AUTORES
- Belén Sieso Gracia. F.E.A Psiquiatría Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Lucas Santiago Piñeiro. F.E.A. Psicología Clínica Hospital Nuestra Señora de Gracia. Zaragoza, España.
RESUMEN
El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad caracterizado por la aparición recurrente de crisis de pánico inesperadas, acompañadas de síntomas físicos y cognitivos de elevada intensidad. Su repercusión funcional y la frecuente presencia de conductas de evitación pueden favorecer una evolución persistente, por lo que resulta fundamental una adecuada evaluación clínica y un diagnóstico diferencial. El objetivo de este trabajo es revisar los principales aspectos relacionados con la evaluación, el diagnóstico y el tratamiento del trastorno de pánico. Se realiza una revisión de sus características clínicas, criterios diagnósticos, procedimientos de evaluación y principales alternativas terapéuticas. La evidencia disponible señala la terapia cognitivo-conductual como una intervención psicológica eficaz, mientras que el tratamiento farmacológico puede constituir una alternativa o complemento en función de las características clínicas. Un abordaje individualizado permite optimizar la intervención y reducir la interferencia del trastorno en el funcionamiento cotidiano.
PALABRAS CLAVE
Trastorno de pánico, psicoterapia, terapia cognitivo-conductual, trastornos de ansiedad.
ABSTRACT
Panic disorder is an anxiety disorder characterized by recurrent unexpected panic attacks accompanied by intense physical and cognitive symptoms. Its functional impact and the frequent presence of avoidance behaviors may contribute to a persistent course, making appropriate clinical assessment and differential diagnosis essential. The aim of this paper is to review the main aspects related to the assessment, diagnosis, and treatment of panic disorder. A review is conducted of its clinical characteristics, diagnostic criteria, assessment procedures, and main therapeutic approaches. Available evidence supports cognitive behavioral therapy as an effective psychological intervention, while pharmacological treatment may be used as an alternative or complementary approach depending on clinical characteristics. An individualized approach may optimize treatment and reduce the impact of the disorder on daily functioning.
KEY WORDS
Panic disorder, psychotherapy, cognitive behavioral therapy, anxiety disorders.
INTRODUCCIÓN
El trastorno de pánico constituye un trastorno de ansiedad caracterizado por la aparición recurrente e inesperada de crisis de pánico, acompañadas de una intensa sensación de miedo o malestar. Estas crisis pueden generar una preocupación persistente ante la posibilidad de que vuelvan a producirse y favorecer cambios en el comportamiento dirigidos a evitar determinadas situaciones o sensaciones¹.
Durante las crisis pueden aparecer manifestaciones físicas como palpitaciones, sudoración, temblor, sensación de falta de aire, dolor o malestar torácico, mareo, náuseas o parestesias, así como síntomas cognitivos relacionados con el miedo a morir, perder el control o volverse loco¹˒².
La preocupación por las propias sensaciones corporales y el temor a experimentar nuevas crisis pueden favorecer la aparición de ansiedad anticipatoria y conductas de evitación. Estas respuestas pueden interferir progresivamente en las actividades cotidianas y asociarse a sintomatología agorafóbica³˒⁴.
Por su repercusión clínica y funcional, resulta fundamental realizar una adecuada evaluación, establecer un diagnóstico diferencial y seleccionar un tratamiento basado en la evidencia. La terapia cognitivo-conductual constituye una de las principales intervenciones psicológicas, mientras que los antidepresivos representan una alternativa farmacológica establecida³˒⁵.
OBJETIVOS
Analizar y describir las características clínicas del trastorno de pánico según los principales sistemas diagnósticos vigentes, así como identificar los aspectos fundamentales de su evaluación, diagnóstico diferencial y tratamiento psicológico y farmacológico.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa sobre el trastorno de pánico mediante la consulta de los principales manuales diagnósticos internacionales, guías de práctica clínica y artículos científicos y de revisión especializados en evaluación y tratamiento psicológico del trastorno. Asimismo, se revisaron publicaciones centradas específicamente en la aplicación de intervenciones cognitivo-conductuales en contextos clínicos.
RESULTADOS
Según los principales manuales diagnósticos internacionales, el trastorno de pánico forma parte de los trastornos de ansiedad. El DSM-5-TR lo incluye dentro de esta categoría diagnóstica¹ y la CIE-11 lo hace dentro de los trastornos de ansiedad o relacionados con el miedo².
El trastorno se caracteriza por la presencia de crisis de pánico recurrentes e inesperadas. Estas consisten en episodios de aparición brusca de miedo intenso o malestar que alcanzan su máxima expresión en pocos minutos y pueden acompañarse de síntomas somáticos y cognitivos. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran las palpitaciones, la sudoración, los temblores, la sensación de falta de aire o ahogo, el dolor o malestar torácico, las náuseas, el mareo, las parestesias, los escalofríos o sofocos y las sensaciones de desrealización o despersonalización. También puede aparecer miedo a morir, perder el control o volverse loco¹˒².
La presencia de crisis de pánico aisladas no implica necesariamente el diagnóstico de trastorno de pánico. Para establecerlo debe existir una preocupación persistente por experimentar nuevas crisis o por sus posibles consecuencias, o bien un cambio significativo en el comportamiento relacionado con los episodios¹. Estos cambios pueden incluir conductas de evitación, reducción de actividades habituales o utilización de estrategias destinadas a prevenir o controlar una posible crisis.
Desde el punto de vista clínico, adquiere especial relevancia la interpretación que la persona realiza de las sensaciones corporales. La percepción de determinadas manifestaciones fisiológicas como señales de peligro grave puede incrementar la respuesta de ansiedad y favorecer un círculo de miedo, hipervigilancia y nuevas crisis³˒⁴.
La ansiedad anticipatoria y las conductas de evitación pueden llegar a condicionar de manera importante la vida cotidiana. Algunas personas restringen actividades como utilizar determinados medios de transporte, permanecer solas, realizar ejercicio físico o acudir a lugares concurridos. Cuando existe un miedo significativo a situaciones en las que escapar o recibir ayuda puede resultar difícil, puede aparecer sintomatología agorafóbica¹˒³.
El trastorno de pánico puede presentarse junto a otros problemas psicopatológicos, especialmente otros trastornos de ansiedad y trastornos depresivos. La presencia de comorbilidad debe ser valorada durante el proceso diagnóstico, ya que puede influir en la gravedad del cuadro, el funcionamiento y la planificación terapéutica²˒⁴.
- Evaluación:
La evaluación debe realizarse mediante una valoración clínica integral. La entrevista constituye la herramienta fundamental y debe recoger información sobre las características de las crisis, su frecuencia, intensidad, duración y contexto de aparición. También deben explorarse los síntomas físicos y cognitivos, la ansiedad anticipatoria y la preocupación por las consecuencias de las crisis¹˒².
Asimismo, resulta necesario valorar las conductas de evitación y seguridad y el grado de interferencia producido en las diferentes áreas de funcionamiento. La evaluación debe determinar hasta qué punto el miedo a experimentar nuevas crisis ha condicionado las actividades habituales del paciente³˒⁴.
También deben explorarse los antecedentes psicopatológicos y la posible presencia de otros trastornos mentales, especialmente trastornos de ansiedad, depresión y agorafobia. Las escalas psicométricas pueden utilizarse como complemento para valorar la gravedad de la sintomatología y monitorizar la evolución, aunque no sustituyen a la evaluación clínica.
- Diagnóstico diferencial:
El diagnóstico diferencial adquiere especial importancia debido a que algunas manifestaciones de las crisis de pánico pueden ser similares a las producidas por diferentes enfermedades médicas. Palpitaciones, dolor torácico, disnea, mareo o temblor pueden aparecer en determinadas enfermedades cardiovasculares, respiratorias o endocrinas, por lo que resulta necesario realizar una valoración clínica adecuada antes de atribuir estos síntomas exclusivamente a un trastorno de ansiedad⁴.
También debe considerarse la posible relación de los episodios con el consumo de sustancias estimulantes o determinados medicamentos. Del mismo modo, las crisis de pánico pueden aparecer en el contexto de otros trastornos mentales, por lo que es necesario valorar si los episodios se producen de forma inesperada o se encuentran vinculados a estímulos, situaciones o contenidos propios de otro trastorno¹˒⁴.
Una adecuada valoración diferencial permite establecer un diagnóstico preciso y seleccionar la intervención terapéutica más apropiada.
- Tratamiento psicológico:
La terapia cognitivo-conductual constituye una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para el tratamiento del trastorno de pánico³˒⁴. Entre sus principales componentes se encuentran la psicoeducación sobre la ansiedad, la identificación y modificación de interpretaciones catastróficas de las sensaciones corporales y diferentes procedimientos de exposición³.
La exposición interoceptiva consiste en provocar de manera controlada determinadas sensaciones físicas similares a las experimentadas durante una crisis, con el objetivo de reducir el miedo asociado a ellas y favorecer una interpretación menos amenazante de las mismas³˒⁴.
Cuando existen conductas de evitación, pueden utilizarse procedimientos de exposición gradual a las situaciones temidas. El objetivo es reducir progresivamente la evitación y las conductas de seguridad y favorecer la recuperación de las actividades cotidianas³.
La evidencia disponible también respalda la utilización de intervenciones cognitivo-conductuales en formato grupal. Garriga et al. estudiaron un programa cognitivo-conductual grupal basado en el Modelo de Control del Pánico aplicado en un centro público de salud mental, observando una mejoría significativa de diferentes dimensiones de la sintomatología y una reducción de los síntomas fisiológicos asociados a las crisis⁶.
El tratamiento debe adaptarse a las características individuales del paciente, teniendo en cuenta la gravedad, la presencia de agorafobia, las conductas de evitación, las comorbilidades y el grado de interferencia funcional³˒⁵.
- Tratamiento farmacológico:
Las guías de práctica clínica contemplan los antidepresivos como una de las principales opciones farmacológicas para el tratamiento del trastorno de pánico. Entre ellos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina ocupan un lugar destacado en el tratamiento a largo plazo⁵.
Las benzodiacepinas no se consideran una opción de primera elección para el tratamiento mantenido debido a sus riesgos asociados y a la posibilidad de dependencia. NICE recomienda valorar individualmente las opciones farmacológicas y explicar al paciente los beneficios, efectos adversos y posibles síntomas de retirada asociados al tratamiento⁵.
La elección del tratamiento debe realizarse de manera individualizada, considerando la gravedad del cuadro, las preferencias del paciente, los antecedentes terapéuticos y la presencia de otros problemas clínicos. En determinados casos puede ser necesario combinar tratamiento psicológico y farmacológico⁵.
El seguimiento y lo objetivos del tratamiento deben orientarse no solo a la reducción de las crisis, sino también a la disminución de la ansiedad anticipatoria, la recuperación funcional y la consolidación de estrategias que permitan afrontar futuras experiencias de ansiedad³˒⁵.
CONCLUSIÓN
El trastorno de pánico constituye un problema clínico relevante por la intensidad de las crisis y por las consecuencias que pueden derivarse del temor a su repetición. La ansiedad anticipatoria y la evitación pueden llegar a limitar de manera considerable el funcionamiento cotidiano, especialmente cuando se acompañan de sintomatología agorafóbica.
La evaluación clínica debe permitir establecer un diagnóstico preciso, valorar la repercusión funcional y descartar tanto causas médicas como otros trastornos psicopatológicos que puedan explicar la sintomatología.
La terapia cognitivo-conductual, especialmente mediante exposición, tanto interoceptiva como a situaciones temidas, y abordaje de las interpretaciones catastróficas, constituye una de las intervenciones de referencia. El tratamiento farmacológico con antidepresivos representa otra alternativa establecida, cuya indicación debe valorarse de forma individualizada³˒⁵.
En conjunto, un abordaje basado en la evidencia y adaptado a las características de cada paciente puede favorecer una reducción significativa de la sintomatología y una recuperación progresiva del funcionamiento cotidiano.
BIBLIOGRAFÍA
- American Psychiatric Association. DSM-5-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. 5ª ed. texto revisado. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2023.
- Organización Mundial de la Salud. Clasificación Internacional de Enfermedades 11.ª revisión (CIE-11) [Internet]. Ginebra: OMS; 2022 [citado 2026 Sep 6]. Disponible en: https://icd.who.int/es
- Botella Arbona C. Tratamientos psicológicos eficaces para el trastorno de pánico. Psicothema. 2001;13(3):465-78.
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- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. Clinical guideline CG113 [Internet]. London: NICE; 2011 [updated 2026; citado 2026 Sep 6]. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg113
- Garriga Puerto A, Martín García-Sancho JC, López Soler C. Tratamiento cognitivo-conductual grupal del trastorno de pánico con o sin agorafobia en un centro de salud mental público. Rev Psicopatol Psicol Clín. 2009;14(2):79-93. doi:10.5944/rppc.vol.14.num.2.2009.4068.