AUTORES
- Javier Higueras Isidro. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Paula Moreno Gilaberte. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Clara Andrés Escribano. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Julia Navarro García. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
- Julia Zamora Zapater. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
RESUMEN
La infección por citomegalovirus es relativamente frecuente en el embarazo. Dada la gravedad de las complicaciones, desde hipoacusia congénita hasta malformaciones incompatibles con la vida, y que, actualmente no disponemos de ninguna vacuna que proteja durante el embarazo ni ningún tratamiento curativo, la prevención primaria por parte de las matronas en los centros de salud debe ser actualizada y de calidad.
PALABRAS CLAVE
Citomegalovirus, embarazo, prevención primaria, matrona.
ABSTRACT
Cytomegalovirus infection is relatively common in pregnancy. Given the seriousness of the complications, from congenital hypoacusis to malformations incompatible with life, and the fact there is currently no vaccine or curative treatment available, primary prevention by midwives in health centers must be updated and of high quality.
KEY WORDS
Cytomegalovirus, pregnancy, primary prevention, midwifery.
DESARROLLO DEL TEMA
El citomegalovirus pertenece a la familia Herpesviridae. Invade glándulas salivales y su transmisión se produce a partir de líquidos corporales (saliva, sangre, orina, semen, leche materna). En este reservorio puede permanecer hasta 18 meses. Su periodo de incubación es de 28-60 días y la prevalencia en gestantes con seroconversión es relativamente frecuente, entorno al 1-7%, que incluye también casos de reinfección y reactivación. La probabilidad de transmisión vertical aumenta a medida que la gestación avanza, 36%, 40%, 65% en primer, segundo y tercer trimestre respectivamente. Sin embargo, en casos de reinfección o reactivación, la tasa de transmisión disminuye notablemente hasta un 3%. Además, el periodo de transmisión fetal influirá en gran parte a la afectación del feto. Contagios durante el primer trimestre presentan una prevalencia de repercusión fetal hasta el 25%, un 10% durante el segundo trimestre y fetos libre de afectación mayoritariamente durante el último trimestre. No obstante, la clínica en la embarazada puede ser inexistente o producir un cuadro gripal que curse con febrícula, malestar general, astenia… Este hecho dificulta su diagnóstico, que queda relegado a hallazgos casuales ecográficos1,3.
A nivel gestacional, la placenta es el principal reservorio. Alcanza la circulación fetal y se replica a nivel sistema nervioso central -entre otros- permitiendo el hallazgo ecográfico a partir de la semana 12-24 en forma de dilatación ventricular1.
Los principales grupos de riesgo en el embarazo son aquellas gestantes que trabajan con niños de menos de 3 años -guarderías y colegios-, trabajadoras en hospitales e inmunodeprimidas y portadoras de otras infecciones como VIH1.
El diagnóstico materno por seroconversión se realizaría con serología con el objetivo de medir los anticuerpos IgG e IgM. Los primeros revelarían una infección superada, mientras que los IgM al tener una vida media de 12 meses, precisarán de un test de avidez. Un resultado de baja avidez, por debajo del 30%, indicaría que los anticuerpos son recientes y por tanto la infección también. Para el diagnóstico de infección congénita, se realizaría una PCR de líquido amniótico tras amniocentesis4.
Algunos artículos revelan la necesidad de realizar cribado serológico a la población general, sin embargo, actualmente se incluye en esta prueba a gestantes que estén en contacto con lactantes o niños de menos de 3-4 años, que presentan clínica compatible con infección materna, o hallazgos ecográficos sugestivos de transmisión fetal e inmunosupresión principalmente4.
Además, estos fetos precisan un mayor control ecográfico – e incluso RMN cerebral-. En la ecografía se debe buscar signos como alteración de la cantidad de líquido amniótico, trastornos de crecimiento, calcificaciones craneales, microcefalia, ventriculomegalia, placentomegalia, e hidropesía. Estos marcadores están presentes en un 15 a un 52% de los fetos afectados. No obstante, la no presencia de estos marcadores no significa una no infección, ya que puede tardar en manifestarse hasta 12 semanas desde la transmisión, por ende precisa un control estrecho cada 2-4 semanas4.
Una vez nacidos vivos, las secuelas pueden variar desde pérdida auditiva -mayor causante de sordera congénita-, calcificaciones periventriculares y ventrículomegalias hasta anemia, trombocitopenia, linfocitosis atípica, elevación transaminasas y convulsiones4.
Debido a que no disponemos de vacunas para el citomegalovirus -pese a que se han realizado múltiples estudios-, nuestras principales líneas terapéuticas están basadas en una correcta prevención primaria y, recientemente, en el uso de inmunoglobulina 100ui/kg desde el momento del diagnóstico de forma mensual hasta el momento del parto. Los análisis confirman un 24% menos de infección fetal con el uso de inmunoglobulinas1.
Dada las repercusiones de una primoinfección durante la etapa gestacional, la matrona de atención primaria en la primera consulta de captación del embarazo debe incidir en aquellas medidas higiénicas de prevención y valorar posibles factores de riesgo que pudiesen crear una predisposición mayor a contagiarse. Las últimas evidencias científicas basan esta prevención en:
-Frecuente lavado de manos. Explicar correcta técnica y momentos clave sobre cuándo realizarlo. Aportar infografías del proceso de lavado de manos. Recomendar el uso de gel hidroalcohólico en momentos en los que no sea posible utilizar un lavabo.
-Especial cuidado con niños de menos de 3 años: lavado de manos después de tocar sus juguetes, cambios de pañal, lactancia, dar de comer.
-Evitar el contacto con la saliva de niños pequeños: optar por abrazos y besos en la frente. No compartir comida con ellos. No compartir utensilios de cocina (platos, cubiertos…).
-Prevención en relaciones sexuales recomendando el uso de preservativo si fuese necesario.
-Lavado correcto de alimentos y adecuado cocinado de carnes.
-Control serológico en mujeres cuyo puesto de trabajo exige exposición a grupos de infantes. Después, valorar posibles reubicaciones o bajas laborales.
-Consultar con un profesional de salud ante cualquier duda2,3.
CONCLUSIÓN
Enfrentarnos a una enfermedad como el citomegalovirus sin una vacuna hace que debamos incidir en la gran importancia de una correcta prevención primaria. La matrona que capta a una gestante debe asegurarse que la información que le transmite es clara y está correctamente comprendida. Además, es la matrona quien debe actualizar esa información y conocer el proceso por el que una embarazada debe pasar tras el diagnóstico de una primoinfección por citomegalovirus.
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