AUTORES
- Iris Royo Villar. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
- Enara Ramallo Lamikiz. Enfermera y Dietista-Nutricionista. Aragón, España.
RESUMEN
El climaterio es una etapa de transición fisiológica marcada por la declinación ovárica y el cese permanente de la menstruación, proceso que abarca hasta el 40% de la vida de la mujer. La privación estrogénica desencadena una sintomatología multidimensional —incluyendo síntomas vasomotores, trastornos del sueño, alteraciones del estado de ánimo, riesgo cardiometabólico y pérdida de masa ósea— que deteriora significativamente la calidad de vida. La intervención enfermera en atención primaria resulta fundamental para la implementación de estrategias no farmacológicas basadas en la educación para la salud. La adopción de patrones dietéticos protectores, como la dieta mediterránea o DASH, mejora el perfil metabólico y reduce el riesgo cardiovascular asociado a esta etapa. Paralelamente, la prescripción individualizada de ejercicio físico, mediante la combinación de entrenamiento aeróbico y ejercicios de fuerza, se consolida como el estímulo mecánico esencial para frenar la pérdida de densidad ósea, prevenir la sarcopenia y restaurar el equilibrio del sistema nervioso autónomo. La integración de pautas de higiene del sueño y técnicas de gestión del estrés completa un modelo de cuidados orientado al autocuidado. El acompañamiento enfermero basado en la evidencia capacita a la mujer para transitar el climaterio con autonomía, optimizando el bienestar integral frente a las demandas de su entorno.
PALABRAS CLAVE
Climaterio, menopausia, atención de enfermería, nutrición, estilo de vida saludable.
ABSTRACT
The climacteric is a stage of physiological transition marked by ovarian decline and the permanent cessation of menstruation, a process that encompasses up to 40% of a woman’s life. Estrogen deprivation triggers multidimensional symptomatology—including vasomotor symptoms, sleep disorders, mood disturbances, cardiometabolic risk, and bone mass loss—that significantly deteriorates quality of life. Nursing intervention in primary care is essential for implementing non-pharmacological strategies based on health education. The adoption of protective dietary patterns, such as the Mediterranean or DASH diet, improves the metabolic profile and reduces the cardiovascular risk associated with this stage. At the same time, the individualized prescription of physical exercise, through the combination of aerobic training and strength exercises, consolidates itself as the essential mechanical stimulus to curb bone density loss, prevent sarcopenia, and restore autonomic nervous system balance. The integration of sleep hygiene guidelines and stress management techniques completes a care model oriented towards self-care. Evidence-based nursing support empowers women to navigate the climacteric autonomously, optimizing comprehensive well-being in the face of environmental demands.
KEY WORDS
Climacteric, menopause, nursing care, nutrition, healthy lifestyle.
INTRODUCCIÓN
El climaterio es un período de transición fisiológico en la vida de la mujer que marca el paso de la etapa reproductiva a la no reproductiva, debido a la declinación de la función ovárica1–3. Derivado del griego climacter (escalera), este proceso de envejecimiento reproductivo se inicia alrededor de los 35 años2. Con el aumento en la esperanza de vida, las mujeres viven actualmente un tercio o hasta el 40% de su existencia en esta fase2–4. Esto convierte al climaterio en un foco prioritario para la salud pública, exigiendo un abordaje integral que responda a sus necesidades biológicas, psicológicas y sociales2.
Resulta clave diferenciar el climaterio de la menopausia. Mientras el primero es un período amplio y paulatino2,5, la menopausia es el cese definitivo y permanente de la menstruación, consecuencia del agotamiento de la reserva folicular ovárica, y se confirma tras doce meses consecutivos de amenorrea1–4. El climaterio se divide en tres fases principales: la premenopausia, desde el inicio de las irregularidades menstruales y primeros síntomas; la perimenopausia, período que rodea a la menopausia caracterizado por intensas fluctuaciones endocrinas; y la posmenopausia, que comienza tras la última regla y se prolonga hasta la senectud2,4.
La privación hormonal de esta etapa desencadena una sintomatología multidimensional que afecta al 75% de las mujeres, variando en severidad y presentándose frecuentemente de forma interconectada o en «clusters» o grupos1,2,4. A corto plazo, destacan los síntomas vasomotores (sofocos y sudoración nocturna) derivados de la inestabilidad en el centro termorregulador hipotalámico1–3. Estos suelen asociarse a quejas somáticas (trastornos del sueño, fatiga, cefaleas, dolor muscular y articular)1,4, manifestaciones afectivas (ansiedad, labilidad emocional, irritabilidad o bajo estado de ánimo)1,2,4 y una elevada vulnerabilidad al estrés percibido debido a la alteración neuroendocrina5. A mediano y largo plazo, aparecen repercusiones clínicas más severas, como el síndrome genitourinario de la menopausia (sequedad vaginal, dispareunia y disuria)1–3, la pérdida acelerada de masa ósea (osteoporosis)1,2 y cambios metabólicos desfavorables con aumento de peso e incremento del riesgo cardiovascular2,5.
Este conjunto de manifestaciones afecta directamente a la calidad de vida de la mujer, interfiriendo en sus dimensiones física, social, mental y sexual2,4. La falta de energía y el dolor articular pueden limitar el rendimiento cotidiano4. Además, la autopercepción se ve comprometida por cambios físicos y el estigma social del envejecimiento, intensificado por la presión estética y la falta de información, lo que fomenta sentimientos de invisibilidad o baja autoestima3,4. La FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia) establece que una buena calidad de vida en esta etapa debe permitir que la mujer continúe viviendo de manera confortable, manteniendo un equilibrio fisiológico y psicológico que le permita seguir manejando su cotidianidad sin interferencias biológicas2.
Para atenuar esta sintomatología y ayudar al bienestar, la promoción del autocuidado y la adopción de hábitos de vida saludables adquieren un papel protector fundamental2–4. Intervenciones en el estilo de vida, como una adecuada nutrición equilibrada y rica en calcio, la práctica regular de actividad física para preservar la masa ósea y muscular, y técnicas para mitigar el estrés, actúan como herramientas de primer orden para reducir los factores de riesgo1,2,4,5. La consulta enfermera es un escenario con una gran oportunidad para esta educación y acompañamiento preventivo2–4.
OBJETIVOS
Objetivo General:
-Analizar las principales intervenciones de enfermería basadas en la educación nutricional y la promoción de hábitos saludables como herramientas terapéuticas no farmacológicas para optimizar la calidad de vida y prevenir riesgos de salud en la transición climatérica.
Objetivos Específicos:
– Evaluar la efectividad de las pautas nutricionales y el control de peso dirigidos por enfermería en la mitigación de los factores de riesgo cardiometabólico y las alteraciones lipídicas asociadas al cese de la función ovárica.
-Determinar los beneficios de la prescripción de ejercicio físico regular en la preservación de la salud musculoesquelética (prevención de la pérdida de masa ósea y osteoporosis) y en la reducción general de la severidad sintomática.
-Analizar las estrategias enfermeras para el manejo del estrés percibido y la promoción de la salud mental positiva, orientadas a fortalecer el autocuidado y la autoestima de la mujer frente a las demandas de su entorno.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó una revisión bibliográfica de carácter cualitativo y crítico fundamentada en una búsqueda sistemática en bases de datos de ciencias de la salud, incluyendo PubMed, Scopus y Web of Science. La estrategia de búsqueda se acotó a publicaciones de los últimos cinco años, empleando términos de búsqueda indexados combinados mediante operadores booleanos como: climaterio, menopausia, atención de enfermería, nutrición y estilo de vida saludable. Como criterios de selección, se incluyeron estudios originales, ensayos clínicos controlados, revisiones sistemáticas y análisis cualitativos de la práctica clínica que evaluaran la efectividad de las estrategias no farmacológicas de autocuidado en la atención primaria. Tras el proceso de cribado por título, resumen y lectura crítica a texto completo, se seleccionaron investigaciones centradas en el impacto del estilo de vida (como patrones alimentarios equilibrados, ejercicio físico y gestión del descanso).
RESULTADOS
Desde enfermería, una valoración exhaustiva basada en la anamnesis de hábitos de vida e historial ginecológico permite identificar tempranamente estos síntomas y deconstruir temores infundados a patologías graves6,7. Este período ofrece una ventana de oportunidad ideal para el cribado preventivo de hipertensión, diabetes u osteoporosis, promoviendo el autocuidado antes de consolidarse riesgos crónicos graves7,8.
La intervención nutricional liderada por enfermería es una de las estrategias no farmacológicas más eficientes para modular el impacto metabólico del climaterio8. Con la caída de los niveles estrogénicos, el metabolismo basal de la mujer disminuye, lo que predispone al aumento de peso y a la acumulación de grasa visceral en el abdomen9. En la consulta de enfermería, la educación dietética no debe enfocarse de forma prohibitiva o restrictiva, ya que las dietas excesivamente bajas en calorías suelen fracasar, aumentar el estrés y provocar déficits de micronutrientes esenciales8,9. En su lugar, el consejo debe centrarse en mejorar la calidad de los nutrientes y adoptar patrones alimentarios saludables como la dieta mediterránea o la dieta DASH8–10. Estos modelos dietéticos, ricos en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y grasas insaturadas como el aceite de oliva, demuestran mejoras significativas en el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y la presión arterial, limitando de manera eficaz el riesgo cardiometabólico8,11.
Un aspecto crucial de la educación nutricional es el tipo de hidratos de carbono. El uso del Índice de Calidad de los Carbohidratos en la práctica clínica revela que las mujeres que consumen hidratos de carbono ricos en fibra y granos enteros presentan síntomas de menor intensidad y una mejor calidad de vida12. Fisiológicamente, los azúcares refinados y los alimentos de alto índice glucémico provocan oscilaciones rápidas de la glucosa en sangre que estimulan el estrés oxidativo y activan vías proinflamatorias implicadas en la aparición de sofocos y trastornos del estado de ánimo12. La fibra dietética no solo ayuda a controlar el peso corporal y a reducir el colesterol LDL, sino que interactúa con la microbiota intestinal, con impacto en la mejora de la recirculación de los estrógenos activos12,13.
Por otro lado, la enfermera debe incidir en la ingesta proteica adecuada, recomendando entre 1,0 y 1,2 gramos de proteína por kilogramo de peso al día para contrarrestar la pérdida de masa muscular y mantener la funcionalidad física8,9. Además, asegurar los requerimientos diarios de calcio (1000 a 1200 miligramos) y vitamina D, priorizando siempre las fuentes alimentarias como los lácteos desnatados, los pescados con espinas y los vegetales de hoja verde antes de recurrir a la suplementación sistemática, la cual debe reservarse bajo indicación médica para evitar riesgos cardiovasculares innecesarios7,8,11. Por último, no se debe obviar la importancia de una correcta hidratación, aconsejando un consumo regular de agua adaptado al peso (33 mililitros por kilogramo al día) para contrarrestar la sequedad de la piel y de las mucosas, facilitando la termorregulación corporal9.
El fomento de la actividad física regular complementa de forma directa las pautas nutricionales para salvaguardar la salud osteomuscular y cardiovascular en el climaterio6,13. La pérdida progresiva de la densidad mineral ósea se acelera de manera desfavorable durante los primeros años de la posmenopausia, elevando sustancialmente el riesgo de desarrollar osteoporosis y fracturas por fragilidad7,8. El ejercicio físico se consolida como el principal estímulo mecánico no farmacológico capaz de frenar esta pérdida y promover la remodelación ósea13,14. Los programas de ejercicio que combinan el entrenamiento de fuerza o resistencia con cargas progresivas, utilizando poleas, pesas libres o bandas elásticas, estimulan de manera directa a los osteoblastos y protegen la masa ósea, especialmente en zonas críticas como la pelvis y la columna lumbar13,14.
Además de los beneficios sobre el hueso y el músculo, el ejercicio físico regular ejerce un impacto decisivo en el alivio de la sintomatología general14. Mientras que el entrenamiento aeróbico de intensidad moderada, como caminar a paso ligero, nadar o bailar, resulta fundamental para mantener la capacidad cardiorrespiratoria, disminuir la grasa visceral y regular la presión arterial, el ejercicio de fuerza ha demostrado ser altamente efectivo en la reducción de la frecuencia y la severidad de los síntomas vasomotores y de los trastornos del sueño14. Enfermería debe prescribir de manera personalizada estas actividades, aconsejando un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico combinados con al menos dos sesiones semanales de fortalecimiento muscular7,14. Estas pautas también ayudan a restaurar el equilibrio autonómico del organismo, aumentando la variabilidad de la frecuencia cardíaca y disminuyendo la dominancia simpática que suele acompañar a la caída estrogénica, lo que se traduce en un alivio de las palpitaciones, la ansiedad y la inestabilidad emocional13.
Es necesario considerar que la calidad de vida en el climaterio no puede desligarse de la salud mental y del bienestar emocional de la mujer6. Los trastornos del sueño y el insomnio afectan a más de la mitad de las mujeres climatéricas, deteriorando su rendimiento diario y aumentando la vulnerabilidad ante la depresión y la irritabilidad6,9. Se debe realizar una educación activa en higiene del sueño, instruyendo a las pacientes para mantener horarios regulares de descanso, evitar cenas copiosas o tardías y limitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir7,9. También se puede recomendar la inclusión en la dieta de alimentos que actúan como inductores naturales del sueño por su riqueza en triptófano y melatonina, como las nueces, los huevos, el pescado graso o la avena9.
El manejo del estrés percibido es otro pilar fundamental en el autocuidado climatérico 6. Prácticas como el yoga, la meditación y las técnicas de relajación profunda han demostrado ser muy efectivas para disminuir la tensión neurovegetativa, mejorar la tolerancia a los sofocos y potenciar la salud mental positiva de la mujer frente a las demandas de su entorno familiar y laboral6,7,13. Sin embargo, muchas mujeres descuidan su propio bienestar al priorizar el cuidado de terceros o al enfrentarse a la incomprensión social sobre los síntomas que experimentan6. En este sentido, la labor educativa de la enfermera debe complementarse con la entrega de materiales prácticos e informativos, como folletos específicos sobre hábitos de vida saludable o la recomendación de portales web científicos y de confianza 6. Ofrecer información rigurosa basada en la evidencia capacita a las mujeres para tomar el control de su propia salud, favoreciendo la toma de decisiones informadas y permitiéndoles transitar a través del climaterio de una manera activa, autónoma y con una excelente calidad de vida6–8.
CONCLUSIONES
La transición climatérica representa una etapa clave para la prevención en salud y la mejora del bienestar general, donde la consulta de enfermería en atención primaria actúa como el primer punto de apoyo de la mujer. Se concluye que la educación dietética enfocada en la calidad nutricional, priorizando patrones como la dieta mediterránea o la dieta DASH y aumentando la ingesta de fibra frente a carbohidratos refinados, es una intervención no farmacológica altamente eficaz para reducir el riesgo cardiometabólico y aliviar la severidad de los síntomas. Asimismo, el fomento de la actividad física regular, combinando de forma personalizada el ejercicio aeróbico con entrenamientos de fuerza, resulta indispensable para frenar la pérdida de densidad ósea, evitar la sarcopenia y restaurar el equilibrio autonómico. Finalmente, la gestión de la salud mental y la higiene del sueño mediante técnicas de relajación, descanso regular y fomento del autocuidado potencian de manera integral la autoestima de la mujer frente a su entorno. Para maximizar el impacto de estas estrategias preventivas en la comunidad, se evidencia la necesidad prioritaria de optimizar la capacitación científica de las enfermeras de familia en el manejo del climaterio.
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