- Rocío Esteve Ibáñez. Centro de Salud Mental Lezkairu. Pamplona, Navarra, España.
- Paula García Ozcoz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Ana Guajardo Iguaz. Unidad de Psiquiatría Hospital Reina Sofía, Tudela. Navarra, España.
- Laura Llovera García. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- María Camats Artaso. Unidad de Hospitalización Psiquiátrica A del Hospital Universitario de Navarra. Navarra, España.
- Sandra Oliver Hernández. Unidad Psiquiatría Hospital Reina Sofía Tudela. Navarra, España.
RESUMEN
Se presenta el caso de un varón de 44 años, sin antecedentes psiquiátricos previos, que desarrolla un trastorno delirante erotomaníaco con inicio insidioso asociado a aislamiento social, estrés laboral y uso intensivo de redes sociales. El paciente cree firmemente que una periodista televisiva mantiene con él una relación secreta y le envía “mensajes codificados” a través de emisiones en directo. Realiza conductas obsesivas de seguimiento digital, envío reiterado de mensajes y desplazamiento físico a las inmediaciones del medio de comunicación. Se inicia tratamiento con aripiprazol, psicoeducación, terapia cognitivo-conductual y seguimiento del equipo de psiquiatría intensivo. Tras 12 semanas, se observa disminución del contenido delirante y reducción de las conductas de acercamiento. El caso ilustra la evolución moderna del síndrome de Clérambault y la relevancia del abordaje multidisciplinar en la era digital.
PALABRAS CLAVE
Trastorno delirante, erotomanía, acoso digital, psicosis, enfermería.
ABSTRACT
We present the case of a 44-year-old man with no prior psychiatric history who developed an erotomanic delusional disorder involving a television journalist. The patient believed she was secretly in love with him and communicated through coded messages during live broadcasts. He engaged in persistent online monitoring, repeated messaging, and in-person approach behaviors. Treatment included aripiprazole, psychoeducation, cognitive-behavioral therapy, and intensive nursing follow-up. After twelve weeks, a reduction in delusional intensity and stalking behaviors was observed. This case highlights a contemporary manifestation of Clérambault syndrome and the importance of multidisciplinary care in digital-era psychotic disorders.
KEY WORDS
Delusional disorder, erotomania, cyberstalking, psychosis, nursing.
INTRODUCCIÓN
La erotomanía, o síndrome de Clérambault, es un subtipo del trastorno delirante caracterizado por la creencia fija e infundada de que otra persona, habitualmente de estatus social elevado, está enamorada del paciente. Aunque descrita clásicamente en contextos románticos presenciales, su presentación ha evolucionado con la expansión del entorno digital1,2.
El uso de redes sociales ha facilitado nuevas formas de identificación, contacto y vigilancia hacia la figura objeto del delirio³. La erotomanía online puede derivar en acoso digital, conductas de acercamiento físico y conflictos legales, especialmente en pacientes sin conciencia de enfermedad⁴.
El abordaje terapéutico incluye antipsicóticos de segunda generación, psicoeducación, técnicas cognitivo-conductuales para la reestructuración del pensamiento delirante y intervención enfermera centrada en límites, contención verbal y adherencia. La detección precoz resulta esencial para prevenir la escalada de conductas y riesgos sociales5,⁶.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Se presenta el caso de un varón de 44 años, administrativo, que vive solo y sin antecedentes psiquiátricos previos conocidos. No constaban antecedentes de consumo de sustancias ni patología médica relevante. En los meses previos a la consulta, el paciente había experimentado una ruptura sentimental significativa, acompañada de un progresivo aislamiento social, disminución del contacto familiar y aumento del tiempo dedicado al uso de redes sociales y consumo de contenido audiovisual.
El paciente fue derivado desde atención primaria tras insistir reiteradamente en que una periodista televisiva de ámbito nacional mantenía con él una relación sentimental secreta. Manifestaba que dicha relación se sostenía a través de “mensajes codificados” emitidos durante programas en directo, tales como miradas a cámara, cambios en el tono de voz o frases que él interpretaba como dirigidas exclusivamente a su persona. La familia expresó preocupación al detectar múltiples mensajes enviados a perfiles profesionales de la periodista y tras conocer un desplazamiento reciente del paciente a las inmediaciones del canal de televisión sin cita previa.
Según el propio relato, tres meses antes del inicio del seguimiento el paciente experimentó lo que describía como una “conexión emocional inmediata” al ver a la periodista en televisión. A partir de ese momento, comenzó a dedicar varias horas al día a visualizar programas, revisar entrevistas y analizar publicaciones en redes sociales, convencido de que existía una comunicación bidireccional encubierta. Interpretaba elementos neutros del discurso como señales inequívocas de reciprocidad afectiva, refiriendo la existencia de “códigos visuales” diseñados para eludir a terceros.
Durante la entrevista clínica, el paciente se mostraba consciente, orientado y con discurso formalmente organizado, aunque claramente centrado en el contenido delirante. Negaba tristeza persistente, anhedonia, sentimientos de culpa o ideación autolítica. No se objetivaron alucinaciones auditivas ni alteraciones formales del pensamiento. La afectividad era congruente, aunque se observaba irritabilidad defensiva cuando se cuestionaban sus creencias. El juicio de realidad se encontraba comprometido de forma parcial y el insight era nulo en fases iniciales.
Durante las dos primeras semanas de seguimiento, el paciente acudió a las consultas con actitud confiada y escasa conciencia de enfermedad. Se inició tratamiento farmacológico con aripiprazol 10 mg/día, junto con psicoeducación básica sobre los síntomas psicóticos y establecimiento de un contrato terapéutico orientado a limitar conductas de contacto con la figura objeto del delirio. Desde enfermería se introdujo un registro estructurado de pensamientos y se trabajó el establecimiento de límites conductuales claros, especialmente en relación con el uso de redes sociales.
En las semanas siguientes persisten intentos esporádicos de envío de mensajes digitales, aunque se logró prevenir nuevos desplazamientos físicos. Entre la tercera y sexta semana, ante una mejor tolerancia y adherencia, se aumentó la dosis de aripiprazol a 20 mg/día y se inició terapia cognitivo-conductual focalizada en el cuestionamiento gradual de las creencias delirantes y en el entrenamiento en atribuciones causales alternativas. El paciente comenzó a verbalizar dudas parciales (“quizá interpreto demasiado”), aunque mantenía una convicción residual.
Desde enfermería se reforzaron estrategias de grounding, estructuración del tiempo diario, reactivación social progresiva y manejo del impulso de contacto. En las semanas finales se observó una reducción significativa de la actividad online dirigida a la periodista y cese de las conductas de acercamiento físico. El insight seguía siendo fluctuante, pero el paciente mostraba momentos de vergüenza y reflexión crítica sobre su conducta previa, retomando gradualmente actividades sociales y laborales. Se decidió mantener seguimiento mensual.
DISCUSIÓN
El trastorno delirante erotomaníaco, descrito clásicamente como síndrome de Clérambault, se caracteriza por la creencia persistente de ser amado por otra persona, habitualmente de estatus social elevado. En la actualidad, el entorno digital ha modificado de forma sustancial la expresión clínica de este trastorno, amplificando la accesibilidad a la figura objeto del delirio y facilitando nuevas formas de vigilancia, interpretación ilusoria de reciprocidad y conductas de acoso.
En el caso presentado, las redes sociales y los medios de comunicación actuaron como catalizadores del delirio, proporcionando una exposición constante a estímulos ambiguos susceptibles de interpretación delirante. La ilusión de cercanía y bidireccionalidad propia del entorno digital favoreció la consolidación de la creencia, dificultando la diferenciación entre comunicación real y construcción delirante1,2.
A diferencia de la esquizofrenia, el paciente presenta delirio monotemático sin desorganización del pensamiento ni alucinaciones, característica del trastorno delirante. La ruptura sentimental y el aislamiento actuaron como factores precipitantes3.
El tratamiento con aripiprazol mostró eficacia clínica, probablemente relacionada con su perfil de agonismo parcial dopaminérgico, que permite reducir la intensidad delirante sin provocar sedación excesiva ni deterioro funcional significativo. La combinación con terapia cognitivo-conductual facilitó el desarrollo progresivo de insight y la flexibilización cognitiva, elementos clave para limitar las conductas de acercamiento5.6.
La contención verbal, la supervisión conductual y la psicoeducación fue fundamental7,9, fue de relevante importancia dada la potencial transición al acoso físico⁸.
El pronóstico mejora con intervención temprana, adherencia y red de apoyo, aunque el riesgo de recaída requiere vigilancia prolongada.
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