AUTORES
- María Jesús Lozano Molina. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Susana Martínez Cabriada. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Almudena Brualla Rodríguez. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Ana Cristina Bastaros Andrés. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- David Guardiola Lafuente. Fisioterapeuta Residencia Virgen de la Peña, Calatayud, Zaragoza.
- Ana Cristina Santiago Couso. Enfermera Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
RESUMEN
El Alzheimer es un deterioro intelectual irreversible, de causa orgánica, que está ocasionado por una lesión cerebral de origen hasta ahora desconocido, que trae como consecuencia limitaciones progresivas en el desarrollo de la vida diaria de las personas que lo sufren.
Es pues, considerada una demencia primaria, es decir, tiene causa propia, ya que no es efecto secundario de cualquier otra enfermedad o traumatismo físico o psicológico.
Es una demencia irreversible, es decir, sigue un proceso involutivo y no recuperable.
Y es progresiva, ya que una vez iniciada, generalmente de forma lenta, insidiosa y larvada, va empeorando paulatinamente.
PALABRAS CLAVE
Alzheimer, deterioro intelectual, demencia, irreversible, progresiva.
ABSTRACT
Alzheimer’s is an irreversible intellectual deterioration, of organic cause, which is caused by a brain injury of unknown origin, which results in progressive limitations in the development of the daily life of people who suffer from it.
It is therefore considered a primary dementia, that is, it has its own cause, since it is not a side effect of any other disease or physical or psychological trauma.
It is an irreversible dementia, that is, it follows an involutionary and non-recoverable process.
And it is progressive, since once it starts, usually slowly, insidious and larvae, it gradually worsens.
KEY WORDS
Alzheimer’s, intellectual deterioration, dementia, irreversible, progressive.
DESARROLLO DEL TEMA
El abordaje de las demencias es una prioridad de Salud Pública y un problema social y sanitario de primer orden. Se ha convertido en la gran epidemia silenciosa del siglo XXI y un gran reto para la sostenibilidad del sistema sanitario y social.
Según el “Plan de acción mundial sobre la respuesta de Salud Pública a la demencia de la OMS” (aprobado el 29 de mayo de 2017) todos los Gobiernos han de disponer de políticas, estrategias y planes para abordar esta prioridad1.
Esto es debido a la confluencia de varios factores, según la dimensión y alcance de las demencias, así como al elevado impacto económico y social, tanto para los afectados de la enfermedad, como para los familiares y cuidadores.
En España, unas 800.00 personas padecen Alzheimer, según estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Se concentran el 60% de los casos de demencia y cerca del 30% no están diagnosticados.
El INE calcula, además, que un 5,55% del total de personas padecen la enfermedad, y un 12,36% son entre mayores de 80 años (10,64% en hombres y 13,2 % en mujeres), un 4,76% entre personas de 65 y 79 años y el 0,49% entre personas menores de 64 años. (Datos actualizados del 21 de septiembre de 2022)2.
Según la definición de la OMS, la demencia es un término genérico y se refiere a varias enfermedades, en la mayoría de los casos progresivas, que afectan a la memoria y a otras capacidades cognitivas y del comportamiento, y que interfieren en la capacidad de la persona para llevar a cabo actividades cotidianas.
La forma más común de demencia es la Enfermedad de Alzheimer (EA).
Otras formas frecuentes son la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy y un grupo de enfermedades que contribuyen a la demencia frontotemporal.
No todas las pérdidas de memoria son debidas a la Enfermedad de Alzheimer, ni siquiera a cualquier otra demencia. Es de gran eficacia un diagnóstico temprano. La exigencia de un diagnóstico lo más precoz y certero posible se ha convertido en una de las reivindicaciones que más defienden tanto los afectados y familiares como los profesionales que trabajan con ellos.
Se admite que la enfermedad de Alzheimer evoluciona por fases, etapas o estadios, aunque cada enfermo es totalmente distinto y es muy difícil diferenciar el inicio y final de cada fase.
- Fase I: Inicial o leve.
- Fase II: Intermedia o moderada.
- Fase III: Terminal, final o grave.
Fases de la enfermedad de Alzheimer, según la escala GDS (Deterioro global de Reisberg).
La escala GDS (Global Deterioration Scale) contempla la evolución de la cognición y la función cotidiana desde la normalidad de cualquier adulto hasta las últimas consecuencias de la enfermedad de Alzheimer, considerando siete etapas. Dado que el curso de la enfermedad es continuo, y lentamente progresivo, los limites no están claramente definidos.
Esta escala está basada en la teoría de la retrogénesis, según la cual, la persona con Alzheimer va perdiendo las capacidades cognitivas y funcionales en orden inverso a como se adquirieron, de forma natural, con el crecimiento y maduración cerebral.
Es fundamental considerar que la persona con Alzheimer será siempre un adulto y se debe respetar su dignidad como tal, no tratarla nunca como a un niño.
Para la valoración, la más utilizada es la escala global de deterioro de Reisberg3.
De la normalidad a los primeros indicios de deterioro cognitivo.
GDS 1 (Normalidad): Sin pérdida. Normalidad cognitiva de cualquier adulto.
GDS 2 (Deterioro cognitivo subjetivo): Alteración cognitiva subjetiva. Sutiles dificultades de memoria, propias del envejecimiento.
GDS 3 (Deterioro cognitivo leve): Desorientación, pérdida de objetos. Dificultades para evocar palabras o nombres.
El primer diagnóstico de demencia en fase leve.
GDS 4 (Demencia leve): Dificultades para planificar viajes y gestionar la economía personal. Dificultad para recordar hechos recientes. Confusión en los detalles de la propia historia personal.
La fase moderada de la demencia, necesidad constante de ayuda.
GDS 5 (Demencia moderada): Dificultades para realizar tareas cotidianas, imposibilidad para recordar datos simples. Dificultad en la orientación temporal y física. Aún reconoce e identifica a las personas familiares.
GDS 6 (Demencia moderadamente grave): Imposibilidad de vestirse sin ayuda. Dificultad para mantener una correcta higiene personal. Aparecen problemas de control de esfínteres y problemas de orientación respecto a su propia biografía. Olvido del nombre de personas cercanas. Cambios de conducta y personalidad, ansiedad, agresividad e incluso alucinaciones.
Fase grave, el final del proceso.
GDS 7 (Demencia grave): Pérdida progresiva de la capacidad para hablar y comunicarse.
Necesidad de ayuda para las actividades más básicas: comer, caminar o mantenerse erguido.
En la mayoría de los casos, el diagnóstico de la enfermedad es tardío y en gran parte se realiza cuando la persona ya está en estado de demencia moderada.
La Estrategia Nacional de Enfermedades Neurodegenerativas ha planteado también la detección precoz como la primera línea de estrategia. Es importante el desarrollo de programas para informar y sensibilizar a los profesionales sanitarios para la detección de signos y síntomas precoces. Se busca promover un diagnóstico lo más temprano posible.
El diagnóstico en fases iniciales puede ayudar a la persona que padece dicha enfermedad a tomar decisiones cuando todavía puede hacerlo, así como facilitar la previsión y planificación de los cuidados, favoreciendo la organización de la familia y del cuidador.
Para conseguirlo se realizan pruebas no complejas, rápidas en realización y fiables. Es lo que se conoce como el “test de los 7 minutos”, que en realidad lo conforman un conjunto de pruebas.
El test consiste en cuatro pruebas que implican áreas de memoria, fluidez verbal y orientación temporal.
La prueba de memoria (test de Buschke), consiste en presentar unas láminas con 4 dibujos cada una, y se le pedirá que señale uno de los dibujos que está viendo, para comprobar si los reconoce. En total son 16 dibujos, repartidos en cuatro láminas, y se le pedirá que intente recordar el mayor número de dibujos. Es una forma de evaluar la memoria libre.
Otra prueba a realizar es la de orientación temporal (test de Benton), en la que se le pregunta día/mes/año actual, para obtener distintas puntuaciones según los errores cometidos.
Utilizamos también el test del reloj, en el que el paciente dibuja una esfera indicando las horas y minutos, y se le pide que marque una hora concreta.
Y por último se realiza una prueba de fluidez verbal, en la que se propone un grupo o categoría concreta (animales, colores, vegetales), y ha de recordar todas las palabras del grupo en un minuto. Es una forma de comprobar la memoria semántica y el léxico.
El resultado global del test se obtiene con la suma de todos los resultados y se le ubica en un percentil determinado4.
El diagnóstico etiológico puede plantear dudas si no se añade una valoración neuropsicológica o pruebas de biomarcadores.
Los análisis de sangre y estudios por imágenes pueden descartar otras causas potenciales para los síntomas. Es importante la exploración física y neurológica, análisis de laboratorio, análisis neuropsicológico y del estado mental y diagnóstico por imágenes del cerebro (RMN, TAC).
Los investigadores están trabajando para crear pruebas que midan los signos biológicos de los procesos de enfermedad del cerebro. Estas pruebas, pueden mejorar la precisión. También pueden permitir diagnosticar una enfermedad antes de que comiencen los síntomas.
Actualmente disponemos de un análisis de sangre para medir los niveles de beta amiloide. Las pruebas genéticas no se recomiendan para la mayoría de las personas evaluadas para la detección de la enfermedad de Alzheimer.
En cuanto al tratamiento, actualmente se utilizan dos tipos de medicamentos.
Los inhibidores de la colinesterasa. Estos medicamentos funcionan aumentando los niveles de comunicación entre las células. Mantienen los niveles de un neurotransmisor que se agota en el cerebro por la enfermedad. Por lo general, son los primeros que se prueban. Se toman vía oral o en forma de parches transdérmicos. Los más administrados son donepezilo (Aricept, Adlarity), galantamina (Razadyne) y el parche transdérmico con rivastigmina (Exelon). Están indicados en enfermedad de Alzheimer de leve a moderada. Los principales efectos secundarios son diarrea, náuseas, pérdida de apetito y alteraciones del sueño. Si hay trastornos cardíacos, pueden producir efectos más graves, como latidos irregulares (arritmias).
Memantina (Ebixa, Namenda). Este medicamento funciona en otra red de comunicación de neuronas cerebrales y retrasa el avance de los síntomas de la enfermedad de moderada a grave. A veces, se usa combinada con inhibidores de colinesterasa. Los efectos secundarios son poco frecuentes y comprenden mareos y desorientación.
En 2023, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) aprobó el Lecanemab (Leqembi) para personas con casos leves tanto para el Alzheimer como para el deterioro cognitivo de la enfermedad5.
Este medicamento impide que las placas amiloides del cerebro se aglutinan. El Lecanemab se administra por infusión intravenosa cada dos semanas. Los efectos secundarios incluyen reacciones relacionadas con la infusión, como fiebre, síntomas parecidos a la gripe, náuseas, vómitos, mareos, cambios en la frecuencia cardiaca y falta de aliento.
Se recomienda realizar una resonancia magnética cerebral (RMN) antes de iniciar el tratamiento. También es recomendable el control con RMN durante el tratamiento para detectar síntomas de hinchazón o sangrado cerebral. Dado los riesgos, habrá que tener extremada precaución en pacientes que toman anticoagulantes orales por otras causas.
Cuidados a la familia:
Es importante destacar los cuidados a la familia y/o personas que a partir del momento del diagnóstico pasan a ser los cuidadores habituales del paciente.
Estos, al igual que el enfermo, pasan por diferentes etapas:
- Fase I o desconocimiento, cuando cuidan al enfermo en fase inicial.
- Fase II o agotamiento, cuando cuidan al enfermo que está en fase intermedia.
- Fase III o acostumbramiento, cuando cuidan al enfermo en su fase final.
En la fase I, la familia necesitará información y formación acerca de la enfermedad, adecuada a las necesidades, y adaptada a su nivel, ya que comprender desde el principio la enfermedad es la única forma de abordarla.
Se le ayudará a identificar los recursos familiares y los recursos sociosanitarios existentes en la comunidad, tanto públicos como privados, adecuados a las necesidades del paciente en esta fase, así como programas, asociaciones de familiares de enfermos de Alzheimer, y consejos para cuidar la salud del enfermo (dieta, descanso, y vigilar la aparición de problemas indeseados).
En la fase II, necesitará información y formación para ir solucionando problemas puntuales que van apareciendo (deambular errante, ilusiones…). Se asesorará sobre recursos sociosanitarios disponibles ya sean Centros de Día, Hospital de Día… y se plantean alternativas laborales para el cuidador como reducciones de jornada, excedencias de régimen especial por cuidados de persona incapacitada…
Ya en la fase III, la enfermera puede realizar cuidados a la familia informando y formando sobre los cuidados del paciente relacionados con la administracion de alimentación, por sonda si precisa, uso de absorbentes, movilizaciones del paciente.
Se continuará asesorando acerca de los recursos sociosanitarios adecuados a las necesidades en esta fase, ya sean ayudas a domicilio, centros residenciales… y continuaremos con las medidas sociosanitarias, laborales y jurídicas adoptadas en fases anteriores.
Proporcionar cuidados a un enfermo de Alzheimer tiene consecuencias serias tanto para el cuidador principal como para los familiares.
El cuidador principal, o familiar responsable de los cuidados del enfermo contrae una gran carga física y psíquica, ya que se responsabiliza de la vida del enfermo: medicación, higiene, cuidados, alimentación, etc. Va perdiendo paulatinamente su independencia, porque el enfermo cada vez le absorbe más y poco a poco se desatiende a sí mismo: no toma el tiempo libre necesario para su ocio, abandona sus aficiones, no sale con sus amistades, etc.
CONCLUSIÓN
Los trastornos cognitivos son entidades de gran importancia y repercusión sociosanitaria, ya que afectan a un gran número de personas, la mayoría ancianos. Son trastornos que causan gran dependencia, y precisan gran cantidad de cuidados. Muchos de ellos, son por mucho tiempo y a gran coste, tanto económico, como personal. Es necesario diferenciar de forma precoz los trastornos cognitivos reversibles, de los que no lo son, y calificar los irreversibles, ya que un error deja sin posibilidad de terapia curativa a enfermedades que sí las tienen.
Las necesidades de cuidados evolucionan según el avance de la enfermedad, de ahí la importancia del diagnóstico precoz, y la planificación según recursos para intentar el mayor fomento de la independencia en este tipo de pacientes. En todos estos procesos es importante considerar el binomio enfermo-familia, eje de toda intervención enfermera.
BIBLIOGRAFÍA
- MINISTERIO DE SANIDAD, CONSUMO Y BIENESTAR SOCIAL. Plan Integral de Alzheimer y otras Demencias (2019-2023) [sede web]. NIPO en línea: 731-19-108-2. [Publicado 2019]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es
- Cifras de Alzheimer en España [sede web]. Agencia de datos: Europa Press; 2022. [actualizado 21 de septiembre de 2022]. Disponible en: https://www.epdata.es/datos/cifras-alzheimer-espana
- Hablemos del Alzheimer [sede web]. Blog Fundación Pascual Maragall [ acceso 24 de octubre 2022]. Fases de la enfermedad de Alzheimer. Disponible en: https://blog.fpmaragall.org/las-fases-de-la-enfermedad-de-alzheimer
- Konexión Alzheimer [sede web]. Kern Pharma [acceso 19 de diciembre 2022]. Que es el test de los 7 minutos. Disponible en: https://konexionalzheimer.com
- Enfermedad de Alzheimer. [sede web]. Fundación Mayo para la Educación y la Investigación Médicas. [acceso 13 de febrero 2024]. Diagnóstico y tratamiento. Disponible en: https://www.mayoclinic.org/es.