebre puede ser la única manifestación inicial de una infección bacteriana, fúngica o viral, pero también puede derivar de causas no infecciosas como la fiebre tumoral o reacciones adversas a medicamentos e inmunoterapia. La evaluación clínica debe ser rápida y sistemática, incluyendo analíticas básicas, hemocultivos, estudios microbiológicos dirigidos y pruebas de imagen según la clínica. En pacientes con neutropenia febril, el inicio inmediato de antibioterapia empírica de amplio espectro es fundamental para reducir la mortalidad, mientras que el tratamiento debe ajustarse en función de la evolución clínica y los hallazgos microbiológicos. La profilaxis antimicrobiana está indicada en pacientes con alto riesgo, así como las medidas de control de infecciones en el entorno hospitalario. La fiebre no infecciosa debe sospecharse en ausencia de foco claro, cultivos negativos y mala respuesta a los antibióticos, especialmente en pacientes con tratamientos inmunomoduladores. Las terapias dirigidas e inmunoterapia han introducido nuevos retos diagnósticos y terapéuticos al asociarse a eventos febriles de origen inmunológico. Asimismo, el síndrome febril repercute negativamente en la calidad de vida del paciente oncológico, generando ansiedad, aislamiento y hospitalizaciones frecuentes. Un enfoque multidisciplinar y una estrategia individualizada son clave para mejorar los desenlaces clínicos y preservar el bienestar del paciente. Esta revisión aborda de manera integral los aspectos epidemiológicos, fisiopatológicos, clínicos, diagnósticos, terapéuticos y preventivos del síndrome febril en pacientes con cáncer.
PALABRAS CLAVE
Fiebre neutropénica, cáncer, infecciones oportunistas.
ABSTRACT
Febrile syndrome in oncology patients is a common and potentially serious clinical emergency, particularly in the context of immunosuppression caused by cancer or its treatment. Fever may be the only initial sign of a bacterial, fungal, or viral infection, but it can also result from non-infectious causes such as tumor-related fever or adverse reactions to drugs and immunotherapy. Clinical assessment must be rapid and systematic, including basic blood tests, blood cultures, targeted microbiological studies, and imaging based on symptoms. In neutropenic patients, prompt initiation of broad-spectrum empirical antibiotic therapy is crucial to reduce mortality, and treatment should be adjusted according to clinical evolution and microbiological findings. Antimicrobial prophylaxis is recommended for high-risk patients, as are strict infection control measures in hospital settings. Non-infectious fever should be suspected when no clear source is found, cultures remain negative, and there is poor response to antibiotics, especially in patients undergoing immunomodulatory treatments. Targeted therapies and immunotherapy have introduced new diagnostic and therapeutic challenges due to immune-related febrile events. Moreover, febrile episodes negatively affect the quality of life of oncology patients, leading to anxiety, isolation, and frequent hospitalizations. A multidisciplinary approach and individualized strategy are key to improving clinical outcomes and preserving patient well-being. This review provides a comprehensive overview of the epidemiological, pathophysiological, clinical, diagnostic, therapeutic, and preventive aspects of febrile syndrome in cancer patients.
KEY WORDS
Neutropenic fever, cancer, opportunistic infections.
DESARROLLO DEL TEMA
El síndrome febril en el paciente oncológico representa una situación clínica frecuente y de alta relevancia, dado su potencial riesgo de evolución a sepsis o infecciones graves, especialmente en pacientes inmunocomprometidos. La fiebre puede ser el primer signo de una infección, un efecto adverso del tratamiento o incluso una manifestación paraneoplásica. Distinguir entre estos orígenes es fundamental para una intervención rápida y adecuada. La evaluación debe ser metódica e incluir historia clínica detallada, exploración física y pruebas diagnósticas dirigidas. El tratamiento empírico debe iniciarse precozmente, sobre todo en pacientes neutropénicos, para reducir la morbimortalidad asociada. En esta revisión se analizan la epidemiología, fisiopatología, manifestaciones clínicas, estrategias diagnósticas y terapéuticas, así como el pronóstico del síndrome febril en pacientes oncológicos.
Epidemiología:
El síndrome febril es una de las complicaciones más comunes en pacientes con cáncer, especialmente en aquellos que reciben quimioterapia mielosupresora. Aproximadamente el 80% de los pacientes con fiebre durante la neutropenia desarrollan una infección documentada, siendo las bacterianas las más frecuentes¹. La incidencia varía según el tipo de tumor, el esquema terapéutico y el estado inmunitario del paciente. Los tumores hematológicos, como leucemias y linfomas, presentan mayor riesgo de infecciones graves y recurrencias febriles². Además, factores como la edad avanzada, la hospitalización prolongada y el uso de dispositivos invasivos incrementan la probabilidad de infección.
Fisiopatología:
La fiebre en pacientes oncológicos puede tener múltiples etiologías. En el contexto de neutropenia, existe una reducción significativa en la capacidad del organismo para contener microorganismos, lo que favorece la translocación bacteriana desde mucosas y piel³. La disminución de los neutrófilos altera la respuesta inflamatoria clásica, por lo que pueden faltar signos típicos como el eritema o la supuración. Los patógenos más frecuentes incluyen bacilos gramnegativos (E. coli, Klebsiella spp.), cocos grampositivos (Staphylococcus coagulasa-negativos, Streptococcus spp.) y hongos como Candida y Aspergillus en casos prolongados⁴. La fiebre también puede derivar de procesos inflamatorios no infecciosos como la fiebre neoplásica o la fiebre inducida por medicamentos, especialmente en pacientes tratados con inmunoterapia o quimioterapia⁵.
Clínica:
El principal signo es la fiebre persistente, definida como temperatura >38.3°C en una sola ocasión o >38.0°C sostenida por más de una hora. En pacientes neutropénicos, los síntomas pueden ser atípicos o ausentes. Pueden presentarse escalofríos, malestar general, hipotensión y taquicardia como signos de alarma. En algunos casos, aparecen manifestaciones focales como mucositis, erupciones cutáneas, dolor abdominal o respiratorio, que pueden sugerir el origen de la infección⁶. En tumores sólidos, la localización de la neoplasia puede orientar la sospecha diagnóstica. La evaluación clínica debe considerar también la aparición de fiebre en el contexto de síndromes de liberación de citoquinas o reacciones infusionales⁷.
Diagnóstico:
La aproximación diagnóstica debe ser rápida y protocolizada. Se recomienda hemograma con recuento absoluto de neutrófilos, bioquímica completa, cultivos de sangre (idealmente dos juegos de distintos sitios), urocultivo, y radiografía de tórax. En casos seleccionados, se deben realizar cultivos de esputo, LCR, heces o pruebas de imagen como TC toracoabdominal⁸. La procalcitonina y la proteína C reactiva pueden ser útiles como marcadores de infección bacteriana. En pacientes con fiebre persistente sin foco, deben considerarse estudios para infecciones fúngicas invasoras, incluyendo galactomanano y beta-D-glucano⁹. En contextos de inmunoterapia, debe evaluarse la posibilidad de eventos adversos inmunomediados.
Tratamiento:
La terapia empírica debe iniciarse de inmediato, especialmente en casos de neutropenia febril, sin esperar los resultados microbiológicos. Se recomienda el uso de antibóticos de amplio espectro activos frente a Pseudomonas aeruginosa, como piperacilina-tazobactam, cefepima o meropenem¹⁰. La elección del tratamiento depende del perfil epidemiológico local y del estado clínico del paciente. En pacientes hemodinámicamente inestables o con factores de riesgo, se puede añadir un aminoglucósido o vancomicina¹¹. La terapia antifúngica empírica está indicada tras 4-7 días de fiebre persistente sin foco definido. El tratamiento debe ajustarse según los resultados microbiológicos y la evolución clínica, valorando la desescalada cuando esté indicado¹². En pacientes no neutropénicos, se deben considerar otras causas de fiebre y ajustar la terapia de forma más específica.
Pronóstico:
El pronóstico del síndrome febril en el paciente oncológico depende de la causa subyacente, la rapidez en la instauración del tratamiento y la situación inmunitaria del paciente. La mortalidad en neutropenia febril puede superar el 10%, especialmente en presencia de choque séptico o infecciones fúngicas invasoras¹³. Las estrategias de prevención incluyen la profilaxis antimicrobiana en pacientes de alto riesgo, el uso racional de catéteres y la educación del paciente sobre signos de alarma. El seguimiento estrecho, la colaboración multidisciplinar y la individualización del tratamiento son clave para mejorar los desenlaces.
Prevención del síndrome febril:
La prevención se fundamenta en la identificación de pacientes con alto riesgo de infecciones, especialmente aquellos con neutropenia prolongada y profunda. El uso profiláctico de antibióticos (fluoroquinolonas), antivirales (aciclovir) y antifúngicos (fluconazol, posaconazol) ha demostrado eficacia en reducir infecciones graves en contextos seleccionados¹⁴. La higiene de manos, el aislamiento protector, el uso adecuado de barreras y la desinfección del entorno hospitalario son esenciales para limitar la transmisión nosocomial. Además, la vacunación previa al inicio de la terapia inmunosupresora puede conferir protección frente a patógenos respiratorios y gastrointestinales.
Síndrome febril no infeccioso:
Entre las causas no infecciosas, destacan la fiebre tumoral, inducida por liberación de citoquinas por la neoplasia, y la fiebre farmacológica, que ocurre como efecto adverso a medicamentos como antibióticos, anticonvulsivos o agentes quimioterápicos. Asimismo, la fiebre puede asociarse a fenómenos autoinmunes desencadenados por la inmunoterapia, como colitis, hepatitis o neumonitis. El diagnóstico diferencial requiere excluir causas infecciosas mediante cultivos negativos, evolución clínica favorable sin antibióticos y pruebas específicas según la sospecha clínica.
Avances en terapias dirigidas e inmunoterapia:
La incorporación de terapias dirigidas e inmunoterapia ha modificado el espectro clínico del síndrome febril. Fármacos como los inhibidores de puntos de control inmunitario pueden desencadenar fiebre como parte de reacciones inmunomediadas. Además, ciertos inhibidores de tirosina quinasa se asocian a picos febriles no infecciosos. Es crucial la educación del equipo médico en la identificación de estos patrones, así como el manejo sintomático con antipiréticos y corticosteroides si es necesario, sin recurrir a antibióticos innecesarios.
Impacto psicosocial y calidad de vida:
La fiebre recurrente en pacientes con cáncer puede generar ansiedad, miedo a complicaciones graves y afectación de la calidad de vida. La hospitalización frecuente, las restricciones dietéticas y de visitas, y los efectos secundarios del tratamiento contribuyen al deterioro del bienestar emocional. El apoyo psicosocial, la comunicación efectiva y la participación activa del paciente en la toma de decisiones terapéuticas son aspectos fundamentales para un manejo integral.
Manejo multidisciplinar y seguimiento:
El tratamiento del síndrome febril en pacientes oncológicos debe realizarse en el contexto de equipos multidisciplinares que incluyan oncólogos, infectólogos, farmacéuticos clínicos y personal de enfermería especializado. La reevaluación diaria, la adaptación del tratamiento según evolución clínica y microbiológica, y el seguimiento post-alta permiten optimizar los resultados clínicos y prevenir complicaciones.
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