AUTORES
- Alicia Peralta Casais. Graduada en Enfermería. Enfermera de Nutrición y Dietética en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
- Javier Gimeno Elías. Graduado en Enfermería. Enfermero de Atención Primaria en Centro de Salud Delicias Norte, Zaragoza.
- Marina Bueno Pardo. Graduada en Enfermería. Enfermera de Quirófano en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza.
- Paula Ballestero Hernando. Graduada en Enfermería. Enfermera en Unidad de Reproducción Asistida en el Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Myriam Gaudioso Cameo. Graduada en Enfermería. Enfermera de UCI Polivalente en el Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
- Alba Castejón Martín. Graduada en Enfermería. Enfermera de Cirugía Vascular en el Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza.
RESUMEN
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son un conjunto de enfermedades de salud mental asociadas a una percepción distorsionada de la autoimagen en relación con alteraciones en el comportamiento y una preocupación excesiva por el peso y la figura.
Este tipo de trastornos no tienen una etiología conocida, aunque se asocian a numerosos factores, que interactúan conjuntamente ayudando a su aparición y mantenimiento. Hay que tener en cuenta los factores de riesgo implicados en el desarrollo de un TCA para poder identificar a los adolescentes vulnerables. Los medios de comunicación y las redes sociales son un factor de riesgo muy importante en la actualidad, debido a su influencia.
En cuanto a la prevención, debemos centrarnos en la detección precoz, ya que una intervención temprana mejora notablemente los resultados, por lo que es esencial el inicio rápido del tratamiento y una atención especializada.
La presencia de estos trastornos afecta al paciente en muchos ámbitos de su vida, por lo que su enfoque terapéutico debe ser multidisciplinar. Además, es fundamental la prevención basada en la familia y las actuaciones de enfermería, dejando ver la necesidad de implantar figuras en ámbitos escolares y sanitarios.
PALABRAS CLAVE
Trastornos de la alimentación, adolescentes, enfermería, prevención.
ABSTRACT
Eating disorders (EDs) are a group of mental health illnesses associated with a distorted perception of self-image in relation to behavioral changes and excessive concern about weight and body shape.
These types of disorders do not have a known etiology, although they are associated with numerous factors that interact together to contribute to their onset and maintenance. It is important to consider the risk factors involved in the development of an ED in order to identify vulnerable adolescents. The media and social networks are currently a very important risk factor due to their influence.
In terms of prevention, the focus should be on early detection, as early intervention significantly improves outcomes, making it essential to start treatment quickly and provide specialized care.
The presence of these disorders affects the patient in many areas of their life, so a multidisciplinary therapeutic approach is necessary. Additionally, family-based prevention and nursing interventions are fundamental, highlighting the need to implement figures in school and healthcare settings.
KEY WORDS
Eating disorders, adolescents, nursing, prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
La relación del ser humano con los alimentos, conocida como conducta alimentaria, se forma a través de experiencias directas con los alimentos en el entorno familiar y social, así como por influencia de tradiciones culturales, estatus social y disponibilidad de alimentos1.
Los trastornos de la conducta alimentaria provocan un deterioro significativo en la salud física y el funcionamiento psicosocial, representando un desafío importante para la salud pública debido a su complejidad diagnóstica, alta prevalencia y gravedad, necesidad de tratamiento prolongado con intervención interdisciplinar, posibles recaídas y riesgo de cronicidad 2.
En la actualidad, los trastornos de la conducta alimentaria son uno de los principales problemas de salud mental en jóvenes, siendo la Anorexia Nerviosa (AN) la tercera enfermedad crónica más común en adolescentes después de la obesidad y el asma. Es de vital importancia, debido al incremento de casos de trastornos alimenticios en adolescentes, enfocarnos en la prevención y detección de los principales factores de riesgo asociados3.
La AN se caracteriza por un intenso temor a aumentar de peso y una obsesión por mantenerse delgado/a a través de prácticas restrictivas voluntarias (como dietas estrictas) y, en algunos casos, comportamientos purgativos4.
En la Bulimia Nerviosa, se producen episodios de ingesta excesiva de alimentos seguidos por conductas compensatorias inapropiadas repetidas (como vómitos autoinducidos o abuso de laxantes) para evitar el aumento de peso4.
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS:
Criterios Diagnósticos de Anorexia Nerviosa según el DSM-V5,6:
- Limitación de la ingesta energética relacionada con las necesidades, lo que lleva a un bajo peso corporal en relación con la edad, el sexo, el curso del desarrollo y la salud física.
- Fuerte miedo a la ganancia de peso, o comportamiento obstinado que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo.
- Alteración en la propia imagen o peso, además de una alta influencia del peso o constitución en la evaluación propia, o falta de reconocimiento constante de la gravedad de su peso bajo actual.
Criterios Diagnósticos de Bulimia Nerviosa según el DSM-V5,6:
- Repetidos episodios de atracones. Un episodio de atracón se caracteriza por lo siguiente:
- Ingestión de una cantidad de alimentos superior a la que comerían la mayoría de las personas en un tiempo similar en circunstancias parecidas.
- Sensación de falta de control sobre la comida durante el episodio.
- Conductas compensatorias inapropiadas repetidas para frenar el aumento de peso recurrentes (vómito provocado, uso de laxantes y diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo).
- Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas se producen al menos una vez a la semana durante tres meses aproximadamente.
- La autoevaluación se ve influida por la constitución y el peso corporal.
- La alteración no se produce únicamente durante los episodios de anorexia nerviosa.
Se ha demostrado que una rápida intervención mejora significativamente los resultados, por lo tanto, es crucial comenzar rápidamente el tratamiento y proporcionar atención especializada en estos trastornos. Para casos leves o moderados, el primer paso es un tratamiento psicológico ambulatorio que involucre a los familiares de manera apropiada para la edad del paciente. En contraste, si existe un alto riesgo médico o psicológico, o si no hay respuesta al tratamiento ambulatorio, se puede aumentar la intensidad de la atención a través de instalaciones de día, extensión o pacientes hospitalizados. Los trastornos alimentarios varían ampliamente en su presentación y gravedad, por lo que es esencial personalizar el tratamiento. Se requiere un enfoque multidisciplinar y especializado7.
Los objetivos terapéuticos principales son: prevenir la muerte del paciente, evitar la cronicidad de la enfermedad y comenzar la recuperación física y mental lo antes posible. Estos objetivos deben ser específicos para cada individuo, realistas y adaptados a la situación del paciente para una elección óptima8.
La efectividad de las estrategias motivacionales en el tratamiento de los trastornos alimentarios se refleja en una mayor adherencia al tratamiento y un impacto positivo tanto en las familias de los adolescentes como en la reducción de las conductas purgativas en los jóvenes9.
Para iniciar el proceso de realimentación, es esencial establecer un acuerdo terapéutico con el paciente, utilizando gráficos de altura y peso para explicar su situación. Se debe proporcionar educación nutricional para mejorar la relación del paciente con la comida y un plan dietético personalizado para promover hábitos alimentarios saludables y abordar conductas compulsivas8.
Es importante adaptar el plan nutricional según el trastorno alimentario y la condición del paciente, priorizando la recuperación del peso y estado nutricional adecuados. En casos graves, se puede recurrir a la nutrición artificial de forma progresiva si el paciente no fuera capaz de llegar a los requerimientos nutricionales necesarios8.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO/HORMONAL:
Las alteraciones hormonales que presentan estos pacientes son consecuencia de la propia enfermedad y en su mayoría, se normalizan tras la recuperación nutricional. Con presencia de pérdida de la masa ósea si estuviese indicado el tratamiento, ya que la recuperación nutricional no va a ser suficiente para la recuperación de la masa7,8.
El tratamiento farmacológico no es imprescindible, pero puede ser de utilidad cuando se ha conseguido la nutrición adecuada y aparecen síntomas de depresión, ansiedad o conducta obsesivo-compulsiva10.
Las intervenciones basadas en la familia y centradas en los trastornos alimentarios se recomiendan en adolescentes como tratamientos de primera línea por parte de expertos.
El principal objetivo del tratamiento psiquiátrico es abordar la psicopatología específica de la alteración, que incluye: patrones alimentarios anormales, miedo a aumentar de peso, percepción distorsionada de la imagen corporal, problemas para comprender el peso, el cuerpo y los alimentos, baja autoestima, dificultad en las relaciones familiares y sociales, así como trastornos psicológicos asociados (ansiedad, depresión, síntomas obsesivo-compulsivos)10.
Para conseguir una adecuada salud ósea en pacientes con TCA, es esencial la práctica de ejercicio físico, ya que incrementa la densidad mineral ósea. Las pautas y recomendaciones en este tipo de pacientes son muy controvertidas debido a que la actividad física combinada con la malnutrición puede incrementar la pérdida de peso. Por ello, es fundamental informar y educar al paciente de su correcto manejo10.
Se han introducido numerosas técnicas novedosas (incluida la remediación cognitiva y emocional y varios tratamientos dirigidos al cerebro) para reducir los hábitos de los trastornos alimentarios y promover un nuevo aprendizaje, pero todavía se encuentran en investigación y necesitan ser probadas en un mayor número de casos7.
PREVENCIÓN EN EL ÁMBITO FAMILIAR:
Un enfoque óptimo en la prevención de los TCA se centra en la modificación del estilo de vida basada en la familia. Es necesario, educar y motivar a los padres para ser modelos a seguir saludables, estimulando actitudes positivas hacia los alimentos, seguir las recomendaciones de las guías alimentarias (tener en cuenta los gustos personales de alimentación), promover dietas variadas y equilibradas respetando la calidad y cantidad recomendadas facilitando el acceso a alimentos saludables (frutas, verduras, granos integrales…) y limitándolo a alimentos perjudiciales como bebidas azucaradas9,11.
Las comidas familiares, caseras y con pocas distracciones son conductas preventivas de la malnutrición y los trastornos alimentarios en adolescentes. La dinámica familiar influye en la probabilidad de desarrollar estos trastornos, destacando la importancia de la calidad del funcionamiento y la comunicación familiar11,12.
Proporcionar seguridad, cariño, respeto y límites fortalece el desarrollo personal de los adolescentes y previene estos trastornos. La implicación de la familia en programas de educación nutricional mejora el conocimiento sobre alimentación y salud, siendo crucial para facilitar cambios en los hábitos alimenticios de los jóvenes13.
Con todo esto, podríamos afirmar que los TCA podrían entenderse como un síntoma de disfunción familiar.
PREVENCIÓN BASADA EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y REDES SOCIALES:
En los últimos tiempos, ha habido un aumento significativo en el uso de las redes sociales e internet, y tras la pandemia, las nuevas tecnologías han adquirido una importancia aún mayor (como el teletrabajo y la educación online). Las redes sociales son más populares entre los jóvenes y adolescentes, quienes se encuentran en una etapa de vulnerabilidad durante su desarrollo. Para aquellas personas con baja autoestima y tendencia al perfeccionismo, el uso de las redes sociales puede tener consecuencias negativas14.
Por lo tanto, las redes sociales y los medios de comunicación representan un factor de riesgo importante debido a su gran influencia. Cuanto más tiempo se pase expuesto a contenidos en redes sociales, mayor es el riesgo de desarrollar TCA, ya que esto puede generar una imagen corporal negativa e insatisfacción con uno mismo. La insatisfacción corporal suele ser un síntoma temprano de la presencia de TCA, que a menudo surgen por desajustes emocionales causados por los estándares de belleza socialmente aceptados15.
Se ha observado que limitar el tiempo frente a pantallas a menos de 2 horas al día (y preferiblemente evitar tener un televisor en la habitación del adolescente) puede reducir el riesgo de desarrollar un TCA en los adolescentes11.
PREVENCIÓN BASADA EN LA DISONANCIA COGNITIVA:
Se proponen estrategias de prevención tales como, la realización de un programa en el que a través de material audiovisual (vídeos, fotos y gráficos) se muestre la discordancia entre la forma de verse y la realidad física en la que se encuentra, con el objetivo de hacer ver a los individuos la realidad y así, poder asumir el problema e intentan ponerle solución16.
La prevención se lleva a cabo en tres niveles16,17:
PREVENCIÓN PRIMARIA:
Es el conjunto de intervenciones que pueden realizarse antes del desarrollo de la enfermedad y buscan eliminar o minimizar los factores de riesgo en adolescentes. Las principales estrategias son de carácter educativo y se centran en:
• Información a la población general y en particular a la población de riesgo.
• Identificación de grupos de riesgo.
• Actuaciones dirigidas a modificar aquellas conductas que podrían favorecer el comienzo de la enfermedad.
• Intervenciones sobre los estereotipos culturales, adelgazamiento y belleza.
PREVENCIÓN SECUNDARIA:
Consiste en identificar la enfermedad y plantear el diagnóstico y tratamiento más adecuado.
PREVENCIÓN TERCIARIA:
Busca prevenir complicaciones durante el tratamiento y evitar las recaídas.
Los programas preventivos requieren ser activos, adaptables y participativos, pudiendo implementarse en diversos entornos. Deben abordar la disminución de los elementos de riesgo relacionados tanto con los trastornos alimentarios como con el incremento de peso gradual a lo largo del tiempo, y deben ser aplicados desde la adolescencia hasta la etapa adulta temprana, abarcando políticas en ámbitos educativos, laborales y campañas en la comunidad16,18.
PREVENCIÓN DESDE LA COMUNIDAD EDUCATIVA:
En la actualidad, hay escasa información sobre la importancia de una autoestima positiva y una percepción adecuada de uno mismo durante la adolescencia. La comunidad educativa necesita estar informada y capacitada para prevenir los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En España, existen diversas asociaciones y fundaciones dedicadas específicamente a abordar y prevenir los TCA mediante actividades de investigación, seminarios, conferencias y grupos de apoyo, tanto para estudiantes como para docentes, con el fin de crear conciencia sobre los riesgos y las repercusiones de estos trastornos en la salud y la sociedad19.
Además, la enfermera escolar desempeña un papel crucial en la prevención dentro del entorno educativo, contribuyendo al bienestar físico, mental y social de la comunidad escolar. Aunque existe debate sobre su necesidad, la implementación de este recurso ayudaría significativamente a promover hábitos saludables y fortalecer la autoestima entre los adolescentes, facilitando la detección temprana de los trastornos. La presencia de enfermeras escolares también proporciona mayor tranquilidad a los padres al contar con un profesional que pueda abordar tanto problemas de salud inmediatos como crónicos, y brindar educación sanitaria a toda la comunidad escolar20.
Los trastornos de la conducta alimentaria están en aumento en la adolescencia, siendo mayor su prevalencia en mujeres. Los TCA deben de ser abordados desde una perspectiva preventiva y se debe de realizar a través de un programa multidisciplinar, teniendo además en cuenta su etiología multicausal (factores individuales, socioculturales y familiares).
Los estudios realizados apoyan la existencia de la necesidad de promover estrategias de prevención primaria y escolar dirigidos a la población de mayor riesgo con la finalidad de frenar el aumento de sufrir estos trastornos.
La enfermería juega un papel importante en la detección precoz a través de la valoración de los factores de riesgo y la educación a la población. Además, las intervenciones enfermeras deben dirigirse también a la familia, ya que se considera que la intervención familiar es un factor clave en el proceso de prevención y recuperación de la enfermedad.
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