Trastorno de despersonalización desrealización persistente en adulto joven

29 octubre 2025

 

AUTORES

  1. Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
  2. Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
  3. Laura Llovera Garcia. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
  4. Maria Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
  5. Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
  6. Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu. Pamplona, Navarra, España.

 

RESUMEN

Se presenta el caso de un varón de 28 años con un trastorno de despersonalización-desrealización (DPDR) persistente de más de 5 años de evolución. El paciente refería sensación continua de extrañeza respecto a sí mismo, su cuerpo y el entorno, con marcado impacto en la funcionalidad laboral y social. Tras múltiples evaluaciones médicas y psiquiátricas, no se hallaron otras patologías concomitantes que explicaran el cuadro. Se ensayaron distintos tratamientos farmacológicos (ISRS, ansiolíticos, lamotrigina) y psicoterapia cognitivo-conductual, con mejoras parciales y fluctuantes.

Finalmente, se instauró un abordaje combinado con terapia cognitivo-conductual centrada en la despersonalización, técnicas de grounding y optimización farmacológica con lamotrigina y escitalopram, que permitió una reducción significativa de los síntomas y la reincorporación gradual del paciente a su vida laboral. Este caso subraya la importancia del diagnóstico temprano del DPDR, un trastorno frecuentemente infradiagnosticado, y el papel de enfermería y medicina en el acompañamiento, la monitorización del estado funcional y la adherencia terapéutica.

PALABRAS CLAVE

Despersonalización, desrealización, psiquiatría, enfermería, salud mental, trastorno disociativo.

ABSTRACT

We report the case of a 28-year-old man with persistent depersonalization-derealization disorder (DPDR) lasting over 5 years. The patient described continuous feelings of detachment from himself, his body, and his surroundings, with severe impairment in occupational and social functioning. Extensive medical and psychiatric evaluations ruled out other comorbid conditions. Several pharmacological trials (SSRIs, anxiolytics, lamotrigine) and cognitive-behavioral therapy were attempted, with partial and fluctuating responses. Ultimately, a combined approach including CBT focused on depersonalization, grounding techniques, and pharmacological optimization with lamotrigine and escitalopram led to significant symptom reduction and gradual reintegration into work life. This case highlights the importance of early recognition of DPDR, a frequently underdiagnosed disorder, and the role of nursing in monitoring functional status, therapeutic adherence, and psychosocial support.

KEY WORDS

Depersonalization, derealization, psychiatry, mental health clinic,dissociative disorder.

INTRODUCCIÓN

El trastorno de despersonalización-desrealización (DPDR) se caracteriza por la presencia persistente o recurrente de experiencias de irrealidad o desapego respecto de uno mismo (despersonalización) o del entorno (desrealización). Los pacientes suelen describir sentirse como espectadores externos de sus pensamientos o su cuerpo, o percibir el mundo como extraño, borroso o sin vida1. Aunque experiencias transitorias de despersonalización son relativamente frecuentes en la población general, especialmente en situaciones de estrés o fatiga extrema, el DPDR persistente constituye un trastorno disociativo específico, con una prevalencia estimada del 1-2% en la población general. A menudo debuta en la adolescencia o la adultez temprana, y cursa de manera crónica, con exacerbaciones ligadas al estrés, la ansiedad y el consumo de sustancias2. El diagnóstico del DPDR es complejo, ya que los síntomas pueden confundirse con cuadros psicóticos, ansiosos o depresivos.

La comorbilidad con trastornos de ansiedad y depresión es alta, y el retraso diagnóstico frecuente. El tratamiento carece de guías basadas en evidencia sólida: se han ensayado fármacos como ISRS, lamotrigina, naltrexona o ansiolíticos, con resultados variables3. La terapia cognitivo-conductual adaptada al DPDR, que incluye técnicas de reatribución cognitiva y grounding, es la intervención psicoterapéutica más utilizada4. El rol de enfermería y medicina en este trastorno es fundamental, ya que los pacientes suelen sentirse incomprendidos, aislados y desmotivados. El acompañamiento cercano, la psicoeducación, la monitorización funcional y la promoción de estrategias de afrontamiento resultan claves para mejorar la adherencia y sostener el proceso terapéutico.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Varón de 28 años, soltero, ingeniero informático, sin antecedentes médicos de relevancia. Antecedente familiar: padre con trastorno depresivo mayor. No consumo de tóxicos en la actualidad, aunque refiere experimentación ocasional con cannabis en la adolescencia. El cuadro se inició a los 22 años, tras un episodio de ansiedad intensa asociado a sobrecarga laboral. El paciente comenzó a experimentar una sensación persistente de extrañeza respecto a sí mismo: describía sentirse ‘como un robot’ y ‘como si viera su vida a través de una pantalla’. También presentaba episodios de desrealización, con percepción del entorno como ‘irreal’ o ‘plano’, lo que generaba intensa ansiedad secundaria. Durante años consultó en repetidas ocasiones a urgencias médicas y servicios de neurología, donde se descartaron epilepsia, alteraciones estructurales cerebrales y consumo de tóxicos como causa de los síntomas.

Tras valoración en psiquiatría, se diagnosticó trastorno de despersonalización-desrealización. Se ensayaron tratamientos con ISRS (sertralina, escitalopram, fluoxetina) sin cambios clínicos relevantes, benzodiacepinas como tratamiento sintomático con ligera reducción de la ansiedad, pero sin impacto en la despersonalización, lamotrigina hasta 200 mg/día, con mejoría parcial transitoria, y terapia cognitivo-conductual con enfoque general en ansiedad, poco efectiva en la reducción de los síntomas disociativos.

La clínica evolucionó hacia un patrón crónico, con síntomas persistentes la mayor parte del día, que limitaban la capacidad de concentración y generaban dificultades para mantener su trabajo. El paciente redujo su jornada laboral y presentó aislamiento social progresivo. Ante la falta de mejoría, se instauró un plan de tratamiento combinado en la unidad de salud mental: optimización farmacológica con escitalopram 20 mg/día y lamotrigina 200 mg/día, psicoterapia cognitivo-conductual adaptada al DPDR, incluyendo técnicas de psicoeducación, reatribución cognitiva y grounding, e intervenciones de enfermería, junto con el equipo médico, consistentes en entrevistas semanales, registro de síntomas, apoyo motivacional y refuerzo de rutinas de autocuidado.

Tras 6 meses, el paciente reportó reducción significativa de la intensidad de la despersonalización (del 9/10 al 5/10 en escala subjetiva). Recuperó progresivamente la capacidad de concentración, logró reincorporarse a jornada completa y retomó vínculos sociales con su grupo de amigos.

DISCUSIÓN-CONCLUSIONES

El DPDR es un trastorno poco diagnosticado, a pesar de su impacto clínico. Los pacientes suelen experimentar gran angustia y recurren a múltiples consultas médicas antes de recibir un diagnóstico correcto5. En este caso, el retraso diagnóstico fue de más de 3 años, durante los cuales el paciente fue evaluado en distintos servicios sin resultados concluyentes. La literatura destaca la alta comorbilidad del DPDR con ansiedad y depresión, lo que complica el abordaje clínico y puede enmascarar la sintomatología central6. A nivel terapéutico, no existen tratamientos farmacológicos de eficacia robusta, la lamotrigina ha mostrado resultados promisorios en algunos ensayos abiertos, aunque la evidencia es limitada7. La TCC adaptada al DPDR constituye la estrategia psicoterapéutica de mayor respaldo, al centrarse en la reducción de la hipervigilancia hacia los síntomas y la reestructuración cognitiva de las creencias disfuncionales8. En este caso, el abordaje combinado permitió una mejoría significativa, aunque no completa, lo cual refleja lo descrito en la literatura: los tratamientos suelen ser parcialmente efectivos y requieren una intervención sostenida y multidisciplinar. El acompañamiento cercano, la monitorización de la evolución mediante entrevistas estructuradas y la psicoeducación facilitaron la adherencia y permitieron reforzar estrategias de afrontamiento.

Además, se prestó especial atención a la detección temprana de recaídas y a asegurar un equipo terapéutico coordinado y multidisciplinar. En conclusión, el DPDR es un trastorno disociativo persistente, a menudo infradiagnosticado, que puede generar gran discapacidad. El caso presentado subraya la necesidad de sensibilizar a los profesionales sanitarios sobre su detección, y destaca la utilidad del abordaje interdisciplinar, en el que psiquiatría, psicología y enfermería trabajan de forma conjunta para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

 

BIBLIOGRAFÍA

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