AUTORES
- Omar Gómez García. Diplomado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Pablo Muñoz Torrealba. Graduado en Enfermería. Enfermero en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- María Sevil Aguareles. Graduada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- María Nieves Mirón Sierra. Diplomada en Enfermería. Enfermera en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
RESUMEN
El Trastorno del Espectro Autista (en adelante TEA) constituye una condición del neurodesarrollo caracterizada por alteraciones en la comunicación social, patrones restrictivos de conducta e hipersensibilidad sensorial¹. Estas características condicionan una mayor vulnerabilidad en el entorno hospitalario, especialmente en el ámbito quirúrgico, donde la exposición a estímulos desconocidos puede desencadenar ansiedad significativa, conductas disruptivas y dificultades en la cooperación durante los procedimientos².
Nuestro objetivo es describir el abordaje enfermero basado en la evidencia durante el periodo perioperatorio en pacientes con TEA sometidos a hernioplastia inguinal. Para ello, realizamos una revisión de la literatura científica publicada entre 2016 y 2025 en bases de datos biomédicas, complementada con la presentación de un caso clínico.
Los resultados evidencian que la planificación individualizada, la adaptación del entorno, la comunicación estructurada y la implicación familiar son elementos clave para reducir la ansiedad, mejorar la seguridad y optimizar los resultados clínicos³.
PALABRAS CLAVE
Trastorno del espectro autista, atención de enfermería, periodo perioperatorio, hernia inguinal, ansiedad.
ABSTRACT
Autism Spectrum Disorder (ASD) is a neurodevelopmental condition characterized by social communication impairments, restricted behaviors, and sensory hypersensitivity¹. These features increase vulnerability in hospital environments, particularly during surgical procedures, where unfamiliar stimuli may trigger anxiety and behavioral dysregulation².
This study aims to describe evidence-based perioperative nursing management in patients with ASD undergoing inguinal hernioplasty. A narrative review (2016–2025) and a clinical case were conducted.
Results highlight that individualized planning, environmental adaptation, structured communication, and family involvement significantly improve perioperative outcomes³.
KEY WORDS
Autism spectrum disorder, nursing care, perioperative period, inguinal hernia, anxiety.
INTRODUCCIÓN
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) constituye una condición del desarrollo neurológico caracterizada por alteraciones en la comunicación social y patrones conductuales restrictivos, habitualmente asociados a hipersensibilidad sensorial¹. En la última década, el aumento en la detección de casos ha supuesto una mayor presencia de estos pacientes en entornos hospitalarios, incluyendo el ámbito quirúrgico².
Es aquí donde diversos autores han señalado que los pacientes con TEA presentan una mayor vulnerabilidad durante el periodo perioperatorio, especialmente en relación con la ansiedad anticipatoria, la dificultad para comprender el entorno y la baja tolerancia a estímulos desconocidos³. Sin embargo, la literatura disponible es bastante heterogénea, con predominio de estudios observacionales y escasez de ensayos clínicos, lo que limita la generalización de las recomendaciones⁴.
La hernioplastia inguinal, es una cirugía frecuente, y en general de bajo riesgo, aunque puede suponer un desafío en estos pacientes debido a la suma de factores estresantes (separación del cuidador, entorno desconocido y lleno de estímulos, procedimientos invasivos)⁵. Es aquí donde el papel de enfermería adquiere una relevancia central no solo en la ejecución de cuidados, sino también anticipándose y adaptando todo lo posible la situación.
Un elemento común al revisar la literatura es que se coincide en señalar que la ansiedad perioperatoria constituye el principal factor que condiciona la evolución clínica en pacientes con TEA³. Sin embargo, no hay un consenso claro en su abordaje.
Por un lado, estudios como el de Whippey et al. destacan la eficacia de intervenciones no farmacológicas, como la adaptación ambiental y la presencia familiar, mostrando una reducción de conductas disruptivas4. En contraste, otros autores enfatizan el papel de la sedación farmacológica como herramienta principal para garantizar la seguridad del procedimiento⁸.
Esta divergencia nos indica que no existe un abordaje único, sino que debe optarse por un modelo individualizado, en el que las medidas menos invasivas y no farmacológicas constituyan la primera línea de intervención, reservando la farmacología como apoyo en casos en los que no sea suficiente. En este sentido, la evidencia apoya el uso de midazolam o dexmedetomidina, aunque no hay consenso claro sobre cuál ofrece mejores resultados en población con TEA⁸.
Otro aspecto relevante es la escasa estandarización en la evaluación del dolor. La literatura señala que los pacientes con TEA pueden no expresar el dolor de forma “clásica”, y a veces lo que pueda parecer agitación sea en realidad dolor.
Estas conductas atípicas, pueden conducir a una infravaloración de los síntomas como a sobretratamiento¹². Esto refuerza la necesidad de emplear escalas conductuales validadas y de incorporar la información aportada por los cuidadores.
Además, cabe destacar que la mayoría de los estudios se centran en población pediátrica, existiendo un vacío importante en adultos con TEA, lo que no siempre permite extrapolar los resultados¹⁶.
La evidencia sugiere que el éxito del manejo perioperatorio no depende de una única intervención, sino de la coordinación de múltiples estrategias adaptadas al paciente.
OBJETIVOS
El objetivo consiste en describir el abordaje enfermero basado en la evidencia en pacientes con TEA sometidos a hernioplastia inguinal durante el periodo perioperatorio. Para ello:
- Identificaremos las necesidades clínicas, sensoriales y conductuales del paciente con TEA.
- Analizaremos las intervenciones enfermeras más eficaces en cada fase perioperatoria.
- Evaluaremos estrategias orientadas a reducir la ansiedad y mejorar la cooperación del paciente.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Paciente varón de 13 años, de 46 kg y 1,58m, diagnosticado de TEA nivel 2 desde los 5 años, programado para una hernioplastia inguinal derecha.
Durante la valoración inicial, se identificaron varios aspectos relevantes: lenguaje limitado, hipersensibilidad tanto al ruido como al contacto físico inesperado y antecedentes de ansiedad en experiencias sanitarias previas. La madre comentó que el paciente respondía especialmente bien a rutinas estructuradas y al uso de una tablet como elemento regulador.
Con esta información, se decidió plantear un abordaje progresivo, intentando minimizar estímulos y anticipar en la medida de lo posible cada paso del proceso. Aun así, y teniendo en cuenta experiencias previas, se optó por administrar premedicación con midazolam oral (0,5 mg/kg), ya que se consideró que podía facilitar la transición al entorno quirúrgico.
En el área preoperatoria, se realizó una aproximación gradual, mostrando el entorno y parte del material de forma controlada. La presencia de la madre se mantuvo en todo momento, lo que pareció contribuir a una mayor tranquilidad del paciente.
La inducción anestésica se llevó a cabo mediante sevoflurano, también con presencia materna, y se desarrolló sin incidencias. Tras la pérdida de conciencia, la madre fue acompañada a la sala de espera.
En la URPA, el paciente presentó una agitación leve compatible con delirio emergente. En lugar de recurrir inicialmente a tratamiento farmacológico, se optó por medidas más conservadoras: reducción de estímulos, presencia de la madre y reintroducción de la tablet. La respuesta fue favorable, con una progresiva estabilización.
Tras aproximadamente 45 minutos, el paciente se encontraba estable, sin signos de dolor y con buena evolución, por lo que fue trasladado a planta. El postoperatorio transcurrió sin complicaciones y fue dado de alta al día siguiente.
VALORACIÓN ENFERMERA
La valoración enfermera debe ser integral, individualizada y centrada en la persona. En pacientes con TEA, es clave entender cómo se comunica el paciente, qué tolera y qué no, cómo responde al contacto físico o qué cosas le generan ansiedad⁷. A veces son los detalles los que marcan la diferencia.
Los pacientes con TEA son muy sensibles a estímulos que en el hospital son constantes: ruidos, luces, movimiento, y eso puede desencadenar respuestas intensas⁸. Además, no siempre expresan bien el dolor o el malestar, lo que complica la valoración.
La participación de la familia o cuidadores es clave en esta fase, ya que aportan información relevante sobre las estrategias de afrontamiento del paciente, sus rutinas y los elementos que facilitan su regulación emocional⁹. Ignorar esa información es perder una herramienta muy potente.
PERIODO PERIOPERATORIO:
El periodo preoperatorio inmediato es una fase crítica debido al aumento de la ansiedad anticipatoria en pacientes con TEA¹⁰. La exposición a un entorno desconocido y el cambio de rutinas habituales pueden provocar conductas de evitación, agitación o bloqueo conductual.
Por eso, las intervenciones enfermeras deberían centrarse en algo bastante lógico: reducir estímulos, anticipar dentro de lo posible lo que va a pasar y adaptar la forma de comunicarse, con la ayuda por ejemplo de pictogramas o lenguaje simplificado¹¹.
La presencia de un familiar durante esta fase ha demostrado reducir en gran medida los niveles de ansiedad así como mejorar la cooperación del paciente¹². Además, la premedicación con fármacos ansiolíticos, como el midazolam, puede ser útil en casos seleccionados¹³.
Durante el intraoperatorio, el objetivo principal es garantizar la seguridad del paciente minimizando la sobrecarga sensorial y las respuestas de estrés¹⁴. La inducción anestésica puede resultar especialmente desafiante debido a la resistencia del paciente a procedimientos invasivos.
Se recomienda realizar una inducción progresiva, adaptada al nivel de tolerancia del paciente, y, cuando sea posible, permitir la presencia de un familiar durante este proceso¹⁵. También ayuda algo tan básico como bajar los niveles de ruido, controlar la intensidad de la luz o evitar estímulos innecesarios. Parece obvio, pero no siempre se hace.
La coordinación entre enfermería, anestesia y cirugía es fundamental para optimizar los tiempos quirúrgicos y minimizar el estrés del paciente¹⁶.
El periodo postoperatorio inmediato, en especial en la Unidad de Recuperación Postanestésica (URPA), representa una fase de riesgo elevado de agitación o delirio emergente en pacientes con TEA¹⁷. Estos episodios pueden dificultar la recuperación y aumentar el riesgo de complicaciones.
Las intervenciones enfermeras deben orientarse al control del dolor mediante escalas conductuales, la reducción de estímulos ambientales y la reintroducción precoz de elementos familiares¹⁸.
La analgesia multimodal ha demostrado ser eficaz en la disminución del dolor y en la prevención de la agitación postoperatoria¹⁹. La presencia de cuidadores durante el despertar anestésico también contribuye a la estabilidad emocional del paciente.
DIAGNÓSTICOS NANDA
La identificación de diagnósticos enfermeros en el paciente con TEA en el contexto perioperatorio debe contemplar tanto dimensiones físicas como emocionales y conductuales, dada la complejidad de esta población.
Ansiedad (00146)
Relacionada con la exposición a un entorno desconocido, separación del cuidador principal, procedimientos invasivos y alteración de rutinas. Manifestada por inquietud psicomotora, conductas repetitivas, evitación del contacto y aumento de la reactividad ante estímulos.
Dolor agudo (00132)
Relacionado con el procedimiento quirúrgico y la manipulación tisular. En pacientes con TEA, puede manifestarse mediante indicadores conductuales como agitación, vocalizaciones, resistencia al contacto o cambios en la expresión facial.
Riesgo de lesión (00035)
Relacionado con la posible agitación postanestésica, alteración de la percepción sensorial y dificultad para comprender instrucciones, lo que puede aumentar el riesgo de caídas o retirada de dispositivos.
Deterioro de la comunicación verbal (00051)
Relacionado con alteraciones propias del neurodesarrollo, dificultando la expresión de necesidades, dolor o malestar.
RESULTADOS NOC:
Los resultados esperados deben ser medibles y orientados a la mejora del estado clínico y emocional del paciente.
Control de la ansiedad (1211)
Indicadores:
- Disminución de la inquietud motora.
- Reducción de conductas disruptivas.
- Aumento de la cooperación en procedimientos.
Nivel de dolor (2102)
Indicadores:
- Disminución de signos conductuales de dolor.
- Respuesta adecuada a analgesia.
Confort del paciente (2100)
Indicadores:
- Estado de relajación.
- Tolerancia al entorno hospitalario.
Adaptación psicosocial: vida diaria (1300)
Indicadores:
- Interacción con profesionales sanitarios.
- Capacidad de adaptación a cambios del entorno.
INTERVENCIONES NIC:
Las intervenciones enfermeras deben ser individualizadas, anticipatorias y centradas en la reducción del estrés sensorial y emocional.
Disminución de la ansiedad (5820)
- Información anticipada adaptada.
- Presencia del cuidador.
- Rutinas estructuradas.
- Técnicas de distracción.
Manejo ambiental (6486)
- Reducción de ruido y luz.
- Control de estímulos.
- Entorno estable.
Apoyo emocional (5270)
- Actitud calmada.
- Validación emocional.
- Refuerzo de seguridad.
Facilitación de la comunicación (4976)
- Lenguaje sencillo.
- Apoyos visuales.
- Repetición estructurada.
Manejo del dolor (1400)
- Escalas conductuales (FLACC)
- Observación indirecta.
- Analgesia multimodal.
CONCLUSIONES
El manejo de pacientes con TEA en el entorno quirúrgico obliga a salir un poco de los protocolos estándares.No se trata solo de hacer bien la técnica, sino de entender al paciente: cómo percibe lo que está pasando y cómo reacciona.
Estrategias simples como adaptar el entorno, comunicarse de manera apropiada o implicar a la familia, muchas veces son las que más impacto tienen. Si se combinan con manejo farmacológico adecuado cuando es necesario, los resultados obtenidos tanto en la seguridad como en la experiencia del paciente mejoran considerablemente.
El caso presentado refuerza esta idea, mostrando que una planificación cuidadosa y una actitud flexible por parte del equipo pueden marcar la diferencia en la evolución del paciente.
Y aquí enfermería tiene un papel clave. No solo en los cuidados generales, sino también en la anticipación, coordinación y humanización de la atención.
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