AUTORES
- Juan Carlos Sáez Moreno. Celador. Celador en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marta Latapia Callen. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Elena Lacueva Zapater. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Esther Prades Laborda. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Raquel Sancho Almau. Formación Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). TCAE en Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Beatriz Pilar Sánchez Gil. Diplomada en Enfermería. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud, Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad de Menière, o conocida también como hidropesía endolinfática, es una enfermedad rara dentro de la población, si tenemos en cuenta que hacemos referencia al conjunto de patologías relacionadas dentro del sistema auditivo.
Debido a su poca prevalencia, es una enfermedad desconocida tanto por la sociedad. También lo es por parte de los profesionales del sistema sanitario, quienes; sin embargo, deben de conocerla en profundidad para identificarla de la manera más precoz posible, confirmándolo mediante un diagnóstico. Es fundamental llevar a cabo un tratamiento adecuado para evitar complicaciones que puedan comprometer la capacidad auditiva del paciente.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad de Menière, oído, hidropesía endolinfática, población, dolor de oído.
ABSTRACT
Menière’s disease, also known as endolymphatic hydrops, is a rare disease within the population, if we take into account that we are referring to the set of related pathologies within the auditory system.
Due to its low prevalence, it is a disease unknown to society. It is also the case on the part of professionals in the health system, who; However, they must know it in depth to identify it as early as possible, confirming it through a diagnosis. It is essential to carry out adequate treatment to avoid complications that could compromise the patient’s hearing ability.
KEY WORDS
Meniere disease, ear, endolymphatic hydrops, population, earache.
DESARROLLO DEL TEMA
La Enfermedad de Menière (EM) es una afección rara del oído interno que provoca vértigo, hipoacusia neurosensorial y acúfenos1.
La EM puede ocurrir a cualquier edad, pero sus síntomas típicamente empiezan en un rango entre los 20 y los 40 años. La prevalencia y la incidencia de la EM varían dependiendo de la geografía y la demografía de cada paciente. A nivel mundial, se reporta una prevalencia de 3 a 513 por cada 100.000 individuos. Específicamente a nivel de Estados Unidos, la prevalencia se encuentra entre 190 por cada 1.000.000. Existe una tendencia predominante de presentar esta patología en mujeres más que en los hombres, pero otros estudios demuestran una incidencia equitativa.
La presencia de la EM en la población infantil es menos frecuente con un porcentaje reportado entre 0.4-7% de todos los casos de EM, y se estima la prevalencia en aquellos niños mayores de 10 años; sin embargo, se han reportado casos en edades tan tempranas como los 4 años. Varios estudios asocian esta patología en niños a malformaciones congénitas del oído interno en comparación a los adultos, que puede relacionarse más con una enfermedad adquirida.
Existe una prevalencia de cefalea de tipo migrañosa en pacientes que presentan esta patología, y es más común en aquellos individuos con antecedentes familiares de vértigo episodio. Existe una relación genética de tipo autosómica dominante tanto en casos esporádicos como familiares. Cuando se refiere a enfermedad familiar de Ménière, tiene que haber al menos un pariente de primer o segundo grado con criterios sugestivos de la enfermedad2.
La enfermedad de Menière resulta de la acumulación de líquido en una porción del oído interno conocida como el laberinto. El laberinto contiene los órganos del equilibrio (los conductos semicirculares y los órganos otolíticos) y de la audición (la cóclea). Tiene dos secciones: el laberinto óseo y el laberinto membranoso. El laberinto membranoso está lleno de líquido endolinfático. Cuando el cuerpo se mueve, el líquido endolinfático en los órganos del equilibro estimula los receptores nerviosos para que envíen señales al cerebro sobre la posición y el movimiento del cuerpo. En la cóclea, el líquido se comprime en respuesta a las vibraciones del sonido, lo que estimula a las células sensoriales que envían señales al cerebro. En la enfermedad de Menière, la acumulación del líquido endolinfático en el laberinto interfiere con las señales de equilibrio y audición normales que van del oído interno al cerebro. Esta anomalía provoca vértigo y otros síntomas de la enfermedad de Ménière3.
Los síntomas de esta patología incluyen ataques repentinos (agudos), no provocados, de vértigo grave e incapacitante, y por lo general náuseas y vómitos. El vértigo es la sensación, que no se corresponde con la realidad, de que uno mismo o el entorno, o ambos, se están moviendo o girando. La mayoría de las personas describen esta sensación desagradable como «mareos», aunque la palabra «mareo» también suele utilizarse para otras sensaciones, tales como la sensación de aturdimiento.
Estos síntomas suelen durar de 20 minutos a 12 horas. En raras ocasiones, duran hasta 24 horas. Antes de un ataque y mientras este tiene lugar, la persona suele tener una sensación de congestión o presión en el oído afectado. A veces los sonidos parecen inusualmente fuertes o distorsionados.
Después de una crisis de vértigo, la audición en el oído afectado puede verse alterada. Las frecuencias de sonido más bajas (escuchar vocales) son más difíciles de oír. La audición tiende a fluctuar, pero empeora progresivamente con el paso de los años.
Los acúfenos, descritos por algunas personas como «pitidos en los oídos», pueden ser constantes o intermitentes, y pueden empeorar antes, durante o después de una crisis de vértigo. Por lo general, solo se ve afectado un oído.
Al principio, los síntomas pueden desaparecer entre los episodios. Los periodos sin síntomas pueden durar hasta 1 año. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, la deficiencia auditiva empeora gradualmente y el tinnitus (o acúfenos pulsantes) puede volverse constante.
En una variedad de la enfermedad de Ménière, la pérdida de audición y los acúfenos aparecen meses o incluso años antes de la primera crisis de vértigo. La audición puede mejorar tras el inicio de las crisis de vértigo4.
Dentro de las pruebas para su detección, destacamos varias:
- Audiometría: Es la más importante. Es una herramienta sencilla que muestra un perfil característico auditivo del paciente. En aquellos casos en los que el diagnóstico clínico no esté claro, las pruebas vestibulares, que verifican el funcionamiento de los órganos del equilibrio del oído interno, son fundamentales
Las pruebas vestibulares más habituales son:
- Prueba vHit: A partir de una gafa de 200 gramos que tiene un acelerómetro y una cámara de alta velocidad se mide el reflejo óculo-vestibular. El otorrinolaringólogo mueve la cabeza del paciente con impulsos de baja amplitud y de alta velocidad, mientras el paciente mantiene la mirada fija en un punto. El registro muestra la velocidad del movimiento de los ojos y de la cabeza.
- Pruebas calóricas: Se le aplica al paciente en el oído corrientes de agua a distintas temperaturas. Eso genera un movimiento ocular que un ordenador registra y este calcula la amplitud y la cantidad de movimiento. Así se compara un oído respecto al otro y se calcula qué porcentaje de déficit de función vestibular hay en el oído enfermo.
- Electrococleografía: Mide la actividad eléctrica del oído interno tras la aplicación de un estímulo acústico. Existen dos formas de realizar esta prueba, colocando el electrodo sobre la membrana timpánica (extratimpánica) o sobre el promontorio (más cerca del oído interno), atravesando la membrana timpánica (transtimpánica).
- Posturografía: A través de una plataforma se mide el centro de gravedad del paciente, el control y velocidad del movimiento, y la capacidad de mantener el equilibrio en distintas condiciones de dificultad variable. Detecta qué parte del desequilibrio puede ser debido a un problema vestibular, visual o somatosensorial5.
La prevención de ataques mediante la limitación de la sal, el alcohol y la cafeína, así como la toma de un medicamento diurético. Fármacos como meclizina o lorazepam para aliviar las crisis repentinas de vértigo. Fármacos como la proclorperazina para aliviar los vómitos.
A veces, fármacos o cirugía para reducir la presión del fluido o destruir las estructuras del oído interno
- Tratamientos no invasivos para la enfermedad de Menière: El hecho de seguir una dieta baja en sal, evitar el alcohol y la cafeína y tomar diuréticos (como hidroclorotiazida o acetazolamida, que aumentan la excreción de orina) reducen la frecuencia de las crisis de vértigo en la mayoría de las personas con enfermedad de Menière. Sin embargo, es posible que el tratamiento no detenga la pérdida gradual de audición. Cuando se producen las crisis, el vértigo puede aliviarse temporalmente con fármacos administrados por vía oral, como meclizina o lorazepam. Las náuseas y los vómitos pueden aliviarse con comprimidos o supositorios de proclorperazina. Estos fármacos no ayudan a prevenir las crisis y por lo tanto no deben tomarse con regularidad, sino solo durante los periodos agudos de vértigo y náusea. Para aliviar los síntomas, algunos médicos también administran corticosteroides, como prednisona por vía oral, o en ocasiones una inyección del corticosteroide dexametasona detrás del tímpano. Ciertos medicamentos utilizados para prevenir las migrañas (como algunos antidepresivos) son eficaces para algunas personas con la enfermedad de Menière.
- Tratamientos invasivos para la enfermedad de Menière: En las personas que resulten incapacitadas por crisis frecuentes de vértigo, a pesar del tratamiento farmacológico, pueden utilizarse tratamientos no invasivos. El objetivo de estos procedimientos es reducir la presión del líquido en el oído interno o destruir las estructuras del oído interno responsables de la función de equilibrio. El procedimiento menos destructivo se denomina descompresión del saco endolinfático. El saco endolinfático contiene el líquido que rodea las células ciliadas del oído interno. En este procedimiento, el cirujano practica una incisión detrás de la oreja y extrae el hueso situado sobre el saco endolinfático para que pueda visualizarse. Se utiliza un bisturí o un láser para practicar un orificio en el saco, permitiendo así que el líquido drene. El cirujano puede colocar un drenaje de plástico delgado y flexible en el orificio para ayudar a mantenerlo abierto. No afecta al equilibrio, y rara vez daña la audición.
Si la descompresión del saco endolinfático no surte efecto, los médicos pueden tener que destruir las estructuras del oído interno que causan los síntomas mediante la inyección de una solución de gentamicina en el oído medio, administrada a través del tímpano. La gentamicina destruye selectivamente la función del equilibrio antes de afectar a la audición, pero continúa existiendo un riesgo de pérdida auditiva. Este riesgo es bajo si los médicos inyectan la gentamicina solo una vez y esperan 4 semanas antes de repetirla si es necesario.
Las personas que sigan sufriendo episodios frecuentes y graves a pesar de estos tratamientos pueden necesitar un procedimiento quirúrgico más invasivo. Seccionar el nervio vestibular, neurectomía vestibular, destruye de forma permanente la capacidad del oído interno de afectar al equilibrio, suele preservar la audición y alivia el vértigo en el 95% de los casos. Este procedimiento suele llevarse a cabo para tratar a las personas cuyos síntomas no mejoran después de una descompresión del saco endolinfático, o en aquellas que no quieren volver a experimentar un episodio de vértigo jamás.
Cuando el vértigo es incapacitante y la audición en el oído implicado se ha deteriorado, pueden extirparse los conductos semicirculares mediante un procedimiento denominado laberintectomía. En estos casos, la restauración auditiva es a veces posible con un implante coclear.
Ninguna de las técnicas quirúrgicas que tratan el vértigo es eficaz para la pérdida auditiva frecuentemente asociada a la enfermedad de Ménière1-6.
BIBLIOGRAFÍA
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