Nº de DOI: 10.34896/RSI.2026.77.94.001
AUTORES
- Carla Pérez Gil. Centro de Salud Almozara. Zaragoza, España.
- Lorena Plano Puyal. Centro de Salud Almozara. Zaragoza, España.
- Lucia Romo Mayor. Centro de Salud Almozara. Zaragoza, España.
- María Tarancón Diez. Centro de Salud San Pablo. Zaragoza, España.
- José Evert Andrade Carrillo. Centro de Salud Delicias Norte. Zaragoza, España.
- Antonio Pérez Erlac. Centro de Salud Delicias Sur. Zaragoza, España.
RESUMEN
El consumo de cocaína constituye un importante problema de salud pública debido a sus complicaciones cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas, así como a la elevada comorbilidad con otras sustancias como el alcohol y el cannabis. Se presenta el caso clínico de un varón joven atendido en Urgencias por intoxicación aguda por cocaína tras consumo concomitante de alcohol y cannabis.
A propósito de este caso, se revisa el abordaje integral del trastorno por consumo de cocaína desde atención primaria y urgencias, destacando la importancia de la detección precoz, el manejo de las intoxicaciones agudas y la continuidad asistencial. Asimismo, se analizan las frecuentes asociaciones con el consumo de alcohol y cannabis, sustancias que potencian tanto la dependencia como las complicaciones clínicas y psiquiátricas. Finalmente, se discuten las estrategias actuales de tratamiento, incluyendo intervenciones psicoterapéuticas, apoyo psicosocial y programas de reducción del daño.
PALABRAS CLAVE
Cocaína, trastorno por abuso de sustancias, intoxicación aguda, alcohol, cannabis, adicción.
ABSTRACT
Cocaine use represents a major public health concern due to its cardiovascular, neurological, and psychiatric complications, as well as its high comorbidity with other substances such as alcohol and cannabis. We present the clinical case of a young male patient admitted to the Emergency Department with acute cocaine intoxication after concomitant alcohol and cannabis use.
Based on this case, we review the comprehensive approach to cocaine use disorder from both primary care and emergency medicine perspectives, emphasizing the importance of early detection, acute intoxication management, and continuity of care. We also discuss the frequent association with alcohol and cannabis use, substances that increase both dependence and clinical and psychiatric complications. Finally, current treatment strategies are reviewed, including psychotherapeutic interventions, psychosocial support, and harm reduction programs.
KEY WORDS
Cocaine, subsstante use disorder, acute intoxication, alcohol, cannabis, addiction.
INTRODUCCIÓN
El trastorno por consumo de sustancias constituye una enfermedad crónica y recidivante caracterizada por la pérdida de control sobre el consumo, la dependencia psicológica y física, así como la persistencia del uso pese a sus consecuencias negativas. En España, el consumo de cocaína continúa representando uno de los principales problemas relacionados con las drogas ilegales, especialmente en población joven y adulta joven, siendo la segunda sustancia ilícita más consumida tras el cannabis1.
Según el Informe 2023 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), el policonsumo constituye actualmente el patrón predominante, asociándose con frecuencia cocaína, alcohol y cannabis. Esta combinación aumenta significativamente la morbimortalidad y la complejidad clínica de los pacientes, atendidos tanto en urgencias como en atención primaria. La combinación de cocaína y alcohol posee especial relevancia clínica debido a la formación hepática de cocaetileno, metabolito activo relacionado con mayor cardiotoxicidad, neurotoxicidad y riesgo de muerte súbita en comparación con el consumo aislado de cocaína1,2.
Desde el punto de vista neurobiológico, la cocaína actúa mediante el bloqueo de la recaptación presináptica de dopamina, serotonina y noradrenalina, provocando la hiperestimulación del sistema nervioso central y la activación del circuito dopaminérgico mesolímbico asociado al refuerzo positivo y la conducta adictiva. El consumo repetido produce fenómenos de neuroadaptación cerebral, tolerancia y craving, lo que favorece la cronificación del trastorno adictivo3.
La intoxicación aguda por cocaína representa una causa frecuente de consulta en los servicios de Urgencias. Las manifestaciones clínicas más habituales incluyen hipertensión arterial, taquicardia, dolor torácico, ansiedad, agitación psicomotriz, hipertermia y alteraciones psiquiátricas transitorias, pudiendo derivar en complicaciones graves como síndrome coronario agudo, arritmias, convulsiones o psicosis inducida por sustancias. Por otra parte, el cannabis se ha asociado con alteraciones cognitivas, empeoramiento de trastornos psiquiátricos y mayor dificultad en los procesos de deshabituación cuando coexiste con otras adicciones4,5.
Las recaídas continúan representando uno de los principales desafíos terapéuticos en el tratamiento de las adicciones. Factores como el policonsumo, la comorbilidad psiquiátrica, la vulnerabilidad social y la falta de adherencia terapéutica se relacionan con un peor pronóstico clínico y con unas mayores tasas de abandono de seguimiento6.
JUSTIFICACIÓN DEL TEMA
Las drogodependencias representan actualmente uno de los principales retos sanitarios debido a su elevada prevalencia y al importante impacto físico, psicológico y social asociado. El aumento progresivo del consumo recreativo de cocaína y del policonsumo con alcohol y cannabis ha condicionado un incremento de consultas en los servicios de Urgencias relacionadas con intoxicaciones agudas, alteraciones conductuales y complicaciones cardiovasculares.
Los servicios de Urgencias constituyen frecuentemente el primer punto de contacto sanitario de estos pacientes. Sin embargo, el abordaje puntual del episodio agudo resulta insuficiente si no se acompaña de una adecuada continuidad asistencial y de un enfoque multidisciplinar orientado a la deshabituación y a la prevención de recaídas. En este contexto, la Atención Primaria desempeña un papel fundamental gracias a su accesibilidad y capacidad de seguimiento longitudinal, permitiendo realizar intervenciones motivacionales, detectar recaídas precoces y coordinar con los otros recursos especializados. Asimismo, programas específicos de tratamiento y reinserción social como los desarrollados por Proyecto Hombre han demostrado ser de utilidad en pacientes con trastornos adictivos y elevada vulnerabilidad psicosocial7.
La creciente prevalencia del policonsumo y sus efectos médicos físicos, piscológicos y sociales justifican la necesidad de reforzar las estrategias preventivas y asistenciales desde una asistencia integral.
MANEJO Y TRATAMIENTO
Manejo en Urgencias:
La intoxicación aguda por cocaína requiere una rápida valoración clínica, debido al riesgo de complicaciones cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas potencialmente graves. El tratamiento inicial debe centrarse en la estabilización hemodinámica, la monitorización cardíaca continua y el control de la hiperactividad simpática4.
Las benzodiacepinas constituyen el tratamiento de primera línea en pacientes con agitación psicomotriz, ansiedad o síndrome simpaticomimético, permitiendo disminuir la descarga adrenérgica y reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares. Asimismo, resulta imprescindible la realización de electrocardiograma y la determinación seriada de biomarcadores cardíacos en presencia de dolor torácico o taquicardia mantenida8.
El policonsumo de alcohol y cocaína incrementa significativamente el riesgo de cardiotoxicidad debido a la formación de cocaetileno, mientras que la asociación con cannabis puede favorecer alteraciones psiquiátricas transitorias y empeorar la evolución clínica2,5.
Manejo desde Atención Primaria:
La Atención Primaria constituye un nivel asistencial esencial en el abordaje integral de las adicciones, debido a su accesibilidad y capacidad de seguimiento continuado. Tras el episodio agudo, resulta prioritario establecer una adecuada alianza terapéutica, basada en la entrevista motivacional y en la reducción del estigma asociado al consumo de sustancias6.
El médico de familia desempeña un papel clave en la detección precoz de recaídas, en la valoración del entorno sociofamiliar, en el manejo de comorbilidades psiquiátricas y en la coordinación con otros recursos. Además, el seguimiento longitudinal permite identificar factores de vulnerabilidad, como desempleo, aislamiento social, ansiedad o síntomas depresivos6.
Las intervenciones breves motivacionales y el acompañamiento continuado han demostrado utilidad en pacientes con consumo problemático, especialmente cuando se realizan de forma precoz y coordinada con dispositivos específicos de salud mental y conductas adictivas6.
Unidades de deshabituación:
Los programas especializados de deshabituación constituyen una herramienta fundamental en el tratamiento de las drogodependencias. Proyecto Hombre desarrolla un modelo de intervención biopsicosocial basado en la terapia individual, la intervención grupal, el acompañamiento familiar y la reinserción comunitaria7.
Este abordaje multidisciplinar permite trabajar aspectos emocionales, conductuales y sociales relacionados con la adicción, favoreciendo la adherencia terapéutica y disminuyendo el riesgo de recaídas. La coordinación entre Atención Primaria, Salud Mental y recursos comunitarios resulta especialmente relevante en pacientes con policonsumo y elevada vulnerabilidad psicosocial.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 29 años, sin alergias medicamentosas, sin antecedentes médicos o quirúrgicos y que no toma medicación habitual, que acude a urgencias acompañado por amigos por agitación intensa, ansiedad y dolor torácico tras consumo de drogas recreativas. Refiere que “me late muy rápido el corazón y siento que me voy a morir”. Presenta palpitaciones y dolor torácico opresivo, junto con sensación subjetiva de disnea, temblor y sudoración.
Durante la anamnesis, el paciente refiere consumo de aproximadamente 2 gramos de cocaína inhalada durante la noche, asociado a ingesta abundante de alcohol. Refiere que “se mete coca desde los 22 años”, siendo actualmente 2-3 veces a la semana, y que, además, consume cannabis y alcohol los fines de semana.
A la exploración, presenta:
- Constantes: TA 165/95 mmHg, FC 148 lpm, FR 24 rpm, Sat O2 98% basal, temperatura 37,4ºC.
- Auscultación cardiaca: Rítmica, taquicárdica, sin soplos ni extratonos.
- Auscultación pulmonar: Normoventilación sin ruidos sobreañadidos.
- Abdomen: Blando y depresible, no doloroso a la palpación, no visceromegalias.
- Neurológica: Glasgow 15. Consciente y orientado. Agitación psicomotriz marcada. Verborreico. Pupilas midriáticas y reactivas. Exploración de pares craneales sin alteraciones, no dismetrías. Temblor distal e hiperreflexia leve. Romberg negativo. Marcha conservada. No focalidad neurológica.
En las pruebas complementarias:
- Electrocardiograma ECG: Taquicardia sinusal a 148 lpm, con extrasístoles supraventriculares aisladas. No alteraciones del segmento ST.
- Analítica sanguínea: Troponina ultrasensible negativa. Ligera leucocitosis a 13000 y CK de 620. Resto anodino.
- Tóxicos en orina: Cocaína y cannabis positivos.
- Radiografía de tórax: Sin alteraciones pleuroparenquimatosas.
El diagnóstico de este paciente fue Intoxicación por cocaína y trastorno por abuso de sustancias. En cuanto al manejo y tratamiento de este paciente en Urgencias, se le dejó monitorizado de forma continua, se canalizó vía venosa periférica y se dejó en un ambiente tranquilo y con bajos estímulos. Se le administró sueroterapia y benzodiacepinas intravenosas, con el objetivo de controlar la ansiedad y agitación, disminuir la activación simpática, y disminuir la frecuencia cardiaca y tensión arterial. Tras varias horas en observación, el paciente presentó mejoría progresiva de la clínica, con normalización de constantes y aparición de una conducta más organizada y colaboradora; además, se le seriaron troponinas, que siguieron negativas. El paciente fue dado de alta a domicilio, con recomendación activa de acudir a su Médico de Familia y a la Unidad de Adicciones de área, para establecer contacto con la misma e iniciar seguimiento y tratamiento de deshabituación.
DISCUSIÓN
La cocaína produce una intensa activación simpaticomimética responsable de gran parte de las manifestaciones clínicas observadas en Urgencias. Entre ellas, el dolor torácico representa uno de los motivos de consulta más frecuentes y potencialmente graves debido al riesgo de vasoespasmo coronario, arritmias e infarto agudo de miocardio incluso en pacientes jóvenes sin antecedentes cardiovasculares previos. La asociación concomitante con alcohol incrementa todavía más este riesgo debido a la formación de cocaetileno, metabolito con mayor vida media y cardiotoxicidad que la cocaína aislada. Diversos estudios han relacionado esta combinación con mayor incidencia de arritmias, eventos coronarios y muerte súbita2,4.
Por otra parte, el cannabis continúa siendo una sustancia frecuentemente infravalorada desde el punto de vista sanitario y social. Sin embargo, la literatura reciente señala su asociación con alteraciones cognitivas, empeoramiento de trastornos psiquiátricos y dificultades añadidas en los procesos de deshabituación cuando coexiste con otras adicciones. La percepción errónea de bajo riesgo favorece además el inicio precoz y la normalización del consumo recreativo. La evidencia reciente confirma que el consumo combinado de sustancias constituye actualmente el patrón predominante, aumentando significativamente la morbimortalidad y la complejidad terapéutica1,5.
Las recaídas representan uno de los principales desafíos terapéuticos en pacientes con trastorno por consumo de cocaína. Factores como el policonsumo, la ansiedad, la depresión, la exclusión social o la falta de adherencia terapéutica se relacionan con peor evolución clínica y mayores tasas de abandono del seguimiento6.
Aunque los servicios de Urgencias desempeñan un papel fundamental en la estabilización inicial y detección de complicaciones, el abordaje aislado del episodio agudo resulta insuficiente. La continuidad asistencial constituye uno de los principales factores pronósticos, siendo la Atención Primaria un entorno privilegiado para desarrollar estrategias de seguimiento longitudinal y acompañamiento terapéutico. No obstante, persisten importantes dificultades en el abordaje de las adicciones desde Atención Primaria, entre ellas la elevada presión asistencial, el escaso tiempo disponible por consulta y la limitada accesibilidad a recursos específicos de salud mental y conductas adictivas. A ello se añade el importante estigma social asociado al consumo de drogas, que condiciona con frecuencia retraso en la solicitud de ayuda y abandono precoz del tratamiento.
Los Programas Especializados de Deshabituación, como Proyecto Hombre, aportan un enfoque biopsicosocial especialmente útil en pacientes con deterioro funcional y policonsumo mantenido. La combinación de intervención psicológica, terapia grupal y apoyo familiar ha demostrado beneficios en términos de adherencia y reinserción social7.
Finalmente, resulta imprescindible reforzar las estrategias preventivas y educativas dirigidas a población joven, especialmente ante el aumento de la normalización social del consumo recreativo de cocaína y cannabis. La prevención, la detección precoz y la coordinación multidisciplinar continúan siendo pilares fundamentales para mejorar el pronóstico de estos pacientes.
CONCLUSIONES
La intoxicación aguda por cocaína constituye una entidad clínica frecuente y potencialmente grave en los servicios de Urgencias, especialmente en contextos de policonsumo con alcohol y cannabis. La asociación de varias sustancias incrementa el riesgo cardiovascular, psiquiátrico y social, condicionando una mayor complejidad diagnóstica y terapéutica.
El abordaje de estos pacientes debe realizarse desde una perspectiva multidisciplinar e integral, incluyendo la estabilización inicial en Urgencias, el seguimiento longitudinal desde Atención Primaria y la intervención específica en Unidades de Conductas Adictivas. La continuidad asistencial y la coordinación entre niveles sanitarios representan elementos fundamentales para mejorar la adherencia terapéutica y disminuir las recaídas.
La Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección precoz del consumo problemático, la intervención motivacional y el acompañamiento biopsicosocial de pacientes con adicciones. Asimismo, los Programas Especializados de deshabituación y reinserción social constituyen herramientas fundamentales para favorecer la recuperación funcional y social.
Ante el incremento progresivo del policonsumo y la persistente percepción de bajo riesgo asociada a determinadas sustancias, resulta necesario reforzar las estrategias preventivas, educativas y comunitarias dirigidas especialmente a población joven. El abordaje integral de las drogodependencias continúa representando uno de los principales retos sanitarios actuales.
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