AUTORES
- Andrea Gayan Fenero. Fisioterapeuta en el Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Rut García Lázaro. Fisioterapeuta. Cee Rincón de Goya de Zaragoza, España.
- Silvia Jiménez Almor. Fisioterapeuta. Clínica Molière, Cuarte de Huerva, España.
- Noelia Gallego Sereno. Fisioterapeuta. Servicio Aragonés de Salud, España.
- Diana C. Gavín Roche. Fisioterapeuta. Residencia Emera Zaragoza, España.
RESUMEN
El dolor crónico constituye un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia, impacto funcional y repercusiones socioeconómicas. La evidencia actual ha puesto de manifiesto las limitaciones del modelo biomédico tradicional para explicar este fenómeno, favoreciendo la incorporación del modelo biopsicosocial como marco de referencia en su abordaje. El presente artículo monográfico realiza una revisión narrativa de los principales fundamentos del modelo biopsicosocial aplicado al dolor crónico desde la fisioterapia. Se analizan los factores biológicos, psicológicos y sociales implicados en la experiencia dolorosa, así como el papel del fisioterapeuta mediante intervenciones como la educación en neurociencia del dolor, el ejercicio terapéutico, la comunicación clínica y la promoción de la autogestión. La evidencia disponible respalda la utilidad de estas estrategias para mejorar la funcionalidad, reducir la discapacidad y favorecer una participación activa del paciente en su proceso de recuperación. En conclusión, el modelo biopsicosocial proporciona un enfoque integral que permite optimizar el manejo del dolor crónico desde una fisioterapia centrada en la persona y basada en la evidencia.
PALABRAS CLAVE
Dolor crónico, fisioterapia, modelo biopsicosocial, ejercicio terapéutico, manejo del dolor.
ABSTRACT
Chronic pain represents a major public health issue due to its high prevalence, functional impact, and socioeconomic consequences. Current evidence has highlighted the limitations of the traditional biomedical model in explaining this phenomenon, promoting the integration of the biopsychosocial model as a guiding framework for its management. This monographic article presents a narrative review of the main principles of the biopsychosocial model applied to chronic pain from a physiotherapy perspective. It examines the biological, psychological, and social factors involved in the pain experience, as well as the role of the physiotherapist through interventions such as pain neuroscience education, therapeutic exercise, clinical communication, and the promotion of self-management. Available evidence supports the effectiveness of these strategies in improving function, reducing disability, and enhancing the patient’s active participation in their recovery process. In conclusion, the biopsychosocial model provides a comprehensive approach that optimizes the management of chronic pain through person-centred, evidence-based physiotherapy.
KEYWORDS
Chronic pain, physiotherapy, biopsychosocial model, exercise therapy, pain management.
DESARROLLO DEL TEMA
Concepto de dolor crónico:
El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial, o que se asemeja a ella1-3. Se considera dolor crónico aquel que persiste o recurre durante más de tres meses o más allá del tiempo esperado para la recuperación tisular4-7.
Clasificación del dolor crónico:
Según sus mecanismos fisiopatológicos, el dolor crónico puede clasificarse en: Dolor nociceptivo: consecuencia de la activación de nociceptores ante un daño o amenaza de daño en tejidos no neurales, habitualmente asociado a procesos inflamatorios o mecánicos. Dolor neuropático: causado por una lesión o enfermedad que afecta al sistema nervioso somatosensorial, tanto periférico como central. Dolor nociplásico: relacionado con alteraciones en el procesamiento del dolor por parte del sistema nervioso, sin evidencia clara de daño tisular o lesión nerviosa que justifique los síntomas1,7.
En la práctica clínica es frecuente que coexistan varios mecanismos, dando lugar a presentaciones de dolor mixto1,9,10.
Desde una perspectiva clínica, la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) distingue entre dolor crónico primario, asociado a discapacidad o distrés emocional sin una causa subyacente claramente identificable, y dolor crónico secundario, relacionado con una enfermedad o proceso patológico conocido1,5,8.
Prevalencia/magnitud del problema:
El dolor crónico constituye un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia, su impacto sobre la calidad de vida y la discapacidad asociada, así como por los costes sanitarios y socioeconómicos que genera. Se estima que el dolor musculoesquelético crónico afecta a más del 20% de la población mundial. En España, aproximadamente el 17% de la población presenta dolor crónico, con importantes repercusiones sobre la utilización de recursos sanitarios, la productividad laboral y la participación social1,2,4,7,9.
Limitaciones del modelo biomédico tradicional:
Durante décadas, el modelo biomédico ha constituido el principal marco de comprensión del dolor, estableciendo una relación directa entre daño tisular y experiencia dolorosa. Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado una escasa correlación entre los hallazgos estructurales y la intensidad del dolor o la discapacidad. Además, este modelo resulta insuficiente para explicar fenómenos como la sensibilización central o el dolor nociplásico, en los que el dolor persiste sin una lesión tisular claramente identificable. Estas limitaciones han favorecido el desarrollo de enfoques más integradores que consideran la influencia de factores psicológicos y sociales en la experiencia dolorosa4,9-12.
EVOLUCIÓN HACIA EL MODELO BIOPSICOSOCIAL:
Origen del modelo biopsicosocial:
Como respuesta a las limitaciones del modelo biomédico, George L. Engel propuso en 1977 el modelo biopsicosocial, planteando que los procesos de salud y enfermedad son el resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Este enfoque incorporó una visión más amplia de la persona, reconociendo la influencia de las emociones, las creencias, las experiencias previas y el contexto sociocultural sobre la percepción de los síntomas y la evolución de las enfermedades. Su desarrollo supuso un avance importante hacia una comprensión más integradora de las patologías crónicas9,11,14,15.
Cambio de paradigma en el manejo del dolor:
La aplicación del modelo biopsicosocial al estudio del dolor permitió entenderlo como una experiencia multidimensional, influida no sólo por factores biológicos, sino también por variables cognitivas, emocionales y sociales. En este contexto, teorías como la Neuromatriz de Melzack contribuyeron a explicar el dolor como una respuesta generada por el sistema nervioso central ante la percepción de amenaza. Este cambio de paradigma impulsó estrategias terapéuticas centradas en la funcionalidad y la participación activa del paciente, destacando la educación en dolor, el ejercicio terapéutico y los abordajes multidisciplinares como pilares fundamentales en el manejo del dolor crónico1,4,7,8,9,11,14.
Esta perspectiva permite comprender el dolor crónico como un fenómeno multidimensional, cuya complejidad requiere un abordaje terapéutico integrador1,7.
COMPONENTES DEL MODELO BIOPSICOSOCIAL:
Factores biológicos:
El componente biológico engloba los mecanismos neurofisiológicos implicados en la modulación del dolor y la diferencia entre nocicepción y experiencia dolorosa9,11,14. La nocicepción consiste en la detección y transmisión de estímulos potencialmente lesivos, mientras que el dolor es una experiencia subjetiva generada por el sistema nervioso central. Modelos como la Teoría del Control de la Compuerta y la Neuromatriz explican cómo factores sensoriales, cognitivos y emocionales modulan la percepción dolorosa, permitiendo comprender que la intensidad del dolor no siempre se corresponde con el grado de daño tisular1,7,9. En este contexto, la sensibilización periférica se produce por la disminución del umbral de activación de los nociceptores tras una lesión o proceso inflamatorio, favoreciendo una mayor respuesta al estímulo4,9,11. Por su parte, la sensibilización central consiste en una amplificación del procesamiento del dolor a nivel del sistema nervioso central, pudiendo contribuir a la persistencia del dolor más allá de la curación tisular y favorecer fenómenos como la hiperalgesia o la alodinia1,6-8,17. Asi mismo, factores como la predisposición genética, determinadas enfermedades crónicas y los procesos de neuroplasticidad asociados al ejercicio terapéutico pueden influir en la cronificación y modulación del dolor5-8,14,18.
Factores psicológicos:
Los factores psicológicos desempeñan un papel relevante en la persistencia del dolor y la discapacidad asociada4,9. Entre ellos, el catastrofismo ante el dolor se caracteriza por una interpretación exagerada y negativa del dolor, asociándose con mayor intensidad percibida y discapacidad3,8,9,12. La kinesiofobia hace referencia al miedo al movimiento por temor al daño o la lesión, pudiendo limitar la actividad física y la adherencia al tratamiento3,4. Asimismo, la ansiedad y depresión son comorbilidades frecuentes en pacientes con dolor crónico y se relacionan con peores resultados funcionales y calidad de vida1,7,12,15,18. Por otro lado, las expectativas positivas y la autoeficacia se asocian con una mejor evolución clínica, mientras que las creencias alarmistas pueden favorecer la evitación del movimiento y la cronificación del dolor4,9.
Factores sociales:
Los factores sociales influyen de manera significativa en la experiencia del dolor y en el proceso de recuperación9,14. El apoyo familiar y social puede favorecer el afrontamiento del dolor, mientras que la sobreprotección o el refuerzo de conductas de enfermedad pueden contribuir a la discapacidad9,14. Del mismo modo, las elevadas demandas físicas, el estrés laboral y la falta de apoyo en el trabajo se relacionan con una mayor persistencia del dolor9,14. Los factores culturales también influyen en la interpretación del dolor, las expectativas terapéuticas y la adherencia al tratamiento9,14. Finalmente, el nivel socioeconómico, el acceso a recursos sanitarios y las características del sistema de salud pueden condicionar la evolución y el manejo del dolor crónico7,9,11,17,19.
PAPEL DE LA FISIOTERAPIA EN EL ABORDAJE BIOPSICOSOCIAL:
La fisioterapia desempeña un papel fundamental en el abordaje biopsicosocial del dolor crónico, integrando factores biológicos, psicológicos y sociales para mejorar la funcionalidad, la participación y la autonomía del paciente. Este enfoque desplaza el foco desde la reparación tisular hacia una atención centrada en la persona y en su capacidad para gestionar la condición de forma activa.
Educación terapéutica:
La Educación en Neurociencia del Dolor (PNE) se considera una intervención de primera línea en el manejo del dolor crónico musculoesquelético. Su objetivo es ayudar al paciente a comprender el dolor como una experiencia modulada por múltiples factores y no exclusivamente como un reflejo del daño tisular. A través de la explicación de conceptos como la sensibilización central, la neuroplasticidad y la influencia de factores emocionales y cognitivos, se favorece una reinterpretación menos amenazante de los síntomas. La evidencia indica que esta intervención puede reducir el catastrofismo, la kinesiofobia y las creencias desadaptativas, mejorando la función y la adherencia al tratamiento3,4,7,8,16,20.
Ejercicio terapéutico:
El ejercicio terapéutico constituye una de las intervenciones con mayor respaldo científico en el tratamiento del dolor crónico. Además de contribuir a la reducción del dolor y la discapacidad, favorece adaptaciones neurofisiológicas relacionadas con la modulación endógena del dolor y la neuroplasticidad. Desde una perspectiva biopsicosocial, también ayuda a disminuir el miedo al movimiento y a mejorar la confianza del paciente en sus capacidades. Las recomendaciones actuales apoyan programas individualizados que combinen ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza, control motor y exposición progresiva a actividades evitadas3,7,9,11,21 22.
Comunicación:
La comunicación clínica constituye una herramienta terapéutica relevante dentro del modelo biopsicosocial. Una relación basada en la empatía, la validación y la confianza favorece la alianza terapéutica y mejora la implicación del paciente en el tratamiento. Asimismo, el lenguaje empleado por el profesional puede influir en la percepción del dolor y en las expectativas de recuperación. Por ello, se recomienda evitar mensajes alarmistas y promover explicaciones basadas en la evidencia que faciliten una comprensión menos amenazante de los síntomas7,9,11,22.
Promoción de la autogestión:
La promoción de la autogestión constituye un objetivo central de la fisioterapia en el dolor crónico. Mediante estrategias como la dosificación de la actividad, el establecimiento de objetivos funcionales y la planificación progresiva de conductas saludables, se favorece la autoeficacia y la autonomía del paciente. Este enfoque busca reducir la dependencia de tratamientos pasivos y consolidar cambios conductuales que permitan mantener los beneficios obtenidos a largo plazo4,7,9,11.
BENEFICIOS DEL ABORDAJE:
El abordaje biopsicosocial (BPS) se considera actualmente uno de los modelos más eficaces para el manejo del dolor crónico, al integrar los factores biológicos, psicológicos y sociales que influyen en la experiencia dolorosa. Esta perspectiva permite una comprensión más amplia del problema y supera las limitaciones de los enfoques centrados exclusivamente en el daño tisular1,2,6,7,9,15.
Desde el punto de vista clínico, la combinación de estrategias como la educación en dolor, el ejercicio terapéutico y la promoción de la autogestión se asocia con mejoras en la función física, reducción de la discapacidad y una mayor participación del paciente en su proceso de recuperación. Asimismo, contribuye a disminuir factores psicológicos relacionados con la persistencia del dolor, como el catastrofismo, la kinesiofobia y las creencias desadaptativas2,3,8,9,12,21.
Por otra parte, este enfoque favorece una atención centrada en la persona, fortaleciendo la alianza terapéutica y promoviendo la autonomía del paciente. Además, puede contribuir a optimizar el uso de recursos sanitarios y reducir la dependencia de intervenciones pasivas o exclusivamente farmacológicas, favoreciendo una atención más eficiente y sostenible1,7,8,11,22.
RETOS ACTUALES Y PERSPECTIVAS FUTURAS:
A pesar de la evidencia disponible, la implementación del modelo biopsicosocial continúa enfrentando barreras relacionadas con la persistencia del paradigma biomédico, las limitaciones organizativas de los sistemas sanitarios y la dificultad para integrar de forma sistemática factores psicológicos y sociales en la práctica clínica. Asimismo, persisten desafíos relacionados con las creencias de los pacientes y la aplicación heterogénea de intervenciones basadas en la evidencia4,9,11,19.
De cara al futuro, la consolidación de este modelo en la formación y práctica clínica, junto con el desarrollo de herramientas digitales y estrategias de atención centradas en la persona, permitirá optimizar la individualización de los tratamientos y mejorar los resultados funcionales en pacientes con dolor crónico5,8,9,11,22.
CONCLUSIONES
El dolor crónico constituye un problema de salud complejo y multifactorial cuya comprensión requiere superar los modelos centrados exclusivamente en el daño tisular. El modelo biopsicosocial proporciona un marco conceptual que integra la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales implicados en la experiencia dolorosa y en la discapacidad asociada4,6,7,11.
Desde la fisioterapia, este enfoque permite desarrollar intervenciones centradas en la persona mediante estrategias como la educación terapéutica, el ejercicio terapéutico, la comunicación clínica y la promoción de la autogestión. La evidencia científica actual respalda la eficacia de estas intervenciones para mejorar la funcionalidad, reducir la discapacidad y favorecer una participación activa del paciente en su proceso de recuperación4,6,7,9,19.
Aunque persisten barreras relacionadas con la formación profesional, las limitaciones organizativas y determinadas creencias biomédicas, la consolidación del modelo biopsicosocial representa una oportunidad para optimizar el abordaje fisioterapéutico del dolor crónico desde una perspectiva más integradora y centrada en la funcionalidad11,19,22.
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