AUTORES
- Lucía Subías Sánchez. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Marina Angusto Satué. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Nadia Abril Ruiz. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Rosa Naval Garcés. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Alejandro Torres Ruiz. Enfermero del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
- Paola Paco Sesé. Enfermera del Servicio Aragonés de Salud. Aragón, España.
RESUMEN
La enfermedad renal crónica es una enfermedad cada vez más frecuente y evolutiva, que en su estadio final conduce a la terapia sustitutiva renal.
El tipo de terapia debe ser acordada según las posibilidades terapéuticas y siempre teniendo en cuenta las preferencias del paciente. La más empleada es la hemodiálisis y para llevarla a cabo el paciente ha de portar un acceso vascular adecuado que permita poner en relación un flujo de sangre suficiente con la máquina de hemodiálisis.
Los accesos vasculares más comunes son la fístula arteriovenosa y el catéter venoso central. La elección de uno u otro vendrá determinada por una serie de factores directamente relacionados con el paciente.
La importancia del acceso vascular es tal que actualmente constituye la primera causa de ingreso en los pacientes en tratamiento en hemodiálisis. La situación ideal es el inicio del tratamiento mediante fístula madura ya que conlleva una menor incidencia de complicaciones relacionadas y una vida media superior.
PALABRAS CLAVE
Enfermedad renal crónica, terapia renal sustitutiva, hemodiálisis, acceso vascular, fístula arteriovenosa.
ABSTRACT
Chronic kidney disease is an increasingly frequent and progressive disease, which in its final stage leads to renal replacement therapy.
The type of therapy must be agreed according to the therapeutic possibilities and always taking into account the patient’s preferences. The most commonly used is haemodialysis, and to carry it out, the patient must have an adequate vascular access that allows a sufficient blood flow to be connected to the haemodialysis machine.
The most common vascular accesses are the arteriovenous fistula and the central venous catheter. The choice of one or the other will be determined by a number of factors directly related to the patient.
The importance of vascular access is such that it is currently the leading cause of admission in haemodialysis patients. The ideal situation is the initiation of treatment via a mature fistula, as it entails a lower incidence of related complications and a longer half-life.
KEY WORDS
Chronic kidney disease, renal replacement therapy, hemodialysis, vascular access, arteriovenous fistula.
DESARROLLO DEL TEMA
Cuando la enfermedad renal hace su aparición, los cambios que se producen en la vida de las personas que la sufren son extraordinariamente importantes. Al principio la forma de tratarla se basa en medios dietéticos, farmacológicos y de actividad física. Pero cuando la progresión sigue hacia delante se hace absolutamente necesario para que la persona conserve la vida que se haga uso de lo que se denomina técnicas sustitutivas de la función renal.
Estas técnicas imitan la función del riñón y mantienen así la homeostasis corporal. Las técnicas más utilizadas son hemodiálisis, diálisis peritoneal y trasplante renal. Cada una de ellas tiene unas características particulares que hacen que cada persona pueda elegir en función de sus propios intereses y necesidades3.
La población con insuficiencia renal es cada vez más numerosa en todo el mundo, por lo que el número de personas incluidas en algún tipo de programa de sustitución renal también es cada vez mayor. A las causas usuales de fracaso renal (hereditarias, autoinmunes, infecciosas, etc.) hay que sumar las motivadas por otras comorbilidades cada vez más frecuentes en la población mundial actual (diabetes, hipertensión, problemas vasculares y circulatorios, etc.) el envejecimiento generalizado de la población mundial (con sus respectivas pluripatologías) y la inclusión cada vez más frecuentes de personas de edad avanzada en los programas sustitutivos renales. Todos estos motivos han propiciado que la población con necesidad de este tipo de terapias sea cada vez mayor1,2.
La diálisis es por definición “movimiento de líquidos y partículas a través de una membrana semipermeable”. Por diálisis se eliminan del organismo las partículas o sustancias que constituyen los restos del metabolismo de las proteínas (urea, creatinina, ácido úrico y demás catabolitos nitrogenados) mediante una membrana semipermeable y se regula el equilibrio hidro-electrolítico. Los solutos y el agua se transportan a través de la membrana por dos mecanismos básicos: la difusión y la convección.
Por un lado, la diálisis peritoneal utiliza la membrana del peritoneo como medio de depuración de las toxinas urémicas, mediante la infusión, permanencia y drenaje de una solución fisiológica en la cavidad peritoneal. A la cual se accede a través de un catéter previamente implantado mediante cirugía menor. Los elementos que intervienen son la solución para la infusión, la bolsa para el drenaje, las líneas para la infusión y drenaje de la solución y la máquina o cicladora. La diálisis peritoneal cuenta con dos modalidades diferentes de función.
La hemodiálisis como se ha explicado anteriormente realiza el mismo proceso utilizando un capilar a modo de membrana y es realizado el intercambio a nivel extracorpóreo, es decir, la sangre sale del paciente y se dializa en una máquina mediante el capilar que hace la función de “riñón” y vuelve a entrar al paciente mediante unas líneas especiales para ello.
Aunque durante las últimas décadas la hemodiálisis (HD) ha experimentado grandes avances a favor de una mejor calidad de vida para el paciente con insuficiencia renal crónica y aunque los elementos que influyen en el bienestar del paciente son muy numerosos, es innegable que uno de los más importantes es su acceso vascular. Un buen acceso vascular es sinónimo de calidad de vida, tanto por la mejora del estado de salud del paciente (diálisis adecuada, bienestar físico, etc.) como por la ausencia de complicaciones1-4.
CREACIÓN Y TIPOS DE ACCESOS VASCULARES:
Para seleccionar el tipo de acceso vascular apropiado es necesario realizar una historia clínica del paciente, conocer la comorbilidad asociada y poder estimar los factores de riesgo de fracaso relacionados con el desarrollo del acceso vascular. En los pacientes con enfermedad renal crónica avanzada, se debe extremar la conservación de la red venosa superficial de las extremidades superiores. Ambas han de conservarse libres de punciones y canulaciones para lo cual es preciso la instrucción del equipo de enfermería y la información al paciente.
Los tres tipos de accesos vasculares más comunes son la fístula arteriovenosa autóloga, la prótesis vascular y el catéter venoso central.
El acceso vascular a considerar como primera opción es la fístula arteriovenosa autóloga. En el caso de que no existan venas adecuadas que permitan realizarla, habrá que utilizar una prótesis vascular.
La implantación de un catéter venoso central ha de considerarse únicamente cuando no sea posible realizar ninguna de las anteriores o cuando sea preciso iniciar el tratamiento con hemodiálisis sin disponer de un acceso vascular definitivo y maduro3.
El acceso vascular más apropiado en cada caso dependerá de una serie de factores del propio paciente que el cirujano vascular debe tener en consideración antes de la creación del acceso.
FAVI:
En los pacientes con enfermedad renal crónica se ha de considerar la creación de la FAVI (fístula arteriovenosa interna) cuando la tasa de filtración glomerular (TFG) sea inferior a 20 ml/min. En cualquier caso, la FAVI debe ser realizada con una antelación previa al inicio de la hemodiálisis de entre 4-6 meses.
Se le llama FAVI (fístula arteriovenosa interna) a la comunicación entre una arteria y una vena, independientemente de cualquier otra consideración sobre su apariencia, aspecto clínico, etiología, etc. La finalidad de esta unión quirúrgica es conseguir un vaso que permita la punción fácil y repetida y la obtención de un caudal de sangre suficiente para la diálisis con el menor número de complicaciones posibles para el paciente.
La unión de la arteria y la vena superficial se denomina anastomosis y constituye el corazón de la fístula. Si esa unión deja de funcionar por cualquier motivo, la FAVI “se para”. En la anastomosis, la arteria envía sangre a la vena. Las gruesas paredes musculares de esta se dilatan, produciendo un aumento de calibre que hace posible la punción de agujas de diámetros superiores. Con ello se consiguen flujos de sangre adecuados para realizar la diálisis.
A su vez la anastomosis de la arteria y la vena puede hacerse de varias maneras: laterolateral, termino-lateral, latero-terminal y termino-lateral.
La cirugía necesaria para crear una FAVI es ambulatoria y se hace bajo anestesia local o mediante bloqueo regional, lo que permite una buena vasodilatación.
La primera opción que considerar es la fístula radiocefálica en la muñeca, ya que permite un mayor desarrollo de la red venosa y superficie de punción. La segunda opción es la fístula húmero cefálica, que puede ser preferida en pacientes ancianos, diabéticos, y en general los pacientes donde los vasos periféricos no son adecuados para técnicas más distales.
Antes de realizar la intervención, el cirujano vascular debe planificar una estrategia que le permita seguir teniendo opciones en un futuro si el acceso se malogra. En principio, el acceso será lo más distal posible y, si es posible, se creará en la extremidad superior no dominante.
Una FAVI que funciona correctamente tiene 3 características fundamentales:
- Soplo: Se produce por el paso de sangre de un sistema de alta presión a otro de baja presión. Se percibe por auscultación.
- Thrill: Producido por la turbulencia del paso de la sangre de la arteria a la vena. Cuando desaparece es indicativo de parada de la FAVI. Se percibe mediante la palpación.
- Latido: Es la pulsación intensificada perteneciente al pulso periférico.
Tras su creación es de gran importancia tener en cuenta el periodo de maduración. La FAVI se considera madura cuando el diámetro venoso es suficiente para ser canalizado y permitir un flujo suficiente para la sesión de diálisis. Para una fístula autóloga se recomienda un periodo mínimo de maduración antes de su canalización de cuatro semanas, siendo preferible de tres a cuatro meses.
PRÓTESIS VASCULAR:
Cuando la creación de una nueva FAVI resulta difícil debido a la cronicidad de los pacientes, las edades avanzadas, las patologías asociadas y los problemas vasculares, es posible obtener el mismo resultado utilizando injertos vasculares. Estos injertos permiten conducir la sangre desde una arteria hasta una vena geográficamente distantes.
Son fáciles de canalizar, dan buen flujo y oponen muy poca resistencia de retorno. Su problema fundamental es que presentan más complicaciones que las fístulas arteriovenosas convencionales y éstas se presentan más tempranamente.
Las prótesis vasculares pueden estar fabricadas de diferentes materiales, aunque hoy en día prácticamente todas son de PTFE (politetrafluoroetileno) (Goretex).
El PTFE se caracteriza por ser histocompatible, apirogénico, atrombótico, hidrofóbico, no degradable, y por su capacidad de flujo de sangre a través de esta de 600-700 cc/min. Este tipo de prótesis tienen la capacidad de integrarse rápidamente en el tejido adyacente por lo que implica mayor resistencia a la infección, menor incidencia de hematomas, punciones más tempranas, sutura fácil y segura, no originan estenosis ni pseudoaneurismas en la anastomosis venosa, no se torsionan ni se colapsan, no se aplastan al comprimirlas, son fáciles de puncionar, etc.
Las prótesis más habituales son la radio basílica (en el pliegue del codo) y húmero-axilar.
CATÉTER VENOSO CENTRAL PARA HEMODIÁLISIS:
Un catéter venoso central es un dispositivo que se usa para extraer sangre y administrar tratamientos, como líquidos intravenosos, medicamentos o transfusiones de sangre. Se introduce un tubo delgado y flexible en una vena, por lo general debajo de la clavícula y se introduce hasta la vena cava superior.
Aunque la utilización de catéteres venosos centrales nunca constituye la primera opción a la hora de crear un acceso vascular hay situaciones que lo requieren como pueden ser fracaso renal agudo o crónico en el que se precise un acceso vascular para hemodiálisis de forma urgente, necesidad de hemodiálisis con acceso vascular permanente en fase de maduración o complicada sin posibilidad de punción, hemodiálisis por periodos cortos con espera de trasplante renal de vivo y circunstancias especiales como puede ser esperanza de vida inferior a un año, estadios vasculares complicados, etc.
Los catéteres pueden clasificarse según su permanencia en temporales o permanentes, según su diseño en una sola luz o doble luz y según su localización en yugular interna derecha o izquierda, yugulares externas, subclavia derecha o izquierda, femoral derecha o izquierda.
Se debe tener en especial consideración que los catéteres vasculares para hemodiálisis únicamente deben ser usados para realizar sesiones de hemodiálisis, las conexiones y desconexiones deberán ser realizadas por personal especializado de las unidades de diálisis y bajo medidas universales de asepsia1-5.
CUIDADOS DEL ACCESO VASCULAR:
La vigilancia y el cuidado del acceso vascular son algunas de las principales funciones de la enfermería nefrológica, ya que su supervivencia dependerá en gran medida de una adecuada vigilancia, manipulación y educación sanitaria al paciente para un correcto autocuidado.
En el caso de la FAVI los cuidados comienzan en el preoperatorio, en el cual se deben seguir unos cuidados generales similares al resto de intervenciones quirúrgicas y algunos cuidados más específicos como es la revisión del miembro que será portador de la fístula y determinación de posibles incidencias (punciones, etc.).
Los cuidados postquirúrgicos juegan un papel muy importante desde el momento de creación de la fístula, ya que un correcto cuidado favorece su maduración, previene la aparición de complicaciones y prolonga la supervivencia de este. Para ello es imprescindible que el equipo sanitario sea conocedor de los signos de normalidad o anormalidad, y de la educación sanitaria que se debe hacer al paciente sobre posibles cambios y problemas para que ellos mismos sean capaces de identificarlos.
El personal de enfermería en concreto deberá controlar las constantes vitales para evitar episodios de hipotensión que puedan producir trombosis de la anastomosis, colocar el brazo del paciente por encima del ápex cardiaco para evitar el edema postoperatorio, no mojar ni levantar el apósito durante las primeras 48 horas a no ser que esté manchado o humedecido , palpar y auscultar diariamente el thrill, el latido y el soplo de la FAVI para comprobar su funcionamiento, vigilar la aparición de signos de infección o de isquemia distal, retirar la mitad de los puntos a los 8 o 10 días de la intervención, no tomar la tensión arterial ni realizar extracciones de sangre, así como no perfundir ningún tipo de líquido intravenoso en el brazo portador de la FAVI, no pinchar la FAVI hasta que ésta esté lo suficiente madura, registrar la actividad realizada, etc.
En este tipo de accesos, la educación sanitaria por parte de enfermería juega un papel muy importante para los pacientes ya que el acceso vascular también lo es para su supervivencia y bienestar. El paciente debe comprender la importancia y la repercusión de cuidar su acceso vascular y conocer los signos y circunstancias que le pueden ocasionar problemas. Por tanto, enfermería debe proporcionarle la información necesaria para el autocuidado, es decir:
- Enseñando a realizar los ejercicios y cuidados necesarios para facilitar la maduración de la FAVI.
- Enseñando a palpar la misma de forma periódica para detectar posibles cambios en el thrill.
- Señalando la importancia de mantener una buena higiene corporal.
- Informando de que debe evitar coger pesos en ese brazo, utilizar ropa apretada, cambios bruscos de temperatura, dormir sobre el brazo portador de la fístula, y situaciones que tengan un peligro potencial de sufrir cortes o abrasiones.
- Informando de que no deben permitir que le tomen la tensión arterial en dicho brazo, ni que le pinche para extraer sangre o infundir sueroterapia.
- Señalando que deben comunicar cualquier cambio en la coloración, calidad y cantidad del thrill, presencia de dolor, supuración, etc.
- Enseñando a hacer compresión de manera correcta en caso de hemorragia.
Es muy importante también realizar de manera correcta la punción de la FAVI por el personal de enfermería. En primer lugar, se debe examinar la extremidad para determinar el recorrido venoso, desinfectar la zona y usar medidas de precaución universal (esterilidad). Se debe escoger las agujas del calibre adecuado (16G o 17G hasta que madure y seguidamente calibres mayores como 15G o 14G) y colocar el smarch o compresor. La punción arterial se debe realizar al menos 5 cm por encima de la anastomosis y la punción venosa se debe realizar por encima de la arterial para evitar la recirculación y en sentido proximal (igual que el sentido del retorno venoso). Tras fijar las agujas se debe comprobar que su colocación es correcta con una jeringa y suero salino. Existen 3 modalidades de punción:
- En escalera: los lugares de punción varían en cada sesión de diálisis extendiéndose equidistantemente a lo largo de la longitud de la vena de la fístula. Solo puede utilizarse cuando el acceso vascular tiene un trayecto venoso largo y superficial.
- Selección arbitraria del lugar de punción.
- “En ojal”: la punción se realiza siempre en el mismo punto y en la misma dirección.
El flujo de sangre recomendado durante las primeras sesiones de diálisis es de 200 ml/min y transcurrido un tiempo y dependiendo de la dilatación aumentará entre 300-500 ml/min.
Un aspecto importante también es la hemostasia post-diálisis. Una vez finalizada la sesión, se retiran las agujas y se ejerce presión para evitar el sangrado, pero sin ocluir el flujo sanguíneo. La hemostasia debe durar entre 10-15 min, aunque siempre depende de las circunstancias de cada paciente.
Respecto a las prótesis vasculares el personal de enfermería debe proporcionar los mismos cuidados que proporciona para la intervención de una FAVI en el preoperatorio y postoperatorio. La educación sanitaria, la punción y la hemostasia también son similares en una prótesis que, en una FAVI, pero la prótesis tiene algunas peculiaridades:
- El tiempo de maduración: las prótesis no necesitan tanto tiempo, aunque si es necesario esperar al menos dos semanas hasta la punción.
- No es necesario colocar smarch o compresor para que la vena se llene de sangre porque la prótesis no necesita dilatarse.
- La punción se hará siempre con el bisel de la aguja hacia arriba y con un ángulo de 45º. Una vez introducido el bisel en la luz del vaso se girará la aguja para que el bisel quede hacia abajo y se canaliza completamente.
- La única técnica aconsejada es “en escalera” ya que las demás favorecen la destrucción de la prótesis y la aparición de pseudoaneurismas.
- La punción de ambas agujas se realiza en la misma dirección que el retorno venoso.
- Las agujas indicadas son de calibre más pequeño (16G) para evitar que el orificio de punción sea demasiado grande y dañe la prótesis.
Por último, respecto a los cuidados del catéter venoso central, encontramos diferentes protocolos de actuación, pero siguiendo unas líneas generales se realiza la conexión y desconexión del paciente mediante técnica estéril. Las precauciones que se deben seguir son:
- Verificar la identidad del paciente.
- Verificar la orden médica.
- Verificar que se ha realizado una placa de tórax para comprobar la situación del catéter antes de proceder a su utilización por primera vez.
- Verificar si el catéter colocado es de una o dos luces.
- Verificar la permeabilidad del catéter previamente a su conexión.
- Verificar que se cumplen las medidas de asepsia siempre que se vaya a manipular el catéter.
Antes de proceder a la conexión, el personal de enfermería debe realizar un lavado quirúrgico de manos y colocación de mascarilla y gorro.
La ejecución se lleva a cabo de la siguiente manera:
- Se informa al paciente sobre la técnica que se va a realizar.
- Se coloca la mascarilla y gorro.
- Se prepara el campo estéril y el material.
- Se colocan los guantes estériles.
- Se retira el apósito y se limpia la piel del paciente y el catéter con suero salino. Seguidamente se seca con gasas estériles. El primer día de sesión de la semana, además, se rocía el punto de inserción y el catéter con solución desinfectante.
- Se verifica que las pinzas están cerradas y se cubre el punto de inserción con gasas y apósitos.
- Se aspira de la rama arterial 4/5 cc y se desechan para eliminar la heparina previamente colocada para sellar la luz.
- Se realizan dos lavados con dos jeringas de 20cc de suero salino para comprobar permeabilidad y limpiar las luces del catéter, todo siempre pinzando las luces correspondientes en caso necesario.
- Se procede a la conexión y se envuelve en gasas el catéter hasta la desconexión.
- Se aseguran las líneas para que no haya tirones.
La desconexión se realiza de igual forma que la conexión, de manera estéril tras desconectar, se realizan dos lavados de 20 cc de suero salino en cada luz del catéter, seguidamente se introducen en cada luz 2,5 cc de heparina (varía según el fabricante del catéter) lentamente para que quede en el recorrido del catéter y así sellar hasta la próxima sesión a fin de evitar coágulos1,3,4,5.
SEGUIMIENTO Y POSIBLES COMPLICACIONES:
La FAVI está sujeta a la aparición de múltiples complicaciones:
- Trombosis: Complicación más frecuente y grave de su funcionamiento. Las causas suelen ser estenosis venosa, redes vasculares deficientes, compresión excesiva tras la sesión de HD, estados de hipercoagulabilidad y/o hematocritos elevados, hipotensión arterial, punciones repetidas sobre un mismo punto, hematomas, infección de la herida quirúrgica o de una punción, traumatismos, cambios bruscos de temperatura, etc. Debe tratarse de la forma más urgente posible, ya que cuanto más tiempo transcurra entre la detección del problema y la intervención para revertirlo, menores son las probabilidades de éxito. El fracaso de las medidas de recuperación supone la colocación de catéter temporal y las comorbilidades que ello supone. Por lo general, pasadas 12h las probabilidades de recuperación son prácticamente nulas.
- Estenosis: Es producida por punciones repetidas en la misma zona. Estas provocan la formación de gran cantidad de tejido conectivo que comprime el vaso y reduce la luz vascular. La estenosis favorece la trombosis del acceso y su recirculación, por lo que también disminuye notablemente la eficacia de la diálisis. El tratamiento es la angioplastia transluminal percutánea con balón (ATP): alternativa a la cirugía que evita los riesgos que esta conlleva y la pérdida de un tramo vascular para accesos futuros. La alternativa quirúrgica es la más duradera, aunque consume parte del árbol vascular, por lo que limita la posibilidad de realizar futuros accesos.
- Infección: Aumenta el riesgo de hemorragia y la aparición de sepsis por tromboembolismo séptico, endocarditis y trombosis de la FAVI. Aparece casi siempre en los puntos de punción. El tratamiento es la toma de cultivo y tratamiento con antibióticos. Nunca se debe pinchar en la zona con sospecha de infección.
- Sangrado: Es causado por punciones incorrectas, coagulación del paciente, hemostasia incorrecta, infección, etc.
- Aneurisma: Es una dilatación y adelgazamiento de las paredes de la vena. Debe vigilarse la posibilidad de aparición de trombosis, embolismo o infección. Suponen un problema para el paciente a nivel físico como para el personal de enfermería ya que suelen sangrar de manera más abundante. Suelen ser causadas por punciones repetidas en la misma zona. El tratamiento es únicamente quirúrgico, aunque puede utilizarse un vendaje compresivo suave para evitar que siga creciendo.
- Problemas de flujo: Causados por la estenosis entre la anastomosis y la punción arterial.
- Síndrome de robo arterial: La FAVI es la parte que menos resistencia opone al paso de la sangre, por lo que la mayor parte del flujo sanguíneo pasa a través de la anastomosis, disminuyendo así la medida del flujo de sangre que va hacia la parte distal de la arteria. Si el proceso isquémico es severo o persistente se puede recurrir a cirugía vascular para reducir el tamaño de la anastomosis.
- Hipertensión venosa: Debido a la obstrucción de venas proximales a la FAVI. El aumento de flujo distal hacia la red superficial de la mano puede favorecer la aparición de edema, pérdida de color o incluso ulceración de la piel. El tratamiento es quirúrgico, consiste en ligar la vena distal y crear una ruta venosa de drenaje.
- Síndrome de revascularización distal: Es producido sobre todo en las fístulas laterolaterales. Causado por el incremento de la circulación venosa distal manifestado por edema duro de la mano o por una gran circulación colateral. El tratamiento quirúrgico consiste en cerrar el extremo distal de la vena o la circulación colateral neoformada.
- Edema crónico: Es un gran edema distal que condiciona impotencia funcional y que se instaura permanentemente. Es causado por trombosis venosa y síndrome de revascularización distal.
- Desarrollo insuficiente: Se considera cuando han transcurrido de 4 a 6 semanas a partir de la creación de la FAVI y esta no se ha desarrollado lo suficiente como para ser utilizada como acceso vascular, aunque la anastomosis sigue funcionando. El tratamiento es la reintervención quirúrgica o creación de una nueva FAVI.
- Recirculación: Ocasionalmente, una vena colateral devuelve la sangre de la FAVI a una zona anterior a la anastomosis, lo que hace que sea siempre la misma sangre la que está circulando una y otra vez por el brazo.
- Hematomas: Es una de las complicaciones más frecuentes. Es debida a una punción inadecuada, manipulación de agujas una vez iniciada la diálisis o una técnica incorrecta de hemostasia al finalizar el proceso. El tratamiento es suprimir la causa, favorecer el retorno venoso, elevar la extremidad y aplicar frío local. Además, se pueden aplicar medidas alternativas para reabsorber el hematoma.
Por otro lado, las prótesis tienen una incidencia de complicaciones mayor que las fístulas. Cualquier injerto tiene una vida inferior que una FAVI. Todas las prótesis plantean dificultades a la hora de realizar procedimientos reparadores. El 40% de los injertos presentan alguna complicación dentro del primer año, siendo las más comunes la trombosis y los problemas relacionados con el lugar de punción como erosiones de la piel, infecciones y pseudoaneurismas.
Por último, respecto al catéter venoso central, existen complicaciones tempranas como pueden ser el neumotórax, las embolias aéreas o la malposición del catéter y complicaciones tardías como es la trombosis que conlleva la imposibilidad de la extracción o inyección de sangre a través del catéter y en la que juega un papel muy importante el personal de enfermería en su mantenimiento y cuidado para también prevenir infecciones del punto de inserción.
BIBLIOGRAFÍA
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