- María Sánchez Funes. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
- María Rubio Aguerri. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
- Esther Sancho Guillén. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Universitario Miguel Servet (Zaragoza) España.
- Paula Pros Jiménez. Graduada en Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza) España.
RESUMEN
Las infecciones del tracto urinario (ITU) son una de las enfermedades infecciosas más prevalentes en la práctica clínica, especialmente en mujeres jóvenes y personas mayores. El agente etiológico más frecuente es la Escherichia coli, seguida de otras enterobacterias. Desde el punto de vista clínico, se clasifican en formas no complicadas y complicadas, y pueden afectar desde la uretra y la vejiga hasta el parénquima renal. El diagnóstico se establece combinando criterios clínicos y pruebas de laboratorio; el urocultivo es el método de referencia. El tratamiento temprano y dirigido es esencial para prevenir complicaciones. Las estrategias preventivas incluyen medidas higiénicas y dietéticas, y en casos seleccionados, profilaxis con antibióticos.
PALABRAS CLAVE
Infección urinaria, cistitis; pielonefritis, antibióticos, diagnóstico.
ABSTRACT
Urinary tract infections (UTIs) are one of the most common infectious diseases encountered in clinical practice, particularly among young women and older adults. The most common causative agent is Escherichia coli, followed by other enterobacteria. From a clinical perspective, UTIs are classified as either uncomplicated or complicated and can affect the urethra, bladder and renal parenchyma. Diagnosis is made by combining clinical criteria and laboratory tests, with urine culture being the gold standard method. Early and targeted treatment is essential to prevent complications. Preventive strategies include hygiene and dietary measures, and, in selected cases, antibiotic prophylaxis.
KEY WORDS
Urinary tract infection, cystitis, pyelonephritis, antibiotics, diagnosis.
DESARROLLO DEL TEMA
Las infecciones del tracto urinario (ITU) son una de las patologías más frecuentes en la práctica clínica y suponen un importante problema de salud pública debido a su elevada incidencia y a su potencial para causar complicaciones. Estas infecciones se producen por la invasión de microorganismos en cualquier parte del sistema urinario (riñones, uréteres, vejiga y uretra), siendo la vía ascendente desde la uretra la más habitual. Las ITU son predominantemente bacterianas, principalmente por Escherichia coli, pero también pueden estar causadas por virus, hongos o parásitos1.
Diversos factores predisponentes pueden incrementar el riesgo de infección, como las anomalías anatómicas, las obstrucciones urinarias, la hipertrofia prostática, el uso de sondas o catéteres y las alteraciones del sistema inmunológico. En el caso de las mujeres, la actividad sexual, los traumatismos uretrales y ciertas malformaciones anatómicas favorecen la recurrencia de las infecciones. Estas condiciones crean un entorno propicio para la colonización y proliferación de microorganismos, lo que aumenta la probabilidad de infecciones recurrentes o complicadas1.
Dada su alta prevalencia y las posibles complicaciones derivadas de un diagnóstico tardío o un manejo inapropiado, las ITU requieren un enfoque clínico oportuno y basado en evidencia. La prevención mediante hábitos de higiene, una adecuada hidratación y medidas específicas en poblaciones de riesgo es esencial para reducir la morbilidad asociada a estas infecciones1,2.
CONTENIDO:
Las infecciones del tracto urinario (ITU) son una causa frecuente de consulta tanto en atención primaria como en servicios de urgencias, representando un problema de salud pública global por su elevada incidencia y costes asociados2. Se estima que entre el 50 y el 60% de las mujeres experimentarán al menos un episodio de ITU a lo largo de su vida3.
La instauración temprana del tratamiento antimicrobiano y la identificación de factores predisponentes resultan fundamentales para minimizar complicaciones, tales como pielonefritis, abscesos renales o bacteriemia de origen urinario.
EPIDEMIOLOGÍA:
La mayor frecuencia de ITU en mujeres se atribuye a factores anatómicos y hormonales, siendo más comunes en edades reproductivas. En varones, la incidencia aumenta tras los 50 años, asociada a patología prostática (4). En el medio hospitalario, las ITU representan una proporción significativa de las infecciones nosocomiales, especialmente en pacientes sondados5.
ETIOLOGÍA Y FISIOPATOLOGÍA:
La mayoría de las ITU son causadas por bacterias gramnegativas procedentes del microbiota intestinal. Escherichia coli es responsable de entre el 70 y el 90% de los casos, seguida por Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis y Enterococcus faecalis6.
El mecanismo patogénico más frecuente es la ascensión de microorganismos desde la uretra hacia la vejiga y, en casos graves, al tracto urinario superior. Factores como actividad sexual, uso de dispositivos anticonceptivos intravaginales, menopausia, obstrucciones urinarias y sondaje vesical incrementan el riesgo7.
CLASIFICACIÓN CLÍNICA:
Las ITU pueden clasificarse en:
- No complicadas: La infección urinaria aguda, ya sea esporádica o recurrente, puede afectar al tracto urinario inferior (cistitis no complicada) o al tracto urinario superior (pielonefritis no complicada). Este tipo de infecciones se limita a mujeres no embarazadas que no presentan anomalías anatómicas o funcionales relevantes del tracto urinario ni comorbilidades asociadas.
- Complicadas: Se consideran infecciones del tracto urinario complicadas todas aquellas que no cumplen con los criterios de infección no complicada. Esto incluye: Hombres, mujeres embarazadas, pacientes con anomalías anatómicas o funcionales del tracto urinario, portadores de catéteres urinarios, personas con enfermedades renales o comorbilidades concomitantes, como la diabetes.
- Recurrentes: Se considera recurrencia de infecciones urinarias cualquier episodio de ITU, ya sea no complicado o complicado, que ocurra con una frecuencia de al menos tres infecciones al año o dos infecciones en los últimos seis meses.
- Infecciones urinarias asociadas al catéter: Se define como infección urinaria asociada a catéter aquella que ocurre en pacientes que han portado un catéter urinario durante al menos 48 horas previas1.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
En la cistitis aguda predominan disuria, polaquiuria, urgencia miccional y dolor suprapúbico. La pielonefritis añade fiebre elevada, escalofríos, náuseas, vómitos y dolor en la fosa lumbar. La bacteriuria asintomática, frecuente en ancianos y embarazadas, carece de síntomas urinarios evidentes2.
DIAGNÓSTICO:
El diagnóstico inicial se basa en la clínica. El análisis de orina puede evidenciar leucocituria, bacteriuria y nitritos positivos. El urocultivo es el estándar de referencia y se recomienda en ITU complicada, recurrente, pielonefritis y pacientes con factores de riesgo8.
TRATAMIENTO:
Tratamientos no farmacológicos:
D-manosa de liberación prolongada (24 h).
Bloquea la adhesión bacteriana al urotelio y reduce la recurrencia de ITU. Es segura, eficaz y útil en infecciones postcoitales y en mujeres embarazadas con antecedentes de recurrencias.
Probióticos (Lactobacillus spp.).
Pueden inhibir competitivamente a los uropatógenos vaginales, pero la evidencia actual es insuficiente para recomendar su uso rutinario.
Extracto de arándano rojo.
Sus proantocianidinas interfieren con la adhesión bacteriana. Los resultados son contradictorios, aunque puede considerarse como complemento dentro de un abordaje combinado.
Estrógenos tópicos vaginales.
En mujeres posmenopáusicas reducen la atrofia urogenital y el riesgo de recurrencia de ITU.
Instilaciones endovesicales (GAG y/o ácido hialurónico).
Restauran el recubrimiento vesical y podrían disminuir la adhesión bacteriana, aunque se requieren más ensayos clínicos para confirmar su eficacia.
Autovacunas.
Estimulan la respuesta inmune frente a uropatógenos, pero sus efectos suelen ser transitorios y de escasa duración clínica.
Si estas medidas no resultan efectivas, se recomienda instaurar tratamiento antimicrobiano dirigido.
Tratamientos farmacológicos:
La profilaxis antibiótica continua, está indicada en pacientes con recurrencias graves que deterioran significativamente la calidad de vida o que predisponen a complicaciones, como la pielonefritis aguda. Debe iniciarse únicamente con un urocultivo negativo y utilizando la dosis mínima eficaz para reducir los efectos adversos. Se recomiendan antibióticos con eliminación urinaria prioritaria. El objetivo es disminuir la carga bacteriana y evitar que la colonización progrese a infección activa. Se requiere terapia sistémica con cefalosporinas de tercera generación, fluoroquinolonas o, en casos graves, piperacilina-tazobactam. La pauta se establece de forma individualizada según el criterio clínico y puede administrarse en dosis nocturnas, semanales, mensuales o en intervalos alternos. La duración del tratamiento es variable (entre 1 y 12 meses) y, en algunos casos, puede ser necesario un tratamiento prolongado con periodos de descanso1,9.
Como métodos preventivos: Medidas como una adecuada hidratación, micción postcoital, evitar el uso de espermicidas y mantener higiene genital adecuada son recomendadas10.
En mujeres con ITU recurrente, puede valorarse en la profilaxis poscoital. Se recomienda en mujeres con infecciones urinarias asociadas a la actividad sexual. La toma de una dosis de antibiótico tras el coito ha demostrado su eficacia. En mujeres con actividad sexual muy frecuente, puede preferirse un esquema de profilaxis continua.
El autotratamiento de la cistitis es una opción adecuada para pacientes capaces de reconocer precozmente los síntomas. Consiste en iniciar un tratamiento con antibióticos, durante dos o tres días desde el inicio de los síntomas. Requiere que las pacientes estén motivadas, informadas y tengan un buen nivel de adherencia al tratamiento, ya que implica un manejo autónomo y responsable. Las guías recomiendan nitrofurantoína, fosfomicina trometamol o trimetoprim-sulfametoxazol, seleccionando según resistencias locales. La retirada o sustitución de sondas vesicales, así como la corrección de factores predisponentes, forman parte del manejo integral1,9.
CONCLUSIONES
Las ITU son patologías frecuentes y, en la mayoría de los casos, de manejo ambulatorio. Sin embargo, la demora en el diagnóstico o un tratamiento inadecuado pueden derivar en complicaciones graves. La elección racional del antibiótico, basada en guías y patrones locales de resistencia, es clave para optimizar resultados y reducir la resistencia bacteriana. Las medidas preventivas y la educación sanitaria son pilares esenciales para disminuir recurrencias y carga asistencial.
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