Quiste tirogloso sobreinfectado: A propósito de un caso

5 diciembre 2024

 

Nº de DOI: 10.34896/RSI.2024.53.93.001

 

AUTORES

  1. Raquel Sánchez García. Centro de Salud San José Centro (Zaragoza), España.
  2. Paloma Vidao Gómez. Centro de Salud San José Norte (Zaragoza), España.
  3. Eva Sevilla Mañas. Centro de Salud Almozara (Zaragoza), España.
  4. Silvia Finol Pérez. Centro de Salud Torre Ramona (Zaragoza), España.
  5. María Esteban Rihuete. Centro de Salud Almozara (Zaragoza), España.
  6. Ana María Blázquez Henao. Centro de Salud Torre Ramona (Zaragoza), España.

 

RESUMEN

El quiste del conducto tirogloso (QCT) es una masa congénita común del cuello, especialmente en niños. Generalmente se presenta como una masa cervical indolora que se desplaza al deglutir o protruir la lengua¹. Aunque es un hallazgo benigno, el QCT puede complicarse con infecciones recurrentes o presentar malignidad en raros casos (aproximadamente 1-2%)²,³. El diagnóstico se basa en la exploración clínica y estudios de imagen, tales como ultrasonido y tomografía computarizada. La ecografía es útil para definir la localización y el tamaño del quiste, y para descartar malignidad mediante la aspiración con aguja fina³,⁴. Tradicionalmente, el tratamiento estándar ha sido la cirugía mediante el procedimiento de Sistrunk, que implica la resección del quiste y del hueso hioides²,,⁶. Sin embargo, existen opciones no quirúrgicas como la ablación con etanol guiada por ultrasonido, la cual ofrece una alternativa mínimamente invasiva y con buenos resultados en términos de seguridad y efectividad⁵. Este tratamiento se recomienda para pacientes que buscan evitar las cicatrices visibles y los riesgos quirúrgicos. La evaluación preoperatoria incluye estudios de imagen para diferenciar el QCT de otras masas del cuello, como quistes branquiales y laringoceles¹,⁴. La literatura destaca la importancia del conocimiento anatómico del desarrollo tiroideo para un diagnóstico preciso y adecuado manejo del QCT²,³.

PALABRAS CLAVE

Dolor cervical anterior, quiste tirogloso, diagnóstico ecográfico.

ABSTRACT

The thyroglossal duct cyst (TGDC) is a common congenital neck mass, especially in children. It usually presents as a painless neck swelling that moves with swallowing or tongue protrusión¹. Although benign, TGDC may complicate with recurrent infections or malignancy in rare cases (about 1-2%)²,³. Diagnosis relies on clinical examination and imaging studies, such as ultrasound and computed tomography. Ultrasound is useful to define the cyst’s location and size and to rule out malignancy through fine-needle aspiration³,⁴. Traditionally, the standard treatment has been surgery via the Sistrunk procedure, which involves removing the cyst and part of the hyoid bone²,,⁶. However, non-surgical options such as ultrasound-guided ethanol ablation offer a minimally invasive alternative with good safety and effectiveness outcomes⁵. This treatment is recommended for patients seeking to avoid visible scarring and surgical risks. Preoperative evaluation includes imaging studies to differentiate TGDC from other neck masses, such as branchial cysts and laryngoceles1,4. The literature highlights the importance of anatomical knowledge of thyroid development for accurate diagnosis and proper management of TGDC²,³.

KEY WORDS

Anterior cervical pain, thyroglossal duct cyst, diagnostic ultrasound.

PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO

Mujer de 81 años, sin antecedentes quirúrgicos y con antecedente de hipertensión arterial en tratamiento con olmesartán 40 mg diarios e hipercolesterolemia en tratamiento con atorvastatina 20 mg. Acude a consulta de atención primaria por presentar cuadro de 4 días de evolución que cursa con odinofagia y sensación distérmica, sin otra clínica catarral asociada ni tos. No refiere disnea ni dolor torácico, tampoco clínica miccional ni alteración del ritmo deposicional. No ha presentado náuseas ni vómitos.

Valorada en las primeras 24h del cuadro se realizó streptotest con resultado negativo, por lo que desde entonces se ha mantenido en tratamiento con ibuprofeno 600 mg cada 8h. La paciente refiere persistencia del dolor y distermia sin haber termometrado picos febriles, y describe un dolor en región cervical anterior que no se modifica con el tratamiento y empeora a la deglución tanto con líquidos como con alimentos sólidos, e incluso ha visto algo limitada la deglución para ciertos alimentos sólidos.

A la exploración, la paciente presenta buen estado general y se mantiene afebril, con buenas constantes vitales (saturación basal 96%, tensión arterial 135/85 mmHg, frecuencia cardíaca 75 lpm, temperatura 36ºC). Se encuentra eupneica en reposo y presenta auscultación cardiopulmonar y exploración abdominal sin alteraciones. Presenta una orofaringe eritematosa sin objetivar hipertrofia amigdalar, exudados o abombamiento de pilares amigdalinos, el suelo de la boca es blando a la palpación y depresible. Refiere dolor a la palpación superficial de línea media cervical anterior, ligeramente eritematosa y donde se palpa tumoración mal definida de unos 2 cm, dolorosa y móvil a la deglución, sin adherirse a planos profundos.

Reinterrogando a la paciente, refiere episodios previos similares con dolor selectivo a nivel cervical que cedieron con la toma de antibiótico. Revisando su historia clínica, no se encuentran pruebas complementarias de imagen por lo que, ante la sospecha de posible quiste tirogloso complicado, se deriva a urgencias hospitalarias para confirmación diagnóstica.

El facultativo de urgencias solicita analítica sanguínea con bioquímica y hemograma, en la cual destaca leucocitosis de 13.300 con neutrofilia y proteína C reactiva de 5.51 mg/dL, con normalidad del resto de los valores. También solicita ecografía cervical que informa de quiste cervical de 17 x 10 mm en línea media superior al cartílago tiroides, de contenido heterogéneo y aumento de la señal Doppler parietal, sugestivo de quiste tirogloso sobreinfectado.

La paciente pasa a sala de observación para administración de la primera dosis de carga antibiótica intravenosa (ceftriaxona 2 gramos), metilprednisolona 40 mg y control analítico y clínico a las 2h. Tras buena evolución, es dada de alta con amoxicilina-clavulánico 875/125 mg cada 8h durante 14 días, además de dexametasona 4 mg en pauta descendente durante 9 días y paracetamol de rescate, quedando pendiente la consulta de revisión en cirugía maxilofacial a las 3 semanas de la resolución del cuadro.

 

DISCUSIÓN

El manejo del quiste del conducto tirogloso (QCT) representa un desafío para los médicos debido a su naturaleza congénita, las complicaciones asociadas y la posibilidad de recidivas o malignidad. Como se detalla en la literatura, el QCT es la masa congénita cervical más común y suele diagnosticarse en la infancia, aunque también puede aparecer en adultos¹,², ³. El caso clínico presentado demuestra la importancia de un enfoque estructurado, comenzando con una historia clínica detallada y la exploración física, que permiten detectar signos característicos como la movilidad de la masa al deglutir o al protruir la lengua⁴.

Los estudios de imagen juegan un papel fundamental en el diagnóstico del QCT. La ecografía es la herramienta más utilizada, ya que permite evaluar la naturaleza quística de la lesión y su relación con estructuras vecinas sin necesidad de radiación ionizante²,³,⁴. Cuando existen signos atípicos como componentes sólidos o vascularidad anormal, se recomienda la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM) para descartar malignidad²,³. La literatura describe que hasta un 1-2% de los QCT pueden presentar transformación maligna, siendo el carcinoma papilar el tipo más frecuente²,⁴.

El tratamiento tradicional del QCT es la cirugía mediante el procedimiento de Sistrunk, el cual incluye la resección del quiste junto con el conducto tirogloso y una porción del hueso hioides, con el fin de reducir la tasa de recurrencia⁵,⁶. Este procedimiento ha demostrado una reducción significativa de la recurrencia (1-5%) en comparación con la simple escisión del quiste, que tiene una tasa de recurrencia del 45-55%⁵,⁶. Sin embargo, el procedimiento de Sistrunk conlleva una carga quirúrgica considerable, incluyendo la necesidad de anestesia general, cicatrices visibles en el cuello y posibles complicaciones postoperatorias⁵,⁶. En este contexto, los avances recientes han llevado a explorar alternativas menos invasivas, como la ablación con etanol guiada por ultrasonido (US-EA)⁵.

La ablación con etanol se ha propuesto como una alternativa prometedora, especialmente para pacientes que desean evitar la cicatriz quirúrgica y reducir el riesgo de complicaciones postoperatorias⁵. En estudios recientes, la US-EA ha mostrado buenos resultados en términos de seguridad y eficacia, con tasas de reducción del volumen del quiste superiores al 80% y una baja tasa de complicaciones⁵. Aunque los resultados iniciales son alentadores, todavía no existe un consenso general sobre la aplicación de esta técnica como tratamiento estándar para el QCT⁵. Los médicos deben evaluar cuidadosamente las características clínicas de cada paciente y considerar factores como la presencia de infecciones recurrentes o preocupaciones estéticas antes de elegir entre la cirugía y la ablación con etanol⁴.

Un aspecto importante a considerar en el manejo del QCT es la posibilidad de malignidad, aunque rara. El carcinoma del QCT es una complicación infrecuente pero significativa, especialmente en adultos mayores de 40 años⁴. Por lo tanto, se recomienda realizar una aspiración con aguja fina guiada por ultrasonido (US-FNAC) para confirmar la naturaleza benigna del quiste antes de realizar la ablación⁵. Este enfoque minimiza el riesgo de dejar sin tratar una posible malignidad. Además, el conocimiento detallado de la anatomía y del curso embriológico del conducto tirogloso es esencial para evitar diagnósticos erróneos y asegurar un tratamiento adecuado¹,².

 

CONCLUSIONES

El manejo del quiste del conducto tirogloso requiere una evaluación detallada para garantizar un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado. La ecografía sigue siendo la herramienta principal para la evaluación inicial, mientras que la tomografía computarizada y la resonancia magnética se emplean en casos complejos o cuando se sospecha malignidad²,³. El procedimiento de Sistrunk se considera el tratamiento de elección para el QCT, con una baja tasa de recurrencia, aunque conlleva riesgos quirúrgicos y estéticos⁵. La ablación con etanol guiada por ultrasonido representa una alternativa atractiva y menos invasiva, especialmente para aquellos pacientes que desean evitar las cicatrices visibles o que no son candidatos adecuados para la cirugía⁵. Sin embargo, se requiere más investigación para establecer esta técnica como el tratamiento estándar.

En general, el tratamiento del QCT debe ser individualizado, considerando las características del paciente, la presencia de factores de riesgo, y las preferencias personales. La vigilancia continua y el seguimiento son fundamentales, especialmente en pacientes con factores de riesgo de malignidad⁴. La elección del tratamiento debe ser discutida cuidadosamente con el paciente, destacando los beneficios y riesgos de cada opción terapéutica, y asegurando un enfoque integral y centrado en el paciente para el manejo de esta patología congénita.

 

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