Abordaje enfermero del estado nutricional en el ámbito hospitalario: revisión bibliográfica

5 diciembre 2024

AUTORES

  1. Raquel Mauri Mur. Graduada en Enfermería. Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  2. Carolina Rodellar Pico. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  3. María Luz Pallardo Fernández-Molina. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  4. Nerea Gracia Viñuales. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  5. María Cesarea Escartín Lanuza. Graduada en Enfermería. Hospital Universitario San Jorge (Huesca). España.
  6. Lorena Saba Huerva. Diplomada en Enfermería. Hospital Universitario Materno Infantil Miguel Servet (Zaragoza). España.

 

RESUMEN

INTRODUCCIÓN: enfermería debe valorar el estado nutricional del paciente desde el ingreso hasta el alta ya que, la nutrición, forma parte de los cuidados enfermeros. La desnutrición es un problema de salud cada vez más prevalente, entre el 10% y el 85% de los pacientes hospitalizados padecen algún grado de desnutrición por lo que, un paciente hospitalizado es un paciente de riesgo desde el punto de vista nutricional.

OBJETIVO: conocer el abordaje enfermero del estado nutricional en el ámbito hospitalario.

METODOLOGÍA: se ha realizado una búsqueda de literatura científica en las bases de datos PubMed, ScienceDirect, Scielo, Dialnet, Cochrane y Cuiden con las palabras clave obtenidas a través de los Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS) y Medical Subject Headings (MeSH) junto con los operadores booleanos “AND” y “OR”.

DESARROLLO: la desnutrición aumenta durante la estancia hospitalaria debido a múltiples factores, entre los cuales destacan la propia enfermedad. La detección temprana de la desnutrición debe ser prioritaria al ingreso hospitalario, así como a lo largo de toda la estancia. Los parámetros que se utilizan para la valoración del estado nutricional son las medidas antropométricas, los cuestionarios MNA, MNA-SF, MUST, NRS-2002, VGS y VGS-GP y los parámetros analíticos e inmunológicos.

CONCLUSIÓN: para diagnosticar la desnutrición la enfermería debe realizar una valoración del estado nutricional en las primeras 24-48h y realizar un seguimiento durante la estancia hospitalaria. Los parámetros antropométricos pueden generar controversia cuando se contemplan aisladamente. Por ello, para diagnosticar la desnutrición, la enfermería debe utilizar al menos dos parámetros nutricionales.

PALABRAS CLAVE

Desnutrición, enfermería, hospitalización, estado nutricional, nutrición.

ABSTRACT

BACKGROUND: Nursing professionals must assess the patient’s nutritional status from admission to discharge since nutrition is part of nursing care. Malnutrition is an increasingly prevalent health problem – between 10% and 85% of hospitalized patients suffer from malnutrition to a greater or lesser extent – so a hospitalized patient could be considered at risk from a nutritional point of view.

OBJECTIVE: To get to know the nursing approach to the nutritional status in a hospital setting.

METHODS: A search of scientific literature was carried out in different databases – such as PubMed, ScienceDirect, Scielo, Dialnet, Cochrane and Cuiden – with the keywords obtained from the Descriptors in Health Sciences (DeCS) and the Medical Subject Headings (MeSH) thesaurus with the Boolean operators «AND» and «OR».

RESULTS: Malnutrition increases during a patient’s hospitalization due to several factors, among which the disease itself stands out. Early detection of malnutrition should be a priority at hospital admission as well as throughout the whole stay. The parameters used for the assessment of nutritional status are anthropometric measurements, the MNA, MNA-SF, MUST, NRS-2002, VGS and VGS-GP questionnaires, and some analytical and immunological parameters.

CONCLUSION: In order to diagnose malnutrition, the nurse must assess the nutritional status during the first 24-48 hours and monitor it during the whole hospital stay. Anthropometric parameters can be controversial when considered isolated. Therefore, to diagnose malnutrition, nursing professionals must use at least two nutritional parameters.

KEY WORDS

Malnutrition, nursing, hospitalization, nutritional status, nutrition.

INTRODUCCIÓN

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la nutrición es la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo. Una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades y alterar el desarrollo físico y mental1,2.

Según el modelo de cuidados de Virginia Henderson3, el cual establece 14 necesidades básicas que deben ser valoradas para establecer el plan de cuidados de enfermería, la nutrición está dentro de la segunda necesidad “comer y beber adecuadamente”, la cual engloba diferentes diagnósticos enfermeros relacionados con el estado nutricional y, cada diagnóstico, incluye intervenciones que constan de actividades encaminadas a mejorar dicho estado4.

Entre el 10 y el 85% de los pacientes hospitalizados padecen algún grado de desnutrición, por lo que se puede considerar que un paciente hospitalizado es un paciente de riesgo desde el punto de vista nutricional1,5. A pesar de esta alta prevalencia, la desnutrición en pacientes hospitalizados es un problema poco diagnosticado y tratado. Además, se debe tener en cuenta que la enfermedad y la desnutrición tienen una relación bidireccional, de manera que la enfermedad puede causar desnutrición y, a su vez, la desnutrición afecta negativamente al transcurso de la enfermedad6.

La desnutrición es el estado que resulta de una disminución de la ingesta de energía y/o nutrientes que se traduce en cambios de la composición corporal y pérdida de la masa celular corporal, lo cual ocasiona una disminución de la capacidad funcional mental y física, así como una peor respuesta frente a la enfermedad7,8.

Es objeto de preocupación en el ámbito clínico ya que puede aparecer o empeorar durante la hospitalización, además, la desnutrición aumenta la morbilidad y mortalidad, la tasa de reingresos, la tasa de infección, provoca un retraso en la cicatrización de las heridas por la pérdida de masa muscular y aumenta la frecuencia de úlceras de decúbito. Todo ello conduce a un incremento de la estancia hospitalaria y, en consecuencia, mayores costes económicos9,10.

En ocasiones este estado es secundario a problemas en la absorción o digestión de los nutrientes, en otras se debe a que los pacientes no son capaces de ingerir o no se les proporcionan los nutrientes suficientes. El riesgo de desnutrición se ve aumentado durante la fase más aguda de determinadas patologías. Además, existen una serie de factores que empeoran la situación nutricional de los pacientes hospitalizados como la agresión quirúrgica y el consiguiente incremento del gasto energético, los periodos de ayuno perioperatorios y las pruebas diagnósticas a las que son sometidos1,11.

De modo que, la revisión de la dieta es equiparable a la revisión del tratamiento farmacológico y se debe conocer la interacción fármaco-alimento, ya que puede ser un factor contribuyente del déficit nutricional al modificar el proceso de absorción de nutrientes en el organismo del paciente12,13.

Enfermería debe valorar el estado nutricional del paciente desde el ingreso hasta el alta ya que tiene un gran impacto en la evolución de su estado de salud y es el primer paso para realizar un cuidado nutricional adecuado14. Desde el año 2011, gracias al Consenso Multidisciplinar sobre el Abordaje de la Desnutrición Hospitalaria en España de la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo (SENPE), en las primeras 24-48h desde el ingreso hospitalario debe realizarse algún método de cribado para detectar la desnutrición de forma precoz5,15.

Las técnicas más utilizadas para realizar la valoración del estado nutricional son las medidas antropométricas (Índice de Masa Corporal (IMC), pliegues cutáneos y circunferencias), la realización de cuestionarios como el Mini Nutritional Assessment (MNA), Mini Nutritional Assessment Short Form (MNA-SF), el Malnutrition Universal Screening Tool (MUST), el Nutritional Risk Screening 2002 (NRS-2002), la Valoración Global Subjetiva (VGS) o la Valoración Global Subjetiva Generada por el Paciente (VGS-GP). Otra técnica para el cribado de desnutrición en pacientes hospitalizados es medir los parámetros bioquímicos como las concentraciones plasmáticas de proteínas viscerales, las proteínas somáticas, el colesterol y parámetros inmunológicos como los linfocitos totales16,17,18,19.

OBJETIVOS

El objetivo principal de esta revisión bibliográfica es conocer el abordaje enfermero del estado nutricional del paciente en el ámbito hospitalario.

Para ello se establecieron los siguientes objetivos específicos:

  • Conocer la prevalencia de desnutrición en pacientes hospitalizados.
  • Determinar los factores de riesgo que influyen en el deterioro del estado nutricional del paciente.
  • Conocer los métodos de evaluación del estado nutricional del paciente utilizados en el ámbito hospitalario.

 

METODOLOGÍA

Se realizó una búsqueda de literatura científica en las siguientes bases de datos: PubMed, ScienceDirect, Scielo, Dialnet, Cochrane y Cuiden.

Antes de comenzar la búsqueda se obtuvieron las palabras clave a través de los Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS): desnutrición, enfermería, hospitalización, estado nutricional, nutrición. En PubMed se utilizaron los siguientes Medical Subject Headings (MeSH): malnutrition, nursing, hospitalization, nutritional status. Estos DeCS y MeSH fueron utilizados con los operadores booleanos: “AND” y “OR” como se detalla en la tabla que aparece en anexos.

Al realizar la búsqueda algunos de los artículos fueron encontrados en varias bases de datos. El periodo de búsqueda se realizó durante los meses de diciembre de 2023, enero, febrero y marzo de 2024 (Anexo I).

Se establecieron criterios de inclusión y exclusión que se utilizaron como filtro para delimitar la búsqueda bibliográfica.

También se ha buscado en el recurso informático UpToDate, el cual es un buscador con información médica sintetizada basada en la evidencia, a cuya plataforma se accedió a través de la biblioteca del Hospital San Jorge (Huesca) y se ha utilizado un artículo de este buscador: Resumen del soporte nutricional perioperatorio (Askari R.)10.

Además, se ha consultado la página web oficial de la OMS2 y la SENPE5 con la finalidad de localizar más información sobre la prevalencia de desnutrición y el Consenso Multidisciplinar sobre el Abordaje de la Desnutrición Hospitalaria en España.

DESARROLLO

La desnutrición en el ámbito hospitalario:

La desnutrición es un problema de Salud Pública cada vez más prevalente con gran coste social y económico. Diferentes estudios han mostrado cifras de prevalencia que oscilan entre el 10 y el 85%, estas cifras dependen de la enfermedad, las características del paciente, la categoría del hospital donde ingresan y las herramientas de valoración nutricional utilizadas para su identificación y diagnóstico. En España, los porcentajes oscilan entre el 30 y el 60%, similares a los descritos en otros países desarrollados y, además, más del 60% de los pacientes empeoran su estado nutricional durante la estancia hospitalaria1,3,8,14,18,20.

De manera que, epidemiológicamente, la desnutrición en el paciente hospitalizado es un problema con repercusión mundial. Sin embargo, es escasa la actuación por parte de los profesionales sanitarios para identificar pacientes en riesgo de desnutrición5,14.

El estado nutricional es la condición de salud de un individuo influenciado por el consumo y utilización de nutrientes y que se identifica por la correlación de la información obtenida a través de estudios físicos, bioquímicos, clínicos y dietéticos. Cuando el estado nutricional es deficiente, la respuesta inmune del paciente se ve afectada, aumenta el riesgo de procesos infecciosos, aumenta el riesgo de úlceras por presión, hay una pérdida de masa muscular y un retraso en la cicatrización de heridas, aumentan las complicaciones postoperatorias, se prolonga la estancia hospitalaria, se incrementa la tasa de reingresos, se altera la capacidad funcional y la calidad de vida del paciente, las enfermedades agudas y crónicas se agravan, aumenta la morbilidad y la mortalidad y, en consecuencia, aumenta el gasto sanitario5,9,12,13,15,20.

La desnutrición aumenta durante la estancia hospitalaria debido a múltiples factores, entre los cuales destacan la propia enfermedad que puede dar lugar a una ingesta inadecuada de nutrientes por anorexia, dificultad para la ingesta, disfagia, problemas de masticación, dificultad en la digestión o en la absorción de nutrientes, mucositis o falta de autonomía para comer, también puede añadirse la utilización de fármacos anorexígenos y el incremento de las pérdidas y los requerimientos, tanto energéticos como proteicos, ya que, en determinadas situaciones el organismo puede responder con un estrés hipermetabólico, aumentando la tasa metabólica basal y la termogénesis y, en consecuencia, puede dar lugar a un estado de desnutrición aguda que se asocia a un peor pronóstico clínico1,20.

Por otro lado, determinados procesos diagnósticos o terapéuticos pueden contribuir al desarrollo de la desnutrición, por estar indicado el ayuno para la realización de determinadas exploraciones, por encontrarse el paciente en el período posoperatorio o por requerir reposo digestivo como parte del tratamiento de determinadas situaciones fisiopatológicas. Además, la inflamación contribuye al proceso de desestabilización del equilibrio fisiológico, resultando ser en muchas ocasiones un factor cooperante de la desnutrición5,21.

En cuanto a las características sociodemográficas, la edad es un factor significativo relacionado con la desnutrición ya que es un problema de salud que aumenta con la edad y afecta, especialmente, a los adultos mayores en los países desarrollados. Con el envejecimiento, las personas tienen tendencia a desarrollar déficits nutricionales debido a la incidencia de enfermedades crónicas, deficiencias físicas y alteraciones fisiológicas como la demencia, la inmovilización, la disfagia o la falta de piezas dentales que pueden afectar al apetito, la ingesta y la absorción de nutrientes9,13,15.

Igualmente, tienen mayor riesgo de desnutrición los pacientes hospitalizados con patologías psiquiátricas como el síndrome de ansiedad-depresivo1,9.

La detección temprana de la desnutrición debe ser prioritaria al ingreso, así como a lo largo de toda la estancia hospitalaria. Varios estudios avalan que la evaluación del estado nutricional al ingreso del paciente tiene un gran impacto en la evolución de su estado de salud y, la SENPE, recomienda que en las primeras 24-48h se realice algún método de cribado para detectar la desnutrición de forma precoz, teniendo esta recomendación un grado de evidencia A5,15,20.

El proceso de cuidados de enfermería se inicia con la recogida de datos y valoración, continúa con la identificación de diagnósticos enfermeros y la selección de criterios de resultados, intervenciones y actividades enfermeras, y finaliza con la evaluación de todo el proceso. De modo que, la enfermería tiene la oportunidad de valorar de manera directa, continua y constante el estado nutricional del paciente y realizar intervenciones que comienzan al ingreso y se mantienen hasta el alta4.

El objetivo del cribado nutricional es predecir la probabilidad de una mejor o peor evolución del paciente debido a factores nutricionales y la posibilidad de que el tratamiento nutricional adecuado pueda mejorarla20. Aun con una ingesta y asimilación correctas, es fácil que los ingresos no cubran las necesidades del paciente y que necesite suplementación nutricional durante la estancia hospitalaria. Por ello, es importante que enfermería realice la revisión de la dieta verificando que la proporcionada coincida con la prescrita y, además, debe realizar una vigilancia y control de la ingesta para plantear la suplementación o el cambio en el sistema de soporte nutricional. Tanto la nutrición enteral como la parenteral han demostrado tener un efecto beneficioso sobre resultados clínicos y económicos, ya que se mejora el estado nutricional, la masa muscular, la morbilidad, la calidad de vida y la mortalidad. Enfermería también debe controlar la ingesta hídrica para valorar el estado de hidratación del paciente ya que se puede ver alterada en estados patológicos4,6,18,21.

Métodos de evaluación del estado nutricional:

Las recomendaciones sugieren que los métodos de cribado deberían realizarse al ingreso del paciente en el hospital por parte del personal de enfermería debido a la alta prevalencia de desnutrición al ingreso hospitalario, así como de desnutrición desarrollada durante la estancia hospitalaria12. El estado nutricional se detecta a partir de varios parámetros, que pueden ser utilizados y evaluados de forma aislada o asociada. Aunque existen diversas herramientas para valorar el estado nutricional, no se dispone de un gold estándar para la detección de pacientes desnutridos o en riesgo1,13,14.

Los parámetros que se utilizan para la valoración del estado nutricional son las medidas antropométricas, los cuestionarios MNA, MNA-SF, MUST, NRS-2002, VGS y VGS-GP y los parámetros analíticos e inmunológicos5,20.

La antropometría es un método de medición con el que se obtiene información acerca de la composición corporal del paciente y la situación nutricional en la que se encuentra al comparar las medidas obtenidas con las tablas de referencia. Para la obtención de estos datos es fundamental que se realice a través de una técnica estandarizada y con el material adecuado para que su validez sea máxima y evitar sesgos derivados de una medición inadecuada22. Para realizar un estudio antropométrico se necesita, además de la báscula y el tallímetro, una cinta antropométrica flexible pero no elástica y un plicómetro para medir el panículo adiposo.

El IMC o índice Quetelet es una de las medidas antropométricas más utilizadas en la práctica clínica, aunque no es un parámetro válido por sí solo para medir la desnutrición23. Se obtiene mediante la fórmula IMC = peso (kg)/altura (m2), siendo el punto de corte para definir un peso insuficiente para la población adulta un valor < 18.5 kg/m2 y, en la población anciana, < 20-22 kg/m2 ya que varios estudios han mostrado que valores inferiores en pacientes mayores de 65 años se asocia con una mayor mortalidad. Sin embargo, los pacientes hospitalizados, debido a su estado catabólico, pueden presentar valores de IMC por encima de los rangos normales y presentar desnutrición o riesgo de desnutrición5,9,11,24. Por ello, se acepta que una disminución de peso del 10% indica un cambio nutricional significativo, siendo la pérdida de peso involuntaria más útil que el peso en sí mismo22.

Por otro lado, con los pliegues cutáneos, evaluamos la cantidad de tejido adiposo subcutáneo y, aunque existen numerosos pliegues, los más utilizados en la valoración nutricional son el tricipital, el abdominal, el suprailíaco y el subescapular. Además, midiendo la circunferencia muscular del brazo, la braquial y/o la pantorrilla estimamos la masa magra o muscular del paciente1,5,6,19.

Sin embargo, estas técnicas pueden dar lugar a sesgos, siendo las principales causas de error en antropometría nutricional: la falta de calibración y control periódico de las básculas, que el personal que realiza la valoración no esté entrenado, la medición en el brazo dominante, la obtención incorrecta del punto medio braquial, que el brazo no esté relajado durante la medición, no mantener el pellizco al aplicar el plicómetro en la medición de pliegues cutáneos, pinza excesivamente profunda o muy superficial y que la lectura sea demasiado precoz o tardía (en el pliegue cutáneo debe ser de 2-3 segundos)22.

Otro de los métodos de valoración es la realización de cuestionarios sobre el estado nutricional, siendo los más habituales el MNA, MNA-SF, MUST, NRS-2002, VGS y VGS-GP20. El MNA25 (Anexo II), el cual es un método de evaluación y screening nutricional para pacientes geriátricos está compuesto por 18 preguntas agrupadas en 4 dimensiones: medidas antropométricas (peso, altura y pérdida de peso), evaluación global (preguntas relacionadas con el estilo de vida, medicación y movilidad), cuestionario dietético (número de comidas, proteínas, frutas y verduras, consumo de líquidos y autonomía de alimentación) y evaluación (autopercepción de salud y nutrición)16. Además, este cuestionario tiene una versión reducida con 6 preguntas, el MNA-SF26 (Anexo III). El MUST27 (Anexo IV), el cual es un instrumento de cribado para adultos, analiza el IMC, la pérdida de peso en 3-6 meses y el efecto de enfermedad aguda sobre la ingesta de alimentos en los últimos 5 días5.

El NRS 200228 (Anexo V) analiza, mediante cuatro preguntas sencillas, el IMC, la reducción de la ingesta en la última semana, la pérdida de peso y la gravedad de la enfermedad. Ante una respuesta afirmativa, se debe realizar el cribado completo, que valora, además del IMC, el porcentaje de pérdida de peso en un tiempo determinado, la ingesta dietética y se puntúa en función de las enfermedades y la edad12.

La VGS29 (Anexo VI) nos permite valorar el estado nutricional del paciente mediante cinco parámetros. El primero es la pérdida ponderal durante los seis meses previos a la hospitalización, el segundo es la ingesta actual en comparación con la dieta habitual del paciente, el tercero es la presencia de síntomas gastrointestinales significativos como anorexia, náusea, vómito o diarrea y, el cuarto y quinto elementos son la capacidad funcional o gasto energético del paciente, así como las demandas metabólicas relativas a la condición patológica del paciente. Además de estos cinco parámetros, se realiza un examen físico donde se evalúa: pérdida de grasa subcutánea (tríceps, tórax), pérdida de músculo (cuádriceps, deltoides), edema (tobillo, sacro) y ascitis17.

En la VGS-GP30 (Anexo VII) es el paciente el que rellena la información sobre el peso, la ingesta, los síntomas que le impiden realizar una ingesta adecuada y la capacidad funcional y, enfermería o medicina es quien rellena la información sobre la enfermedad y su relación con los requerimientos nutricionales, la demanda metabólica y la evaluación física18.

Aunque todos los cuestionarios son válidos para realizar una valoración nutricional en el paciente hospitalizado, la European Society for Clinical Nutrition and Metabolism (ESPEN) recomienda el uso del NRS-2002, el MUST y el MNA14.

Además, para la valoración del estado nutricional podemos utilizar parámetros bioquímicos e inmunológicos. Los parámetros analíticos, a diferencia de los antropométricos, están carentes de cualquier subjetividad por parte del evaluador y, aunque pueden ser influenciados por un estado inflamatorio, son las variables que muestran con mayor fiabilidad el estado del paciente19.

Por un lado, mediante la medición de las concentraciones plasmáticas de las proteínas viscerales (albúmina, prealbúmina, la transferrina y la proteína ligada al retinol) las cuales miden de manera indirecta la masa proteica corporal. Sin embargo, se pueden alterar por situaciones distintas a las nutricionales5.

La albúmina sérica ha sido durante muchos años el indicador bioquímico de elección del estado nutricional del paciente hospitalizado. No obstante, su utilidad diagnóstica y clínica como indicador nutricional está afectada por su prolongada vida media y la reducción de la tasa de síntesis de la misma en estados de inflamación y sepsis31.

Por otro lado, la prealbúmina, proteína transportadora de tiroxina, es mucho más sensible que la albúmina y la transferrina para medir cambios en el estado de las proteínas viscerales, debido a que posee una vida media muy corta y, a diferencia de la albúmina, la prealbúmina no se ve afectada por el estado de hidratación del paciente. Sin embargo, se puede ver alterada por infecciones y otros procesos inflamatorios agudos, por este motivo es de interés su relación con la Proteína C Reactiva (PCR) mediante el cociente PCR/prealbúmina, ya que se pueden seguir los cambios nutricionales en relación con la inflamación. En pacientes críticos se ha encontrado el nivel de corte del cociente en ≤ 0,24 mg/dl como predictor de mortalidad y prolongación de la duración de estancia hospitalaria24.

Las concentraciones plasmáticas normales de estas proteínas viscerales son las siguientes y, valores inferiores, pueden indicar desnutrición: albúmina 3.6-4.5 g/dl, prealbúmina 18-28 mg/dl, transferrina 250-350 mg/dl y proteína ligada al retinol 2.6-7 mg/dl11,22,24.

Otro parámetro bioquímico es mediante la concentración de proteínas somáticas como la creatinina, con la que se puede determinar la masa muscular del paciente. El índice creatinina-talla relaciona la cantidad de creatinina eliminada en orina de 24 horas con la altura del paciente y se compara con la esperada según las tablas preestablecidas. La creatinina se puede ver afectada por la edad, la dieta y la presencia de fiebre o insuficiencia renal5.

Otra medida es el número total de linfocitos, cuyo valor normal es ≥ 1.500/mm3 y, se utiliza para la evaluación de la capacidad de respuesta inmunitaria ya que la desnutrición es capaz de alterar los mecanismos de defensa del paciente5,11.

Aunque no es un parámetro de evaluación del estado nutricional, el colesterol total nos da información sobre el estado del paciente, siendo ≥ 180 mg/dl valores normales, ya que diversos estudios demuestran que la disminución de los niveles séricos de colesterol total se asocia a un incremento del riesgo de mortalidad, sobre todo en ancianos5,6,19.

Ante la dificultad de disponer de variables sensibles y específicas que permitan valorar el estado de nutrición, también se han elaborado diversos índices dirigidos a detectar a los individuos con problemas nutricionales, los cuales son: el índice de riesgo nutricional, el índice pronóstico nutricional e inflamatorio y el índice de Maastricht22.

En el ámbito hospitalario se utiliza el Test de Control Nutricional (CONUT), el cual es un sistema informático que estima el riesgo de desnutrición a partir de tres variables analíticas relacionadas con el estado nutricional: la albúmina, el colesterol y los linfocitos totales1,6,19.

Dado que en la práctica clínica es habitual encontrar pacientes con desnutrición o con riesgo de sufrirla y que, de promedio, dos de cada tres empeoran su estado nutricional durante el ingreso, enfermería debe valorar de manera correcta el estado nutricional del paciente1,8. Además, no solo es importante la intervención nutricional en pacientes con patologías, sino que es una herramienta para promocionar un estilo de vida saludable que contribuya a alcanzar un buen estado de salud y, en consecuencia, a prevenir la enfermedad1,4.

Para cuantificar la prevalencia de desnutrición en el ámbito hospitalario los parámetros que se utilizan varían en función del estudio, de modo que no existe una unificación en cuanto a las herramientas y métodos de detección de la desnutrición5,19, lo cual es una limitación que puede dar lugar a sesgos.

Además, no todos los estudios tienen en cuenta dentro de la evaluación dietética realizada por enfermería la ingesta diaria de líquidos siendo que, la hidratación, es una necesidad de gran importancia16.

Con el envejecimiento, las personas tienen tendencia a desarrollar déficits nutricionales, por lo que se debe tener en cuenta que algunos estudios9,13 se centran en pacientes de edad más avanzada, lo cual puede suponer un sesgo si no se tiene en cuenta este criterio.

Existen factores que influyen en el deterioro del estado nutricional del paciente, los cuales se han comentado anteriormente, sin embargo, la SENPE destaca la polimedicación, la disfagia, las enfermedades neurológicas, las neoplasias, la diabetes y la enfermedad cardiovascular5.

La aplicación de las herramientas de cribado debería ser una prioridad en la actividad asistencial, ya que permite el diseño de planes de cuidado nutricional a partir de la identificación de problemas, la propuesta de intervenciones y la posterior evaluación, lo que contribuye a mejorar la calidad de los cuidados y a reducir la morbimortalidad4,14. Otros estudios han confirmado que aspectos relacionados con la morbilidad, como las enfermedades crónicas, los procesos agudos o la hospitalización se asocia a un estado nutricional deficiente15. Además, se evidencia la asociación entre la alteración nutricional y el aumento de la estancia hospitalaria8,9,11,15.

Varios estudios coinciden en que los parámetros antropométricos, especialmente el IMC pueden generar controversia si se contemplan aisladamente y que, los parámetros analíticos, constituyen el eje fundamental para la cuantificación y cualificación de la desnutrición clínica, destacando el CONUT como una herramienta fácil, rápida y económica para el cribado nutricional9,19,20. Por otro lado, la ESPEN recomienda la realización del cribado nutricional mediante el MUST para pacientes en la comunidad, el NRS 2002 para pacientes hospitalizados y el MNA en pacientes ancianos5,14. Los cuestionarios junto con parámetros antropométricos, analíticos o inmunológicos son los más utilizados en el ámbito clínico como se observa en diferentes estudios6,9,11,12,13,15,17,18,19, de esta manera, el cribaje nutricional del paciente es más completo y reduce la posibilidad de sesgos.

Sin embargo, aunque la prevalencia de desnutrición en el ámbito hospitalario es muy elevada, con demasiada frecuencia pasa desapercibida ante los profesionales sanitarios. Si bien las/os enfermeras/os perciben la valoración nutricional y el cribado como importante, son varias las barreras que dificultan su realización: la falta de conocimientos y de entrenamiento en la utilización de las herramientas, la preferencia por el empleo del juicio personal para realizar esta actividad, la percepción de que han de ser otros profesionales quienes la efectúen, la falta de tiempo o la priorización de otras actividades de cuidados, entre otras5,14.

 

CONCLUSIONES

Basándonos en los objetivos que pretende abordar el presente estudio observamos que enfermería, en las primeras 24-48h, debe realizar al paciente la valoración del estado nutricional y llevar a cabo un seguimiento durante su estancia hospitalaria. Para ello existen diversas herramientas de cribado, sin embargo, algunos parámetros pueden generar controversia cuando se contemplan aisladamente, de manera que, para diagnosticar la desnutrición, la enfermería debe utilizar al menos dos parámetros nutricionales.

Además, la prevalencia de desnutrición o riesgo nutricional en el ámbito clínico es muy elevada y, actualmente, sigue siendo un problema de salud a nivel mundial. Sin embargo, la limitación principal que se ha observado al realizar la revisión bibliográfica es que no existe una herramienta de cribado nutricional ideal, por lo que en cada artículo se utiliza una metodología diferente para diagnosticar la desnutrición en el ámbito hospitalario y, en consecuencia, el rango de prevalencia es muy amplio.

La desnutrición en el paciente hospitalizado ralentiza su recuperación, por lo que un tratamiento nutricional adecuado mejorará la calidad de vida del paciente y disminuirá su estancia hospitalaria. Además, desde el punto de vista económico, está demostrado que la desnutrición encarece el proceso asistencial al incrementar la morbilidad, la estancia hospitalaria y la frecuencia de reingresos.

Por otro lado, conocer los factores de riesgo que influyen en el deterioro del estado nutricional del paciente y saber utilizar los métodos de evaluación del estado nutricional de manera correcta ayuda al profesional a identificar pacientes con desnutrición o en riesgo durante su estancia hospitalaria. Sin embargo, en varios estudios se observa que es escasa la actuación por parte de los profesionales sanitarios.

Estos resultados respaldan la importancia clínica de realizar una valoración del estado nutricional del paciente, permitiendo establecer líneas futuras de investigación comparando el abordaje enfermero realizado en España con el realizado en el resto de la Unión Europea. Otra línea de investigación interesante es el abordaje enfermero sobre el estado nutricional en España comparándolo por comunidades autónomas y, además, sería interesante realizar un estudio del estado nutricional de los pacientes ingresados en el Hospital San Jorge de Huesca que permitiese realizar una comparación con lo obtenido mediante la revisión bibliográfica. Continuar la investigación ayudaría a conocer los métodos más utilizados en cada hospital para la realización de protocolos y, a su vez, basándonos en los conocimientos obtenidos en este estudio, el poder cualificar y concienciar a los profesionales de enfermería de la importancia de un correcto cribado y seguimiento nutricional del paciente durante su estancia hospitalaria.

 

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ANEXOS

Anexo I – Cronograma:

Fuente: Elaboración propia.

 

Anexo II – MNA:

Fuente: https://www.mna-elderly.com/forms/MNA_spanish.pdf

 

Anexo III – MNA-SF

Fuente: https://www.mna-elderly.com/forms/mini/mna_mini_spanish.pdf

 

Anexo IV – MUST:

Fuente: https://www.bapen.org.uk/images/pdfs/must/spanish/must-toolkit.pdf

 

Anexo V – NRS-2002:

C:\Users\Fernando\Desktop\0006.jpg

Fuente: Kondrup J, Allison SP, Elia M, Vellas B, Plauth M. ESPEN guidelines for nutrition screening 2002. Clin nutr. 2003; 22(4):415-421.

 

Anexo VI – VGS:

Fuente: Detsky A, McLaughlin J, Baker J, Johnston N, Whittaker S, Mendelson RA, et al. What is subjective global assessment of nutritional status? J Parenter Enteral Nutr. 1987;11:8-13

 

Anexo VII – VGS-GP:

 

Fuente:https://sbno.com.br/UploadsDoc/PG-SGA%20-%20English%20Metric%20-%20version%203.22.15.pdf

 

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