AUTORES
- Diana Beatriz Cadar. Enfermera del Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Francisco Abellán Alías. Enfermero del Centro Médico de Especialidades San José – Consultas externas del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- David Gimeno Elías. Enfermero del Servicio de Aislamiento del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Paula Castro Martín. Enfermera del Servicio de Oncología del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Nerea Berjillo Gimeno. Enfermera de la Unidad de Hemodiálisis del Hospital San Juan de Dios, Zaragoza. España.
- Victoria Meiyou Alfonso López. Enfermera Residente de Obstetricia y Ginecología del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
Los traumatismos craneoencefálicos presentan alta incidencia, asociada a una elevada morbimortalidad, principalmente en pacientes de edad media y avanzada. En numerosas ocasiones la complicación de mayor gravedad secundaria a un TCE es el hematoma subdural agudo (HSDA), el cual requiere un abordaje precoz para evitar secuelas neurológicas y compromiso vital.
Se presenta el caso clínico de un varón que ingresó tras una caída accidental con deterioro progresivo del nivel de conciencia y cefalea intensa, y presenta un hematoma subdural agudo traumático.
La valoración enfermera se realizó siguiendo el modelo de Virginia Henderson, identificando problemas relacionados con la perfusión cerebral, la movilidad, el dolor y el riesgo de infección. Se desarrolló un plan de cuidados basado en las taxonomías NANDA, NOC y NIC, centrado en la vigilancia neurológica, el control hemodinámico y la prevención de complicaciones postquirúrgicas.
La evolución clínica fue favorable, permitiendo el alta hospitalaria tras doce días de ingreso. El objetivo de este caso clínico es describir el proceso de atención de enfermería realizado en un paciente intervenido mediante craneotomía por hematoma subdural agudo.
PALABRAS CLAVE
Hematoma subdural, neurocirugía, proceso de enfermería, craneotomía, traumatismos craneocerebrales.
Traumatic brain injuries are highly prevalent and are associated with high morbidity and mortality, particularly among middle-aged and elderly patients. In many cases, the most serious complication following a traumatic brain injury is acute traumatic subdural hematoma (ATSH), which requires early intervention to prevent neurological sequelae and life-threatening complications.
We present the clinical case of a male patient admitted following an accidental fall with progressive deterioration of consciousness and severe headache, who presented with an acute traumatic subdural hematoma.
The nursing assessment was conducted following the Virginia Henderson model, identifying problems related to cerebral perfusion, mobility, pain, and risk of infection. A care plan was developed based on the NANDA, NOC, and NIC taxonomies, focusing on neurological monitoring, hemodynamic control, and the prevention of postoperative complications.
The clinical course was favorable, allowing for hospital discharge after twelve days of admission. The objective of this clinical case is to describe the nursing care process provided to a patient who underwent craniotomy for an acute subdural hematoma.
KEY WORDS
Subdural hematoma, neurosurgery, nursing process, craniotomy, craniocerebral trauma.
El hematoma subdural agudo (HSDA) es una rápida acumulación de sangre o hemoderivados en el espacio subdural (entre las meninges duramadre y aracnoides o piamadre) tras la rotura de las venas puente del cerebro, que surge frecuentemente como complicación a traumatismos craneoencefálicos. Este puede clasificarse como agudo, subagudo o crónico según el momento de aparición y las características de las imágenes craneales1,2,3.
La fisiopatología de esta afección neuroquirúrgica se relaciona con la rotura de las venas situadas entre la superficie del cerebro y la duramadre, produciendo un sangrado progresivo y aumento de la presión intracraneal debido a la compresión del parénquima cerebral. Los síntomas pueden variar desde signos focales neurológicos, afasia, crisis epilépticas, cefalea, trastornos de la marcha y paresia hasta un déficit neurológico focal o incluso coma2,3.
La morbimortalidad de esta patología aumenta con la edad y el consumo de determinados anticoagulantes, aunque existen otros factores predisponentes asociados como la atrofia cerebral, el consumo prolongado de alcohol o padecer crisis epilépticas3.
La incidencia de los hematomas subdurales oscila entre 1,7 y 20,6 casos por cada 100.000 personas al año, con un pico de incidencia en población anciana. Su presentación clínica puede retrasarse varios días o semanas, dando lugar a la evolución hacia un hematoma subdural crónico2.
El diagnóstico de HSDA debe ser precoz. La tomografía computarizada sin contraste constituye la prueba diagnóstica de elección, ya que permite instaurar un tratamiento con urgencia y, por tanto, disminuir posteriores complicaciones neurológicas graves. Esta puede acompañarse del uso de escalas de valoración neurológica, siendo la más usada a nivel mundial la escala de Glasgow (GCS), que utiliza tres parámetros: la respuesta verbal, la respuesta ocular y la respuesta motora. Su puntuación varía entre el 3 (puntaje más bajo), siendo el valor más alto el 15 (anexo 1)4.
Este hematoma cerebral es una urgencia neuroquirúrgica que requiere una intervención rápida para evitar complicaciones potencialmente mortales. El manejo inicial se centra en el mantenimiento de unas constantes vitales estables y, en pacientes con tratamiento anticoagulante o antiagregante activo, en la suspensión y reversión de los efectos de dichos tratamientos mediante agentes específicos (complejo protrombínico, plasma congelado o vitamina K)1.
La mayoría de los pacientes presentan hipertensión intracraneal o deterioro neurológico que precisan una descompresión quirúrgica urgente1,5. La craneotomía consiste en la extracción temporal de un colgajo óseo para evacuar el hematoma y reducir la presión intracraneal, recolocándolo posteriormente. Aunque se trata de una técnica eficaz, puede asociarse a complicaciones como recurrencia del hematoma, infecciones o convulsiones. Por otra parte, la craneotomía de tipo descompresivo implica la retirada de una porción mayor del cráneo sin recolocación inmediata, permitiendo aliviar la hipertensión intracraneal refractaria, pero pudiendo provocar hidrocefalia, síndrome del trepanado o deformidades craneales1. En muchos casos, si no hay herniación extracraneal, la elección de uno u otro tipo de técnica quirúrgica se determina durante el propio acto quirúrgico5.
Tras la intervención neuroquirúrgica, el papel de enfermería resulta fundamental en la vigilancia neurológica continua, prevención de complicaciones y posterior recuperación del paciente. La valoración mediante la escala de Glasgow, el control hemodinámico y la detección precoz de signos de hipertensión intracraneal constituyen los cuidados prioritarios6.
El objetivo de este trabajo es describir el proceso de atención de enfermería realizado en un paciente intervenido de hematoma subdural agudo mediante craneotomía urgente.
Se presenta el caso clínico de un varón de 67 años trasladado al servicio de urgencias tras caída accidental en domicilio con traumatismo craneal frontal.
Los familiares refieren pérdida transitoria de conciencia seguida de somnolencia progresiva y desorientación. Asimismo, cuentan que, en el último tiempo, el paciente ha sufrido caídas con frecuencia por inestabilidad de la marcha.
Como antecedentes personales destacan la hipertensión arterial, fibrilación auricular anticoagulada con acenocumarol y diabetes mellitus tipo 2. El paciente no tiene alergias conocidas hasta la fecha.
A su llegada a urgencias se observa:
- Glasgow: 11 puntos.
- Cefalea intensa.
- Pupilas isocóricas y normorreactivas.
- Hemiparesia derecha leve.
- Presión arterial: 168/92 mmHg.
- Frecuencia cardiaca: 96 lpm.
- Saturación de oxígeno: 95%.
Presenta herida incisa en ceja izquierda con 4 puntos de sutura y abrasión en región parietal sin sangrado activo.
En cuanto a las pruebas complementarias se realiza una analítica de sangre urgente (con INR de 3,3), ECG, radiografía de tórax y una tomografía computarizada craneal urgente observándose hematoma subdural agudo frontoparietal izquierdo con desviación de línea media de 7 mm.
Ante el empeoramiento neurológico progresivo se decide intervención quirúrgica urgente mediante craneotomía. Tras la cirugía, el paciente ingresa en la unidad de neurocirugía para vigilancia postoperatoria.
VALORACIÓN DE ENFERMERÍA SEGÚN LAS NECESIDADES DE VIRGINIA HENDERSON
1. Necesidad de respirar normalmente
Parcialmente alterada. Presenta riesgo de deterioro respiratorio secundario al nivel de conciencia disminuido y dolor postoperatorio.
2. Necesidad de comer y beber adecuadamente
Alterada durante las primeras horas postquirúrgicas debido a dieta absoluta y posterior tolerancia progresiva.
3. Necesidad de eliminar por todas las vías corporales
Alterada temporalmente por sondaje vesical durante el postoperatorio inmediato.
4. Necesidad de moverse y mantener una postura adecuada
Alterada por hemiparesia derecha leve y debilidad generalizada, inestabilidad en la marcha.
5. Necesidad de dormir y descansar
Alterada por dolor, ansiedad y el entorno hospitalario.
6. Necesidad de escoger ropa adecuada
Dependiente parcial.
7. Necesidad de mantener la temperatura corporal
Conservada (afebril).
8. Necesidad de mantener la higiene corporal
Presenta una higiene adecuada, aunque precisa ayuda por la limitación funcional temporal. Tiene una herida incisa en la ceja izquierda.
9. Necesidad de evitar peligros ambientales
Alterada por elevado riesgo de deterioro neurológico y caídas.
Parcialmente alterada por desorientación temporal inicial.
11. Necesidad de vivir según creencias y valores
No valorable.
12. Necesidad de trabajar y sentirse realizado
No valorable durante fase aguda.
13. Necesidad de participar en actividades recreativas
Limitada durante el ingreso.
El paciente y la familia muestran interés en conocer cuidados posteriores y signos de alarma.
DIAGNÓSTICOS DE ENFERMERÍA (NANDA), RESULTADOS (NOC) E INTERVENCIONES (NIC)
Diagnóstico NANDA 00201: Riesgo de perfusión tisular cerebral ineficaz:
Relacionado con edema cerebral postquirúrgico y antecedentes neurotraumáticos.
- Estado neurológico.
- Perfusión tisular cerebral.
- Nivel de conciencia.
- Monitorización neurológica.
- Valoración periódica de Glasgow.
- Vigilancia pupilar.
- Control hemodinámico.
Diagnóstico NANDA 00085: Deterioro de la movilidad física:
Relacionado con debilidad muscular y hemiparesia.
- Movilidad.
- Deambulación.
- Movilización progresiva.
- Prevención de caídas.
- Colaboración con fisioterapia.
Diagnóstico NANDA 00132: Dolor agudo:
Relacionado con procedimiento quirúrgico craneal.
- Nivel del dolor.
- Confort físico.
- Administración de analgesia prescrita.
- Valoración continua del dolor.
- Ambiente tranquilo y confortable.
Diagnóstico NANDA 00004: Riesgo de infección:
Relacionado con herida quirúrgica y dispositivos invasivos.
- Control del riesgo.
- Integridad tisular.
- Cura estéril de herida quirúrgica.
- Vigilancia de signos infecciosos.
- Higiene de manos.
Diagnóstico NANDA 00146: Ansiedad:
Relacionado con hospitalización y temor a secuelas neurológicas.
- Nivel de ansiedad.
- Afrontamiento.
- Apoyo emocional.
- Escucha activa.
- Información sobre evolución clínica.
Tras la intervención quirúrgica urgente, el paciente ingresó en la unidad de neurocirugía. Las prioridades enfermeras en este momento fueron mantener la estabilidad a nivel neurológico y hemodinámico, prevenir cualquier complicación y favorecer una recuperación funcional progresiva.
De este modo, durante su estancia hospitalaria, se mantuvo vigilancia neurológica intensiva mediante la valoración continua del nivel de conciencia (escala de Glasgow), la respuesta pupilar y la detección precoz de posibles signos de deterioro neurológico.
Asimismo, se controlaron los signos vitales y se mantuvo una adecuada posición corporal (cabecero elevado a 30 grados o posición semi-Fowler) para favorecer la perfusión cerebral y minimizar el riesgo de aumento de la presión intracraneal.
También se llevó a cabo una valoración frecuente del dolor, administrando la analgesia prescrita, lo que permitió un adecuado control del dolor postoperatorio.
La herida quirúrgica evolucionó favorablemente, sin signos de sangrado ni infección, así como la lesión traumática asociada a la caída. Se efectuaron curas estériles en días alternos con cambio de vendaje diario, siguiendo el protocolo de neurocirugía.
Debido a la hemiparesia derecha, a partir del tercer día de ingreso se promovió una movilización progresiva con ayuda del personal de enfermería y fisioterapia. También se implementaron medidas preventivas para evitar caídas, fomentando la recuperación gradual de la autonomía funcional, como la adecuación del entorno físico, la identificación de factores físicos y cognitivos que pudieran aumentar el riesgo de caída, el mantenimiento de objetos de uso frecuente al alcance del paciente…
A nivel emocional, se proporcionó apoyo al paciente y a su familia mediante una comunicación clara y detallada sobre la evolución clínica y los cuidados realizados, resolviendo cualquier duda que pudiera surgir. Finalmente, antes del alta hospitalaria, se ofreció educación sanitaria relacionada con los cuidados domiciliarios, el cumplimiento adecuado del tratamiento pautado y la identificación de signos de alarma neurológicos que requirieran atención inmediata.
La evolución clínica fue favorable, con recuperación progresiva del nivel de conciencia y mejoría funcional, y un alcance progresivo de estabilidad neurológica y hemodinámica. El paciente fue dado de alta tras doce días de hospitalización con seguimiento ambulatorio por neurocirugía y rehabilitación.
El hematoma subdural agudo constituye una de las lesiones intracraneales traumáticas más graves y continúa asociándose a una elevada morbimortalidad, especialmente en pacientes de edad avanzada y con factores de riesgo. La rápida identificación del deterioro neurológico, junto con la realización precoz de un TAC y la indicación de un tratamiento quirúrgico urgente, fueron aspectos determinantes para evitar una mayor lesión cerebral secundaria y mejorar el pronóstico vital.
En el caso presentado, la presencia del hematoma subdural agudo con desviación de la línea media y el empeoramiento progresivo del nivel de conciencia justificaron la realización de una craneotomía urgente para la evacuación del mismo. Aunque el manejo quirúrgico del hematoma subdural agudo sigue siendo objeto de debate, la craneotomía continúa siendo la técnica más utilizada. Esta técnica puede asociarse a mejores resultados clínicos y menor mortalidad en comparación con la craneotomía descompresiva, aunque presenta una mayor incidencia de hematoma residual1,5.
El éxito de la cirugía y la evolución favorable de estos pacientes no dependen exclusivamente de la técnica quirúrgica empleada, sino también de la calidad de los cuidados postoperatorios. Es aquí donde enfermería desempeñó un papel importante mediante la monitorización continua del estado neurológico, la valoración del nivel de conciencia mediante la escala de Glasgow (al menos una vez por turno), el control estricto de las constantes vitales y la detección precoz de signos de alarma (hipertensión intracraneal, sangrado o deterioro neurológico).
Asimismo, la prevención de complicaciones secundarias constituye otro de los principales objetivos del personal de enfermería. El control de la posición corporal, el mantenimiento de una adecuada perfusión cerebral, la movilización progresiva, así como el cuidado aséptico de la herida quirúrgica fueron intervenciones que contribuyeron a mejorar los resultados y a reducir la duración de la estancia hospitalaria. Del mismo modo, el control del dolor y el apoyo emocional favorecieron una mejor adaptación del paciente a su situación.
La aplicación de un plan de cuidados estructurado mediante el uso de las taxonomías NANDA, NOC y NIC permitió identificar los principales problemas del paciente, y así establecer objetivos individualizados y planificar intervenciones en correspondencia a sus necesidades específicas. El uso de estas taxonomías mejoró la continuidad asistencial, ya que facilitó la toma de decisiones clínicas, contribuyendo a incrementar la calidad de los cuidados.
Por otra parte, la evidencia reciente pone de manifiesto la importancia de incorporar los principios de la enfermería basada en la evidencia al cuidado de pacientes sometidos a cirugía de hematomas intracraneales. Frente a los modelos tradicionales, estos permiten una valoración más precisa de los riesgos y una atención más individualizada. Sin embargo, los autores coinciden en que todavía existe una necesidad de ampliar la investigación sobre cuidados enfermeros basados en la evidencia en pacientes con TCE6.
El hematoma subdural agudo es una urgencia neuroquirúrgica que requiere una actuación rápida, coordinada y multidisciplinar para mejorar el pronóstico vital. En este caso, el diagnóstico precoz y la intervención quirúrgica inmediata fueron claves en la evolución favorable del paciente.
La enfermería tuvo un papel esencial en la monitorización neurológica, la prevención de complicaciones postoperatorias y la recuperación funcional y cerebral normal, aplicando múltiples cuidados especializados basados en la evidencia científica.
El uso de modelos de valoración enfermera y taxonomías estandarizadas permitió planificar cuidados individualizados y mejorar la calidad asistencial. La educación sanitaria y el apoyo resultan cruciales para asegurar la correcta continuidad de los cuidados tras el alta hospitalaria.
En conjunto, este caso refleja la importancia de una atención enfermera especializada, formada y basada en la evidencia para optimizar la recuperación de estos pacientes.
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- Elsevier. NNNConsult: herramienta de consulta de taxonomías enfermeras NANDA, NOC y NIC [Internet]. Amsterdam: Elsevier; [citado 2026 jun 15]. Disponible en: https://www.nnnconsult.com/.
ANEXOS
Figura 1. Muñana-Rodríguez JE, Ramírez-Elías A. Escala de coma de Glasgow: origen, análisis y uso apropiado. Enferm Univ. 2014;11(1):24-35.
Disponible en: https://www.elsevier.com/es-es/connect/escala-de-coma-de-glasgow-tipos-de-respuesta-motora-y-su-puntuacion .
