AUTORES
- Mario Pablo Hernández. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Sara Cay Melero. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Pedro Luis Vergara Pérez. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Ernest LLuch. Calatayud, Zaragoza, España.
- Elena Regla Gómez González. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Carlos Muñoz Burgués. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Esther Polo Bardina. Facultativo Especialista de Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
RESUMEN
La hipotermia perioperatoria no intencionada es una complicación frecuente y prevenible de la anestesia, definida habitualmente como temperatura central inferior a 36 grados C. Su aparición se relaciona con redistribución térmica tras la inducción anestésica, exposición quirúrgica, fluidos fríos, baja temperatura ambiental y factores del paciente y del procedimiento. El objetivo de esta revisión fue sintetizar la evidencia reciente sobre incidencia, factores de riesgo, complicaciones y medidas preventivas en pacientes adultos. Se realizó una búsqueda en PubMed, Cochrane Library, NICE y Crossref hasta el 1 de mayo de 2026, priorizando guías clínicas, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos y estudios observacionales publicados entre 2015 y 2026, con inclusión de trabajos clásicos cuando eran necesarios para interpretar complicaciones. La incidencia comunicada es variable, pero sigue siendo relevante incluso en sistemas con protocolos de calentamiento. La hipotermia se asocia con temblor, disconfort, mayor consumo de oxígeno, alteración de la coagulación, aumentó de sangrado y transfusión, infección de sitio quirúrgico, eventos cardiovasculares, retraso en recuperación anestésica y prolongación de estancia. La prevención debe comenzar en el preoperatorio con identificación de riesgo, medición de temperatura y precalentamiento selectivo o sistemático. Durante la anestesia, el calentamiento activo por aire forzado, el calentamiento de fluidos y la monitorización central seriada son intervenciones clave. Se concluye que la normotermia perioperatoria debe tratarse como objetivo de seguridad, con protocolos transversales y responsabilidad compartida entre anestesia, enfermería y cirugía.
PALABRAS CLAVE
Hipotermia, período perioperatorio, temperatura corporal, anestesia.
ABSTRACT
Unintended perioperative hypothermia is a common and preventable complication of anaesthesia, usually defined as a core temperature below 36 degrees C. It is driven by anaesthesia-induced redistribution of body heat, surgical exposure, unwarmed fluids, low ambient temperature, and patient- and procedure-related factors. This review aimed to summarize recent evidence on incidence, risk factors, clinical complications and preventive measures in adult patients. A literature search was conducted in PubMed, Cochrane Library, NICE and Crossref up to May 1, 2026, prioritizing clinical guidelines, systematic reviews, meta-analyses, randomized trials and observational studies published between 2015 and 2026, while including landmark studies when needed to interpret complications. Reported incidence remains variable but clinically relevant even in systems using warming protocols. Hypothermia is associated with shivering, discomfort, increased oxygen consumption, impaired coagulation, increased blood loss and transfusion, surgical site infection, cardiovascular events, delayed anaesthetic recovery and longer length of stay. Prevention should start before surgery with risk identification, temperature measurement and selective or routine prewarming. During anaesthesia, forced-air warming, fluid warming and repeated core temperature monitoring are key interventions. Perioperative normothermia should therefore be considered a patient-safety target requiring transversal protocols and shared responsibility among anaesthesia, nursing and surgery teams.
KEY WORDS
Hypothermia, perioperative period, body temperature, anesthesia.
INTRODUCCIÓN
La temperatura corporal central es una variable fisiológica estrechamente regulada. En condiciones normales, la termorregulación mantiene el equilibrio entre producción y pérdida de calor mediante vasoconstricción, temblor, sudoración y cambios conductuales. La anestesia general y neuroaxial alteran este equilibrio: reducen el umbral de vasoconstricción y temblor, favorecen vasodilatación periférica y permiten redistribución rápida de calor desde el compartimento central hacia los tejidos periféricos. Como resultado, una proporción importante de pacientes quirúrgicos desarrolla hipotermia perioperatoria no intencionada, definida de forma habitual como temperatura central menor de 36 grados C1.
El problema no es nuevo, pero conserva relevancia clínica. La hipotermia leve puede parecer inocua cuando se observa como un valor aislado en la unidad de recuperación, sin embargo, se ha relacionado con complicaciones que afectan a seguridad, confort y consumo de recursos. Entre ellas se incluyen temblor, aumentó de demanda metabólica, retraso del despertar, alteración de la hemostasia, mayor sangrado, transfusión, infección de sitio quirúrgico, eventos cardiovasculares y prolongación de la estancia postanestésica2,3. La magnitud exacta de estas asociaciones varía según población, definición de hipotermia, duración del procedimiento y calidad de las medidas preventivas, pero la dirección global de la evidencia apoya mantener normotermia siempre que no exista indicación deliberada de hipotermia.
La prevención exige una mirada de proceso. No basta con colocar una manta al final de la intervención si el paciente ya ha perdido calor durante la inducción, la preparación y la fase inicial de la cirugía. La primera hora de anestesia concentra una parte relevante del descenso térmico por redistribución, de modo que el precalentamiento y el calentamiento activo temprano tienen una justificación fisiológica clara4. Además, la responsabilidad no pertenece a un único profesional: la temperatura se ve influida por el traslado, la espera preoperatoria, la exposición corporal, el lavado antiséptico, el aire acondicionado del quirófano, la administración de fluidos y la duración quirúrgica.
Las guías NICE recomiendan identificar pacientes de riesgo, medir temperatura antes, durante y después de la cirugía, evitar iniciar anestesia electiva si la temperatura es inferior a 36 grados C salvo urgencia clínica, usar calentamiento activo en pacientes de alto riesgo o con anestesia prevista superior a 30 minutos, y calentar fluidos cuando se administran volúmenes relevantes5. Estas recomendaciones han contribuido a estandarizar la atención, aunque la implantación real sigue siendo heterogénea.
OBJETIVOS
El objetivo principal fue revisar de forma sistematizada la evidencia disponible sobre incidencia, factores de riesgo, complicaciones clínicas y medidas de prevención de la hipotermia perioperatoria no intencionada en pacientes adultos, desde la perspectiva de Anestesiología y Reanimación.
Los objetivos específicos fueron: describir la fisiopatología perioperatoria de la pérdida térmica; identificar factores de riesgo del paciente, la técnica anestésica y el procedimiento; sintetizar las complicaciones asociadas; revisar estrategias de monitorización y calentamiento; y proponer medidas prácticas para integrar la normotermia en protocolos perioperatorios.
METODOLOGÍA
Se realizó una revisión bibliográfica sistematizada de la literatura publicada preferentemente entre enero de 2015 y mayo de 2026. La búsqueda se llevó a cabo en PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, NICE y Crossref hasta el 1 de mayo de 2026. Se utilizaron términos MeSH y palabras libres en inglés y español: “inadvertent perioperative hypothermia”, “unintended perioperative hypothermia”, “perioperative hypothermia”, “forced-air warming”, “active warming”, “prewarming”, “fluid warming”, “core temperature monitoring”, “surgical site infection”, “blood loss”, “transfusion”, “cardiovascular complications” e “incidence”.
Se incluyeron guías clínicas, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos aleatorizados, revisiones narrativas de alta calidad y estudios observacionales con relevancia para pacientes adultos sometidos a anestesia general, regional o combinada. Se aceptaron estudios anteriores a 2015 cuando eran trabajos clásicos sobre complicaciones, infección de herida, eventos cardíacos o hemostasia. Se excluyeron fuentes no verificables, hipotermia terapéutica, estudios exclusivamente pediátricos y publicaciones centradas en hipotermia accidental extrahospitalaria. La síntesis fue cualitativa por la heterogeneidad de definiciones, dispositivos, tiempos de medición, tipos de cirugía y desenlaces. La estructura y formato se adaptaron a las normas de Revista Sanitaria de Investigación.
RESULTADOS
Definición, fisiopatología e incidencia:
La mayoría de guías y estudios definen hipotermia perioperatoria no intencionada como temperatura central inferior a 36 grados C1,5. Esta cifra es práctica porque identifica un rango en el que comienzan a observarse efectos fisiológicos relevantes y permite protocolos simples. No obstante, la temperatura no debe interpretarse de forma binaria: el riesgo aumenta con la profundidad y duración de la hipotermia, y un descenso mantenido a 35-35,5 grados C puede tener consecuencias distintas a una medición aislada de 35,9 grados C durante pocos minutos.
El patrón clásico durante la anestesia general tiene tres fases. La primera es un descenso rápido en la primera hora por redistribución de calor desde el compartimento central a la periferia, favorecido por vasodilatación anestésica. La segunda es una fase de descenso más lento por pérdidas que superan la producción metabólica, especialmente por radiación y convección desde piel expuesta y por evaporación en campos quirúrgicos. La tercera, si el paciente conserva respuestas termorreguladoras o recibe calentamiento suficiente, puede alcanzar una meseta4.
La anestesia regional también aumenta el riesgo. El bloqueo neuroaxial produce vasodilatación y bloqueo de aferencias térmicas en territorios anestesiados, reduce la capacidad de temblor y puede generar falsa sensación de confort mientras la temperatura central desciende. La combinación de anestesia general y regional, frecuente en cirugía mayor, puede intensificar el riesgo si no se acompaña de monitorización y calentamiento activo.
La incidencia comunicada es muy variable. Depende de la definición usada, momento de medición, sitio de medición, duración quirúrgica, temperatura ambiental, disponibilidad de dispositivos de calentamiento y grado de cumplimiento de protocolos. Revisiones contemporáneas describen que la hipotermia sigue siendo frecuente en cirugía no cardíaca y puede afectar a una proporción sustancial de pacientes cuando no se aplican estrategias preventivas sistemáticas1,2. En la práctica clínica, esta variabilidad obliga a medir y registrar la temperatura, no a asumir que el calentamiento ambiental o las mantas pasivas son suficientes.
Factores de riesgo:
Los factores de riesgo pueden agruparse en características del paciente, del procedimiento y de la técnica anestésica. Entre los factores del paciente destacan edad avanzada, bajo índice de masa corporal, fragilidad, sexo femenino en algunos estudios, alteraciones endocrinas, neuropatia autonómica, enfermedad vascular, anemia, bajo estado funcional y temperatura basal inferior a 36 grados C. Los pacientes ancianos tienen menor reserva fisiológica, menor producción metabólica y respuestas vasoconstrictoras menos eficaces, por lo que pueden enfriarse con rapidez y tolerar peor las consecuencias1.
Los factores quirúrgicos incluyen duración prolongada, cirugía mayor abierta, cavidades expuestas, grandes superficies cutáneas descubiertas, lavado con soluciones frías, irrigación no calentada, pérdidas sanguíneas, administración de grandes volúmenes de cristaloides o hemoderivados, cirugía de urgencia y temperatura baja del quirófano. La cirugía laparoscópica no elimina el riesgo: aunque reduce exposición cutánea y visceral, el neumoperitoneo con gas seco y no calentado puede contribuir a pérdidas térmicas, y los procedimientos prolongados mantienen la vulnerabilidad.
Los factores anestésicos incluyen inducción general sin precalentamiento, uso combinado de técnicas general y neuroaxial, bloqueo simpático extenso, relajación muscular, sedación profunda, escasa monitorización y demora en iniciar calentamiento activo. También influye el flujo de trabajo: pacientes descubiertos durante canalización, espera en antequirofano frío o preparación quirúrgica prolongada pueden llegar a la incisión con déficit térmico acumulado.
NICE considera de alto riesgo a pacientes con dos o más factores como clasificación ASA II-V, temperatura preoperatoria inferior a 36 grados C, anestesia combinada general-regional, cirugía mayor o intermedia y riesgo cardiovascular5. Esta aproximación es útil porque transforma una lista amplia en decisiones operativas: medir, precalentar, usar calentamiento activo y retrasar procedimientos electivos si el paciente está hipotérmico.
Complicaciones clínicas:
El temblor postoperatorio es una manifestación visible y molesta de hipotermia. Puede aumentar el consumo de oxígeno, producción de dióxido de carbono, presión arterial, frecuencia cardíaca y dolor por tracción de heridas o contractura muscular. En pacientes con reserva cardiopulmonar limitada, este incremento de demanda puede ser clínicamente relevante. El temblor también dificulta la monitorización, comunicación y satisfacción del paciente durante la recuperación.
La hipotermia altera la hemostasia por varios mecanismos: disfunción plaquetaria, enlentecimiento de reacciones enzimáticas de la coagulación y posible aumentó de fibrinolisis. Un metaanálisis clásico concluyó que la hipotermia leve incrementa pérdida sanguínea y riesgo de transfusión6. Aunque la magnitud absoluta depende del tipo de cirugía y de estrategias actuales de manejo de sangre, el hallazgo sigue siendo biológicamente plausible y relevante en cirugía con riesgo hemorrágico.
La infección de sitio quirúrgico es una de las complicaciones más debatidas. El ensayo de Kurz et al. en cirugía colorrectal mostró que mantener normotermia reducía infección de herida y acortaba hospitalización frente a hipotermia leve7. Revisiones posteriores han mantenido la preocupación por la relación entre hipotermia, vasoconstricción cutánea, menor oxigenación tisular y deterioro de defensas locales2,8. Sin embargo, metaanálisis recientes de estudios observacionales muestran heterogeneidad y, en algunos casos, asociaciones no concluyentes tras ajustar por factores de confusión9. Por tanto, la conclusión prudente no es que toda infección depende de la temperatura, sino que la normotermia forma parte de un paquete razonable de prevención junto con antibiótico adecuado, antisepsia, control glucémico y técnica quirúrgica.
Las complicaciones cardiovasculares también son importantes. Frank et al. comunicaron que la hipotermia perioperatoria leve se asociaba con mayor incidencia de eventos miocárdicos en pacientes de riesgo10. Revisiones actuales sobre calentamiento activo sugieren posible beneficio en desenlaces cardiovasculares, aunque la evidencia está limitada por bajo número de eventos y heterogeneidad11. En pacientes vulnerables, evitar temblores, vasoconstricción intensa, hipertensión y aumentó de consumo miocárdico de oxígeno es una meta clínica razonable.
La hipotermia modifica la farmacocinética y farmacodinamia de fármacos anestésicos. Puede prolongar el efecto de bloqueantes neuromusculares, sedantes y algunos anestésicos, retrasando despertar, extubación o criterios de alta de recuperación. También se ha relacionado con mayor duración de estancia en unidad postanestésica y retraso en confort térmico2,12. Desde una perspectiva organizativa, incluso retrasos moderados pueden tener impacto cuando se acumulan en programas de cirugía ambulatoria o alta rotación.
Monitorización de temperatura:
La prevención comienza con una medición fiable. La temperatura central puede estimarse mediante sonda esofágica distal, nasofaríngea, vesical, rectal, arterial pulmonar o sistemas no invasivos validados, según contexto. En anestesia general con vía aérea instrumentada, la medición esofágica distal suele ser práctica y precisa si se coloca correctamente. En pacientes despiertos o sedados, pueden emplearse dispositivos timpánicos o de flujo cero cuando están disponibles, pero se debe conocer su precisión y limitaciones.
La medición periférica aislada, como axilar o cutánea no validada, puede infraestimar o sobreestimar la temperatura central y dificultar decisiones. Lo relevante es mantener consistencia: registrar valor basal, repetir durante cirugía y documentar temperatura al ingreso y alta de recuperación. NICE recomienda medir temperatura antes de transferir al quirófano, cada 30 minutos durante anestesia y cada 15 minutos en recuperación hasta alcanzar normotermia5.
Monitorizar no sustituye a calentar. Un protocolo que registra hipotermia pero no activa intervenciones precoces sólo desplaza el problema a la unidad de recuperación. Por ello, los sistemas de información anestésica deberían integrar alarmas o recordatorios para iniciar calentamiento cuando la temperatura sea inferior a 36 grados C, cuando el procedimiento supere 30 minutos o cuando existan factores de alto riesgo.
Precalentamiento:
El precalentamiento busca aumentar el contenido calórico periférico antes de la inducción para reducir el gradiente central-periférico y limitar la redistribución inicial. Puede realizarse con aire forzado durante 10-30 minutos, mantas o dispositivos conductivos, idealmente antes de pasar al quirófano o mientras se realiza preparación anestésica. Su utilidad es mayor cuando se aplica antes de la vasodilatación anestésica y en pacientes con riesgo alto4.
La evidencia disponible apoya que el precalentamiento reduce la hipotermia intraoperatoria, aunque la duración óptima y el dispositivo concreto varían. En la práctica, incluso períodos breves pueden ser mejores que omitir si el circuito asistencial no permite 30 minutos completos. La barrera principal no suele ser conceptual, sino logística: disponibilidad de equipos en preoperatorio, tiempo de rotación, enchufes, responsabilidades de enfermería y cultura de priorizar temperatura antes de la inducción.
El precalentamiento no debe retrasar cirugía urgente cuando existe amenaza vital, pero sí puede aplicarse durante preparación en muchos casos urgentes. En cirugía electiva, detectar temperatura inferior a 36 grados C debería activar calentamiento antes de entrar al quirófano, salvo que exista motivo clínico para proceder.
Calentamiento activo intraoperatorio:
El calentamiento activo de superficie es la intervención central para prevenir hipotermia. Los sistemas de aire forzado son los más utilizados y recomendados en guías por eficacia, disponibilidad y experiencia acumulada5. Funcionan transfiriendo aire caliente a través de mantas específicas colocadas sobre zonas no quirúrgicas. Su efectividad depende de cubrir suficiente superficie, iniciar pronto, seleccionar temperatura adecuada y evitar interrupciones innecesarias.
Las mantas pasivas reducen pérdidas por convección y radiación, pero por sí solas suelen ser insuficientes en procedimientos prolongados o de alto riesgo. Los sistemas conductivos electricos, colchones de agua circulante, prendas calentadas y otros dispositivos pueden ser alternativas o complementos según tipo de cirugía, posición y acceso al paciente. Revisiones sistemáticas sobre sistemas activos de calentamiento corporal han encontrado beneficios en temperatura perioperatoria y algunos desenlaces clínicos, aunque con heterogeneidad entre dispositivos y estudios12,13. En el caso concreto del aire forzado, la evidencia acumulada apoya su eficacia para reducir hipotermia frente a aislamiento pasivo o cuidados habituales14.
El aislamiento pasivo mediante mantas o cobertores puede disminuir pérdidas, pero su efecto es limitado cuando se compara con sistemas activos en pacientes de riesgo o procedimientos prolongados15. El calentamiento de fluidos intravenosos y productos sanguíneos es importante cuando se administran volúmenes moderados o altos. Infundir cristaloides fríos puede enfriar al paciente, especialmente en cirugía larga o con reposición agresiva. NICE recomienda calentar fluidos intravenosos cuando se administren 500 ml o más, y calentar irrigación si se usan grandes volúmenes5. La evidencia Cochrane sobre fluidos calentados respalda su utilidad para reducir hipotermia, aunque no debe interpretarse como sustituto del calentamiento de superficie16.
En laparoscopia, el gas calentado y humidificado puede reducir la pérdida de calor y mejorar el confort en algunos escenarios, aunque su efecto aislado suele ser menor que el calentamiento activo de superficie y depende del procedimiento. Las estrategias multimodales pueden ser razonables en pacientes de alto riesgo: precalentamiento, aire forzado intraoperatorio, fluidos calentados, limitar exposición, calentar irrigación y mantener temperatura ambiental adecuada durante inducción y preparación.
Recuperación postanestésica:
La hipotermia detectada en recuperación indica fallo parcial de prevención o alto riesgo residual. El paciente hipotérmico debe recibir calentamiento activo, monitorización seriada, control de temblor, analgesia adecuada y evaluación de causas asociadas como sangrado, sepsis, hipoglucemia o exposición prolongada. La normotermia debería ser criterio de seguridad antes del alta de la unidad de recuperación, especialmente en cirugía ambulatoria.
El tratamiento farmacológico del temblor, con meperidina, clonidina, dexmedetomidina u otros fármacos, puede mejorar síntomas, pero no debe ocultar la necesidad de corregir la temperatura. Las revisiones sobre tratamiento de hipotermia postoperatoria sitúan el recalentamiento activo como medida principal, con fármacos como apoyó sintomático cuando el temblor es relevante17. En pacientes con hipoxemia, cardiopatía o dolor intenso, tratar el temblor y calentar activamente son intervenciones complementarias.
La continuidad de cuidados importa. Un paciente que sale de quirófano normotermico puede enfriarse durante traslados, pruebas o espera en recuperación si queda descubierto o recibe fluidos fríos. Las unidades deben disponer de mantas calientes, dispositivos activos, termómetros adecuados y criterios claros de escalada.
Implementación en protocolos:
La evidencia solo cambia resultados cuando se transforma en rutina. Un protocolo práctico debe definir quién mide la temperatura, con que dispositivo, en qué momentos, qué umbrales activan calentamiento, que pacientes requieren precalentamiento, cuando deben calentarse fluidos y como se documenta la normotermia al alta. La revisión de sistemas cutáneos de calentamiento y las guías de práctica de perianestesia coinciden en que la intervención debe estar integrada en procesos clínicos medibles, no quedar como decisión aislada de cada caso18,19. Debe ser fácil de aplicar en cirugía programada, urgencias, anestesia regional, sedación y procedimientos fuera de quirófano.
Las listas de verificación pueden incorporar una pregunta térmica: temperatura preoperatoria registrada, dispositivo de calentamiento activo disponible, fluidos calientes previstos y plan para cirugía de larga duración. En cirugía mayor, la normotermia debe coordinarse con otros elementos de recuperación intensificada, como analgesia multimodal, prevención de náuseas, manejo de fluidos, movilización y nutrición precoz.
La formación del equipo es esencial. Muchos episodios de hipotermia no se deben a falta de dispositivos sino a inicio tardío, desconexiones, manta mal colocada o ausencia de medición. Auditorías simples, como porcentaje de pacientes con temperatura documentada y porcentaje con temperatura de salida superior o igual a 36 grados C, permite detectar problemas de proceso y orientar mejoras.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
La hipotermia perioperatoria no intencionada cumple criterios de problema de seguridad: es frecuente, medible, asociada a complicaciones relevantes y prevenible mediante intervenciones disponibles. Su aparición refleja una combinación de fisiología anestésica y organización asistencial. Por ello, la respuesta debe ser protocolizada y temprana, no limitada al rescate en recuperación.
La evidencia apoya identificar pacientes de riesgo, medir temperatura de forma seriada y aplicar calentamiento activo en procedimientos de duración relevante o pacientes vulnerables. El aire forzado sigue siendo la intervención de referencia por respaldo clínico y facilidad de uso. El precalentamiento reduce la redistribución inicial y debería integrarse cuando el circuito lo permite, especialmente en pacientes con temperatura baja, edad avanzada, cirugía mayor o anestesia combinada. El calentamiento de fluidos y productos sanguíneos evita una fuente adicional de pérdida térmica.
Las complicaciones asociadas justifican tomarse la normotermia como objetivo clínico. La relación con sangrado y transfusión es fisiológicamente consistente y cuenta con evidencia metaanalítica. La asociación con infección de sitio quirúrgico es plausible y apoyada por estudios relevantes, aunque los análisis recientes muestran heterogeneidad y posible confusión residual. Los eventos cardiovasculares y el retraso en la recuperación son especialmente importantes en pacientes frágiles o de alto riesgo.
La revisión tiene limitaciones. La heterogeneidad de definiciones, métodos de medición, dispositivos, poblaciones y desenlaces dificulta comparar estudios y cuantificar efectos absolutos. Además, algunos trabajos clásicos son anteriores a los programas actuales de recuperación intensificada, profilaxis antibiótica optimizada y manejo moderno de sangre. Aun así, la convergencia entre fisiología, guías y evidencia clínica sostiene una recomendación firme: evitar hipotermia no intencionada siempre que sea posible.
En conclusión, la prevención de la hipotermia perioperatoria debe comenzar antes de la inducción anestésica y mantenerse hasta el alta de recuperación. La combinación de medición fiable, precalentamiento, calentamiento activo, fluidos calentados, limitación de exposición y auditoría de cumplimiento permite reducir un riesgo común con intervenciones relativamente simples. Para Anestesiología y Reanimación, la normotermia no es un detalle accesorio, sino un componente básico de calidad perioperatoria.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran no presentar conflictos de interés. Sin financiación externa. No se ha realizado investigación en humanos ni animales, ni se incluyen casos clínicos, imágenes de pacientes o datos identificativos.
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