Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.63.52.001
AUTORES
- María Lady Iza Mendoza. Médico Cirujano, Maestría en Salud y Seguridad Ocupacional. Manta, Ecuador. https://orcid.org/0009-0002-1679-4354
RESUMEN
Introducción: El cáncer de mama posee una etiología multifactorial. La exposición a la luz artificial durante el trabajo nocturno induce disrupción circadiana, suprimiendo la secreción de melatonina y alterando la expresión celular de los genes reloj. Ante esta evidencia, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó el trabajo nocturno como un probable carcinógeno (Grupo 2A).
Objetivo: Analizar la evidencia científica sobre el impacto del trabajo nocturno en el riesgo de cáncer de mama, junto con el marco normativo sociolaboral, para justificar la integración de este riesgo en la vigilancia epidemiológica de las oficinas técnicas de salud en Ecuador.
Metodología: Revisión bibliográfica narrativa e integradora estructurada en dos fases. La Fase 1 comprendió la revisión de literatura clínica y epidemiológica (PubMed, Scopus, SciELO, LILACS) de los últimos 10 años (2014-2024). La Fase 2 analizó documentos legales vigentes a nivel nacional (MSP, IESS, INEC) y literatura institucional fundacional global (IARC, OIT) sin restricción temporal estricta, para evaluar el marco de políticas públicas de salud ocupacional.
Resultados: La privación crónica de melatonina retira un freno oncostático crucial. En Ecuador, la elevada participación femenina en sectores de operación 24/7 (red hospitalaria, florícolas, empacadoras) se agrava por la «doble jornada» de trabajo doméstico. Actualmente, la normativa del Seguro de Riesgos del Trabajo y las guías clínicas del Ministerio de Salud Pública carecen de protocolos para registrar o mitigar este riesgo cronobiológico.
Conclusión: Es imperativo que Ecuador integre el historial de turnos nocturnos en las matrices epidemiológicas de sus oficinas técnicas de salud. Se justifica técnicamente catalogar la exposición rotativa mayor a 10 años como criterio de alto riesgo, lo que garantizaría a las trabajadoras expuestas un acceso prioritario al tamizaje mamográfico temprano a partir de los 40 años de edad.
PALABRAS CLAVE
Fenómenos cronobiológicos, neoplasias de la mama, trabajo por turnos, salud ocupacional, monitoreo epidemiológico, Ecuador.
ABSTRACT
Introduction: Breast cancer has a multifactorial etiology. Exposure to artificial light during night shift work induces circadian disruption, suppressing melatonin secretion and altering the cellular expression of clock genes. Given this evidence, the International Agency for Research on Cancer (IARC) classified night shift work as a probable carcinogen (Group 2A).
Objective: To analyze the scientific evidence on the impact of night shift work on breast cancer risk, alongside the socio-labor normative framework, to justify the integration of this risk into the epidemiological monitoring of technical health offices in Ecuador.
Methodology: A two-phase structured integrative and narrative literature review. Phase 1 comprised the review of clinical and epidemiological literature (PubMed, Scopus, SciELO, LILACS) from the last 10 years (2014-2024). Phase 2 analyzed current national legal documents (MSP, IESS, INEC) and global foundational institutional literature (IARC, ILO) without a strict temporal restriction, to evaluate the occupational health public policy framework.
Results: Chronic melatonin deprivation removes a crucial oncostatic brake. In Ecuador, the high female participation in 24/7 operations (hospital network, floriculture, packing plants) is aggravated by the «double shift» of domestic work. Currently, the Occupational Risk Insurance regulations and the clinical guidelines of the Ministry of Public Health lack protocols to record or mitigate this chronobiological risk.
Conclusion: It is imperative that Ecuador integrates the history of night shifts into the epidemiological matrices of its technical health offices. It is technically justified to categorize rotating exposure of more than 10 years as a high-risk criterion, which would guarantee exposed female workers priority access to early mammography screening starting at 40 years of age.
KEY WORDS
Chronobiology phenomena, breast neoplasms, shift work schedule, occupational health, epidemiological monitoring, Ecuador.
INTRODUCCIÓN
El cáncer de mama representa uno de los mayores desafíos para la salud pública contemporánea a nivel global. Según las estimaciones de GLOBOCAN, esta neoplasia se ha consolidado como el cáncer diagnosticado con mayor frecuencia y la principal causa de mortalidad por cáncer en mujeres en todo el mundo1. Tradicionalmente, la epidemiología de esta enfermedad se ha centrado en factores de riesgo genéticos, reproductivos (nuliparidad, menarquia temprana, menopausia tardía) y de estilo de vida (obesidad, consumo de alcohol). Sin embargo, durante las últimas décadas, la atención de la comunidad científica se ha desplazado paulatinamente hacia la influencia de los determinantes ambientales y ocupacionales, reconociendo que la etiología del cáncer de mama es profundamente multifactorial. En este contexto, las transformaciones socioeconómicas que han impulsado la transición hacia una sociedad de 24 horas al día, 7 días a la semana (24/7), han colocado al trabajo por turnos nocturnos en el centro del debate sobre la salud ocupacional femenina.
La base fisiopatológica que vincula el trabajo nocturno con la oncogénesis mamaria se fundamenta en la teoría de la cronodisrupción. El ritmo circadiano humano, regulado por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo, está sincronizado intrínsecamente con el ciclo natural de luz y oscuridad. La exposición a la luz artificial durante la noche (LAN, por sus siglas en inglés) provoca una alteración profunda de este reloj biológico central y de los relojes periféricos, lo que se traduce en una supresión aguda de la secreción de melatonina por la glándula pineal2. La melatonina no solo regula el ciclo sueño-vigilia, sino que posee potentes propiedades oncostáticas, antioxidantes, antiangiogénicas y moduladoras del sistema inmunológico. Adicionalmente, la disrupción circadiana altera la expresión de los genes «reloj» (clock genes como PER y CRY), desregula el ciclo celular, induce privación crónica del sueño y promueve un estado de inmunosupresión y de inflamación sistémica de bajo grado, creando un microambiente tisular altamente permisivo para el desarrollo y progresión de células neoplásicas3.
Reconociendo la contundencia de la evidencia biológica y los crecientes hallazgos epidemiológicos, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), parte de la Organización Mundial de la Salud, evaluó por primera vez el trabajo por turnos que implica disrupción circadiana en 2007, clasificándolo en el Grupo 2A como «probablemente carcinógeno para los humanos»4. Esta postura fue rigurosamente reevaluada y ratificada en 2019 mediante la Monografía 124 de la IARC, la cual concluyó que existe evidencia suficiente en modelos animales y evidencia limitada pero consistente en humanos (particularmente a partir de grandes cohortes poblacionales) que asocia la exposición prolongada al trabajo nocturno con un incremento en el riesgo de desarrollar cáncer de mama5. Metaanálisis recientes han sugerido incluso un efecto dosis-respuesta, indicando que el riesgo se incrementa significativamente a partir de los 10 años de exposición continua a jornadas nocturnas, afectando desproporcionadamente a profesionales de la salud, operarias de manufactura y trabajadoras del sector servicios6.
A pesar de este consenso global emergente, la traslación de esta evidencia a las políticas de salud ocupacional en América Latina ha sido alarmantemente lenta. En la región, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral formal ha estado frecuentemente acompañada de precariedad, dobles jornadas (laboral y doméstica) y escasa regulación de los factores de riesgo emergentes. A diferencia de Norteamérica o Europa occidental, donde existen registros exhaustivos de exposición ocupacional y cohortes históricas robustas (como el Nurses’ Health Study), la investigación latinoamericana sobre cronodisrupción y cáncer es fragmentada. Esta carencia de datos autóctonos limita la capacidad de los tomadores de decisiones para implementar medidas preventivas, adaptar la legislación laboral y reconocer al cáncer de mama como una potencial enfermedad profesional en grupos de alta exposición.
En Ecuador, la situación refleja esta misma brecha regional, pero con particularidades institucionales que requieren un análisis crítico. El sistema nacional de salud ecuatoriano se encuentra en un proceso de reestructuración administrativa, donde la gestión territorial y el monitoreo de los determinantes de salud han pasado a ser competencia de las oficinas técnicas, entidades que estructuralmente han reemplazado a los antiguos distritos de salud. Esta nueva arquitectura descentralizada tiene la responsabilidad de ejecutar las directrices de vigilancia epidemiológica en el territorio. Sin embargo, la vigilancia actual a nivel de estas oficinas técnicas se concentra casi de manera exclusiva en enfermedades transmisibles, mortalidad materno-infantil y, en el mejor de los casos, en el tamizaje poblacional estándar de enfermedades crónicas no transmisibles.
La epidemiología ocupacional dentro del subsistema de salud pública (Ministerio de Salud Pública – MSP) y del seguro social (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social – IESS) carece de protocolos estandarizados para rastrear el historial de turnos laborales en pacientes diagnosticadas con cáncer de mama. Si una enfermera, médica o guardia de seguridad que ha laborado durante 15 años en horario nocturno desarrolla una neoplasia mamaria, el sistema de vigilancia de su respectiva oficina técnica no captura la variable del trabajo por turnos, invisibilizando el riesgo ocupacional y perpetuando la desconexión entre la exposición ambiental y la patología.
Por lo tanto, resulta imperativo sistematizar la evidencia científica disponible, contextualizarla a la realidad sociolaboral latinoamericana y, sobre esa base, proponer la integración de variables cronobiológicas en los instrumentos de recolección de datos del sistema de salud ecuatoriano. Abordar el cáncer de mama desde la óptica de la salud ocupacional no solo representa un acto de justicia laboral para miles de mujeres ecuatorianas, sino que constituye una estrategia de prevención primaria que el Estado debe asumir para mitigar la carga de morbilidad oncológica. La presente revisión narrativa busca llenar este vacío, analizando críticamente la literatura reciente y proporcionando una justificación técnica y epidemiológica para que las oficinas técnicas en Ecuador inicien la vigilancia activa del trabajo nocturno como un factor de riesgo oncológico.
OBJETIVOS
Objetivo General:
Analizar la evidencia científica reciente sobre la asociación entre el trabajo por turnos nocturnos y el riesgo de cáncer de mama en mujeres, con énfasis en la literatura latinoamericana, para justificar la necesidad de integrar este factor de riesgo en el sistema de vigilancia epidemiológica ocupacional de las oficinas técnicas del sistema de salud en Ecuador.
Objetivos Específicos:
- Describir los mecanismos fisiopatológicos de la cronodisrupción y la supresión de melatonina implicados en la carcinogénesis mamaria.
- Sistematizar los hallazgos epidemiológicos de la región de América Latina respecto a la exposición laboral nocturna en la población femenina.
- Identificar las brechas actuales en los protocolos de salud ocupacional y vigilancia epidemiológica del Ecuador frente a los carcinógenos del Grupo 2A de la IARC.
- Proponer lineamientos metodológicos básicos para la captura de variables de exposición a turnos nocturnos a nivel de las oficinas técnicas de salud en Ecuador.
METODOLOGÍA
Para el desarrollo del presente artículo se diseñó una revisión bibliográfica de tipo narrativa e integradora, orientada a la síntesis crítica tanto de la literatura científica empírica como del marco normativo e institucional pertinente. La estrategia de recuperación de información se dividió en dos fases complementarias:
Fase 1: Revisión de evidencia biológica y epidemiológica La búsqueda documental exhaustiva de artículos primarios se llevó a cabo en las principales bases de datos indexadas de biomédicas y de ciencias de la salud: PubMed/MEDLINE, Scopus, SciELO (Scientific Electronic Library Online) y LILACS. Para garantizar la precisión, se utilizaron combinaciones de términos estandarizados del Medical Subject Headings (MeSH) y Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS), incluyendo: Shift Work Schedule (Trabajo por Turnos); Night Shift Work (Trabajo Nocturno); Chronobiology Disorders (Trastornos Cronobiológicos); Breast Neoplasms (Neoplasias de la Mama); y Occupational Health (Salud Laboral). Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en inglés, español y portugués. Para esta fase biológica y clínica, se aplicó un filtro temporal riguroso, priorizando los estudios de los últimos 5 a 10 años (2014-2024), con el fin de capturar la evidencia fisiopatológica, inmunológica y epidemiológica más actualizada sobre la carcinogénesis mediada por disrupción circadiana.
Fase 2: Análisis normativo y literatura fundacional Dado que el objetivo central de esta revisión es proponer directrices concretas de salud ocupacional y justificar la actualización de la vigilancia epidemiológica en Ecuador, limitar la búsqueda exclusivamente a artículos clínicos recientes resultaba metodológicamente insuficiente e invisibilizaba el entramado jurídico y sociolaboral del país. Por lo tanto, se incluyeron intencionalmente documentos normativos, literatura gris, reportes estadísticos e informes institucionales, sin restricción temporal estricta, siempre y cuando mantuvieran vigencia legal o pertinencia teórica ineludible.
Bajo este criterio, se incorporaron:
- Documentos legales y normativas nacionales: El Reglamento del Seguro General de Riesgos del Trabajo del IESS (Resolución C.D. 513) y el Manual de Vigilancia Epidemiológica (SIVE-ALERTA) del Ministerio de Salud Pública (MSP), además de indicadores de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) del INEC. Estos documentos son indispensables para evidenciar las competencias territoriales de las oficinas técnicas de salud y la actual desprotección de la mujer trabajadora en la normativa nacional.
- Directrices globales y literatura fundacional: Documentos emitidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las monografías oficiales de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). Específicamente, se incluyó la evaluación fundacional de la IARC del año 2007 (fuera del filtro de 10 años) dado que marcó el hito histórico de clasificar el trabajo nocturno en el Grupo 2A, así como textos clásicos que acuñaron la hipótesis de la melatonina, los cuales siguen siendo el marco teórico dominante.
Todos los documentos y artículos seleccionados fueron sometidos a lectura crítica y triangulación cualitativa de datos, logrando así una síntesis que aborda el problema desde sus mecanismos moleculares intracelulares (Fase 1) hasta sus determinantes administrativos, ergonómicos y legales (Fase 2).
RESULTADOS
Fisiopatología de la cronodisrupción y riesgo oncológico:
Para comprender a cabalidad el impacto del trabajo por turnos nocturnos en la carcinogénesis mamaria, es indispensable diseccionar los mecanismos moleculares y neuroendocrinos que subyacen a la cronodisrupción. La hipótesis de la melatonina, postulada inicialmente hace más de tres décadas y robustecida por la evidencia biológica contemporánea, sigue siendo el pilar fisiopatológico central. La glándula pineal sintetiza y secreta melatonina (N-acetil-5-metoxitriptamina) bajo el control estricto del núcleo supraquiasmático (NSQ) del hipotálamo anterior, el cual actúa como el marcapasos circadiano principal del organismo7. El NSQ recibe información lumínica directamente desde la retina a través del tracto retinohipotalámico, mediado por células ganglionares intrínsecamente fotosensibles que expresan melanopsina. La exposición a la luz artificial nocturna (LAN), particularmente en el espectro de luz azul (longitudes de onda entre 460 y 480 nm) común en entornos hospitalarios e industriales, envía una señal inhibitoria al NSQ, lo que resulta en una supresión aguda, profunda y sostenida de la secreción nocturna de melatonina2.
La relevancia oncológica de esta supresión radica en que la melatonina no es meramente una «hormona del sueño», sino una molécula pleiotrópica con propiedades oncostáticas intrínsecas, específicamente frente a neoplasias hormonodependientes como el cáncer de mama. A nivel celular, la melatonina actúa a través de sus receptores acoplados a proteínas G (MT1 y MT2). La interacción con el receptor MT1 en las células epiteliales mamarias desencadena una cascada de señalización que disminuye los niveles de AMP cíclico (AMPc), lo que subsecuentemente inhibe la transcripción del receptor de estrógeno alfa (RE-α)8. Debido a este mecanismo, la melatonina funciona fisiológicamente como un modulador selectivo del receptor de estrógenos (SERM, por sus siglas en inglés) endógeno. Además, la melatonina inhibe la actividad de la enzima aromatasa, bloqueando la conversión local de andrógenos a estrógenos en el microambiente del tejido mamario periférico, limitando así el estímulo proliferativo sobre las células epiteliales3. Por lo tanto, la deprivación crónica de melatonina inducida por el trabajo nocturno retira este «freno oncostático» natural, exacerbando la señalización estrogénica y promoviendo la hiperplasia atípica y la eventual transformación maligna, lo que explica por qué los estudios epidemiológicos asocian el trabajo nocturno predominantemente con tumores con receptores hormonales positivos (RE+/RP+)10.
Paralelamente a la vía de la melatonina, la cronodisrupción afecta la maquinaria genética intrínseca de las células, conocida como los «genes reloj» (clock genes). El ritmo circadiano a nivel celular está gobernado por bucles de retroalimentación transcripcional y traduccional que involucran activadores (CLOCK y BMAL1) y represores (PER1, PER2, CRY1 y CRY2). Estos genes no solo marcan el tiempo celular, sino que están íntimamente acoplados con la regulación del ciclo celular y las vías de respuesta al daño en el ADN (apoptosis). La desincronización impuesta por los cambios de turno laborales erráticos altera la expresión rítmica de estos genes9. Por ejemplo, la proteína PER2 normalmente actúa como un supresor tumoral al promover la ubiquitinación y degradación de oncoproteínas como c-Myc, y al regular positivamente a p53 frente al estrés genotóxico. La regulación a la baja de PER2, observada consistentemente en modelos de disrupción circadiana, permite que las células evadan la apoptosis, acumulen mutaciones y atraviesen los puntos de control del ciclo celular (como la transición de la fase G1 a S) de manera incontrolada9.
Un tercer componente crítico de esta tríada fisiopatológica es el impacto metabólico e inmunológico de la privación y fragmentación del sueño, compañeras inseparables del trabajo por turnos nocturnos rotativos. La alteración de los patrones de sueño induce una activación crónica del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y del sistema nervioso simpático. Aunque el pico matutino de cortisol suele atenuarse (un perfil aplanado que de por sí se asocia con un peor pronóstico en pacientes oncológicos), existe un incremento sostenido de las catecolaminas séricas7. Esta respuesta al estrés crónico induce resistencia a la insulina y altera la secreción de adipocinas (reducción de leptina y aumento de grelina), lo que promueve la hiperfagia, el aumento de peso y el desarrollo de síndrome metabólico. El exceso de tejido adiposo visceral no solo es una fuente periférica formidable de estrógenos postmenopáusicos mediada por aromatasa, sino que genera un estado de inflamación sistémica de bajo grado, elevando citocinas proinflamatorias como IL-6 y TNF-alfa, las cuales son potentes promotoras de la angiogénesis tumoral. Adicionalmente, la disrupción circadiana y la privación de sueño disminuyen drásticamente la actividad citotóxica de las células Natural Killer (NK) y linfocitos T CD8+, evadiendo la inmunovigilancia fisiológica que normalmente erradicaría las células mamarias pre-neoplásicas antes de su expansión clonal11,12.
Evidencia epidemiológica en América Latina:
Al trasladar este robusto marco biológico al terreno de la epidemiología poblacional, los hallazgos globales han sido consistentes, aunque complejos. Grandes consorcios internacionales y análisis agrupados han demostrado que la exposición prolongada al trabajo nocturno incrementa el riesgo de cáncer de mama, reportando Hazard Ratios (HR) que oscilan entre 1.10 y 1.35, con efectos dosis-respuesta evidentes a partir de los 10 a 15 años de exposición acumulada, o cuando se realizan más de tres turnos nocturnos consecutivos por semana sin un periodo de descanso compensatorio adecuado5,13,14. Sin embargo, cuando se intenta extrapolar esta evidencia a América Latina, la literatura revela tanto hallazgos preocupantes como un alarmante vacío de cohortes prospectivas a largo plazo comparables al Nurses’ Health Study de Norteamérica o a los extensos registros nacionales de los países nórdicos.
En América Latina, la incorporación de la mujer a sectores que demandan trabajo 24/7 ha sido exponencial, pero frecuentemente se da bajo condiciones de precariedad laboral, alta exigencia física y mental, y el fenómeno sociológico de la «doble jornada». Las mujeres latinoamericanas que laboran en turnos nocturnos, a diferencia de sus pares en países de altos ingresos, a menudo dedican sus horas de descanso diurno (ya de por sí fragmentado biológicamente) a labores de cuidado no remunerado y trabajo doméstico. Esto agrava la privación del sueño y bloquea la recuperación fisiológica, potenciando la severidad de la cronodisrupción11. Un consenso de la Working Time Society subraya que las trabajadoras en países en vías de desarrollo enfrentan una vulnerabilidad sinérgica donde los determinantes sociales de la salud amplifican el daño biológico inducido por los horarios atípicos11.
La evidencia regional se ha concentrado primordialmente en el personal sanitario (enfermeras y médicas) y, en menor medida, en operarias del sector manufacturero (como las maquilas). En Brasil, estudios derivados del Estudio Longitudinal de Salud del Adulto (ELSA-Brasil) y cohortes específicas de enfermería, han documentado de manera contundente los efectos preclínicos del trabajo nocturno. Si bien los estudios de incidencia directa de cáncer son escasos por la falta de seguimiento a décadas, las investigaciones brasileñas evidencian que las enfermeras con más de una década de trabajo nocturno presentan tasas significativamente mayores de obesidad central, síndrome metabólico, alteraciones severas en la calidad del sueño y marcadores de inflamación crónica, en comparación con sus colegas de turno diurno 12, 13. Sabiendo que el síndrome metabólico y la obesidad son factores de riesgo independientes y poderosos para el cáncer de mama en la postmenopausia, estos hallazgos regionales representan un puente epidemiológico que anticipa una carga oncogénica oculta.
Otros estudios transversales y de casos y controles realizados en países como México y Colombia han comenzado a explorar de manera retrospectiva los antecedentes laborales en pacientes diagnosticadas con neoplasias de mama. Aunque enfrentan limitaciones por el sesgo de memoria, estos reportes preliminares sugieren que las mujeres en América Latina con historiales de trabajo por turnos altamente rotativos sin control ergonómico, presentan diagnósticos en estadios más avanzados. Esto último se entrelaza con una realidad regional ineludible: en los países en desarrollo de las Américas, los retrasos en la detección temprana del cáncer de mama y las barreras de acceso al tratamiento oportuno son endémicos15. Si a un sistema de tamizaje oportunista y fragmentado se le suma la exposición ocupacional constante a un disruptor endocrino ambiental como la luz artificial nocturna, el resultado es una amplificación del riesgo de mortalidad poblacional12,13.
La literatura latinoamericana también destaca la falta de regulación ergonómica en el diseño de los turnos. Mientras que en la Unión Europea existen directrices claras sobre los tiempos mínimos de descanso entre turnos y la limitación de noches consecutivas para proteger la salud de los trabajadores, en la mayor parte de América Latina (incluyendo Ecuador) la legislación laboral permite jornadas extenuantes bajo la figura de «necesidad institucional», como las guardias médicas de 24 horas continuas o los esquemas de rotación rápida hacia atrás (tarde a mañana a noche), los cuales son biológicamente los más agresivos para la sincronización circadiana.
En síntesis, aunque América Latina carece de los mega-estudios poblacionales de incidencia oncológica por ocupación, la evidencia disponible en la región confirma una altísima prevalencia de exposición al riesgo (cronodisrupción severa, privación de sueño y alteraciones metabólicas subsecuentes) en su fuerza laboral femenina, especialmente en el sector salud. Esta fragmentación de la evidencia primaria directa no debe interpretarse como una ausencia de riesgo, sino como un reflejo de las deficiencias estructurales en los sistemas de investigación y vigilancia de la salud ocupacional en la región. La contundencia de la biología de la melatonina y los genes reloj, sumada a la clasificación del Grupo 2A de la IARC, exigen que la falta de datos locales deje de ser una excusa para la inacción y se convierta en la principal justificación para implementar sistemas de monitoreo epidemiológico rigurosos.
Realidad sociolaboral femenina en Ecuador:
Para aterrizar la contundencia de la evidencia biológica y epidemiológica global en el contexto nacional, es imperativo realizar una radiografía de la inserción laboral de la mujer ecuatoriana en sectores que demandan esquemas de trabajo de 24 horas. Según los datos históricos y las proyecciones continuas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) a través de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), la participación femenina en el mercado laboral formal ha experimentado un crecimiento sostenido, pero altamente sectorizado16. En Ecuador, las mujeres constituyen la columna vertebral de tres sectores críticos que operan ininterrumpidamente: el sistema sanitario, la agroindustria florícola en la región Sierra, y la industria procesadora de productos del mar (empacadoras de camarón y atún) en la región Costa, particularmente en provincias como Manabí y Guayas.
En el sector sanitario, que abarca la red pública integral de salud (Ministerio de Salud Pública – MSP, Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social – IESS) y la red privada complementaria, el personal de enfermería, auxiliares y profesionales médicos en formación está compuesto en más de un 70% por mujeres. La operatividad hospitalaria en Ecuador se sostiene sobre un sistema de guardias y turnos rotativos (frecuentemente de 12 a 24 horas continuas) que históricamente han carecido de regulaciones ergonómicas estrictas basadas en la cronobiología17. Estudios internacionales extrapolables a nuestra realidad han demostrado que las enfermeras sometidas a rotaciones rápidas y turnos nocturnos prolongados presentan un riesgo relativo de desarrollar cáncer de mama significativamente superior (HR > 1.20) en comparación con aquellas que laboran en horarios diurnos fijos, un riesgo que se cataliza tras cruzar el umbral de los 10 años de exposición18. En los hospitales ecuatorianos, el déficit crónico de talento humano especializado a menudo obliga a las profesionales a asumir dobles turnos o a trabajar en múltiples instituciones (pluriempleo) para alcanzar la canasta básica, exacerbando severamente la disrupción del ritmo circadiano.
Paralelamente, la matriz productiva ecuatoriana exhibe realidades industriales de alto impacto cronobiológico. Ecuador es uno de los mayores exportadores mundiales de rosas y productos del mar. En la Sierra centro-norte (Pichincha, Cotopaxi), miles de mujeres laboran en plantaciones florícolas. Durante las temporadas de alta demanda internacional (San Valentín, Día de la Madre), los procesos de poscosecha, clasificación y empaque en cadena de frío exigen jornadas nocturnas y de madrugada, invadiendo el periodo de máxima secreción fisiológica de melatonina19. A este escenario se suma una preocupante interseccionalidad de riesgos: estas trabajadoras agroindustriales enfrentan una co-exposición crónica a pesticidas y agroquímicos, muchos de los cuales actúan como potentes disruptores endocrinos (xenoestrógenos). La literatura toxicológica advierte que la convergencia de la supresión de melatonina (que retira la protección oncostática natural) y la exposición a xenoestrógenos genera un efecto carcinogénico sinérgico, configurando una verdadera sindemia de salud ocupacional que el sistema sanitario ecuatoriano aún no ha dimensionado19.
En la región Costa, las empacadoras de atún y camarón operan con matrices de turnos nocturnos rotativos que absorben una masiva cantidad de mano de obra femenina, muchas veces en condiciones de alta vulnerabilidad socioeconómica. Aquí entra en juego un factor sociológico determinante que agrava la fisiopatología oncológica: la «doble presencia» o doble jornada. Los datos del INEC revelan sistemáticamente que la mujer ecuatoriana dedica, en promedio, más del triple de horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en comparación con los hombres16. En la práctica, esto significa que una operaria de empacadora o una enfermera que concluye su turno nocturno a las 07:00 a.m. no ingresa a un periodo de descanso reparador en un entorno de oscuridad que le permita un «rebote» mínimo de melatonina. Por el contrario, asume inmediatamente labores de cuidado infantil y mantenimiento del hogar a plena luz del día. Esta incapacidad estructural para recuperar el déficit de sueño conduce a una privación crónica severa, elevando sostenidamente los niveles de cortisol, promoviendo la inflamación sistémica mediante citoquinas como la IL-6, e induciendo una inmunosupresión que facilita el escape tumoral20. La cronodisrupción en la mujer trabajadora ecuatoriana, por lo tanto, no es solo un accidente biológico, sino el resultado directo de determinantes sociales y de una división sexual del trabajo profundamente inequitativa.
Justificación para actualizar la vigilancia epidemiológica ocupacional:
Frente a la evidencia biológica de la carcinogénesis mediada por cronodisrupción y la palpable realidad laboral de las mujeres en Ecuador, resulta insostenible mantener los paradigmas actuales de salud ocupacional y oncología preventiva. La inclusión del trabajo nocturno en el Grupo 2A de la IARC exige una respuesta institucional inmediata. Sin embargo, el marco normativo y operativo ecuatoriano presenta profundos vacíos que invisibilizan esta problemática, justificando la urgencia de una reestructuración integral de la vigilancia epidemiológica.
El primer gran nudo crítico se encuentra en la normativa del Seguro General de Riesgos del Trabajo (SGRT) del IESS. En Ecuador, la calificación de enfermedades profesionales se rige por la Resolución C.D. 513 y sus actualizaciones, las cuales se basan primariamente en las listas clásicas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Actualmente, el cáncer de mama inducido por alteración del ritmo circadiano no está tipificado de forma explícita ni automática como enfermedad profesional en el cuadro legal del IESS21. Esto genera un escenario de profunda desprotección jurídica y médica. Cuando una trabajadora de la salud o agroindustria desarrolla una neoplasia mamaria tras 20 años de guardias nocturnas, el sistema lo clasifica administrativamente como una patología de origen común (enfermedad general). En consecuencia, el costo humano y financiero (tratamientos de alta complejidad, quimioterapia, cirugías, lucro cesante) es asumido enteramente por la paciente y por el fondo de salud común, eximiendo a los empleadores de su responsabilidad en la adaptación ergonómica de los turnos y privando a la trabajadora de las indemnizaciones por riesgo laboral y pensiones de incapacidad correspondientes.
Para corregir esta falencia, es imperativo que las oficinas técnicas del Ministerio de Salud Pública —las cuales, en la actual arquitectura del sistema de salud ecuatoriano, han reemplazado estructuralmente a los antiguos distritos y asumen la gobernanza y rectoría territorial— integren indicadores cronobiológicos en sus matrices de vigilancia. Actualmente, el Análisis de Situación de Salud (ASIS) y los sistemas de alerta epidemiológica (SIVE-ALERTA) gestionados por las oficinas técnicas se enfocan en enfermedades transmisibles de notificación obligatoria, mortalidad materna y un conteo genérico de enfermedades crónicas no transmisibles22. La vigilancia pasiva del cáncer no vincula el diagnóstico anatomopatológico con la historia laboral retrospectiva del paciente.
Se propone, por lo tanto, la creación e implementación de una «Matriz de Riesgo Cronobiológico Ocupacional» obligatoria en el primer nivel de atención. Al momento de la apertura o actualización de la Historia Clínica Única (formulario 028), el personal médico debe estar normativamente obligado a interrogar de forma cuantitativa el historial laboral: ¿Cuántos años ha laborado en turnos nocturnos o rotativos rápidos?, ¿Cuántas noches por mes? Esta información, canalizada a través del departamento de epidemiología de la respectiva oficina técnica, permitiría construir por primera vez en Ecuador una base de datos territorial que correlacione la incidencia del cáncer de mama con perfiles ocupacionales específicos (por ejemplo, el clúster florícola en Cotopaxi o el clúster de empacadoras en Manabí).
Diversos metaanálisis sugieren que el impacto carcinogénico de la disrupción del ritmo circadiano es dependiente de la dosis acumulada, y sus efectos mutagénicos pueden acelerar la progresión tumoral de tal forma que una trabajadora con alta exposición requiera un seguimiento oncológico más agresivo23. Por consiguiente, la evidencia científica justifica metodológicamente que el MSP actualice su norma técnica. Se debe establecer que el antecedente comprobado de trabajo nocturno rotativo por un lapso continuo o acumulado mayor a 10 años sea catalogado formalmente como un criterio de alto riesgo oncogénico. Esto otorgaría a las trabajadoras expuestas el derecho a iniciar su tamizaje con mamografía y ecografía mamaria complementaria a partir de los 40 años, con una frecuencia anual en lugar de bienal.
La objeción clásica a la ampliación de los criterios de tamizaje suele ser el impacto presupuestario para el Estado. No obstante, desde la perspectiva de la salud pública y la economía de la salud, esta intervención es altamente costo-efectiva. El costo de una mamografía preventiva anual (aproximadamente 30 a 50 dólares en el tarifario del sistema público) es minúsculo en comparación con la carga financiera que representa el tratamiento de un carcinoma ductal infiltrante diagnosticado en estadio III o IV (que involucra mastectomías radicales, ciclos de antraciclinas, taxanos, terapias biológicas dirigidas como trastuzumab, y cuidados paliativos, superando fácilmente los 30.000 dólares anuales por paciente). El diagnóstico temprano, facilitado por una vigilancia ocupacional guiada desde las oficinas técnicas, incrementa la tasa de supervivencia a 5 años a más del 90%, permitiendo cirugías conservadoras y un rápido reintegro de la mujer a la sociedad23,24,25.
En conclusión, la consolidación de la evidencia científica respecto a los efectos carcinogénicos de la luz artificial nocturna y la privación del sueño ya no puede ser ignorada por las autoridades sanitarias de América Latina. En Ecuador, la reestructuración territorial hacia el modelo de oficinas técnicas ofrece una ventana de oportunidad invaluable para rediseñar la epidemiología ocupacional. Reconocer el trabajo por turnos como un determinante estructural del cáncer de mama y adaptar los protocolos de tamizaje no es simplemente una actualización administrativa; es un imperativo de justicia social y equidad de género. Obliga al Estado y a los empleadores a hacerse cargo de los daños biológicos colaterales que el actual modelo de producción 24/7 impone sobre el cuerpo de la mujer trabajadora ecuatoriana, transitando desde un enfoque curativo y reactivo, hacia una verdadera prevención primaria y secundaria fundamentada en la cronobiología y el derecho a un trabajo seguro.
CONCLUSIONES
La presente revisión narrativa ratifica que el trabajo por turnos nocturnos constituye un factor de riesgo ocupacional biológicamente plausible y epidemiológicamente relevante para el desarrollo de cáncer de mama. La cronodisrupción, caracterizada por la supresión aguda de la secreción nocturna de melatonina y la desregulación de los genes reloj celular inducidas por la exposición prolongada a la luz artificial, retira barreras oncostáticas fisiológicas críticas que normalmente inhiben el desarrollo de neoplasias hormonodependientes.
En el contexto de América Latina y específicamente en Ecuador, este riesgo trasciende la esfera meramente biológica para convertirse en un problema estructural de equidad y justicia sociosanitaria. Las mujeres ecuatorianas insertas en sectores productivos neurálgicos de operación continua —como la red hospitalaria pública y privada, la agroindustria florícola y el procesamiento de productos del mar— enfrentan no solo la severa alteración de su ritmo circadiano, sino que asumen sistemáticamente la carga de la «doble presencia» debido a las labores no remuneradas de cuidado en el hogar. Esta privación crónica del sueño, sin posibilidad de recuperación diurna, genera un estado neuroendocrino proinflamatorio e inmunosupresor que cataliza el ambiente propicio para la oncogénesis.
A pesar de que agencias internacionales de referencia como la IARC clasifican el trabajo nocturno que implica disrupción circadiana como un probable carcinógeno (Grupo 2A), el sistema de salud ecuatoriano adolece de una grave desconexión entre la exposición laboral y la vigilancia oncológica preventiva. Frente a esta realidad, se establecen las siguientes directrices urgentes para la salud pública ocupacional en Ecuador:
- Vigilancia activa desde los territorios: El Ministerio de Salud Pública (MSP), a través de sus oficinas técnicas, debe actualizar obligatoriamente sus instrumentos de recolección de datos, integrando una «Matriz de Riesgo Cronobiológico Ocupacional» desde el primer nivel de atención. Cuantificar los años y frecuencia del trabajo nocturno en la historia clínica permitirá visibilizar geográficamente la incidencia y crear cercos epidemiológicos precisos.
- Modificación de criterios de tamizaje: Es imperativa la creación de la Guía de Práctica Clínica del MSP para el cáncer de mama. El antecedente comprobado de trabajo por turnos nocturnos rotativos superior a 10 años continuos o acumulados debe constituir un criterio formal de alto riesgo oncogénico. Esto debe garantizar a las trabajadoras expuestas el derecho a iniciar su tamizaje con mamografía y ecografía mamaria a partir de los 40 años (en lugar de los 50 años como dicta la norma estándar actual), con una periodicidad anual.
- Protección jurídica y laboral: El Seguro General de Riesgos del Trabajo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) debe iniciar el debate técnico interinstitucional para perfilar la inclusión del cáncer de mama mediado por cronodisrupción crónica en el cuadro de enfermedades profesionales, obligando a los empleadores a aplicar medidas ergonómicas en los turnos de rotación.
En definitiva, la vigilancia epidemiológica del trabajo nocturno en Ecuador no es una opción, sino una intervención sanitaria y ética impostergable que permitirá al país transitar hacia un modelo integral de prevención en oncología y salud laboral femenina.
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