Picaduras de garrapata: extracción, prevención y signos de alarma. Artículo monográfico

12 septiembre 2026

 

AUTORES

  1. Natalia Vega Doñate Torán. Enfermera en el CRP San Juan de Dios, Teruel. España.
  2. Alba Jarque Fuertes. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  3. Candela Abril Rubio. Enfermera en el Centro de Salud de Calamocha. Teruel. España.
  4. Sara Lázaro Mora. Enfermera en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.
  5. Benjamín Civera Domingo. Enfermero en el Hospital Obispo Polanco, Teruel. España.

RESUMEN

Las garrapatas son artrópodos hematófagos capaces de transmitir diferentes microorganismos durante su alimentación. En España se han descrito enfermedades como la borreliosis de Lyme, distintas rickettsiosis y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, aunque la mayoría de las picaduras no producen una infección.

Uno de los aspectos más importantes es la actuación inicial, que debe centrarse en retirar la garrapata lo antes posible mediante tracción continua con pinzas finas, sujetándola cerca de la piel. Por otra parte, no se recomienda aplicar aceite, alcohol, calor ni otras sustancias para provocar su desprendimiento. Tras la extracción se debe limpiar la zona, registrar la fecha y vigilar la aparición de síntomas. Entre los signos de alarma destacan la fiebre, el exantema, una lesión cutánea que aumenta progresivamente de tamaño, una escara oscura, cefalea intensa, debilidad, parálisis facial o manifestaciones hemorrágicas.

La profilaxis antibiótica no debe iniciarse por cuenta propia y su indicación depende del riesgo clínico y de los protocolos aplicables. Enfermería desempeña un papel importante en la extracción segura, la valoración de la piel, la educación para la vigilancia y la prevención durante las actividades al aire libre. Las medidas más útiles son el uso de repelentes adecuados, ropa protectora y la revisión del cuerpo después de permanecer en zonas con vegetación.

PALABRAS CLAVE

Garrapatas, picaduras, enfermedades transmisibles, prevención, atención de enfermería.

ABSTRACT

Ticks are blood-feeding arthropods capable of transmitting different microorganisms while attached to the skin. In Spain, Lyme borreliosis, several rickettsioses and Crimean-Congo haemorrhagic fever have been reported, although most tick bites do not result in infection.

Initial care should focus on removing the tick as soon as possible by steady traction with fine-tipped tweezers, grasping it close to the skin. Oil, alcohol, heat or other substances should not be applied to force detachment. After removal, the area should be cleaned, the date recorded and the person advised to watch for symptoms. Warning signs include fever, rash, an expanding skin lesion, a dark eschar, severe headache, weakness, facial palsy or bleeding manifestations.

Antibiotic prophylaxis should not be started without medical assessment, and its use depends on clinical risk and applicable protocols. Nurses have an important role in safe removal, skin assessment, surveillance education and prevention during outdoor activities. Appropriate repellents, protective clothing and body checks after exposure to vegetation are the most useful preventive measures.

KEY WORDS

Ticks, tick bites, tick-borne diseases, disease prevention, nursing care.

DESARROLLO DEL TEMA

Las garrapatas son artrópodos que se alimentan de sangre de animales y seres humanos. Se localizan principalmente en zonas con vegetación, pastos, matorral y áreas frecuentadas por animales. Estos artrópodos no saltan ni vuelan, sino que esperan sobre la vegetación hasta entrar en contacto con el hospedador. Después se desplazan por la piel hasta encontrar un lugar donde fijarse1-3.

En España existen varias especies capaces de transmitir agentes bacterianos, virales o parasitarios. Entre las enfermedades más conocidas se encuentran la Borreliosis de Lyme, las Rickettsiosis y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo1,2,4. Sin embargo, encontrar una garrapata adherida no significa que se haya producido una infección ya que el riesgo depende de la especie, la zona geográfica, el microorganismo presente y el tiempo de alimentación1,2.

La extracción correcta de la garrapata es imprescindible y debe realizarse lo antes posible. La técnica recomendada consiste en utilizar unas pinzas de punta fina, sujetar el artrópodo por la zona más próxima a la piel y realizar una tracción firme, continua y perpendicular. No se debe retorcer de forma brusca ni tirar del abdomen, ya que puede romperse o expulsar contenido sobre la piel. Las revisiones disponibles consideran la extracción mecánica el procedimiento más adecuado5,6.

Sin embargo, no se recomienda cubrirla con aceite, vaselina, esmalte, alcohol, gasolina u otras sustancias, ni aplicar calor, ya que retrasan la retirada y pueden irritar al artrópodo. Además, tampoco debe aplastarse con los dedos. Es conveniente el uso de guantes si se dispone de ellos, en su defecto, puede utilizarse una gasa o papel para evitar el contacto directo3,5,6.

En ocasiones puede quedar una parte del aparato bucal en la piel, como si fuera una pequeña astilla, pudiendo causar inflamación local. En este caso, si se puede retirar de forma sencilla se puede utilizar una pinza para su extracción completa. En cambio, si está profundamente introducida, se recomienda no realizar la extracción y solicitar valoración de un profesional3,5,6. También se debe solicitar ayuda cuando esté localizada en un lugar de difícil acceso, como el conducto auditivo o el párpado, o si existe una reacción local intensa1-3.

Después de retirar la garrapata se debe limpiar la piel con agua y jabón o con un antiséptico y lavarse las manos. Es útil anotar la fecha, el lugar donde se produjo la exposición y, si es posible, hacer una fotografía de la zona. Esta información facilita la valoración si aparecen síntomas durante los días o semanas posteriores3,5,6.

Durante las primeras horas suele aparecer una pequeña reacción roja en el punto de la picadura y va disminuyendo progresivamente. Cabe destacar que no debe confundirse con el eritema migratorio de la enfermedad de Lyme, que habitualmente aumenta de tamaño durante varios días y puede adoptar una forma circular o irregular, aunque no siempre presenta el aspecto clásico de una diana7.

Las personas asintomáticas no requieren un análisis de sangre ya que las pruebas pueden ser negativas durante las fases iniciales y no permiten saber si la infección se producirá. Tampoco debe iniciarse un antibiótico por cuenta propia ya que la profilaxis después de una picadura se reserva para determinadas situaciones y debe decidirse mediante valoración profesional, teniendo en cuenta el tipo de garrapata, el tiempo de fijación, la zona y las recomendaciones locales3,8.

En cambio, si durante las siguientes semanas aparecen síntomas como fiebre, malestar importante, dolor de cabeza intenso, dolores musculares, exantema, ganglios aumentados, una escara negra en la zona de la picadura o una lesión roja que se expande, sí que se recomienda la valoración por un profesional. Además, las Rickettsiosis pueden acompañarse de fiebre, exantema y una escara de inoculación, mientras que la Borreliosis de Lyme puede comenzar con eritema migratorio y, en algunos casos, síntomas neurológicos, cardiacos o articulares2,4,7.

También requieren valoración urgente la parálisis facial, dificultad respiratoria, confusión, debilidad marcada, síncope, sangrado anormal, aparición de hematomas sin causa clara o empeoramiento rápido. Por otro lado, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es poco frecuente, pero debe tenerse en cuenta ante fiebre y manifestaciones hemorrágicas después de una exposición compatible, especialmente en zonas de riesgo1,2.

En niños, embarazadas, pacientes inmunodeprimidos o personas con enfermedades importantes puede ser recomendable consultar antes1-3.

En cuanto a la prevención, comienza antes de entrar en una zona con vegetación. Se recomienda utilizar repelentes autorizados, llevar calzado cerrado, pantalón largo y ropa que facilite localizar los artrópodos. En determinadas situaciones puede utilizarse ropa tratada con permetrina, pero no debe aplicarse este producto directamente sobre la piel3.

Después de la actividad se debe revisar todo el cuerpo, prestando especial atención a ingles, axilas, parte posterior de las rodillas, cintura, ombligo, cuero cabelludo y detrás de las orejas. Además, en niños es importante revisar cabeza y cuello. Asimismo, ducharse y cambiarse de ropa facilita la detección, aunque no sustituye una inspección cuidadosa3.

Hay que tener en cuenta que las mascotas también pueden transportar garrapatas al domicilio, por lo que deben utilizar productos veterinarios y ser revisadas después de los paseos. Se recomienda el control de la vegetación y mantener despejadas las zonas de paso alrededor de la vivienda para disminuir el contacto3.

Respecto al papel de la enfermera, puede realizar la extracción, comprobar la integridad de la piel, limpiar la zona y registrar las características de la exposición. Por otra parte, la entrevista debe incluir lugar y fecha, tiempo aproximado de fijación, método de retirada, síntomas actuales, medicación y situaciones especiales. En caso de conservar la garrapata, su envío o identificación dependerá del protocolo asistencial, teniendo en cuenta que el análisis del artrópodo no sustituye la vigilancia clínica1-3.

Asimismo, la educación es una parte fundamental. La persona debe saber qué síntomas vigilar, durante cuánto tiempo y dónde consultar. También conviene corregir prácticas como quemar la garrapata, cubrirla con sustancias o tomar antibióticos sin indicación. En actividades rurales, laborales o deportivas, enfermería puede participar en programas de prevención, formación sobre revisión corporal y disponibilidad de pinzas adecuadas en los botiquines3,5,6.

CONCLUSIONES

La mayoría de las picaduras de garrapata no ocasionan una enfermedad, pero algunas especies pueden transmitir infecciones relevantes, por ello la retirada precoz y correcta es la medida inicial más importante1,2,4.

Así pues, la garrapata debe extraerse con pinzas finas mediante tracción continua, evitando aceites, calor, alcohol y maniobras que retrasen el procedimiento. Después se debe limpiar la zona e informar sobre los signos de alarma3,5,6.

La aparición de fiebre, exantema, escara, eritema que aumenta de tamaño, alteraciones neurológicas o manifestaciones hemorrágicas requiere valoración sanitaria. Por otra parte, la profilaxis antibiótica no debe utilizarse de manera automática ni sin prescripción1-4,7,8.

Una de las medidas más importantes es la prevención con el uso de repelentes, ropa adecuada y una revisión corporal completa después de actividades al aire libre, ya que reducen el riesgo de picaduras y permiten retirar las garrapatas de forma temprana3,5,6.

Finalmente, enfermería tiene un papel clave en la extracción, educación, seguimiento y prevención.

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