Trastorno afectivo bipolar tipo II con desregulación emocional y respuesta parcial a estabilizadores clásicos, manejado con lurasidona

27 noviembre 2025

 

AUTORES

  1. Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
  2. Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu. Pamplona, Navarra, España.
  3. Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
  4. Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
  5. Laura Llovera García. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  6. María Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.

 

RESUMEN

Se presenta el caso de un varón de 35 años con diagnóstico previo de trastorno afectivo bipolar tipo II, con síntomas mixtos persistentes y pobre respuesta a estabilizadores clásicos como litio y lamotrigina. Tras varios episodios depresivos recurrentes con irritabilidad y desregulación emocional, se instauró tratamiento con lurasidona como antipsicótico atípico de perfil dual serotoninérgico-dopaminérgico, obteniéndose una mejoría clínica significativa a las 8 semanas. Se mantuvo un programa de seguimiento intensivo de enfermería centrado en la adherencia, educación terapéutica y registro de síntomas afectivos. El caso destaca la utilidad clínica de lurasidona en el manejo del espectro bipolar II y la importancia del seguimiento enfermero como elemento clave para prevenir recaídas y efectos adversos.

PALABRAS CLAVE

Trastorno bipolar II, lurasidona, estabilizadores del ánimo, depresión bipolar, enfermería.

ABSTRACT

We present the case of a 35-year-old man with a previous diagnosis of bipolar II disorder, who showed poor response to classical mood stabilizers such as lithium and lamotrigine. After recurrent depressive episodes with irritability and emotional dysregulation, treatment with lurasidone, a serotonin-dopamine modulator, was initiated, resulting in significant clinical improvement at 8 weeks. A close nursing follow-up program focusing on adherence, therapeutic education, and affective symptom monitoring was implemented. This case highlights the clinical usefulness of lurasidone in the management of bipolar II spectrum disorders and the essential role of nursing in relapse prevention and side-effect monitoring.

KEY WORDS

Bipolar II disorder, lurasidone, mood stabilizers, bipolar depression, nursing.

INTRODUCCIÓN

El trastorno afectivo bipolar tipo II se caracteriza por la presencia de episodios depresivos mayores y episodios hipomaníacos, sin historia de manía franca¹. Se estima que su prevalencia es del 0,5 al 1,1% de la población general. Aunque históricamente ha recibido menor atención que el tipo I, su carga funcional y el riesgo de suicidio son comparables o incluso superiores2,³. Los pacientes con bipolar II suelen presentar fluctuaciones emocionales sutiles, irritabilidad crónica y labilidad afectiva, lo que complica el diagnóstico diferencial con el trastorno de personalidad límite⁴.

El tratamiento clásico se basa en estabilizadores del ánimo (litio, lamotrigina, valproato o carbamazepina) y antipsicóticos atípicos, en función del predominio depresivo o hipomaníaco⁵,8. Sin embargo, un número considerable de pacientes presenta respuesta parcial o intolerancia a los estabilizadores tradicionales, lo que ha impulsado la búsqueda de alternativas farmacológicas con mejor perfil de eficacia y tolerabilidad⁶.

Lurasidona es un antipsicótico atípico de acción antagonista sobre receptores dopaminérgicos D₂ y serotoninérgicos 5-HT₂A, con afinidad parcial sobre 5-HT₇ y 5-HT₁A, lo que le confiere efectos ansiolíticos y procognitivos⁷. Su aprobación para la depresión bipolar ha ampliado las opciones terapéuticas en pacientes con sintomatología mixta y pobre respuesta previa.

La literatura reciente ha demostrado que lurasidona mejora significativamente los síntomas depresivos, reduce la irritabilidad y la impulsividad sin causar sedación excesiva ni aumento ponderal marcado. En este contexto, el rol del equipo de enfermería resulta esencial para garantizar la adherencia, la educación sobre el tratamiento y la detección precoz de efectos adversos o síntomas de recaída8,⁹.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Varón de 35 años, ingeniero informático, acude a consulta por empeoramiento progresivo del ánimo, irritabilidad y crisis de llanto injustificadas desde hace tres meses. Diagnosticado de trastorno bipolar II hace 5 años tras varios episodios depresivos recurrentes con fases de hipomanía leve.

Antecedentes personales: sin comorbilidad médica. No consumo de tóxicos. Antecedente familiar de depresión en madre.

Tratamiento previo: litio (niveles plasmáticos adecuados) durante 18 meses, suspendido por temblor y ganancia ponderal, lamotrigina durante 6 meses, con respuesta parcial, antidepresivos ISRS en el pasado, con viraje hipomaníaco leve.

Situación actual: ánimo deprimido, anhedonia, hipersomnia, irritabilidad, pérdida de interés por el trabajo y discusiones frecuentes con la pareja. Niega ideación suicida activa, pero refiere “sensación de vacío y cansancio emocional”.

En la exploración psicopatológica destaca afecto triste e irritable, enlentecimiento del pensamiento, hipoprosexia y leve ideación de inutilidad. No síntomas psicóticos.

Diagnóstico diferencial: episodio depresivo bipolar con síntomas mixtos vs. depresión unipolar resistente. Se confirmó diagnóstico de trastorno bipolar II.

Se inició tratamiento con lurasidona 37 mg/día, ajustada a 74 mg/día tras 10 días, administrada con alimento para mejorar su absorción. Se mantuvo lamotrigina 100 mg/día como coadyuvante. Se complementó con psicoterapia cognitivo-conductual de apoyo enfocada en regulación emocional y rutinas de sueño.

Intervención enfermera: seguimiento semanal durante el primer mes, con registro del estado de ánimo (escala de Young y escala de depresión de Montgomery–Åsberg), educación sobre la toma de alimentos, control de efectos adversos gastrointestinales y adherencia. Se promovieron hábitos de higiene del sueño y registro diario de síntomas afectivos.

Evolución: a las 2 semanas, el paciente refirió mejoría del sueño y menor irritabilidad. A las 4 semanas, puntuación MADRS reducida un 40%. A las 8 semanas, mejoría global con recuperación funcional, reincorporación laboral y estabilización afectiva. No se observaron efectos extrapiramidales ni aumento ponderal. Se planificó seguimiento mensual y mantenimiento con lurasidona 74 mg/día.

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

El trastorno bipolar tipo II presenta importantes desafíos terapéuticos, especialmente en su forma depresiva, donde los episodios prolongados y la irritabilidad crónica afectan gravemente la funcionalidad¹. Aunque los estabilizadores clásicos como litio y lamotrigina constituyen la primera línea, su respuesta puede ser insuficiente o limitada por efectos adversos².

Lurasidona, antipsicótico atípico de perfil serotoninérgico-dopaminérgico, ha mostrado eficacia comprobada para el tratamiento de la depresión bipolar en múltiples ensayos clínicos controlados2,3. Su mecanismo de acción incluye antagonismo potente sobre D₂ y 5-HT₂A, con actividad moduladora sobre 5-HT₇ que contribuye a la regulación circadiana y la mejora cognitiva⁴,8. Además, su acción parcial agonista en 5-HT₁A proporciona efecto ansiolítico y antidepresivo, lo que resulta especialmente útil en los estados mixtos⁵.

En este caso, la respuesta clínica positiva a lurasidona tras el fracaso de litio y lamotrigina concuerda con los hallazgos de la literatura que respaldan su eficacia como monoterapia o adyuvante en episodios depresivos bipolares⁶,9. Su perfil farmacocinético, vida media de 18 horas, metabolismo hepático por CYP3A4 y eliminación predominantemente fecal, permite administración en dosis única diaria con buena tolerancia⁷.

El seguimiento enfermero resultó fundamental para consolidar la adherencia y prevenir recaídas. Las intervenciones basadas en educación, registro de síntomas y detección precoz de descompensaciones reducen significativamente las rehospitalizaciones⁸. Asimismo, el acompañamiento continuo permite detectar de forma temprana efectos adversos (náuseas, somnolencia) y reforzar la implicación del paciente en su autocuidado.

En conclusión, este caso evidencia la eficacia y seguridad de lurasidona en el manejo del trastorno bipolar II resistente a estabilizadores clásicos, destacando el papel esencial de la enfermería en la adherencia, el control sintomático y la rehabilitación psicosocial del paciente.

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