AUTORES
- Cristina Gracia Piqueras. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Noelia Hernández Lafuente. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Lydia Gómez Morante. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
- Alba López Mendieta. Enfermera. Zaragoza. Aragón. España.
RESUMEN
El virus de la hepatitis B (VHB) puede causar una infección aguda o crónica, y en muchos casos evoluciona hacia enfermedades hepáticas graves como cirrosis o cáncer de hígado. Se transmite principalmente por contacto con sangre o fluidos corporales, siendo las vías más comunes la transmisión perinatal, relaciones sexuales sin protección, y el uso compartido de jeringas.
El virus pertenece a la familia Hepadnaviridae y su genoma de ADN parcialmente doble cadena codifica diversas proteínas virales. A pesar de existir una vacuna eficaz desde los años 80, las tasas de vacunación insuficientes, especialmente en África y Asia-Pacífico, dificultan su erradicación. Los síntomas suelen ser inespecíficos o ausentes, lo que retrasa el diagnóstico y tratamiento. Solo una pequeña proporción de los infectados conocen su condición.
No existe cura definitiva, pero tratamientos antivirales como tenofovir o entecavir ayudan a controlar la replicación viral. La detección precoz y la vacunación universal son claves para prevenir la enfermedad. para reducir el impacto global del VHB.
PALABRAS CLAVE
Hepatitis B, tratamiento, transmisión, vacuna.
ABSTRACT
The hepatitis B virus (HBV) can cause acute or chronic infection, and in many cases it evolves into serious liver diseases such as cirrhosis or liver cancer. It is transmitted mainly by contact with blood or body fluids, the most common routes being perinatal transmission, unprotected sex and needle sharing.
The virus belongs to the family Hepadnaviridae and its partially double-stranded DNA genome encodes various viral proteins. Although an effective vaccine has been available since the 1980s, inadequate vaccination rates, especially in Africa and Asia-Pacific, make eradication difficult. Symptoms are often nonspecific or absent, delaying diagnosis and treatment. Only a small proportion of those infected know their condition.
There is no definitive cure, but antiviral treatments like tenofovir or entecavir help control viral replication. Early detection and universal vaccination are key to preventing the disease. to reduce the overall impact of HBV.
KEY WORDS
Hepatitis B, treatment, transmisión, vaccine.
DESARROLLO DEL TEMA
El hígado es un órgano multifuncional importante en el cuerpo y desempeña varias funciones metabólicas e inmunológicas, lo que hace que su mal funcionamiento sea fatal. Aunque existen diversas estrategias terapéuticas, una de las mejores opciones para el tratamiento en infecciones hepáticas terminales es el trasplante de hígado1.
El término hepatitis se utiliza para describir la totalidad de la inflamación hepática. Aunque el daño hepático puede ser el resultado de un esfuerzo excesivo del sistema inmunitario, puede ser desencadenado por un agente extraño comúnmente de etiología viral1.
La causa más común de hepatitis viral es el virus de la hepatitis B (VHB), que es una de las principales causas de enfermedad hepática terminal en todo el mundo1. Puede causar una infección aguda (a corto plazo) o crónica (a largo plazo)5. Aunque existe una vacuna eficaz contra la infección por el VHB, siguen produciéndose nuevas infecciones debido en parte a la limitada cobertura de vacunación y a la accesibilidad, disponibilidad y costo de las vacunas en las regiones más afectadas1
El virus de la hepatitis B (VHB) es un patógeno que se transmite por la sangre. La hepatitis B crónica puede progresar a un estado portador inactivo, y luego, en algunos pacientes, dar lugar a cirrosis y cáncer del hígado, lo que conduce a la muerte. Una vacuna antigénica de superficie contra el VHB es eficaz, pero los tratamientos no son curativos1,2.
FORMA DEL VIRUS:
El virus de la hepatitis B (VHB) es el prototipo del virus de la familia Hepadnaviridae. Los miembros de esta familia son virus de ADN hepatotrópico conocidos por infectar aves (aviepadnavirus) y mamíferos (orthohepadnaviruses)1,3.
El material de ácido nucleico viral es un ADN circular, parcialmente de doble cadena, organizado en cuatro marcos de lectura abiertos (ORFs) superpuestos. Los ORF codifican el antígeno de superficie (HBsAg), el antígeno central (HBcAg), la polimerasa y las proteínas X (HBxAg)1.
En el suero de las personas infectadas se observan generalmente tres tipos de partículas del virus VHB, el virión infeccioso, también conocido como partícula de Dane, y está formado por HBsAg incrustado en una envoltura lipídica que envuelve al nucleocápside viral que contiene una transcriptasa inversa unida al material ácido nucleico. Las otras dos son partículas subvirales, filamentosas y de forma esférica, ambas con HBsAg incrustadas en una membrana lipídica derivada del huésped, pero sin ADN viral1.
EPIDEMIOLOGÍA:
La infección por el VHB es una importante carga para la salud mundial. En 2019, se estima que 296 millones de personas estaban infectadas crónicamente y más de 820.000 muertes en el mundo estaban relacionadas con el VHB. Unos 30 millones de personas se infectan con el VHB cada año, menos del 10% de las personas infectadas son diagnosticadas y solo alrededor del 1% pueden acceder al tratamiento1,2.
La carga de la enfermedad está desproporcionadamente distribuida, y África y Asia-Pacífico contribuyen conjuntamente con el 68% de la carga mundial1,2, lo que se atribuye a la laxitud de las políticas de vacunación y a la ausencia de una vigilancia continua en las zonas más afectadas de África. La mayoría de estas infecciones se producen en la primera infancia, ya sea por transmisión vertical de una madre infectada con hepatitis B a su hijo o por transmisión horizontal durante los primeros cinco años de vida por contacto con familiares o amigos cercanos infectados1.
PATOGENIA:
El VHB puede adquirirse a través de dos vías principales: perinatalmente, desde las madres infectadas hasta sus recién nacidos, lo que representa la mayoría de los casos en todo el mundo; y transmisión horizontal por contacto con los fluidos corporales de una persona infectada (equipos para perforar el cuerpo, tatuajes e inyecciones por consumo de drogas)1,2,4. Se puede transmitir el VHB a otras personas, incluso si no tiene ningún síntoma. Toda la sangre que se usa en las transfusiones se examina, por lo que la probabilidad de contraer el virus de esta manera es muy baja4.
Cualquiera puede contraer hepatitis B, pero el riesgo es mayor para 2,4.
- Bebés nacidos de madres con hepatitis B.
- Personas que se inyectan drogas o comparten agujas, jeringas y otros tipos de dispositivos para drogas.
- Compañeros sexuales de personas con hepatitis B, especialmente si no usan condones de látex o poliuretano durante las relaciones sexuales.
- Hombres que tienen sexo con hombres.
- Personas que viven con alguien que tiene hepatitis B, especialmente si usan la misma máquina de afeitar, cepillo de dientes o cortaúñas.
- Trabajadores de la salud y seguridad pública que están expuestos a sangre en su labor.
- Pacientes en hemodiálisis.
- Personas que han vivido o viajado con frecuencia a partes del mundo donde la hepatitis B es común.
- Personas con diabetes, hepatitis C o VIH.
En general, no se comprenden plenamente los mecanismos por los cuales el VHB accede y gana acceso a los hepatocitos. Los proteoglicanos de sulfato de heparano (HSG’s), el péptido cotransportador de taurocolato sódico (NTCP) y el receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR) son algunos de los receptores que median esta internalización aunque probablemente haya otros. Los estudios a fondo de estas interacciones con los receptores podrían contribuir significativamente a encontrar una cura para el VHB mediante la inhibición de la propagación viral dentro del hígado1.
Después de la internalización, el virus se desenvuelve y libera su nucleocápside en el citoplasma seguido por la liberación del genoma en el núcleo hepatocito. Como resultado, el VHB sale de las células infectadas sin causar cambios citotóxicos dentro del hepatocito, aunque otros cambios celulares que ocurren tienden a aumentar el riesgo de lesión hepática y carcinoma hepatocelular5.
Se dice que el principal culpable del daño hepático en la infección por VHB es el sistema inmunitario, donde la respuesta específica de las células T del VHB iniciada para el aclaramiento viral está desregulada1. A diferencia de la infección aguda, los portadores crónicos contienen solo un bajo nivel de actividad de células T específicas del antígeno central del VHB, lo que contribuye a la falta de depuración viral5.
Otros microbios pueden co-infectar el hígado junto con el VHB, como los virus de la hepatitis A, C, D y E. Además, el VHB puede coocurrir con afecciones hepáticas no transmisibles como la esteatohepatitis y la enfermedad hepática alcohólica1.
CLÍNICA:
A menudo, las personas con hepatitis B no presentan síntomas. Los adultos y los niños mayores de 5 años tienen más probabilidades de presentar síntomas que los niños más pequeños5.
Algunas personas con hepatitis B aguda presentan síntomas de 2 a 5 meses después de la infección y entre estos se pueden incluir 2,4:
- Orina de color amarillo oscuro.
- Diarrea.
- Fatiga.
- Fiebre.
- Heces de color gris o arcilla.
- Dolor en las articulaciones.
- Pérdida del apetito.
- Náuseas y vómitos.
- Dolor abdominal.
- Ojos y piel amarillentos, conocido como ictericia.
Si tiene hepatitis B crónica, es posible que no tenga síntomas (desconociendo que estén infectadas) hasta que se desarrollen complicaciones, pudiendo suceder décadas después de la infección, puede sentirse enfermo durante un período de días o semanas o puede resultar muy enfermo con gran rapidez (hepatitis fulminante). Por ello, la detección de la hepatitis B es importante, incluso si no tiene síntomas2,4.
Con el tiempo, algunas personas pueden presentar síntomas de daño hepático crónico y cirrosis del hígado6. Hay cada vez más pruebas de que la infección oculta por el VHB está asociada con una enfermedad hepática crónica avanzada, especialmente el carcinoma hepatocelular6.
DIAGNÓSTICO:
Para diagnosticar la hepatitis B, su profesional de la salud puede usar muchas herramientas2:
- Su historial médico, incluyendo preguntas sobre sus síntomas.
- Un examen físico.
- Análisis de sangre, incluyendo pruebas de hepatitis viral.
Una serie de exámenes de sangre, llamados pruebas analíticas para la hepatitis viral, se realizan cuando hay sospecha de hepatitis y pueden ayudar a detectar una nueva infección, una infección pasada que sigue activa o una infección pasada que ya no sigue activa4.
También se puede realizar un examen para medir el nivel de VHB en la sangre (carga viral), permitiendo este también ver cómo está funcionando el tratamiento. A menudo, también se recomiendan pruebas de diagnóstico por imágenes, tales como ultrasonido, IRM y otras4.
Los siguientes exámenes se realizan para buscar daño en el hígado si se padece hepatitis B crónica4:
- Nivel de albúmina.
- Pruebas de la función hepática.
- Tiempo de protrombina.
- Otras pruebas de sangre se pueden usar para evaluar la cantidad de cicatrices que tiene en el hígado.
Solo el 10% de las personas infectadas crónicamente sabían que estaban infectadas en 2019, lo que sugiere la urgente necesidad de estrategias más eficaces para identificar y tratar a las personas infectadas, como con la realización de pruebas iniciales de diagnóstico rápido, sobre todo en poblaciones de riesgo. Sin embargo, estas estrategias de prueba corren el riesgo de perder la infección oculta por VHB, definida como la presencia de ADN del VHB con capacidad de replicación en el tejido hepático o en la sangre de individuos que han dado negativo para HBsAg utilizando un inmunoensayo quimioluminiscente o ELISA6.
TRATAMIENTO:
Actualmente, no hay cura para la infección por VHB y las opciones de tratamiento disponibles funcionan principalmente para reducir la carga viral de modo que el daño hepático se puede ralentizar al mínimo. Por lo tanto, el VHB crónico es una infección de por vida, aunque, en casos agudos, el sistema inmunitario puede eliminar la infección completamente, aunque también depende del estadio de la infección y la edad del paciente cuando se inicia la infección1.
Si tiene hepatitis B aguda, es probable que no necesite tratamiento, así como algunas personas con hepatitis B crónica tampoco lo necesitan. Pero si tiene una infección crónica y los análisis de sangre muestran que la hepatitis B podría estar dañando su hígado, es posible que deban tomar medicamentos antivirales 1,2.
El tratamiento dura de seis meses a un año, dependiendo del medicamento y el genotipo. Estos medicamentos autorizados pueden disminuir o eliminar el VHB de la sangre, por inhibición de replicación viral, incluyéndose las píldoras de tenofovir, entecavir, adefovir, disoproxil, telbivudina y lamivudina y los dos moduladores del sistema inmunitario interferón alfa-2a e interferón alfa-2a de PEGilato. En 2015, la Organización Mundial de la Salud recomendó tenofovir o entecavir como agente de primera línea1,3,4.
No siempre es claro qué personas con hepatitis B crónica deben recibir tratamiento farmacológico y cuándo se debe iniciar, pero hay más posibilidades si tiene si el funcionamiento del hígado empeora rápidamente, manifiesta síntomas de daño al hígado a largo plazo (elevación de aminotransferasa en suero), tiene niveles altos del VHB en la sangre o está embarazada, reduciendo así también el riesgo de cirrosis y cáncer de hígado1,4.
La eliminación del VHB puede definirse por la supresión completa de los niveles de ADN del VHB, la pérdida de HBsAg y la seroconversión a anticuerpos anti-HBs después de detener la terapia antiviral1.
PREVENCIÓN:
Un hito histórico en la investigación sobre el VHB fue la introducción de la vacuna derivada del plasma a principios de los años ochenta3. Es una vacuna altamente eficaz que ha desempeñado un papel fundamental en las estrategias de los programas mundiales de control desde su desarrollo, disminuyendo la incidencia y la mortalidad1.
La mejor manera de prevenir la hepatitis B es vacunándose, recomendándole tanto en niños como adultos, sobre todo los de alto riesgo4.
- Los bebés deben recibir su primera dosis de la vacuna contra la hepatitis B al nacer. Deben recibir las 3 vacunas de la serie a la edad de 6 a 18 meses.
- Los niños menores de 19 años que no hayan sido vacunados deben recibir dosis «de recuperación».
- Los trabajadores de la salud y aquellos que conviven con alguien con hepatitis B deben recibir la vacuna.
- Los bebés nacidos de madres que tengan hepatitis B aguda o que hayan tenido la infección en el pasado deben recibir una vacuna especial contra la hepatitis B dentro de las 12 horas posteriores al nacimiento.
La vacuna o la inyección de inmunoglobulina contra la hepatitis B (IGHB) pueden ayudar a prevenir la infección si se recibe dentro de las 24 horas posteriores al contacto con el virus, pero también son muy importantes aquellas medidas para evitar el contacto con la sangre y los líquidos corporales, evitando la propagación de una persona a otra6. La vacunación no puede ayudar a los que ya están infectados 1.
CONCLUSIONES
La hepatitis B continúa siendo una de las infecciones virales más relevantes a nivel mundial por su alta prevalencia, su potencial evolución hacia enfermedades hepáticas graves y su impacto en la salud pública, especialmente en regiones con escasa cobertura vacunal. A pesar de contar con una vacuna segura y eficaz, la baja accesibilidad a programas de inmunización en zonas vulnerables impide su control efectivo.
El diagnóstico precoz sigue siendo un desafío, ya que la mayoría de las personas infectadas no presentan síntomas evidentes. La detección temprana es fundamental para reducir la transmisión y evitar complicaciones a largo plazo como cirrosis y carcinoma hepatocelular. Por ello, es crucial reforzar las estrategias de cribado, especialmente en grupos de alto riesgo.
Aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos antivirales actuales permiten controlar la replicación del virus y disminuir el daño hepático. Sin embargo, es necesaria una mayor inversión en investigación para desarrollar terapias curativas.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz, y debe estar acompañada de campañas de sensibilización, mejoras en el acceso a la vacunación y fortalecimiento de las políticas de salud pública. Solo mediante un enfoque integral será posible reducir la carga global de la hepatitis B.
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