Tecnologías de la comunicación e información y sus peligros en la edad pediátrica

16 septiembre 2024

AUTORES

  1. Ana Velasco Iruretagoyena. Enfermera Especialista en Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  2. Laura Vázquez Alvira. Enfermera Especialista en Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  3. Lucía Jesús Muñiz Ceballos. Enfermera Especialista en Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  4. Elena Martín-Peñasco Osorio. Enfermera Especialista en Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  5. Iria Quintela Sánchez. Enfermera Especialista en Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  6. Carlos Hidalgo Mesa. Enfermero. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.

 

RESUMEN

Los niños comienzan a utilizar las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) cada vez a edades más tempranas. Pese a sus beneficios, también presentan múltiples inconvenientes que pueden resultar un peligro en la edad pediátrica, como el ciberacoso o la ciberadicción.

PALABRAS CLAVE

Redes sociales en línea, internet, ciberacoso, adolescente, enfermeras pediátricas, niños.

ABSTRACT

Nowadays, children begin to use Information and Communication Technologies (ICT) at increasingly younger ages. Despite their benefits, they also present multiple drawbacks that can be dangerous in the pediatric age, such as cyberbullying or cyberaddiction.

KEY WORDS

Online social networking, internet, cyberbullying, adolescent, nurses, pediatric, child.

DESARROLLO DEL TEMA

En la actualidad, los niños son “nativos digitales”, nacen en un entorno impregnado de dispositivos electrónicos que los incorpora a la cultura de las pantallas cada vez de forma más temprana1.  Se estima que el 62,7% de los usuarios de Internet comienza a usarlo entre los 3 y 5 años2.

Además, el uso de las tecnologías de la comunicación e información (TIC) en niños y sobre todo en adolescentes se ha visto incrementado por la pandemia por Covid-19.  El 98% de los niños entre 10 y 15 años utilizan internet de forma habitual mientras que en 2016 esta cifra no llegaba al 93%. Además, 7 de cada 10 menores de esta edad tienen teléfono móvil propio3, de los cuales un 46% pasa más de 3 horas al día frente a su pantalla. El 59% accede a internet sin supervisión, siendo las aplicaciones más utilizadas las redes sociales Instagram, TikTok y Youtube4.

Las TIC presentan muchas ventajas, pero también entrañan una serie de riesgos para la población pediátrica, como son el acceso a contenidos no deseables para su edad, la ciberadicción y el ciberacoso. Además, el mal uso y el abuso de las tecnologías se ha relacionado con trastornos del sueño, problemas cognitivos, problemas de atención e hiperactividad, bajo rendimiento académico, sobrepeso y obesidad, depresión e ideas suicidas5. Por ello, el papel de la enfermera pediátrica es fundamental para su prevención y su detección, sobre todo en atención primaria, pero también en algunos casos en atención especializada.

A nivel educativo, las TIC tienen grandes beneficios, pero su uso de manera obligatoria en los centros educativos es cada vez más común y a una edad más temprana, asumiendo los riesgos de deterioro de visión que comporta4. Además, su utilización en los centros contribuye a la utilización de pantallas durante más tiempo del recomendado según la edad de los niños. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los menores de 2 años no deberían utilizar pantallas; entre los 2-5 años deberían pasar menos de una hora frente a ellas y los mayores de 5 años, un máximo de 2 horas diarias6. Además, el uso de Internet entraña una serie de riesgos para los menores, como son el ciberacoso o la ciberadicción. 

CIBERACOSO:

Se conoce como ciberacoso cuando una persona infiere amenazas, insultos, vejaciones o coacciones a otra a través de las nuevas tecnologías, repetidamente a lo largo del tiempo.  El ciberacoso puede adoptar distintas formas, como el cyberbullying o el grooming, también llamado ciberacoso sexual.

El grooming se define como ciberacoso por parte de un adulto hacia un menor con intención sexual explícita o implícita. Son acciones para crear una relación y un control emocional con el fin de preparar el terreno para un abuso sexual7. Los acosadores suelen ser hombres casados, con preferencia por adolescentes y preadolescentes. La víctima generalmente no sabe que está hablando con un adulto, aunque éste suele terminar confesando su edad cuando se gana la confianza del menor y le pide que no lo cuente. El grooming se desarrolla en 4 fases: primero se identifica una fase de amistad, en la que el acosador intenta crear una relación de amistad y confianza con la víctima, a la que le sigue una fase de relación que incluye confesiones personales e íntimas entre el acosador y el menor. A continuación, se da una fase con componente sexual, en la que se pide al menor que participe en actos de índole sexual, como el intercambio de fotografías y vídeos6. Por último, sucede la fase de abuso sexual o ciberacoso, en la que el agresor puede aumentar el nivel de las peticiones, incluso llegando al contacto físico. Si el menor no accede, puede ser ciberacosado y chantajeado con difundir las imágenes previamente conseguidas por el acosador8.

En el caso del cyberbullying, muchas veces el acoso comienza en el mundo real para después pasar al virtual9. Afecta a un 7% de menores entre 11 y 13 años y un 5,2% entre los 14 y los 17 años3. El acoso puede darse a través de ataques directos (insultos, robo de contraseñas, envío de virus informáticos, secuestro o cierre de perfiles en redes sociales…), publicaciones y/o ataques públicos (rumores, mensajes, fotos o vídeos humillantes publicados en redes sociales, exclusión de grupos en línea para denigrar a la víctima…) y ciberacoso mediante terceros, cuando el acosador suplanta la identidad de la víctima, creando perfiles falsos en redes sociales. El cyberbullying puede provocar ansiedad, depresión o trastorno por estrés postraumático, afectar al autoestima y el desarrollo emocional. Puede llegar a ser constitutivo de un delito. Se trata de un tipo agravado de acoso, ya que existe una dificultad para percibir el daño que se está ocasionando, lo que dificulta el desarrollo de empatía del acosador y facilita la reincidencia.

Además, el acosador suele tener una falsa sensación de impunidad debido al anonimato, tiene un impacto en la víctima 24 horas al día y 365 días del año y cuenta con una audiencia aumentada y difusión viral9,10.

Para detectar tanto el ciberbullying como el grooming, puede ser útil fijarnos en la víctima. Las somatizaciones suelen ser la primera manifestación, como dolores de cabeza, dolor abdominal, mareos, náuseas, cambios en el peso o el hábito intestinal o trastornos del sueño. Además, puede presentar estados emocionales negativos, como ansiedad, baja autoestima, irritabilidad, depresión, ideas suicidas o reacciones agresivas inusuales. También podemos encontrarnos con una disminución del rendimiento académico, evitación de la escuela, dificultad para concentrarse, cambio en el uso de los dispositivos tecnológicos, pérdida de interés en las actividades sociales, aislamiento y excesivas reservas en la comunicación. En el caso del cyberbullying, además, suele haber antecedentes de bullying físico.

CIBERADICCIÓN:

Aunque todavía no existe consenso para determinar qué supone un uso adictivo, existen algunos criterios comunes para su detección y diagnóstico como son: la dedicación temporal excesiva, pérdida de control y tolerancia, síntomas de abstinencia como ansiedad e irritabilidad y la clara interferencia con las actividades de la vida cotidiana11.  Su prevalencia en EEUU y Europa se ha situado entre 1,5% y 8,2%2.

Esta conducta se ha asociado al consumo de sustancias, depresión, trastornos del sueño, problemas psicológicos y de adaptación social, agresividad, aislamiento, reducción del rendimiento académico e incluso trastornos inmunológicos9.

La ciberadicción o adicción a internet (AI) engloba distintos tipos de dependencia, como el trastorno de juego por Internet, el trastorno de adicción a la comunicación y la adicción a la realidad virtual. Entre ellos, los videojuegos tienen un alto poder adictivo, ya que los niños y adolescentes los utilizan para liberar sus impulsos agresivos, lo que puede ocasionar una pérdida del control de las emociones, déficit de atención, alteraciones del estado de ánimo, alta impulsividad y tendencia al aburrimiento2.

La posibilidad de adicción se centra en que internet facilita cubrir o compensar un déficit en la personalidad del adicto, ya que el mundo virtual puede servir de vía de escape para personas con problemas en habilidades sociales en el mundo real12.

En cuanto a su tratamiento, no existe un acuerdo, pero se han utilizado métodos farmacológicos (antidepresivos) y psicológicos, como la terapia cognitivo-conductual2.

¿CÓMO PODEMOS PREVENIR LOS RIESGOS DERIVADOS DEL USO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS?

Para intentar prevenir los riesgos mencionados, como enfermeros podemos dar a los progenitores o tutores legales de los menores las siguientes pautas:

  • Uso racional de las tecnologías, priorizando las obligaciones y diferenciando entre días de colegio y festivos.
  • Educar en el funcionamiento técnico de los dispositivos: dar a conocer los riesgos (virus, spam, suplantación de identidad) y las herramientas que es necesario que estén instaladas en los equipos (antivirus, cortafuegos), además de hábitos como no entrar en páginas que no sean fiables y el uso de contraseñas seguras y su cambio periódico.
  • Controlar el tiempo que el niño está delante de las pantallas, estableciendo horarios10. Además, algunos dispositivos se pueden configurar para que si se supera el límite marcado deje de funcionar.
  • Ubicar el ordenador en un lugar de tránsito y uso común.
  • Supervisar, evitando ser intrusivos y teniendo en cuenta la edad, cuanto más pequeño sea el niño, mayor supervisión.
  • Utilizar las opciones que nos ofrecen las aplicaciones y redes sociales para filtrar contenidos por edad o características.
  • Se desaconseja cualquier tipo de pantalla en la cama antes de conciliar el sueño.
  • Dar ejemplo haciendo un uso responsable de las tecnologías, sobre todo cuando se comparta tiempo con los niños.
  • Enseñarles que el uso que hagan de las tecnologías puede tener repercusiones en el ámbito familiar, escolar y también en el penal.
  • Preguntar periódicamente con quién juegan online, de la misma forma que se pregunta con quién juegan en la calle.
  • Explicarles que ante una amenaza en la red, no deben contestar, sino guardar la información por si en un futuro necesitara probar lo ocurrido.
  • Ante una dificultad o acoso en la red, deben saber que disponen de un adulto responsable que le puede ayudar, como los padres, el médico, un profesor9

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. García SV, Dias de Carvalho T. El uso de pantallas electrónicas en niños pequeños y de edad preescolar. Arch Argent Pediatr. 2022;120(5):340-345.
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  3. Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad. El uso de la tecnología por los menores en España. Madrid. 2022; Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital.
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  7. Guía de actuación contra el ciberacoso. Madrid. 2012; Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación.
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  9. Arnaiz P, Cerezo F, Giménez AM, Maquilón JJ. Conductas de ciberadicción y experiencias de cyberbullying entre adolescentes. Anal Psicol. 2016;32(3):761-769.
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  11. Barrio A, Ruiz I. Los adolescentes y el uso de las redes sociales. Int Journal Develop Educ Psyc. 2014;1(3):571-576.
  12. Cobacango-Villavicencio J, Cedeño-Álava VP, Tinoco-Loor MG. La ciberadicción en la conducta de los estudiantes. CED. 2019.

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