AUTORES
- Ana Royo Esteban. Servicio de Aparato Digestivo. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Aída Lorente López. Servicio de Pediatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Ana López Lorente. Medicina de Familia y Comunitaria. Centro de Salud Rebolería. Sector II- Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- María Alfaro Vicente. Medicina de Familia y Comunitaria. Centro de Salud Rebolería. Sector II- Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Marta Casaus Mairal. Medicina de Familia y Comunitaria. Centro de Salud Rebolería. Sector II- Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
- Miguel López Lorente. Graduado en Óptica y Optometría. Universidad de Zaragoza, España.
RESUMEN
Las metástasis gástricas de tumores sólidos son una entidad poco frecuente y suelen aparecer en el contexto de enfermedad avanzada. El carcinoma urotelial raramente metastatiza al estómago, lo que dificulta su identificación clínica debido a la inespecificidad de los síntomas y a la apariencia endoscópica poco llamativa de las lesiones. Se presenta el caso de un paciente de 77 años con antecedentes de carcinoma urotelial de alto grado variante plasmocitoide, que ingresó por deterioro del estado general y hemorragia digestiva alta. El diagnóstico se estableció mediante estudio anatomo-patológico e inmunohistoquímico de biopsias gástricas, confirmando el origen metastásico urotelial. Este caso resalta la importancia de considerar esta rara localización metastásica en pacientes con antecedentes oncológicos y síntomas digestivos, así como el papel clave del diagnóstico anatomo-patológico para un manejo adecuado.
PALABRAS CLAVE
Úlcera, metástasis gástricas, carcinoma urotelial, inmunohistoquímica, hemorragia digestiva alta.
ABSTRACT
Gastric metastases from solid tumors are an uncommon entity and usually occur in the setting of advanced disease. Urothelial carcinoma rarely metastasizes to the stomach, which makes clinical recognition challenging due to the nonspecific nature of symptoms and the subtle endoscopic appearance of the lesions. We present the case of a 77-year-old patient with a history of high-grade plasmacytoid variant urothelial carcinoma who was admitted for progressive clinical deterioration and upper gastrointestinal bleeding. The diagnosis was established through histopathological and immunohistochemical examination of gastric biopsies, confirming the metastatic urothelial origin. This case highlights the importance of considering this rare metastatic location in patients with a history of malignancy and digestive symptoms, as well as the key role of histopathological diagnosis in ensuring appropriate management.
KEY WORDS
Ulcer, gastric metastases, urothelial carcinoma, immunohistochemistry, upper gastrointestinal bleeding.
INTRODUCCIÓN
Las metástasis gástricas de tumores sólidos son poco frecuentes y representan menos del 2 % de las neoplasias gástricas malignas diagnosticadas en vida, apareciendo generalmente en el contexto de enfermedad avanzada y diseminada1. Los tumores que con mayor frecuencia metastatizan al estómago son el melanoma, el cáncer de mama y el carcinoma pulmonar, siendo excepcional la afectación gástrica por la progresión de un carcinoma urotelial2. Debido a su baja incidencia y a la inespecificidad de los síntomas, su diagnóstico suele ser tardío, siendo el estudio anatomo-patológico e inmunohistoquímico fundamentales para establecer el origen tumoral3.
PRESENTACIÓN DEL CASO CLÍNICO
Varón de 77 años, con antecedentes personales de hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2 (no insulinodependiente), dislipemia, fibrilación auricular permanente (anticoagulado con apixaban), adenocarcinoma de próstata (diagnóstico en 2018) en tratamiento actual con radioterapia y hormonoterapia por progresión tumoral, y portador de urostomía por carcinoma urotelial de alto grado – variante plasmocitoide (diagnóstico en 2023 e intervenido mediante cistectomía radical y prostatectomía al momento del diagnóstico). Ingresa en el Servicio de Aparato Digestivo por empeoramiento del estado general, astenia, pérdida de peso no cuantificada y deposiciones melénicas de 10 días de evolución, asociando dolor epigástrico y lumbar de 6 meses de evolución.
Durante el ingreso se realizó una gastroscopia, objetivándose una erosión gástrica de aproximadamente 3 mm, recubierta de fibrina, clasificada como Forrest III, localizada en la curvatura mayor del estómago, tomándose biopsias para estudio histológico. El análisis anatomopatológico mostró infiltración de la mucosa gástrica por un carcinoma poco diferenciado, con un perfil inmunohistoquímico compatible con origen urotelial.
Se solicitó valoración conjunta por los servicios de Urología y Oncología Médica. Sin embargo, ante el deterioro clínico progresivo del paciente y su situación funcional muy limitada (ECOG 3), se descartó la posibilidad de iniciar tratamiento sistémico, optándose por medidas de soporte y tratamiento paliativo. El paciente falleció a los 20 días del diagnóstico.
DISCUSIÓN
La diseminación gástrica del carcinoma urotelial es extremadamente rara, con escasos casos descritos en la literatura reciente, generalmente en pacientes con enfermedad agresiva y de alto grado histológico4. La afectación gastrointestinal por carcinoma urotelial ocurre habitualmente en el contexto de enfermedad metastásica avanzada, siendo las localizaciones más frecuentes ganglios linfáticos, hígado, pulmón y hueso, mientras que el tracto digestivo representa un sitio excepcional de diseminación7.
La variante plasmocitoide, presente en nuestro paciente, se asocia a mayor agresividad, diseminación precoz y peor pronóstico5. Este subtipo histológico se caracteriza por pérdida de expresión de E-cadherina, lo que favorece un patrón infiltrativo difuso y una mayor tendencia a la carcinomatosis peritoneal y a la diseminación visceral. Estudios recientes han confirmado que esta variante presenta una mayor tasa de progresión temprana y menor supervivencia global respecto al carcinoma urotelial convencional8.
Desde el punto de vista clínico, la presentación suele ser inespecífica, predominando síntomas como anemia, sangrado digestivo o pérdida de peso, lo que dificulta el diagnóstico precoz1. En muchas ocasiones, los síntomas digestivos aparecen en fases avanzadas de la enfermedad, cuando ya existe afectación metastásica múltiple. Endoscópicamente, las lesiones metastásicas gástricas pueden adoptar múltiples patrones morfológicos, desde masas subepiteliales hasta ulceraciones o pequeñas erosiones, como ocurrió en nuestro caso, pudiendo simular lesiones benignas o inflamatorias2. Por ello, la toma de biopsias es esencial incluso en lesiones aparentemente poco relevantes.
El diagnóstico definitivo se basa en el estudio anatomopatológico e inmunohistoquímico, siendo marcadores como GATA3, uroplaquina y CK7 de gran utilidad para confirmar el origen urotelial y diferenciar estas lesiones de un adenocarcinoma gástrico primario3,6. La correlación clínico-patológica resulta especialmente importante en pacientes con antecedentes oncológicos múltiples, como en el caso presentado, para evitar errores diagnósticos que puedan modificar la estrategia terapéutica.
Desde el punto de vista terapéutico, el manejo del carcinoma urotelial metastásico ha experimentado cambios relevantes en los últimos años con la incorporación de inmunoterapia y anticuerpos conjugados, que han demostrado mejorar la supervivencia en determinados subgrupos de pacientes6. Sin embargo, el estado funcional continúa siendo el principal factor limitante para la indicación de tratamiento sistémico. En pacientes con deterioro funcional significativo (ECOG ≥3), las guías actuales recomiendan priorizar el tratamiento paliativo orientado al control sintomático9.
La presencia de metástasis gástricas suele asociarse a enfermedad diseminada y a un pronóstico desfavorable, con supervivencias generalmente cortas tras el diagnóstico, lo que refleja la agresividad biológica del tumor y el estadio avanzado en el momento de la detección1,7.
Hasta donde conocemos, los casos descritos de metástasis gástrica procedente de carcinoma urotelial variante plasmocitoide continúan siendo excepcionales, lo que refuerza el interés clínico del caso presentado.
CONCLUSIONES
Las metástasis gástricas de origen urotelial constituyen una entidad excepcional que suele aparecer en fases avanzadas de la enfermedad y en tumores de comportamiento biológico agresivo, como la variante plasmocitoide. Su presentación clínica es inespecífica, lo que obliga a mantener un alto grado de sospecha en pacientes con antecedentes oncológicos que desarrollan anemia o sangrado digestivo.
La endoscopia digestiva con toma sistemática de biopsias, incluso en lesiones aparentemente benignas, junto con el estudio inmunohistoquímico, es fundamental para establecer el diagnóstico correcto y diferenciar estas lesiones de tumores gástricos primarios.
La identificación de afectación gástrica implica habitualmente enfermedad diseminada y condiciona un pronóstico desfavorable. En este contexto, el manejo debe individualizarse según el estado funcional del paciente, priorizando el tratamiento sistémico cuando sea posible o medidas paliativas en pacientes frágiles.
Este caso resalta la importancia del enfoque multidisciplinar y la necesidad de considerar etiologías metastásicas poco frecuentes ante hallazgos endoscópicos atípicos en pacientes con neoplasias uroteliales de alto grado.
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