AUTORES
- Aris Montolío Braulio. Médico del Servicio de Urgencias del Hospital Royo Villanova (Zaragoza, España).
- Clara García Blasco. Enfermera del Servicio de Cirugía del Hospital Royo Villanova (Zaragoza, España).
- Ilena Uson Rubio. Enfermera del Servicio de Medicina Interna del Hospital Royo Villanova (Zaragoza, España).
- Raquel Lázaro Lacarta. Enfermera del Bloque quirúrgico del Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza, España).
- Sandra López García. Enfermera de Salud Mental del Centro San Francisco Javier (Pamplona, España).
- Teresa Loscos Viñuales. Enfermera de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa ( Zaragoza, España).
RESUMEN
La vía intraósea constituye una alternativa segura y eficaz para la administración de fármacos, fluidos y hemoderivados en el paciente pediátrico crítico cuando el acceso venoso periférico no puede lograrse en un tiempo razonable. Su uso en urgencias pediátricas representa una técnica de vital importancia para garantizar la estabilización hemodinámica, aunque no está exenta de complicaciones y requiere un conocimiento técnico adecuado. Este artículo revisa las indicaciones, técnica, complicaciones, cuidados continuos y zonas de punción más empleadas, con el objetivo de difundir conocimientos actualizados para la práctica clínica segura de esta vía de acceso en el contexto pediátrico.
PALABRAS CLAVE
Acceso intraóseo. urgencias pediátricas, reanimación cardiopulmonar, pediatría, cuidados críticos.
ABSTRACT
The intraosseous route is a safe and effective alternative for the administration of medications, fluids, and blood products in critically ill pediatric patients when peripheral venous access cannot be established within a reasonable time. Its use in pediatric emergencies represents a vital technique to ensure hemodynamic stabilization, although it is not without complications and requires appropriate technical knowledge. This article reviews the indications, insertion technique, complications, ongoing care, and the most commonly used puncture sites, with the aim of disseminating updated knowledge to support the safe clinical practice of this access route in pediatric settings.
KEY WORDS
Intraosseous infusion, pediatric emergency medicine, cardiopulmonary resuscitation, pediatrics, critical care.
En el contexto de la atención pediátrica urgente, la obtención de un acceso vascular rápido y eficaz constituye un elemento esencial para la administración inmediata de fármacos y soluciones intravenosas, especialmente en situaciones críticas como el shock hipovolémico o la parada cardiorrespiratoria. No obstante, la canalización venosa periférica en pacientes pediátricos puede verse significativamente dificultada por factores anatómicos propios de la edad, como el menor calibre de los vasos, así como por condiciones fisiopatológicas como el colapso vascular o la hipovolemia severa1.
Ante estas limitaciones, el acceso intraóseo se ha consolidado como una alternativa segura, rápida y eficaz para el acceso vascular de emergencia. Esta técnica consiste en la inserción de una aguja especializada a través de la corteza ósea hasta el espacio medular, permitiendo la administración de medicamentos, soluciones y la obtención de muestras para análisis de laboratorio. Su uso está especialmente indicado cuando el acceso venoso periférico no puede lograrse en un tiempo razonable2.
No obstante, a pesar de su eficacia demostrada y de las recomendaciones en protocolos y guías clínicas, su uso continúa siendo limitado en determinados entornos clínicos. El uso limitado de la vía intraósea suele estar relacionada con el desconocimiento de la técnica, la falta de formación específica o la escasa disponibilidad de dispositivos adecuados, lo que puede traducirse en retrasos en el tratamiento y, en consecuencia, en un aumento de la morbilidad pediátrica potencialmente evitable3.
Objetivo general: Analizar el uso del acceso venoso intraóseo en pacientes pediátricos como alternativa segura y eficaz ante la imposibilidad de acceso venoso periférico en situaciones de urgencia.
Objetivos específicos
- Describir las indicaciones y contraindicaciones del acceso intraóseo en pediatría
- Detallar la técnica de inserción y los cuidados continuos necesarios para su correcto funcionamiento.
- Identificar las principales complicaciones asociadas a esta vía de acceso.
- Revisar la evidencia científica disponible sobre el uso del acceso intraóseo en el manejo de urgencias pediátricas.
Se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica en bases de datos PubMed, NCBI Booksshelf y Scopus así como en páginas oficiales de sociedades científicas como el European Resuscitation Council, la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría y la Sociedad Española de Enfermería de Urgencias y Emergencias.
Criterios de inclusión:
- Estudios publicados en el período comprendido entre 2017 y 2025.
- Idioma: inglés, español o portugués.
- Artículos con texto completo disponible.
- Materia: Ciencias de la Salud.
El acceso intraóseo está indicado en pacientes pediátricos en situación crítica como shock, parada cardiorrespiratoria o politraumatismos graves cuando no se logra canalizar una vía venosa periférica tras tres intentos o un tiempo máximo de 90 segundos. Permite la administración de medicamentos, fluidos y productos sanguíneos en las mismas concentraciones y dosis que la vía endovenosa4.
Entre las principales contraindicaciones para la utilización del acceso intraóseo se incluyen aquellas condiciones que comprometen la seguridad o eficacia del procedimiento. Estas son: la presencia de infección local en el sitio de inserción, fractura del hueso seleccionado para la punción, existencia de prótesis articulares en la zona, celulitis u osteomielitis, tumores óseos en el área de acceso, punciones previas realizadas en las últimas 24-48 horas sobre el mismo hueso, así como quemaduras térmicas o químicas en la región elegida3.
Las zonas más empleadas en pediatría son:
- En menores de 6 años: tibia proximal (1–2 cm por debajo de la tuberosidad tibial).
- En mayores de 6 años: tibia distal (1–2 cm por encima del maléolo medial).
- Lugares como húmero proximal en adolescentes/adultos o fémur distal en lactantes también pueden ser usados
Estas localizaciones permiten un acceso rápido, con mínimo riesgo de complicaciones mayores, y son fácilmente identificables en la anatomía pediátrica2,5.
Técnica de inserción:
La inserción de un acceso intraóseo en pacientes pediátricos requiere una técnica estéril rigurosa para minimizar el riesgo de infección. La elección del sitio anatómico debe adaptarse a la edad y constitución del niño. La técnica estándar comienza con la preparación y verificación del material necesario. A continuación, se selecciona el sitio de punción, se desinfecta cuidadosamente y, en caso de que el paciente esté consciente, se infiltra anestesia local en la piel y el periostio para reducir el dolor2,5.
La aguja intraósea debe insertarse perpendicularmente al hueso. Una vez se percibe el contacto con el hueso, se retira el fiador, asegurándose de que al menos 5 mm del vástago de la aguja permanezcan visibles por encima de la piel, lo que indica una longitud adecuada para alcanzar el espacio medular2. La correcta colocación se confirma mediante la estabilidad del dispositivo, la aspiración de médula ósea (aunque su ausencia no descarta una colocación correcta) y la infusión de solución salina con flujo libre, sin signos de extravasación. En caso de duda, puede irrigarse con suero y repetir la aspiración3.
Las técnicas empleadas para estabilizar el acceso intraóseo varían en función del tipo de dispositivo utilizado. Es esencial asegurar de forma adecuada la fijación del acceso para prevenir desplazamientos, dobleces o desprendimientos de la aguja. Una vez finalizado el procedimiento, se debe documentar con precisión la fecha y hora de la inserción2.
El uso de la vía intraósea no debe prolongarse más allá de las 24 horas, debido al incremento del riesgo de complicaciones mecánicas e infecciosas. Una vez que se haya conseguido un acceso vascular alternativo más estable, se recomienda retirar el dispositivo intraóseo y realizar un vendaje en el sitio de punción2,3.
Una vez establecido el acceso intraóseo, es fundamental realizar una monitorización periódica para garantizar su funcionalidad y prevenir complicaciones. Esta evaluación debe incluir la comprobación de la permeabilidad del catéter, la correcta posición de la aguja, y la ausencia de signos de extravasación. Asimismo, se debe observar cuidadosamente el aspecto de la piel circundante en busca de enrojecimiento, edema o cambios locales, así como valorar la temperatura y la presencia de pulsos periféricos2,3.
Aunque el acceso intraóseo es generalmente seguro, pueden presentarse complicaciones. Entre las más relevantes se encuentran la osteomielitis y la celulitis. También pueden producirse fracturas óseas, especialmente en pacientes pediátricos con huesos más frágiles, así como extravasación de líquidos. En casos más graves, la infiltración de fluidos en los compartimentos musculares puede desencadenar un síndrome compartimental, una urgencia médica que requiere intervención inmediata. La vigilancia clínica continua es esencial para la detección precoz de estas complicaciones3.
DISCUSIÓN
La vía intraósea representa una alternativa eficaz y segura para garantizar un acceso vascular rápido en situaciones críticas cuando la canalización periférica resulta inviable, especialmente en pacientes pediátricos con colapso vascular secundario a shock hipovolémico, séptico o traumático. Diversos estudios han documentado tasas de éxito superiores al 90% en la primera punción cuando se emplean dispositivos adecuados y el procedimiento es realizado por personal debidamente entrenado6,7.
El European Resuscitation Council recomienda su utilización como acceso de primera elección tras el fallo de la vía periférica en reanimación pediátrica7. Asimismo, se señala la importancia de no mantener el acceso intraóseo más de 24 horas, para reducir el riesgo de complicaciones infecciosas y mecánicas2. De igual manera, la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría también respalda el uso del acceso intraóseo en situaciones de emergencia pediátrica. En sus protocolos clínicos, se destaca la importancia de obtener un acceso vascular en los primeros minutos de atención a pacientes en estado crítico5.
Estas recomendaciones son consistentes con estudios multicéntricos que refieren mínima incidencia de extravasaciones o necrosis cutánea con técnicas estandarizadas7,8. No obstante, es fundamental considerar las complicaciones asociadas, como osteomielitis, síndrome compartimental o fracturas óseas, especialmente cuando se utilizan agujas inadecuadas o se prolonga la permanencia del acceso intraóseo2,3.
Además, la falta de formación continua del personal sanitario constituye un factor de riesgo relevante, ya que incrementa la tasa de fallos en la colocación y, en consecuencia, la aparición de eventos adversos. Por tanto, la implementación de programas de entrenamiento sistemático y la estandarización de protocolos son fundamentales para optimizar el uso del acceso intraóseo y reducir su morbilidad asociada7.
- El acceso venoso intraóseo en pediatría constituye una técnica de alta eficacia y seguridad ante el fracaso del acceso venoso periférico.
- Su implementación adecuada, apoyada en la formación continua, la selección apropiada de la zona de punción y la monitorización rigurosa, permite optimizar la atención urgente y crítica en pacientes pediátricos.
- Su inclusión protocolizada en guías de emergencias y reanimación constituye un paso esencial para mejorar la calidad de la asistencia sanitaria en este grupo de población.
BIBLIOGRAFÍA
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