- Óscar Fernández Alquezar. Graduado en Enfermería. Graduado en Fisioterapia. Enfermero en Urgencias y Emergencias de la Gerencia 061 Aragón, España.
- Víctor Gracia Alonso. Graduado en Enfermería. Enfermero de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- M. Inmaculada Muniesa Navarro. Enfermera Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermera de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Alberto Salesa Albalate. Enfermero Especialista en Familiar y Comunitaria. Enfermero de Atención Primaria en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Lorena Chaves Bermejo. Graduada en Enfermería. Enfermera de Atención Continuada en el Servicio Aragonés de Salud, Centro de Salud Muniesa (Teruel), España.
- Marta Pastor Sanz. Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Máster en Salud Pública por la Universidad de Zaragoza. Centro de Salud María de Huerva, Zaragoza, España.
RESUMEN
Las caídas en adultos mayores constituyen un problema de salud pública de alta relevancia a nivel mundial debido a las consecuencias físicas, psicológicas y económicas que provocan. Estas caídas no solo afectan la salud física, si no que provocan fracturas y lesiones, también afectan la salud emocional y la calidad de vida del adulto mayor. La sensación de inseguridad o miedo a volver a caer puede llevar a la limitación de la movilidad, aislamiento social y, en consecuencia, a un deterioro funcional progresivo. Este artículo monográfico revisa la prevalencia, las causas y las estrategias de prevención basadas en evidencia científica reciente, considerando también los determinantes sociales y económicos que influyen en la ocurrencia y manejo de las caídas en esta población.
PALABRAS CLAVE
Caídas, prevalencia, causas, prevención.
ABSTRACT
Falls in older adults constitute a highly significant public health problem worldwide due to the physical, psychological, and economic consequences they cause. These falls not only affect physical health, but also cause fractures and injuries. They also affect older adults’ emotional health and quality of life. The feeling of insecurity or fear of falling again can lead to limited mobility, social isolation, and, consequently, progressive functional decline. This special article reviews the prevalence, causes, and prevention strategies based on recent scientific evidence, also considering the social and economic determinants that influence the occurrence and management of falls in this population.
KEY WORDS
Falls, prevalence, causes, prevention.
DESARROLLO DEL TEMA
Con el envejecimiento de la población mundial, las caídas en personas mayores de 65 años se han convertido en una de las principales causas de lesiones, pérdida de autonomía y mortalidad. Se estima que, en todo el mundo, cerca de un tercio de los adultos mayores experimenta al menos una caída cada año¹. Las caídas son responsables del 40% de todas las muertes por lesiones en este grupo etario y son una causa importante de discapacidad². Estas estadísticas son alarmantes, ya que las consecuencias de una caída pueden ser devastadoras, desde fracturas de cadera y traumatismos craneoencefálicos hasta la institucionalización permanente.
Las caídas no son una parte inevitable del envejecimiento. La mayoría de ellas son prevenibles si se identifican y modifican los factores de riesgo, lo cual requiere una intervención oportuna y multifactorial. Por ello, es fundamental comprender su prevalencia, los factores causales y las estrategias preventivas eficaces.
Prevalencia:
La prevalencia de caídas en adultos mayores varía según el entorno, el estado de salud, y los factores sociales y ambientales. En los adultos mayores que viven en la comunidad, se estima que entre un 28% y un 35% sufre al menos una caída por año³. La cifra asciende a un 42% en mayores de 75 años. Las tasas son incluso más altas entre aquellos que viven en instituciones geriátricas, donde hasta el 50% puede experimentar una caída anual⁵.
Las mujeres mayores tienden a tener una mayor prevalencia de caídas que los hombres, probablemente debido a mayores tasas de osteoporosis y fragilidad. Además, las personas con historial previo de caídas tienen un riesgo significativamente mayor de volver a caer.
La prevalencia también varía geográficamente. Estudios en América Latina han mostrado que la prevalencia en países como Brasil y México puede superar el 40%, lo que destaca la importancia de políticas públicas enfocadas en la prevención y el fortalecimiento de los servicios de salud primaria.
Causas:
Las caídas en los adultos mayores son eventos multifactoriales. Involucra interacciones complejas entre factores intrínsecos (relacionados con la persona) y extrínsecos (relacionados con el entorno). Entre los factores intrínsecos más comunes se incluyen:
– Alteraciones del equilibrio y la marcha, muchas veces asociadas al envejecimiento del sistema vestibular y musculoesquelético.
– Sarcopenia o pérdida progresiva de la masa y fuerza muscular, que afecta el control postural y la estabilidad.
– Enfermedades crónicas como la hipertensión ortostática, diabetes, artrosis, enfermedades neurológicas entre ellas el Parkinson y demencias⁴.
– Polifarmacia, definida como el uso de cinco o más medicamentos, especialmente psicotrópicos o antihipertensivos⁸.
– Deterioro sensorial a nivel visual y auditivo, que compromete la orientación y percepción del entorno.
Por otro lado, los factores extrínsecos incluyen:
– Iluminación deficiente en el hogar.
– Suelos resbaladizos o irregulares.
– Obstáculos en zonas de paso como alfombras sueltas o cables.
– Ausencia de pasamanos en escaleras y baños.
– Uso de calzado inadecuado⁷.
Los factores psicosociales también desempeñan un papel importante. El miedo a caer puede llevar a la reducción de la actividad física, lo que a su vez contribuye a la pérdida de fuerza y equilibrio, creando un círculo vicioso que aumenta el riesgo de nuevas caídas.
Prevención:
La prevención de caídas debe ser multidimensional y personalizada. No existe una única estrategia eficaz para todos los adultos mayores, por lo que la intervención debe ser adaptada al perfil de riesgo de cada individuo.
- Evaluación del riesgo: Existen herramientas como el test Timed Up and Go (TUG) o el Short Physical Performance Battery (SPPB) que permiten evaluar el equilibrio, la movilidad y el riesgo de caídas. La valoración geriátrica integral es clave para identificar factores modificables.
- Ejercicio físico: El entrenamiento en equilibrio, fuerza muscular y resistencia, como el Tai Chi, Pilates adaptado o programas de ejercicio multicomponente, ha demostrado reducir significativamente la incidencia de caídas⁷. Estos ejercicios también mejoran la confianza en el movimiento y reducen el miedo a caer.
- Revisión de la medicación: Una revisión periódica de los medicamentos por parte de un profesional de salud puede identificar fármacos que aumentan el riesgo de caídas, como benzodiacepinas, antidepresivos, antipsicóticos y antihipertensivos⁸.
- Adaptación del entorno: Intervenciones simples como mejorar la iluminación, instalar barras de apoyo en baños, eliminar alfombras sueltas y reorganizar muebles pueden prevenir caídas. La educación del paciente y sus cuidadores es fundamental para mantener un entorno seguro.
- Tecnología asistiva: El uso de sensores de movimiento, dispositivos de alarma de caídas, suelas inteligentes y tecnología de monitoreo remoto ofrece nuevas herramientas para la detección temprana y prevención⁶.
- Intervenciones comunitarias: Programas comunitarios que integran educación, ejercicio grupal y visitas domiciliarias por profesionales de salud han mostrado buenos resultados en la reducción de caídas. También es importante el trabajo interdisciplinario entre médicos, fisioterapeutas, enfermeros y trabajadores sociales.
CONCLUSIÓN
Las caídas en adultos mayores son un problema complejo, frecuente y prevenible. Sus consecuencias pueden llegar a ser graves, tanto para la salud del individuo como para los sistemas de salud por el elevado coste económico que generan. Por lo tanto, la prevención debe abordarse desde una esfera integral, considerando factores clínicos, ambientales y sociales.
El papel de los profesionales de la salud, junto con la participación activa de los adultos mayores y sus familias, es esencial para implementar estrategias efectivas. Promover el envejecimiento activo, el ejercicio físico, la revisión periódica de tratamientos médicos y la adecuación del entorno son pilares fundamentales para reducir el riesgo de caídas.
Finalmente, por todo ello, se requiere mayor inversión en políticas públicas, investigación y formación profesional que permita afrontar el reto creciente de las caídas en una población mundial que continúa envejeciendo.
BIBLIOGRAFÍA
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