Algo más que meras parteras: competencias y funciones de las obstetrices en los cuidados de la mujer durante la antigüedad romana

16 noviembre 2024

AUTORES

  1. María García Magán. Enfermera Instituto de Evaluaciones Médicas y Doctora en Ciencias de la Antigüedad. Aragón, España.
  2. Nuria Durán Artigas. Enfermera Cardiología/Cirugías Cardíaca, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  3. Elías Rafael Herrera Ruiz. Enfermero Medicina Interna, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  4. Ana María Barceló Labuena. Enfermera Urgencias Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.
  5. Joaquín Juste Giménez. Enfermero 061 Aragón. Aragón, España.
  6. Miriam Artal Rillo. Enfermera Quirófano Materno Infantil, Hospital Universitario Miguel Servet. Aragón, España.

 

RESUMEN

¿Qué rol desempeñaron las matronas en la Antigüedad romana? ¿Cuáles fueron sus funciones? ¿Podemos hallar similitudes con la profesión actual? Estas son algunas de las preguntas a las que pretende dar respuesta este artículo mediante el examen de las fuentes antiguas (especialmente el tratado Gynaikeia de Sorano de Éfeso) y el análisis que la investigación ha realizado de las mismas. Como se verá, las funciones de las matronas fueron variadas y, a pesar de que las fuentes se centran principalmente en su labor asistencial, lo cierto es que las obstetrices desempeñaron otros roles de una importancia central en los cuidados de la mujer.

PALABRAS CLAVE

Historia, historia de la enfermería, partería, Roma.

ABSTRACT

What role did midwives play in Roman antiquity, what were their functions, and can we find similarities with today’s profession? These are some of the questions that this article aims to answer by examining the ancient sources (especially the treatise Gynaikeia by Soranus of Ephesus) and the analysis that research has made of them. As will be seen, the functions of midwives were varied and, despite the fact that the sources focus mainly on their care work, the truth is that midwives played other roles of central importance in the care of women.

KEY WORDS

History, history of nursing, midwifery, Rome.

INTRODUCCIÓN

El escribir en lengua española sobre la profesión de matrona en la Roma antigua presenta un “pequeño problema”, y es que la palabra matrona en latín no se utilizó para hacer referencia a la actual profesión, sino para hablar de las mujeres romanas libres y respetables. Por eso, como traducción de la palabra latina obstetrix, la investigación en el ámbito de las Humanidades suele optar por utilizar “comadrona” o “partera”. Sin embargo, si se toma un punto de vista más afín a las Ciencias de la Salud, se puede afirmar que estas mujeres que se dedicaron a los cuidados de la mujer, obstetrices en latín y maiai en griego, fueron muchísimo más que meras asistentes al parto. Como veremos a continuación, sus servicios fueron requeridos a lo largo de todo el ciclo reproductivo de la mujer, siendo indispensables no solo durante el parto, sino también para tareas tan trascendentales como los cuidados durante el embarazo y el postparto. En posteriores artículos, trataremos otros importantes roles, como los cuidados dispensados al recién nacido y el papel de la matrona en la aceptación de los nuevos individuos en el seno de la sociedad romana.

OBJETIVOS

El objetivo del presente trabajo es describir y analizar las actividades, competencias y tareas que desarrollaron las obstetrices en la Roma antigua en relación a los cuidados de la mujer. Para ello, se utilizarán los testimonios recogidos en las fuentes históricas primarias y el análisis que la investigación moderna ha realizado posteriormente de las mismas. Lo que se pretende en último término es comprender de qué modo se llevaron a cabo los cuidados de la mujer, dando a conocer una de las facetas del pasado de la profesión actual de matrona.

METODOLOGÍA

Para llevar a cabo este artículo, se ha partido de una búsqueda bibliográfica exhaustiva en las bases de datos más relevantes para la naturaleza de este estudio —PubMed y Google Scholar—, utilizando los descriptores “partería”, “Roma”, “historia de la enfermería”, “midwifery”, “Rome”, “History of Nursing”, combinándolos mediante diversos operadores boleanos. A partir de los resultados obtenidos, se han seleccionado aquellas obras de mayor relevancia para nuestro estudio. Gracias a ellas, se han podido rastrear aquellos testimonios en las fuentes primarias que más información aportan sobre nuestro objeto de análisis. Para las fuentes literarias se ha utilizado la herramienta online “Perseus Digital Library”, en la que se pueden consultar los textos en lenguas clásicas simultáneamente con su traducción al inglés. De especial interés para nuestro análisis es la obra de Sorano, Gynaikeia, para cuya lectura se ha utilizado la traducción moderna a la lengua inglesa de Owsei Temkin, publicada por primera vez en 1956 por The John Hopkins Press —y que aparece reseñada en la lista de referencias1. Para citar los textos clásicos, se han utilizado las convenciones propias de la investigación en el ámbito de las Humanidades. Por último, es necesario indicar que, tal y como se comentaba al comienzo de este artículo, la palabra matrona en el ámbito de la Historia de Roma tiene un significado diferente al que se le concede en Ciencias de la Salud. Sin embargo, para facilitar la tarea del lector, en este texto utilizaremos la palabra en lengua española “matrona” como traducción de obstetrix o maia, es decir, para hacer referencia a la mujer de la Roma antigua que se dedicó a los cuidados de la mujer y del recién nacido.

 

DISCUSIÓN

En la Antigüedad Clásica, los cuidados de la mujer fueron dispensados por otras mujeres. Es bien sabido que los médicos varones solo intervenía en los partos en caso de complicaciones (Sor.Gyn.2.63)2 y las fuentes parecen indicar que las mujeres preferían que fueran sus congéneres las que se ocuparan de sus cuidados, incluso de aquellos que no estaban relacionados con su salud sexual y reproductiva —un hecho muy probablemente estuviera relacionado con el pudor3. En la Roma antigua, estas tareas recayeron en manos de las llamadas obstetrices. También las medicae parece que se dedicaron a esta labor, pero las referencias a estas figuras son más escasas y sus tareas no se describen en las fuentes literarias antiguas. A pesar de que en este artículo no se examinarán en profundidad las características socioeconómicas y culturales de estas figuras —puesto que ya las hemos analizado en otro artículo que se pretende publicar próximamente—, sí que resulta necesario presentar algunos datos que nos permitan conocerlas mejor, y que proporcionen un contexto en el que poder insertar sus competencias y funciones.

Según lo que se deduce de las fuentes antiguas, las matronas de la Antigüedad tuvieron orígenes humildes. Salvo algunas medicae, la epigrafía muestra que las mujeres dedicadas a los cuidados de sus congéneres nacieron siendo esclavas (servae). Algunas consiguieron ser liberadas, convirtiéndose de este modo en libertad y ejerciendo su labor como tales, mientras que otras murieron siendo esclavas3,4. Estos orígenes serviles no deben llevarnos a pensar que las matronas vivieron sumidas en la pobreza. Según se deduce de las fuentes, su trabajo fue bien remunerado y ellas mismas fueron muy bien valoradas económicamente en el mercado de esclavos durante la Tardoantigüedad5,6,7. Sin embargo, tal vez la conjunción de su género y sus orígenes serviles pudo conducir a sus coetáneos a construir una imagen peyorativa de las mujeres que desempeñaron esta profesión —tal y como revelan fuentes como la comedia. En cuanto a su formación, la investigación tiende a pensar que la mayoría de matronas sería iletrada, pues su saber sería eminentemente práctico y transmitido en el seno familiar, de una generación de mujeres a otra, de forma oral y a través de la experiencia3,5. Ello no obsta para que existieran algunas matronas con cierta formación teórica, para quienes probablemente fueran dirigidos tratados ginecológicos y obstétricos como el de Sorano de Éfeso. Desafortunadamente, no contamos con testimonios literarios producidos por matronas, ni biografías que se ocupen de este tipo de figuras, por lo que la obra de Sorano —médico griego que vivió a caballo entre los siglos I y II d.C. —posee un inestimable valor para el tema que nos ocupa. Como el propio autor indica, Gynaikeia se divide en dos partes (Sor.Gyn.1.1): una primera, dedicada a la figura de la matrona; y una segunda, en la que el autor dice que va a tratar de todo lo que les compete a las matronas —y, en consecuencia, de mayor importancia para nuestro estudio.

Cuidados durante el embarazo:

Según las fuentes históricas y el análisis que de las mismas ha realizado la investigación, las matronas no solo restringieron su actividad a problemas obstétrico-ginecológicos, sino que parece que también se ocuparon de otros aspectos de la salud de la mujer5,6,7,9. No obstante, existe mucha más información sobre sus tareas referidas al cuidado de la mujer durante el embarazo y el parto. Para entender sus funciones y competencias, se debe recurrir a fuentes literarias como Plinio el Viejo, —quien en su Historia Natural recoge testimonios referidos principalmente a la “medicina tradicional”, el folklore y la superstición—, o Celso, autor latino que escribió el tratado De Medicina2. Sin embargo, es el ya citado Sorano de Éfeso quien más detalladamente proporciona información. En su primer libro, el médico griego indica cuáles son las características que debe poseer toda matrona (Sor.Gyn.1.3) y qué cualidades distinguen a las “mejores matronas” (Sor.Gyn.1.4). Tras una minuciosa descripción anatomofisiológica del aparato genital femenino (Sor.Gyn.1.6-18), el médico griego pasa a ocuparse del ciclo menstrual (Sor.Gyn.1.19-29), la concepción (Sor.Gyn.1.34-44), los presuntos signos para reconocer el sexo del bebé durante el embarazo (Sor.Gyn.1.45) o la virginidad (Sor.Gyn.1.30-33) —de la que sabemos por otras fuentes que también las matronas se encargaban de confirmar en caso de duda5. Tras ello, Sorano trata muy detalladamente los cuidados que deben dispensarse durante el embarazo. Aunque el autor no nombra en este pasaje directamente a las matronas como sus artífices, lo cierto es que, si tenemos en cuenta que al comienzo de su obra indica que va a tratar de “todo aquello que compete a las matronas”, es lógico pensar que estas recomendaciones irían dirigidas a las mismas. No obstante, debido a la escasez de fuentes, es difícil dilucidar hasta qué punto toda embarazada de cualquier estrato socioeconómico podría disponer de una matrona durante su embarazo, o si más bien los obstetrices prestarían sus servicios mayoritariamente a las embarazadas de las familias más prominentes.

Sorano indica que los cuidados de la mujer podrían comenzar ya durante su embarazo y los divide en tres etapas:

“La atención a la mujer embarazada consta de tres etapas. Durante el primer período, los cuidados tienen por objeto la conservación de la semilla que se ha introducido; durante el segundo, el alivio de los síntomas subsiguientes, como el tratamiento de la pica que sobreviene; durante el último período, que ya está próximo al parto, tienen por objeto la perfección del embrión y una pronta resistencia al parto”.

Sor.Gyn.1.46

Durante la primera etapa, Sorano indica que se deben hacer ciertas recomendaciones para la embarazada, lo que podría entenderse como los precedentes de la educación para la salud. De entre estas recomendaciones, pocas son las que siguen vigentes y son recomendadas en la actualidad. Por el contrario, la mayoría de los consejos proporcionados por Sorano, que pertenecen a la medicina tradicional y el folklore, no cuentan con evidencia científica que respalde su puesta en marcha e incluso están contraindicados en nuestros días. En cualquier caso, Sorano señala que la mujer embarazada debe evitar una serie de sobresaltos tanto físicos como psíquicos pues podrían causar la “pérdida de la semilla” —lo que ha de entenderse como un aborto espontáneo. Asimismo, recomienda que permanezca en cama cuando se le han prescrito ungüentos para fortalecer su apetito y para mejorar la asimilación de los alimentos (Sor.Gyn.1.46). Entre los cuidados propuestos por el médico griego y que las matronas deberían llevar a cabo durante el primer periodo del embarazo —que podríamos entender como el primer trimestre de la gestación, reduciéndolo a términos modernos— también se encuentran recomendaciones dietéticas (como favorecer la ingesta de cereales, evitar carnes y pescados grasos y comidas pesadas), higiénicas (evitar el baño durante la primera semana tras la concepción) y sobre la actividad física (como la realización de ejercicios pasivos desde el segundo día o pasear diariamente) (Sor.Gyn.1.46-48).

Para el segundo periodo, Sorano se centra en el tratamiento de “la pica” que el médico define con síntomas como malestar gástrico, náuseas y vómitos, dolor de cabeza, mareos, distensión abdominal o apetito por sustancias inusuales, entre otros (Sor.Gyn.1.48). De nuevo, provee de una serie de recomendaciones y cuidados tanto para la prevención como para el manejo de los síntomas. Entre estos cuidados destacan las recomendaciones dietéticas: “Pero, sobre todo, se tienen que prescribir alimentos que sean buenos para el estómago, fáciles de digerir y que no se descompongan fácilmente, como huevos cocidos suaves, granos de espelta preparados con agua fría o vinagre diluido (…)” (Sor.Gyn.1.51). Además, indica que, si los síntomas son leves, se debe ayunar un día y, tras ello, llevar una dieta blanda y masajear el cuerpo. Asimismo, el médico recomienda administrar varias hierbas y ungüentos en caso de que los síntomas son más graves (Sor.Gyn.1.50).

Finalmente, el griego pasa a describir los signos y síntomas propios del del tercer periodo de embarazo, así como los posibles riesgos, como el desarrollo de abscesos en las mamas (Sor.Gyn.54-56). Añade nuevas recomendaciones higiénico-dietéticas para este periodo, muchas de las cuales podrían sorprendernos en la actualidad (como el consejo de beber vino, utilizar un vendaje para elevar el abdomen en caso de que este sea muy prominente o evitar las relaciones sexuales). A partir del octavo mes, el médico recomienda realizar fomentos con diversas sustancias, baños de asiento y administrar supositorios vaginales para “relajar las partes”. Además, especifica que es la matrona quien debe empezar a dilatar el útero ungiéndolo con el dedo a intervalos frecuentes (Sor.Gyn.1.56) —algo que también está contraindicado en la actualidad.

No obstante, las matronas no solo pudieron contribuir al buen transcurso del embarazo, sino que, según las fuentes, también pudieron encargarse de interrumpirlo. Así se deduce del comentario del propio Sorano, quien recomienda a las matronas no ser avariciosas cuando se trate de proveer drogas abortivas (Sor.Gyn.1.4). Además, según el testimonio del médico, se deduce que en su época existían dos posturas con respecto al aborto: aquellos que se oponían frontalmente y aquellos que admitían la posibilidad de abortar por cuestiones médicas (Sor.Gyn.1.60). Entre estos últimos se encontraría Sorano, quien suministra en su tratado una lista de agentes abortivos. No obstante, el autor defiende que es preferible la contracepción (“Es mucho más preferible no concebir que destruir el embrión (…)”), para la que también proporciona una serie de hierbas, ungüentos y métodos, como el coitus interruptus o impregnar el orificio externo uterino con aceite de oliva o miel (Sor.Gyn1.60-64)2. En cualquier caso, el papel de las matronas en los casos de aborto está bien atestiguado por otras fuentes y parece que, a pesar de que durante algunas épocas estuviera prohibido a menos que peligrara la vida de la madre9, lo cierto es que los comentarios de las obras satíricas nos conducen a pensar que se produjeron de forma frecuente, incluso en contra de la voluntad de algunos maridos. El aborto voluntario se trataba de un procedimiento de gran riesgo que en muchas ocasiones terminaba causando la esterilidad e incluso la muerte de la mujer. De hecho, en los textos jurídicos latinos tardoantiguos, aparecen las penas prescritas para aquellas que llevaran a cabo prácticas abortivas con finales funestos6. Por otro lado, el papel de las matronas en los abortos voluntarios también está bien atestiguado por Plinio, quien ofrece una visión mucho más peyorativa de estas mujeres y sus procedimientos, que presenta más cercanos a la superstición que al saber racional3.

Cuidados durante el parto:

En cualquier caso, el papel de la matrona que mejor se ve desarrollado en las fuentes históricas es el de su participación durante el parto. Este mayor detalle no debe sorprendernos, pues los riesgos a los que estaban sometidos las parturientas eran elevados. Se ha de tener en cuenta que los matrimonios en Roma solían producirse entre un hombre ya adulto y una joven en su adolescencia2 e incluso de una edad tan temprana como los 12 años, en los casos de las familias pertenecientes a la élite urbana10. El fin principal del matrimonio era la procreación, cuyo objetivo último era asegurar la continuación de la estirpe. Por tal motivo, las jóvenes se veían sometidas en múltiples ocasiones al riesgo que suponían el embarazo y, especialmente, el parto, cuya tasa de mortalidad ha sido estimada entre el 5-10% por parte de la investigación actual9. No es de extrañar, por tanto, que el papel desarrollado por las matronas fuera considerado de gran trascendencia por parte de sus coetáneos, pues su asistencia podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte de la madre y el feto.

Las competencias de las matronas no solo quedan atestiguadas en las fuentes literarias, sino que también contamos con algunas fuentes iconográficas que nos proporcionan un soporte gráfico a las descripciones presentes en los textos. Una de las más conocidas es el relieve en terracota de la tumba de Escribonia Ática en Ostia, que pertenece a un monumento funerario también dedicado a su marido, Marco Ulpio Amerino —quien también aparece ejerciendo su profesión de médico. En esta imagen se observa a una mujer sentada en la silla obstétrica, que las fuentes literarias llaman muy elocuentemente “silla de la matrona”. La parturienta es sostenida por la espalda por otra mujer, que podemos identificar como la ayudante de la matrona. Por su parte, la obstetrix Ática extiende sus manos hacia las piernas abiertas de la parturienta, sentada en otra silla más baja. Del mismo modo, otro relieve en marfil hallado en Pompeya —y conservado en el Museo Nacional de Nápoles (número 109905A) —, también muestra a otra matrona en acción. En este caso, la parturienta —de nuevo sobre la silla obstétrica— es asistida por otras tres mujeres: una asistente situada tras su espalda, la matrona frente a sus piernas abiertas y una última asistente tras la propia matrona3.

En cualquier caso, la mayor parte de la información sobre el papel de la matrona en el parto se debe a las fuentes literarias. El libro segundo de Gynaikeia de Sorano está dedicado íntegramente a la labor de la matrona durante el parto. En primer lugar, el médico indica cómo reconocer los signos inminentes de parto, que según Sorano son, entre otros, la ingurgitación de la región púbica, el deseo continuo de orinar y la expulsión de un líquido viscoso, a veces también teñido con sangre (Sor.Gyn.2.1). El médico también indica que, si en este momento la matrona realiza un examen vaginal, será capaz de palpar una masa redondeada, parecida a un huevo. Realizando una analogía con el actual Proceso de Atención de Enfermería, el reconocimiento y evaluación de estos signos y síntomas por parte de la matrona correspondería con la etapa de valoración.

Seguidamente, Sorano proporciona las directrices para llevar a cabo la preparación para el parto —lo que podría incluirse en la etapa de planificación del PAE—, que generalmente tenía lugar en la casa de la parturienta:

“Para un parto normal, se debe preparar de antemano: aceite de oliva, agua caliente, fomentos calientes, esponjas de mar suaves, piezas de lana, vendajes, una almohada, cosas para oler, una “silla de matrona” o una silla, dos camas y una habitación adecuada”

Sor.Gyn.2.2

Además, el médico proporciona indicaciones para el uso de todos estos productos y artículos, haciendo especial hincapié en la colocación y preparación de la silla para partos. Aunque no se conserva ninguna de estas sillas (debido a que muy probablemente fueran de madera, material que resiste mal el paso del tiempo), las fuentes iconográficas nos permiten conocer su forma. Tras ello, Sorano comienza la descripción de las tareas propias de la matrona durante el parto —algo que podría incluirse en la etapa de ejecución del proceso de atención de enfermería. En primer lugar, indica que la matrona debe estar asistida por tres ayudantes y especifica la posición que debe ocupar cada una, detallando especialmente el lugar que ocupa la matrona frente a la parturienta (Sor.Gyn.2.5). De hecho, el término latino utilizado para designar a esta profesión hace alusión directa a esta posición. La palabra obstetrix proviene de la partícula ob (delante) y el verbo stare (estar), por lo que literalmente significa “la que está delante”6,8,9 —algo que, como hemos visto, también se refleja en la iconografía.

Según el testimonio de Sorano, las funciones de la matrona fueron diversas. En primer lugar, la matrona debía valorar el curso del parto a través de exámenes pélvicos, además de utilizar sus manos lubricadas con aceite de oliva para dilatar manualmente el cérvix y favorecer la aceleración del parto. Además, el médico griego concede especial importancia a las labores de la matrona a nivel psicosocial. En este sentido, Sorano indica estrategias para el manejo del dolor, como tocar con las manos calientes y colocar piezas de tela impregnadas de aceite de oliva sobre el abdomen y los labios mayores. Además, también concede pautas para aliviar la ansiedad (“Es apropiado que la cara de la embarazada sea visible a la matrona, quien debe aliviar su ansiedad, asegurándose de que no haya nada que temer y que el parto sea fácil”, Sor.Gyn.2.5), haciendo especial hincapié y detallando las indicaciones el control de la respiración durante el trabajo de parto: “Seguidamente, se le debe aconsejar que impulse el aire hacia los laterales sin gritar, sino con gemidos y conteniendo la respiración (…)”(Sor.Gyn.2.6). Por último, indica que la matrona debe ayudar durante el expulsivo, introduciendo sus dedos y tirando del feto entre las contracciones, mientras que las asistentes ejercen presión sobre el abdomen de la parturienta (Sor.Gyn.2.6) —maniobras hoy en día desaconsejadas.

Sea como fuere, lo cierto es que solo se precisaba la presencia de un médico si existían serias dificultades durante el parto. En este caso, la matrona debía proporcionar información sobre el curso del parto antes de la intervención del médico3. En este sentido, se ha de tener en cuenta que no ha quedado atestiguado en las fuentes antiguas ningún caso en el que se practicara una cesárea sobre una mujer viva, de lo que se deduce que fue un procedimiento post-mortem, que tuvo el objetivo de salvar al feto. Del mismo modo, el médico también podría practicar embriotomías en el caso de muerte intrauterina del feto, en este caso, con el fin de preservar la vida de la madre11.

Cuidados postparto:

Tras el nacimiento del niño, la matrona debía cortar el cordón umbilical y encargarse de la placenta. Por ejemplo, Plinio recoge recomendaciones para expulsar la placenta que hoy en día nos sorprenderían, como administrar una mezcla de lombrices y vino u otro ungüento conformado por la membrana que recubre a las cabras recién nacidas mezclada con vino. Por su parte, Celso, recomienda sustancias como el amoniaco2. Sorano indica que la matrona debe sujetar el cordón umbilical, tirando suavemente de la placenta al ritmo de las contracciones uterinas. Si el cordón no protruyera, el médico recomienda que la matrona lubrique su mano con aceite de oliva y extraiga cuidadosamente la placenta (Sor.Gyn.4.14)3.

Las matronas también debían prevenir y tratar la mastitis, tal y como indica Sorano (Sor.Gyn.2.7). Según indica el médico griego, la matrona debía prevenir y tratar la intumescencia de las mamas administrando diversos ungüentos y cataplasmas sobre las mismas, y realizando un vendaje ajustado, siendo necesario recurrir a la cirugía en caso de supuración. Por último, Sorano también presenta las recomendaciones dirigidas a aquellas mujeres que no deseen amamantar, prescribiendo diversas sustancias y aconsejando el uso de un vendaje sobre las mamas que se vaya aflojando progresivamente.

 

CONCLUSIONES

Las funciones y las competencias de las matronas en la Antigüedad fueron muy variadas y no se restringieron tan sólo a los cuidados propios del ciclo reproductivo de la mujer. No obstante, en las fuentes antiguas, son los cuidados durante el embarazo y el parto los que mejor están atestiguados. A pesar de que la investigación moderna se suele centrar en su labor asistencial —es decir, en la prestación de aquellos cuidados necesarios para preservar y mejorar la salud de la mujer—, la matrona en la Roma antigua desempeñó otras funciones. Por una parte, destaca la educación para la salud, que ejerció mediante la prescripción de diversas medidas higiénico-dietéticas durante todas las fases del embarazo. Por otra parte, las obstetrices también desempeñaron una función preventiva, puesto que, gracias a la valoración de los casos, fueron capaces de detectar aquellos riesgos a los que se sometieron las mujeres durante el embarazo y el parto, actuando sobre ellos para prevenir complicaciones. Finalmente, el hecho de que la matrona liderará un equipo formado por varias asistentes y se hiciera cargo de proveer el material necesario para el parto, nos indica que también desempeñó una labor gestora. En definitiva, a pesar de las indudables diferencias que separan la profesión actual con la de las obstetrices de la Roma antigua, lo cierto es que en la labor de estas últimas se puede reconocer el germen de las funciones de las matronas en la actualidad, quienes, al igual que sus predecesoras, desempeñan un rol trascendental a nivel social.

 

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