- María Jiménez Amuedo. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Alicia Román Rojas. Matrona. Hospital Universitario Clínico Lozano Blesa. Zaragoza. España.
- Francisco Javier Álvarez Arjonilla. Matrón. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Laura Santos Rodríguez. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
- Andrea Ruiz Martínez. Matrona. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza. España.
RESUMEN
La mastitis es una complicación frecuente durante la lactancia, caracterizada por inflamación, dolor, enrojecimiento mamario y, en algunos casos, síntomas sistémicos como fiebre. Su aparición afecta significativamente la experiencia de amamantamiento y puede llevar al abandono precoz de la lactancia. La etiología de la mastitis es multifactorial, incluyendo la estasis láctea, un agarre inadecuado del lactante, lesiones en el pezón y desequilibrios en la microbiota mamaria. Clínicamente, puede presentarse en formas leves, moderadas o severas, y en ocasiones evolucionar hacia un absceso mamario si no se trata adecuadamente. El abordaje inicial se basa en medidas no farmacológicas como el vaciamiento frecuente del pecho, analgésicos antiinflamatorios y apoyo profesional en la técnica de lactancia. En casos con signos de infección, se requiere tratamiento antibiótico específico. También se exploran intervenciones complementarias como el uso de probióticos, aunque su uso aún no está ampliamente estandarizado. La matrona desempeña un papel esencial en la prevención, detección precoz y manejo de la mastitis. Su intervención oportuna, basada en evidencia y centrada en la mujer, contribuye a una recuperación eficaz y al mantenimiento de la lactancia materna, mejorando así la salud y el bienestar de madres e hijos.
PALABRAS CLAVE
Mastitis, lactancia materna, matronería, tratamiento, prevención.
ABSTRACT
Mastitis is a common complication during breastfeeding, characterized by inflammation, breast pain, redness, and in some cases, systemic symptoms such as fever. Its occurrence can significantly disrupt the breastfeeding experience and often leads to early weaning. The condition has a multifactorial origin, including milk stasis, poor latch technique, nipple trauma, and imbalances in the breast microbiota. Clinically, it ranges from mild to severe forms and may progress to a breast abscess if not properly managed. Initial management focuses on non-pharmacological measures such as frequent breast emptying, anti-inflammatory pain relief, and professional support in breastfeeding technique. In cases with systemic infection signs, antibiotic therapy is necessary. Complementary strategies such as the use of probiotics are also being explored, though their application is not yet standard practice. Midwives play a key role in the prevention, early detection, and management of mastitis. Timely, evidence-based, and woman-centered care supports recovery and promotes continued breastfeeding, contributing to better maternal and infant health outcomes.
KEY WORDS
Mastitis, breastfeeding, midwifery, treatment, prevention.
INTRODUCCIÓN
La mastitis es una inflamación del tejido mamario que afecta a un porcentaje considerable de mujeres durante el periodo de lactancia, con una incidencia aproximada del 10% 1. Esta condición clínica suele manifestarse con dolor, enrojecimiento, inflamación y síntomas sistémicos como fiebre, afectando negativamente la experiencia de lactancia y aumentando el riesgo de abandono temprano de la misma, lo que repercute en la salud materno-infantil 1,2. En este contexto, la consulta de la matrona juega un papel esencial, no solo en la detección precoz y el tratamiento de la mastitis, sino también en el acompañamiento integral de la mujer lactante, promoviendo la continuidad y el éxito de la lactancia materna 2.
En los últimos años, la investigación ha aportado una mejor comprensión de la etiología y las manifestaciones clínicas de la mastitis, diferenciando entre mastitis infecciosa y no infecciosa, y subrayando la importancia de factores como la técnica de lactancia, el vaciamiento adecuado de la mama y la higiene, como elementos clave para su prevención y tratamiento 1,3. Asimismo, se han revisado y actualizado las opciones terapéuticas disponibles, que incluyen intervenciones farmacológicas dirigidas a la infección bacteriana y abordajes no farmacológicos que buscan aliviar los síntomas y mejorar la práctica de lactancia 3.
La matrona, como profesional de referencia en la atención perinatal, tiene la responsabilidad de integrar estas evidencias en su práctica clínica diaria, optimizando la evaluación, seguimiento y manejo de las mujeres con mastitis. Este trabajo busca actualizar los conocimientos sobre el tratamiento de la mastitis desde la consulta de la matrona, revisando la evidencia científica más reciente, analizando las alternativas terapéuticas y proponiendo recomendaciones que faciliten una atención integral, eficaz y basada en la mejor evidencia, con el objetivo último de mejorar la salud y el bienestar de las madres lactantes.
OBJETIVOS
General:
Actualizar los conocimientos sobre el tratamiento de la mastitis en la consulta de la matrona, con el fin de mejorar el abordaje clínico, el seguimiento y el acompañamiento a las mujeres lactantes.
Específicos:
- Revisar la evidencia científica más reciente sobre la etiología, clasificación y manifestaciones clínicas de la mastitis en mujeres lactantes.
- Analizar las opciones terapéuticas actuales, tanto farmacológicas como no farmacológicas, para el tratamiento de la mastitis.
- Proponer recomendaciones y estrategias de intervención para la práctica clínica de la matrona, orientadas a la prevención, detección precoz y tratamiento eficaz de la mastitis.
METODOLOGÍA
La siguiente estrategia de búsqueda se ha llevado a cabo con el objetivo de obtener la información más reciente y oportuna acerca de nuestro tema de interés.
Para ello, las fuentes consultadas fueron PubMed, Scopus y Google Scholar. Además, también se realizaron búsquedas en otras fuentes oficiales tales como la Asociación Española de Pediatría (AEP).
Los términos estandarizados utilizados fueron “Mastitis”, “Breastfeeding”, “Midwifery”, “Treatment” y “Prevention”, unidas con los operadores booleanos AND y OR. El uso de las comillas (“”) ha sido necesario para determinar palabras compuestas como un único descriptor.
La búsqueda se ha limitado a las publicaciones de los últimos 10 años (2015-2025), y solo se han incluido artículos gratuitos con acceso al texto completo tanto en español como en inglés. La gran mayoría de fuentes utilizadas provienen de revistas de gran relevancia en el ámbito del conocimiento.
RESULTADOS
Revisar la evidencia científica más reciente sobre la etiología, clasificación y manifestaciones clínicas de la mastitis en mujeres lactantes.
La mastitis es una inflamación del tejido mamario que afecta a mujeres durante el periodo de lactancia y puede presentarse con o sin infección. Clínicamente, se caracteriza por dolor localizado, enrojecimiento, tumefacción, calor en el área afectada, y en muchas ocasiones, fiebre y síntomas sistémicos como escalofríos y malestar general. Su incidencia varía según el contexto geográfico y los criterios diagnósticos empleados, pero se estima que entre un 3 % y un 25 % de las mujeres lactantes la padecen durante los primeros seis meses posparto. En España, la incidencia se sitúa alrededor del 10 %, especialmente entre la segunda y tercera semana posparto 1,4,5.
La etiología de la mastitis en mujeres lactantes es multifactorial. Una de las principales causas es la estasis láctea, que ocurre cuando la leche no se extrae adecuadamente del pecho, generando presión intraductal e inflamación. Esta situación puede estar asociada al uso inadecuado del extractor de leche, problemas en el agarre del lactante, o a intervalos prolongados entre tomas. La estasis propicia un ambiente favorable para la proliferación bacteriana, que pueden penetrar el tejido mamario a través de grietas o fisuras en el pezón. Además, estudios recientes han destacado la importancia del desequilibrio de la microbiota mamaria y la formación de biofilms como factores adicionales en la fisiopatología de esta afección6,7,8.
Numerosos factores predisponentes han sido identificados mediante estudios observacionales y metaanálisis recientes. Entre los más destacados se encuentran las grietas o lesiones en el pezón, la sobreproducción de leche, el uso de ropa ajustada, la utilización frecuente de protectores o cremas en el pezón, así como el uso inadecuado de extractores de leche. También se han señalado factores sistémicos como la anemia, el parto por cesárea y antecedentes de mastitis en lactancias anteriores. En contraste, prácticas como la higiene adecuada del pezón antes de la lactancia han mostrado una asociación protectora frente a la mastitis8,9.
Desde el punto de vista microbiológico, los agentes etiológicos más frecuentes incluyen Staphylococcus aureus (incluyendo cepas resistentes a meticilina – MRSA), Streptococcus agalactiae y bacterias entéricas como Escherichia coli, Klebsiella y Proteus. En casos menos frecuentes se han identificado estafilococos coagulasa-negativos y Corynebacterium spp. La identificación de estos patógenos, así como su perfil de sensibilidad antibiótica, resulta crucial en casos de mastitis infecciosa persistente o complicada6,9.
Clínicamente, la mastitis se puede clasificar en función de la intensidad de los síntomas y del tiempo de evolución. Las formas leves pueden presentarse únicamente con dolor y alteraciones en la leche, como cambios de color, consistencia o la presencia de coágulos. Las formas moderadas añaden signos inflamatorios locales más marcados, como enrojecimiento y aumento de volumen en un segmento del pecho. En casos severos, además de los signos locales, la mujer puede presentar fiebre alta, síntomas sistémicos, y si no se instaura un tratamiento adecuado, existe riesgo de desarrollar un absceso mamario. La mastitis subclínica, por su parte, cursa sin síntomas evidentes y suele detectarse únicamente por medio de análisis microbiológicos o por el aumento de células somáticas en la leche6,7,10.
Las manifestaciones clínicas más comunes incluyen dolor mamario agudo, enrojecimiento localizado, sensación de calor, induración del tejido afectado y fiebre superior a 38 °C. Muchos casos se acompañan de síntomas sistémicos como escalofríos, fatiga y mialgias. Por lo general, los síntomas se localizan en un solo cuadrante de la mama, aunque en algunos casos puede haber afectación más extensa. Es frecuente que la mujer refiera antecedentes de obstrucción ductal o episodios de ingurgitación antes de la aparición de la mastitis6,7.
Cuando la mastitis no se diagnostica y trata oportunamente, puede evolucionar a un absceso mamario, caracterizado por una acumulación de pus en el tejido mamario, con mayor dolor, fiebre persistente y fluctuación palpable. Esta complicación es más frecuente en mujeres lactantes y puede requerir drenaje quirúrgico o ecoguiado10.
Analizar las opciones terapéuticas actuales, tanto farmacológicas como no farmacológicas, para el tratamiento de la mastitis.
El tratamiento de la mastitis comienza con intervenciones no farmacológicas, especialmente durante las primeras 24 a 48 horas, si no hay signos sistémicos importantes. El pilar de la terapia consiste en mantener la lactancia o extracción regular de leche, favoreciendo el vaciamiento mamario completo y frecuente, lo cual reduce la presión intraductal y previene el estancamiento lácteo. También se recomienda el uso de antiinflamatorios no esteroideos (como el ibuprofeno), reposo, adecuada hidratación y aplicación de compresas frías post-toma para aliviar el dolor y la inflamación. Las recomendaciones actuales sugieren evitar prácticas agresivas como masajes profundos o el uso excesivo de calor, ya que pueden alterar la microbiota mamaria y empeorar la inflamación 6.
Un adecuado apoyo profesional, incluyendo asesoría en lactancia y evaluación de la técnica de agarre, es esencial para corregir factores predisponentes y prevenir recurrencias. El mal agarre del lactante, la presión por ropa ajustada o el uso incorrecto de sacaleches pueden perpetuar la estasis láctea. Estudios recientes respaldan el papel del acompañamiento por consultoras de lactancia certificadas como intervención eficaz para la resolución temprana de la mastitis no complicada 1.
Entre las terapias complementarias no farmacológicas, se han explorado técnicas como el uso de compresas de hojas de repollo, masajes suaves, acupresión, láser de baja intensidad, fototerapia y la aplicación de probióticos orales o intramamarios. Aunque algunos estudios reportan mejoría sintomática con el uso de láser o masajes suaves, la calidad de la evidencia es baja o muy baja. El uso de probióticos con cepas como Ligilactobacillus salivarius o Limosilactobacillus fermentum ha mostrado cierto beneficio en la reducción del dolor y la carga bacteriana, especialmente en casos recurrentes, aunque aún no se recomienda como tratamiento estándar 11,12.
Si la sintomatología no mejora tras 24–48 horas de manejo conservador, o si hay signos de infección sistémica (fiebre ≥ 38 °C, escalofríos, malestar general), está indicado iniciar tratamiento antibiótico empírico. Las guías actuales, como la del Academy of Breastfeeding Medicine (ABM), recomiendan dicloxacilina o flucloxacilina 500 mg cada 6 horas durante 10 a 14 días como primera línea, por su eficacia frente a Staphylococcus aureus. Como alternativas, se encuentran cefalexina, clindamicina (en caso de alergia a penicilinas) o trimetoprim-sulfametoxazol si se sospecha resistencia o en infecciones severas 7.
En regiones con alta prevalencia de S. aureus resistente a meticilina (MRSA) o en casos con mala evolución, se recomienda tomar muestras de leche para cultivo y antibiograma, lo que permite ajustar el tratamiento antibiótico. El uso de vancomicina, linezolid o rifampicina puede ser necesario en infecciones resistentes. Además, se debe realizar una ecografía mamaria si se sospecha un absceso, ya que puede requerir drenaje percutáneo o quirúrgico para su resolución 13.
El uso de analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como ibuprofeno, es seguro durante la lactancia y proporciona alivio del dolor y la inflamación. El ibuprofeno es preferido frente al paracetamol debido a su efecto antiinflamatorio superior. Ambos fármacos presentan un perfil de seguridad adecuado, con una transferencia mínima a la leche materna y sin efectos adversos reportados en el lactante 14.
En casos recurrentes o de difícil resolución, especialmente cuando se sospecha un componente inflamatorio crónico o disbiosis mamaria, algunos protocolos incluyen el uso de probióticos específicos como terapia adyuvante. Aunque aún se requieren más ensayos clínicos, estudios preliminares han demostrado que cepas como L. fermentum CECT5716 pueden reducir la gravedad de los síntomas y disminuir la necesidad de antibióticos en ciertos casos 12,15.
En situaciones graves que requieren hospitalización (fiebre persistente, abscesos grandes, mala respuesta al tratamiento ambulatorio), el manejo incluye antibióticos intravenosos como cefazolina o vancomicina, rehidratación y control del dolor. La lactancia no debe interrumpirse durante la hospitalización, salvo indicación específica, ya que contribuye al vaciamiento y recuperación de la mama afectada13.
Proponer recomendaciones y estrategias de intervención para la práctica clínica de la matrona, orientadas a la prevención, detección precoz y tratamiento eficaz de la mastitis.
La matrona desempeña un papel fundamental en la prevención de la mastitis, especialmente mediante la promoción de una lactancia eficaz desde el nacimiento. Es clave instruir a la madre sobre el inicio temprano de la lactancia, el agarre correcto, y la frecuencia adecuada de las tomas, lo que previene la estasis láctea. Además, debe informar sobre una higiene adecuada sin exagerar la limpieza de los pezones, evitando jabones o antisépticos que alteran la microbiota protectora de la mama7.
En cuanto a la detección precoz, la matrona debe reconocer signos de alerta como zonas induradas, sensibilidad localizada, enrojecimiento o fiebre. Las visitas posparto tempranas (preferentemente dentro de la primera semana) permiten valorar técnica de lactancia, estado del pezón y vaciamiento mamario. El seguimiento debe incluir apoyo emocional, evaluación del entorno social y fatiga materna, factores que pueden contribuir a una mala técnica o menor frecuencia de tomas1.
Ante signos incipientes de mastitis, se priorizan medidas no farmacológicas como mantener la lactancia frecuente, uso de compresas frías post-toma y extracción manual si el vaciamiento es incompleto. Se deben evitar masajes fuertes, sobreuso de extractores o técnicas agresivas que pueden empeorar el cuadro. La matrona también puede recomendar analgésicos como ibuprofeno, seguros durante la lactancia y útiles para controlar la inflamación y el dolor6.
Si en 24–48 horas no hay mejoría, o aparecen síntomas sistémicos (fiebre, malestar general), se indica tratamiento antibiótico empírico, normalmente con dicloxacilina o cefalexina durante 10 a 14 días. La matrona, en coordinación con el personal médico, debe valorar la necesidad de toma de cultivos y derivación en casos complicados o recurrentes. La continuidad de la lactancia debe ser promovida en todo momento salvo contraindicación clara6,7.
Como medida complementaria, algunas matronas pueden sugerir el uso de probióticos específicos (por ejemplo, L. fermentum o L. salivarius), especialmente en mujeres con episodios repetidos. Aunque la evidencia aún es limitada, hay estudios que muestran beneficios potenciales en la reducción de síntomas y recurrencias12.
En mujeres con antecedentes o alto riesgo, se recomienda un seguimiento más estrecho, reforzando educación, vigilancia de signos de alarma y apoyo emocional. Además, las matronas deben documentar detalladamente los episodios, evolución clínica y respuesta al tratamiento, lo cual permite mejorar la calidad asistencial y personalizar los cuidados1.
CONCLUSIONES
La mastitis en mujeres lactantes representa una problemática frecuente que, si no se aborda de forma oportuna y adecuada, puede comprometer tanto la salud materna como el mantenimiento de la lactancia. La evidencia científica actual permite diferenciar entre mastitis infecciosa y no infecciosa, y destaca la importancia de una evaluación integral que incluya factores anatómicos, funcionales y contextuales.
El papel de la matrona es clave en todas las fases del abordaje: desde la prevención mediante educación sobre la técnica de lactancia, hasta la detección precoz de signos clínicos y la implementación de tratamientos efectivos. La matrona debe integrar en su práctica clínica intervenciones no farmacológicas como el vaciamiento mamario eficaz, el uso de AINEs y el apoyo emocional, así como reconocer cuándo es necesario derivar a tratamiento antibiótico u otras estrategias complementarias como los probióticos.
Asimismo, la individualización del cuidado, el seguimiento continuo y la promoción activa de la lactancia materna son pilares fundamentales para mejorar los resultados en salud y reducir la incidencia de complicaciones como los abscesos mamarios.
En definitiva, la matrona debe actuar como facilitadora de una atención basada en la evidencia, empática y centrada en la mujer, promoviendo una experiencia de lactancia exitosa y segura.
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