Tratamiento fisioterapéutico en pacientes con enfermedad de Alzheimer

22 agosto 2024

 

AUTORES

  1. María Esteban Aldana. Fisioterapeuta de Residencia DomusVi.
  2. Laura Groeneveld Larraz. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  3. Miguel Cortés Amés. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.
  4. Sandra Martín Aragón. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud.

 

RESUMEN

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente de demencia y una de las principales causas de morbimortalidad en el paciente anciano. Se trata de un cuadro de inicio en la edad adulta que deteriora, de forma progresiva e irreversible, las funciones cognitivas, con una especial predilección por la memoria a corto plazo, entorpeciendo la realización satisfactoria de actividades de la vida diaria. No existe cura para esta enfermedad, por lo que el objetivo principal es disminuir el avance de la enfermedad y paliar los síntomas en la medida de lo posible. Dentro del tratamiento no farmacológico destaca el tratamiento fisioterapéutico, en el que se combinan diferentes técnicas como ejercicios de relajación, hidroterapia y ejercicio físico entre otros. Este último, puede mejorar la función física, cognitiva y la autonomía en las actividades de la vida diaria en aquellos pacientes con la enfermedad de Alzheimer.

PALABRAS CLAVE

Enfermedad de Alzheimer, fisioterapia, ejercicio físico.

ABSTRACT

Alzheimer’s disease is the most common cause of dementia and one of the main causes of morbidity and mortality in elderly patients. It is an adult-onset condition that progressively and irreversibly impairs cognitive functions, with a special predilection for short-term memory, hindering the satisfactory performance of activities of daily living. There is no cure for this disease, so the main objective is to slow the progression of the disease and alleviate the symptoms as far as possible. Within the non-pharmacological treatment, physiotherapeutic treatment stands out, combining different techniques such as relaxation exercises, hydrotherapy and physical exercise, among others. The latter can improve physical and cognitive function and autonomy in activities of daily living in patients with Alzheimer’s disease.

KEY WORDS

Alzheimer’s disease, physical therapy specialty, exercise.

DESARROLLO DEL TEMA

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente de demencia y una de las principales causas de morbimortalidad en el paciente anciano. Fue descrita por primera vez en 1906 por el psiquiatra y neuropatólogo alemán Alois Alzheimer. Se trata de un cuadro de inicio en la edad adulta que deteriora, de forma progresiva e irreversible, las funciones cognitivas, con una especial predilección por la memoria a corto plazo, entorpeciendo la realización satisfactoria de actividades de la vida diaria. Por lo general, el paciente empeora progresivamente, mostrando problemas perceptivos, del lenguaje y conductuales a medida que la enfermedad va avanzando1,2.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 50 millones de personas en el mundo padecen demencia de los cuales la EA representa un 60-70%. Estudios epidemiológicos a nivel europeo y español en una población mayor de 60 años muestran una prevalencia del 3-7%, con una incidencia de 1-10 casos por 1.000 personas/año1.

La esperanza de vida es cada vez mayor, lo que conlleva a un envejecimiento de la población aumentando el número de enfermedades entre las que se sitúa le enfermedad de Alzheimer; se estima que para el año 2050, el número de enfermos de EA llegue a 106 millones3.

La etiología4,5 de la enfermedad es desconocida. Se cree que se produce por una combinación de susceptibilidad genética con factores ambientales, sociales y biológicos. Por lo que la lista de factores de riesgo es extensa, siendo la edad el principal factor: a mayor edad mayor riesgo de presentar la enfermedad. Dentro del resto de factores de riesgo encontramos algunos como:

  • Sexo femenino: 2,5 mujeres de cada 100 frente a 1,89 hombres por cada 100.
  • La presencia del Alelo E4 de la lipoproteína E (ApoE4).
  • Factores de riesgo vascular: HTA, diabetes…
  • El bajo nivel escolar.
  • Estilo de vida: ejercicio regular, actividad intelectual, alimentación.
  • Historia familiar de demencia o síndrome de Down.
  • Antecedentes de traumatismo craneal.

 

Es importante mantener la actividad intelectual y recreativa incluso después de la jubilación, pues entre los 20 y 30 años el cerebro deja de madurar y con más años, cuando la enfermedad puede ser evidente, ya han muerto demasiadas neuronas, por lo que las posibilidades de éxito de cualquier tratamiento son mínimas6.

Los síntomas más comunes de la enfermedad son: alteraciones del estado de ánimo y de la conducta, pérdida de memoria, dificultades de orientación, problemas del lenguaje y alteraciones cognitivas2. El síntoma inicial de la Enfermedad de Alzheimer en el 95% de los casos es el trastorno de memoria, es el elemento clínico esencial. Este tipo de trastornos que tienen valor semiológico de la enfermedad son5:

  • La pérdida de objetos de uso frecuente.
  • El olvido de hechos recientes. Este síntoma contrasta con la capacidad conservada de recordar hechos remotos, de hace más de 30-40 años.
  • La dificultad para retener nueva información.

 

La pérdida de memoria llega hasta el no reconocimiento de familiares o el olvido de habilidades normales para el individuo.

También se producen otras alteraciones neuropsicológicas en la enfermedad de Alzheimer como2:

  • Afasia: deterioro en funciones de comprensión, denominación, fluidez y lectoescritura.
  • Apraxia: tipo constructiva, apraxia del vestirse, apraxia ideomotora e ideacional.
  • Agnosia: alteración perceptiva y espacial.

 

Conforme va avanzando el deterioro en la enfermedad el paciente va perdiendo mayor autonomía, primero en actividades más complejas de la vida diaria para finalmente comprometerse las básicas. Esto requiere de mayor cantidad de recursos, tanto sanitarios como no sanitarios, para su atención, como la atención y personal médico, la medicación, la modificación del hogar, el cuidado personal y la necesidad de centros de día y/o residencias a tiempo completo3. Es común que se presente incapacidad total y la muerte normalmente sucede en un lapso de 15 años2.

No existe cura para la enfermedad de Alzheimer, por lo que el objetivo principal es disminuir el avance de la enfermedad y paliar los síntomas en la medida de lo posible. Para ello, se combina el tratamiento farmacológico y no farmacológico como tratamiento fisioterapéutico, terapia ocupacional, terapias alternativas (como musicoterapia o danzaterapia), entrenamiento cognitivo y la orientación familiar.

TRATAMIENTO FISIOTERAPÉUTICO:

Los objetivos generales del tratamiento fisioterapéutico son: mantener la máxima autonomía posible en las actividades básicas de la vida diaria el mayor tiempo posible, mejorar o mantener la capacidad de deambular lo más independiente posible, conservar movilidad articular activa y fuerza muscular, prevenir y/o tratar posibles complicaciones (respiratorias, cardíacas, musculoesqueléticas) y estimular las capacidades mentales.

Los beneficios que aporta la fisioterapia en la EA contribuyen a mantener el mayor grado de autonomía funcional en cada fase de la enfermedad, con el objetivo de mejorar la calidad de vida del afectado, su familia y/o cuidadores7.

El tratamiento debe ser individualizado, personalizado e integral. Es necesario realizar una valoración previa inicial para saber cuál es el grado de afectación actual de nuestro paciente e ir haciendo valoraciones periódicas para conocer la evolución de la enfermedad e ir adaptando el tratamiento y las ayudas.

Dentro de las técnicas de fisioterapia encontramos:

  • Ejercicios de relajación: técnicas de Jacobson (por medio de contracciones isométricas de los distintos grupos musculares) o Schultz (“entrenamiento autógeno”)7.
  • Ejercicios respiratorios: respiraciones diafragmáticas lentas y profundas, drenaje postural, ejercicios de tos dirigida…
  • Electroterapia: US, iontoforesis, crioterapia, termoterapia.
  • Hidroterapia: inmersión en piscina, natación suave, hidrocinesiterapia.
  • Cinesiterapia: para mantener y/o mejorar la movilidad articular y potenciar la musculatura.
  • Psicomotricidad: especialmente importante en las primeras fases de la enfermedad. Permite organizar el movimiento en función de la percepción del entorno a través de ejercicios activos.
  • Reeducación de la marcha y equilibrio: con plataformas inestables, en paralelas con obstáculos, escaleras y rampas, terrenos irregulares, uso de ayudas técnicas.
  • Tratamiento postural: importante en todas las fases de la enfermedad.
  • Programa de entrenamiento Otago: programa de entrenamiento de 17 ejercicios (5 de potenciación muscular de miembros inferiores y 12 de equilibrio) en el que la dificultad oscila entre dos y cuatro niveles. Existe evidencia científica de que este programa de ejercicios disminuye el número de caídas al mejorar el equilibrio y la fuerza de los miembros inferiores8.
  • Ejercicio terapéutico: numerosos estudios demuestran su gran eficacia, siendo parte fundamental del tratamiento9,10.

 

BENEFICIOS DEL EJERCICIO FÍSICO EN PACIENTES CON ENFERMEDAD DE ALZHEIMER:

Los beneficios del ejercicio físico continuo en pacientes con enfermedad de Alzheimer incluyen el mantenimiento de las habilidades motoras, la disminución de las caídas, el enlentecimiento del deterioro funcional y la mejora del comportamiento; mejorando así la función física, cognitiva y la independencia en las actividades de la vida diaria11.

El ejercicio físico ayuda a aumentar la neurogénesis en el hipocampo y por lo tanto su función, este aumento es suficiente para que en personas adultas se mejore la función cognitiva y el estado de ánimo12.

Además, aumenta los niveles de ciertos factores de crecimiento que estimulan la neurogénesis, aumentan la resistencia al daño cerebral y mejoran el aprendizaje y el rendimiento mental; aspectos todos ellos relacionados con la enfermedad del Alzheimer13.

También la actividad física promueve la secreción de Brain Derived Neurotrophic Factor (BNDF) que está directamente relacionado con el aprendizaje y la memoria, actuando así sobre otros síntomas de la enfermedad de Alzheimer14.

El ejercicio físico actúa sobre factores de riesgo cardiovasculares directamente relacionados con el síndrome metabólico que son factores que aumentan el riesgo de padecer cualquier tipo de demencia15.

 

CONCLUSIÓN

La enfermedad de Alzheimer supone, a nivel mundial, un grave problema de salud pública por la inmensa carga sobre el individuo, la familia, la comunidad y el costo de los recursos de atención de salud que requieren dichos pacientes. Esta enfermedad progresiva no tiene cura, por lo que el tratamiento se basa en ralentizar los síntomas de la enfermedad e intentar mantener la máxima calidad de vida. Tiene un papel importante el tratamiento fisioterapéutico, el cual, a través de diferentes técnicas puede mejorar la función física, cognitiva y la autonomía en las actividades de la vida diaria en aquellos pacientes con la enfermedad de Alzheimer.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Barragán Martínez D, García Soldevilla MA, Parra Santiago A, Tejeiro Martínez J. Enfermedad de Alzheimer. Medicine – Programa de Formación Médica Continuada Acreditato. 2019; 12(74): 4338-4346.
  2. Romano MF, Nissen MD, Del Huerto Paredes NM, Parquet C. Enfermedad de Alzheimer. Revista de Postgrado de la Vía Cátedra de Medicina. 2017; 175.
  3. Bleda Andrés J, Corbalán Sánchez ME, Cerezo Pérez CA, Orcajada Pérez J, Serrano Valero S, Estevan Sáez JP. Costes del tratamiento y la atención en personas con Alzheimer y otras demencias. Revisión sistemática. NPunto [Internet]. 2020 [citado el 16 de julio de 2024]; 3(25). Disponible en: https://www.npunto.es/content/src/pdf-articulo/5e9d8703e0cdcNPvolumen25-92-104.pdf
  4. Sotolongo Arró O, Rodríguez Blanco L. Prevalencia del síndrome demencial y la enfermedad de Alzheimer en pacientes del policlínico “Pedro Fonseca”. Revista Cubana de Médica General Integral [Internet]. 2012 [citado el 16 de julio de 2024]; 28(4): 694-702. Disponible en: http://scielo.sld.cu/pdf/mgi/v28n4/mgi12412.pdf
  5. Fontán L. La Enfermedad de Alzheimer: elementos para el diagnóstico y manejo clínico en el consultorio. Biomedicina. 2012; 7(1): 34-43.
  6. Copelad Rigel R, López Alberola D, Colman CW. Análisis de imagen de la carga de beta-amiloidea en la enfermedad de Alzheimer y su relación con la gravedad de la demencia. Lancet. 1996; 28(4): 245-49.
  7. Sánchez García M. Fisioterapia y Alzheimer. NPunto [Internet]. 2021 [citado el 16 de julio de 2024]; 4(45): 82-111. Disponible en: https://www.npunto.es/content/src/pdf-articulo/61c089938004cart4.pdf
  8. Suttanon P, Hill KD, Said CM, Williams SB, Byrne KN, Logiudice D, et al. Feasibility, safety and preliminary evidence of the effectiveness of a home-based exercise programme for older people with Alzheimer’s disease: A pilot randomized controlled trial. Clin Rehabil. 2013; 27(5): 427-38.
  9. Cejudo Giménez J, Gómez-Conesa A. Ejercicio físico en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Fisioterapia. 2011; 33(3): 111-122.
  10. Ágüera Sáncheza MA, Barbancho MA, García-Casaresa N. Efecto del ejercicio físico en la enfermedad de Alzheimer. Una revisión sistemática. Aten Primaria. 2020; 52(5): 307-318.
  11. Ordoñez López LG. Beneficios de la fisioterapia en pacientes con Alzheimer. Polo del Conocimiento [Internet]. 2022 [citado el 16 de julio de 2024]; 7(7): 964-983. Disponible en: https://dspace.itsjapon.edu.ec/jspui/bitstream/123456789/3355/1/Beneficios%20de%20la%20fisioterapia.pdf
  12. Sahay A, Scobie KN, Hill AS, O’Carroll CM, Kheirbek MA, Burghardt NS et al. Increasing adult hippocampal neurogenesis is sufficient to improve pattern separation. Nature. 2011; 472(7344): 466-70.
  13. Cotman CW, Berchtold NC. Exercise: a behavioral intervention to enhance brain health and plasticity. Trends Neurosci. 2002; 25(6): 295-301.
  14. Cotman CW, Berchtold NC. Physical activity and the maintenance of cognition: learning from animal models. Alzheimers Dement. 2007; 3(2): 30-7.
  15. Kalmjin S, Foley D, White L, Burchfiel CM, Curb JD, Petrovicht H, et al. Metabolic cardiovascular syndrome and risk of dementia in Japanese-American elderly men. The Honolulu-Asia aging study. Arterioscler Thromb Vasc Biol. 2000; 20(10): 2255-60.
  16. Petersen RC, López O, Armstrong MJ, Getchius TSD, Ganguli M, Gloss D, et al. Practice guideline update summary: Mild cognitive impairment: Report of the Guideline Development, Dissemination, and Implementation Subcommittee of the American Academy of Neurology. Neurology. 2018; 90(3): 126-135.

 

Publique con nosotros

Indexación de la revista

ID:3540

Últimos artículos