Anestesia en cirugía ambulatoria: revisión sistematizada sobre seguridad, recuperación y criterios de alta

16 junio 2026

 

AUTORES

  1. Mario Pablo Hernández. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  2. Sara Cay Melero. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  3. Pedro Luis Vergara Pérez. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Ernest LLuch. Calatayud, Zaragoza, España.
  4. Fernando Carbó Espinosa. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  5. Elena Regla Gómez González. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  6. Carlos Muñoz Burgués. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.
  7. Esther Polo Bardina. Facultativo Especialista del Área de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza, España.

 

RESUMEN

La cirugía ambulatoria es un modelo asistencial consolidado que permite realizar procedimientos diagnósticos o terapéuticos con alta el mismo día, siempre que la selección del paciente, la técnica anestésica, el control del dolor y la recuperación posoperatoria sean seguros. El objetivo de esta revisión fue sintetizar la evidencia reciente sobre selección de pacientes, técnicas anestésicas, analgesia, prevención de náuseas y vómitos, seguridad y criterios de alta en cirugía ambulatoria de adultos. Se realizó una búsqueda bibliográfica en PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, Crossref, páginas editoriales y documentos oficiales hasta el 1 de mayo de 2026, priorizando guías clínicas, consensos, revisiones sistemáticas, ensayos y estudios observacionales publicados entre 2015 y 2026. La idoneidad ambulatoria depende de la interacción entre comorbilidades, procedimiento, técnica anestésica, necesidades analgésicas, soporte domiciliario y recursos del centro. La anestesia regional, la sedación monitorizada, la anestesia intravenosa con propofol y la anestesia general moderna son opciones válidas cuando se individualizan. La recuperación óptima requiere analgesia multimodal ahorradora de opioides, prevención activa de náuseas y vómitos, normotermia, hidratación razonable e instrucciones claras al alta. Los criterios de alta deben ser objetivos e incluir estabilidad fisiológica, control de dolor y náuseas, sangrado aceptable, recuperación motora compatible, acompañante responsable e indicaciones escritas. La cirugía ambulatoria segura no depende de una única técnica, sino de un circuito perioperatorio protocolizado y centrado en el paciente.

PALABRAS CLAVE

Procedimientos quirúrgicos ambulatorios, anestesia, alta del paciente, período postoperatorio.

ABSTRACT

Ambulatory surgery is an established model of care that enables diagnostic or therapeutic procedures with same-day discharge, provided that patient selection, anaesthetic technique, postoperative pain control and recovery are safe. This review aimed to summarize recent evidence on patient selection, anaesthetic techniques, analgesia, prevention of nausea and vomiting, safety and discharge criteria in adult ambulatory surgery. A literature search was conducted in PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, Crossref, publisher websites and official society documents up to May 1, 2026, prioritizing clinical guidelines, consensus statements, systematic reviews, trials and observational studies published between 2015 and 2026. Ambulatory suitability depends on the interaction between comorbidities, procedure, anaesthetic technique, analgesic needs, home support and facility resources. Regional anaesthesia, monitored sedation, propofol-based intravenous anaesthesia and modern general anaesthesia are valid options when individualized. Optimal recovery requires opioid-sparing multimodal analgesia, active prevention of nausea and vomiting, normothermia, reasonable hydration and clear discharge instructions. Discharge criteria should be objective and include physiological stability, acceptable pain and nausea control, controlled bleeding, compatible motor recovery, a responsible escort and written instructions. Safe ambulatory surgery does not depend on a single technique, but on a protocolized perioperative pathway centred on the patient.

KEY WORDS

Ambulatory surgical procedures, anesthesia, patient discharge, postoperative period.

INTRODUCCIÓN

La cirugía ambulatoria ha pasado de ser una alternativa organizativa para procedimientos menores a constituir un componente esencial de la actividad quirúrgica moderna. La mejora de las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, los anestésicos de acción corta, la monitorización, la analgesia multimodal y los circuitos de recuperación han permitido que pacientes cada vez más complejos puedan ser intervenidos sin ingreso convencional. Este cambio aporta ventajas para el paciente y el sistema sanitario: menor exposición al ambiente hospitalario, recuperación en domicilio, uso más eficiente de camas, reducción de costes y potencial mejora de satisfacción. Sin embargo, la seguridad depende de que la indicación ambulatoria sea apropiada y de que el alta no se base solo en la presión asistencial, sino en criterios clínicos verificables1.

El concepto de paciente “apto” para cirugía ambulatoria no se limita a una categoría ASA baja ni a una edad determinada. La idoneidad surge de la relación entre estado basal, comorbilidades optimizadas, procedimiento previsto, técnica anestésica, dolor esperable, riesgo de sangrado, posibilidad de náuseas o vómitos, capacidad de comprender instrucciones y disponibilidad de acompaamiento domiciliario. Una colecistectomia laparoscópica, una artroscopia, una cirugía de pared abdominal o una intervención de mama pueden ser ambulatorias en un paciente y requerir ingreso en otro. Por ello, las revisiones actuales insisten en que la selección es un proceso dinámico y dependiente del contexto, no una lista rígida de exclusiones2.

La anestesiología desempeña un papel central en este modelo. El anestesiólogo participa en la valoración preoperatoria, optimiza medicación y ayuno, elige la técnica más adecuada, reduce eventos adversos, diseña analgesia posoperatoria, previene náuseas y vómitos, supervisa la recuperación y válida el alta. La cirugía ambulatoria segura exige anticipación: un problema pequeño en hospitalización convencional puede convertirse en motivo de ingreso no previsto, consulta urgente o reingreso si aparece en casa sin instrucciones claras.

Los eventos que con más frecuencia retrasan el alta son dolor, náuseas y vómitos, somnolencia, mareo, bloqueo motor prolongado, retención urinaria, sangrado, hipotensión y falta de soporte social. En consecuencia, la calidad del proceso no debe medirse sólo porque el paciente salga el mismo día, sino por recuperación funcional, ausencia de complicaciones, satisfacción, llamadas no programadas y necesidad de atención posterior. Esta revisión aborda los elementos anestésicos que condicionan estos resultados.

OBJETIVOS

El objetivo principal fue revisar de forma sistematizada la evidencia disponible sobre anestesia en cirugía ambulatoria de adultos, con énfasis en seguridad, recuperación y criterios de alta.

Los objetivos específicos fueron: describir criterios de selección de pacientes, sintetizar la utilidad de las principales técnicas anestésicas, revisar estrategias de analgesia y prevención de náuseas y vómitos, identificar aspectos de seguridad perioperatoria, y resumir criterios prácticos de alta domiciliaria aplicables a unidades de cirugía ambulatoria.

METODOLOGÍA

Se realizó una revisión bibliográfica sistematizada de la literatura publicada preferentemente entre enero de 2015 y mayo de 2026. La búsqueda se llevó a cabo en PubMed/MEDLINE, Cochrane Library, Crossref, páginas editoriales y documentos oficiales de sociedades científicas. Se utilizaron términos MeSH y palabras libres: “Ambulatory Surgical Procedures”, “ambulatory surgery”, “day surgery”, “ambulatory anesthesia”, “patient selection”, “post-anesthesia discharge”, “PADSS”, “fast-track recovery”, “postoperative nausea and vomiting”, “postdischarge nausea and vomiting”, “regional anesthesia”, “total intravenous anesthesia”, “postoperative pain”, “obstructive sleep apnea” y “preoperative fasting”.

Se incluyeron guías clínicas, documentos de consenso, revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos y estudios observacionales relevantes en adultos. Se aceptaron publicaciones previas a 2015 cuando eran referencias fundacionales o herramientas aún utilizadas, como la escala PADSS o el consenso SAMBA sobre apnea obstructiva del sueño. Se excluyeron fuentes no verificables, estudios exclusivamente pediátricos, procedimientos sin sedación o anestesia y artículos sin aplicabilidad directa a Anestesiología y Reanimación. La síntesis fue cualitativa por la heterogeneidad de poblaciones, procedimientos, técnicas anestésicas y desenlaces. La estructura se adaptó a las normas editoriales vigentes de Revista Sanitaria de Investigación1.

RESULTADOS

Selección de pacientes:

La selección adecuada es el primer determinante de seguridad. La clasificación ASA ayuda a estimar carga de enfermedad, pero no basta para decidir ambulatoriedad. Pacientes ASA III pueden ser candidatos si sus comorbilidades están estables, el procedimiento tiene bajo riesgo fisiológico, el dolor previsto es manejable con analgesia oral o regional y existe posibilidad de seguimiento. En cambio, pacientes con inestabilidad cardiovascular, enfermedad respiratoria descompensada, fragilidad extrema, deterioro cognitivo sin apoyó, consumo problemático de opioides o necesidad previsible de vigilancia prolongada pueden no ser adecuados, aunque el procedimiento sea corto2.

La apnea obstructiva del sueño merece valoración específica por su relación con obstrucción de vía aérea, hipoxemia y sensibilidad a opioides y sedantes. El consenso de la Society for Ambulatory Anesthesia considera que pacientes con diagnóstico conocido y comorbilidades optimizadas pueden ser intervenidos de forma ambulatoria si pueden utilizar CPAP tras la cirugía. Los pacientes con sospecha basada en herramientas como STOP-Bang también pueden considerarse si las comorbilidades están controladas y el dolor puede manejarse predominantemente con técnicas no opioides3. Esta recomendación desplaza el foco desde “tener apnea” hacia la combinación de gravedad, control clínico, necesidad de opioides y soporte posalta.

La edad avanzada por sí sola no contraindica la cirugía ambulatoria, pero obliga a evaluar fragilidad, polifarmacia, riesgo de delirium, función renal, capacidad funcional y entorno domiciliario. Del mismo modo, la obesidad no debe tratarse como exclusión automática, importan la distribución de comorbilidades, el acceso a vía aérea, la tolerancia respiratoria, el tipo de procedimiento y la capacidad del centro para manejar complicaciones. Los pacientes diabéticos requieren plan de ayuno, medicación y control glucémico que evite hipoglucemia e hiperglucemia significativa.

El procedimiento debe permitir control razonable del dolor, bajo riesgo de sangrado diferido y ausencia de necesidad previsible de monitorización invasiva o cuidados complejos. La distancia al hospital, la disponibilidad de teléfono, la comprensión de instrucciones y la presencia de un adulto responsable tras sedación o anestesia general siguen siendo componentes prácticos del alta segura. La indicación ambulatoria no termina en la consulta preanestésica, debe reevaluarse el día de la cirugía si aparecen infección, descompensación, incumplimiento de ayuno o cambios quirúrgicos.

Preparación preoperatoria y ayuno:

La preparación preoperatoria busca reducir cancelaciones, eventos adversos y retrasos. La consulta debe confirmar diagnósticos, medicación, alergias, antecedentes anestésicos, riesgo de vía aérea, tolerancia al ejercicio, consumo de anticoagulantes, fármacos antidiabéticos, opioides crónicos y disponibilidad de acompañante. En cirugía ambulatoria tiene especial valor que las instrucciones sean simples, escritas y coherentes entre cirugía, anestesia y admisión. Las cancelaciones por ayuno incorrecto, medicación mal manejada o ausencia de acompañante son fallos de sistema, no solo del paciente.

Las guías de ayuno han evolucionado hacia evitar ayunos excesivos. La actualización de la American Society of Anesthesiologists de 2023 aborda bebidas claras con hidratos de carbono, chicle y aspectos pediátricos, y mantiene el principio de que los líquidos claros pueden permitirse hasta pocas horas antes de anestesia en pacientes seleccionados4. En adultos ambulatorios, acortar ayunos innecesarios puede disminuir sed, malestar, cefalea, hipotensión y resistencia insulínica, siempre que se respeten exclusiones como retraso del vaciamiento gástrico, obstrucción, embarazo avanzado, urgencia o riesgo alto de aspiración.

La medicación crónica requiere protocolos locales. Antihipertensivos, antiagregantes, anticoagulantes, antidiabéticos, psicofármacos y agonistas GLP-1 deben manejarse según riesgo de sangrado, aspiración, hipoglucemia, abstinencia o descompensación. La decisión debe comunicarse antes del día quirúrgico para evitar suspensiones excesivas o continuaciones peligrosas.

Técnicas anestésicas:

No existe una técnica universalmente superior para toda cirugía ambulatoria. La técnica óptima es la que permite condiciones quirúrgicas, estabilidad fisiológica, recuperación rápida, bajo riesgo de eventos adversos y analgesia compatible con el alta. La anestesia local con sedación monitorizada es apropiada para numerosos procedimientos superficiales, endoscópicos u oftalmológicos, pero exige tirar sedantes con prudencia: una sedación profunda no planificada puede tener riesgos similares a una anestesia general sin las mismas condiciones de control de vía aérea.

La anestesia general moderna con agentes de baja solubilidad, dispositivos supraglóticos seleccionados, ventilación protectora y fármacos de acción corta puede ofrecer despertar rápido y predecible. La anestesia intravenosa total con propofol resulta atractiva en pacientes con alto riesgo de náuseas y vómitos, susceptibilidad a hipertermia maligna o necesidad de evitar contaminación ambiental por gases, aunque requiere experiencia, bombas fiables y vigilancia de profundidad cuando proceda. La elección entre técnica inhalatoria e intravenosa debe integrar riesgo emético, duración, vía aérea, coste y organización del centro.

La anestesia regional es especialmente útil cuando reduce dolor, opioides, náuseas, somnolencia y estancia en recuperación. Bloqueos periféricos ecoguiados, infiltración local, anestesia neuraxial de corta duración y catéteres perineurales seleccionados pueden facilitar cirugía ambulatoria incluso en procedimientos dolorosos. Un metaanálisis de ensayos aleatorizados comparando regional frente a general mostró ventajas potenciales en dolor, náuseas y uso de recuperación, aunque los bloqueos neuroaxiales centrales podían prolongar el tiempo total por bloqueo motor o micción retardada10. Por ello, el éxito ambulatorio de la regional depende de elegir anestésicos locales, dosis y técnica que permitan analgesia sin retrasar movilidad ni alta.

Los bloqueos periféricos requieren instrucciones específicas al alta: protección de la extremidad insensible, riesgo de caídas, uso de cabestrillo o férula, inicio anticipado de analgesia oral antes de que desaparezca el bloqueo y contacto ante déficit persistente. La analgesia excelente en la unidad de recuperación no debe ocultar el riesgo de “dolor rebote” en domicilio.

Analgesia postoperatoria:

El dolor es una causa principal de retraso de alta, ingreso no previsto y mala experiencia. La estrategia más consistente es la analgesia multimodal ajustada al procedimiento, que combina fármacos y técnicas con mecanismos diferentes para reducir opioides y sus efectos adversos. Las guías de dolor postoperatorio recomiendan planificar el tratamiento desde el preoperatorio, educar al paciente, usar analgesia no opioide programada cuando no esté contraindicada y reservar opioides para rescate proporcional9.

Paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos o inhibidores COX-2 son la base de muchos protocolos. Deben individualizarse en insuficiencia renal, riesgo gastrointestinal, sangrado, asma sensible a AINE, cirugía con preocupación hemostática o enfermedad cardiovascular. La anestesia regional y la infiltración local reducen necesidades opioides y pueden mejorar la tolerancia a la movilización. Coadyuvantes como dexametasona, ketamina en dosis bajas, dexmedetomidina, gabapentinoides o lidocaína intravenosa tienen indicaciones más selectivas, su empleo rutinario debe ponderar sedación, mareo, retraso del alta e interacciones.

Los opioides siguen siendo necesarios en algunos procedimientos, pero su prescripción ambulatoria debe ser limitada, clara y acompañada de medidas contra estreñimiento, somnolencia y náuseas. La cirugía ambulatoria no justifica infratratar dolor, pero tampoco normalizar prescripciones amplias que aumentan eventos adversos y disponibilidad domiciliaria de opioides. Los protocolos de recuperación intensificada y analgesia multimodal han mostrado que es posible reducir exposición opioide sin deteriorar resultados cuando existe educación y seguimiento13,14.

Náuseas, vómitos y recuperación funcional:

Las náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) son especialmente relevantes en cirugía ambulatoria porque retrasan tolerancia oral, movilización y alta, y pueden aparecer después de abandonar el centro. Las guías de consenso recomiendan estratificar riesgo, reducir factores basales y administrar profilaxis multimodal cuando corresponda8. Factores clásicos son sexo femenino, antecedente de NVPO o cinetosis, no tabaquismo y opioides posoperatorios, también influyen cirugía laparoscópica, ginecológica u ORL, anestésicos volátiles, óxido nitroso y dolor.

La prevención debe comenzar con decisiones anestésicas: propofol cuando sea razonable, reducción de opioides, hidratación adecuada y evitación de emetógenos innecesarios. Los antieméticos se eligen por mecanismos complementarios: dexametasona al inicio, antagonistas 5-HT3 al final, droperidol o haloperidol a dosis bajas, escopolamina transdérmica, antagonistas NK1 o estimulación PC6 en pacientes seleccionados. La náusea tras el alta exige considerar duración de acción y pautar rescate oral cuando el riesgo sea alto15.

La fluidoterapia también influye en la recuperación. Una revisión Cochrane abreviada encontró que cristaloides suplementarios probablemente reducen NVPO en pacientes sometidos a anestesia general, aunque la administración debe individualizarse y evitar tanto hipovolemia como sobrecarga12. La normotermia, la movilización progresiva, la retirada de estímulos vestibulares innecesarios y el control de dolor ayudan a disminuir el mareo y malestar.

Seguridad intraoperatoria y postanestésica:

La seguridad en cirugía ambulatoria exige los mismos estándares de monitorización, preparación y respuesta que la cirugía con ingreso. La menor duración de estancia no permite relajar evaluación de vía aérea, disponibilidad de medicación de emergencia, manejo de reacciones alergicas, tratamiento de hemorragia o criterios de traslado. El centro debe seleccionar procedimientos acordes con sus recursos: personal entrenado, recuperación equipada, protocolos de transferencia, acceso a hospitalizacion o derivación urgente y sistema de contacto posalta.

La unidad de recuperación debe recibir información estructurada sobre paciente, procedimiento, anestesia, analgesia, antieméticos, bloqueos, eventos intraoperatorios, drenajes y restricciones. Las guías ASA de cuidados postanestésicos recomiendan monitorizar oxigenación, ventilación, circulación, nivel de conciencia, temperatura, dolor, náuseas, sangrado y recuperación neuromuscular según el caso5. En ambulatoria, esta vigilancia debe orientarse a detectar tanto complicaciones inmediatas como problemas que dificultaron el domicilio.

El ingreso no previsto no debe interpretarse automáticamente como fracaso. En ocasiones es la decisión más segura ante dolor no controlado, hipoxemia, somnolencia persistente, bloqueo motor prolongado, retención urinaria, sangrado, vómitos incoercibles o falta de soporte domiciliario. Lo preocupante no es ingresar a un paciente que no cumple criterios, sino dar de alta a quien necesita observación.

Criterios de alta:

El alta debe basarse en criterios objetivos, documentados y aprobados por el centro. Las escalas como PADSS aportan estructura al valorar signos vitales, actividad, náuseas/vómitos, dolor, sangrado y tolerancia a la salida domiciliaria. En el estudio original, Chung et al. evaluaron un sistema de puntuación para determinar preparación para alta tras cirugía ambulatoria, con umbral habitual de al menos 9 puntos y cumplimiento de criterios clínicos6. Aunque las escalas no sustituyen el juicio médico, reducen la variabilidad y facilitan la comunicación.

Los elementos mínimos incluyen estabilidad hemodinámica y respiratoria, estado mental compatible con instrucciones, dolor controlado con medicación oral o plan regional, náusea y vómito ausentes o manejables, sangrado o drenaje aceptable, movilidad suficiente para el procedimiento, recuperación motora segura si hubo bloqueo, micción cuando esté indicada por técnica o cirugía, ausencia de complicaciones no resueltas y presencia de adulto responsable. Tras anestesia regional de miembro inferior debe confirmarse capacidad de deambulacion segura o disponer de ayudas adecuadas.

Las instrucciones al alta son una intervención de seguridad. Deben explicar analgesia programada y rescate, antieméticos, dieta, actividad, cuidado de heridas, protección de extremidad bloqueada, signos de alarma, teléfono de contacto y circunstancias que obligan a consultar. El paciente no debe conducir, manejar maquinaria, tomar decisiones legales importantes ni consumir alcohol durante el período indicado tras sedación o anestesia. La llamada de seguimiento o sistema de contacto temprano permite detectar dolor rebote, NVPO posalta, sangrado o dudas de medicación.

Las vías de recuperación rápida y bypass de fase I pueden ser útiles en pacientes seleccionados que cumplen criterios desde quirófano, pero la evidencia reciente muestra estudios heterogéneos y de calidad limitada7. Por tanto, el fast-track debe implementarse como protocolo auditado, no como simple reducción de estancia. Sus indicadores deben incluir eventos posalta, reingresos, llamadas no programadas y satisfacción, además de minutos ahorrados en recuperación.

DISCUSIÓN

La evidencia revisada muestra que la cirugía ambulatoria segura es el resultado de un proceso completo, no de una decisión aislada el día de la intervención. La selección de pacientes debe considerar comorbilidades optimizadas, procedimiento, técnica anestésica, dolor esperado, riesgo de NVPO, soporte domiciliario y recursos del centro. Las categorías ASA, edad u obesidad orientan, pero no sustituyen una valoración individual.

La técnica anestésica debe adaptarse al paciente y al procedimiento. Anestesia local con sedación, anestesia general, TIVA y anestesia regional son opciones válidas cuando se aplican con objetivos concretos: estabilidad, condiciones quirúrgicas, despertar rápido, analgesia suficiente y pocos efectos adversos. La anestesia regional aporta ventajas claras en dolor y ahorro opioide, pero debe evitar retrasos por bloqueo motor, retención urinaria o instrucciones insuficientes. La sedación exige la misma vigilancia que cualquier técnica capaz de comprometer ventilación o vía aérea.

La recuperación ambulatoria depende especialmente del control de dolor y NVPO. La analgesia multimodal, el uso racional de bloqueos e infiltración, la reducción de opioides y la profilaxis antiemética basada en riesgo son intervenciones de alto impacto. Un plan excelente en quirófano pierde valor si no se traduce en instrucciones domiciliarias comprensibles, rescate disponible y criterios claros para pedir ayuda.

Los criterios de alta deben ser estructurados, documentados y resistentes a la presión por liberar puestos. Escalas como PADSS ayudan a objetivar recuperación, pero el alta final debe integrar juicio clínico y contexto social. La estabilidad fisiológica, el control de síntomas, la recuperación compatible con movilidad segura, la ausencia de sangrado relevante, el acompañante responsable y las instrucciones escritas son elementos esenciales.

CONCLUSIONES

En conclusión, la anestesia en cirugía ambulatoria requiere una cultura de anticipación. La seguridad se construye desde la selección preoperatoria hasta el seguimiento posalta, integrando técnica anestésica individualizada, analgesia ahorradora de opioides, prevención de NVPO, monitorización adecuada y criterios de alta objetivos. Este enfoque permite ampliar la cirugía ambulatoria sin desplazar riesgo al domicilio del paciente.

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no presentar conflictos de interés.

FINANCIACIÓN

Sin financiación externa.

CONSIDERACIONES ÉTICAS

No se realizaron experimentos en humanos ni animales para esta revisión. No se incluyen casos clínicos, datos identificables ni imágenes de pacientes.

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