Artículo monográfico. Sobrecrecimiento intestinal bacteriano

6 marzo 2025

 

AUTORES

  1. Mónica Carmen Pérez Quero. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.
  2. Paula Ameneiro Alonso. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.
  3. Yésica Sánchez Bertola. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.
  4. Raquel Arilla Peralta. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.
  5. Irene Galindo González. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.
  6. Ana Isabel Molina López. Enfermera. Hospital de Jaca. Huesca. España.

 

RESUMEN

El sobrecrecimiento bacteriano intestinal ocurre cuando hay una cantidad excesiva de bacterias, tanto aeróbicas como anaeróbicas, en el intestino delgado. Los síntomas más comunes incluyen distensión abdominal, flatulencias, hinchazón y diarrea, aunque por sí solos no son suficientes para confirmar el diagnóstico. Este se puede medir con precisión a través de cultivos del líquido extraído del lumen del intestino delgado mediante un procedimiento endoscópico. Dado que esta prueba es invasiva, la prueba de aliento con glucosa o lactulosa se utiliza con más frecuencia, aunque aún se requiere una mayor estandarización y validación. El tratamiento de elección son los antibióticos.

PALABRAS CLAVE

Sobrecrecimiento intestinal bacteriano.

ABSTRACT

Small intestinal bacterial overgrowth occurs when there is an excessive amount of both aerobic and anaerobic bacteria in the small intestine. The most common symptoms include abdominal distension, flatulence, bloating, and diarrhea, although these alone are not sufficient to confirm the diagnosis. This can be accurately measured through cultures of fluid extracted from the lumen of the small intestine using an endoscopic procedure. Since this test is invasive, the glucose or lactulose breath test is more commonly used, although further standardization and validation are still needed. The treatment of choice is antibiotics.

KEY WORDS

Bacterial intestinal overgrowth.

DESARROLLO DEL TEMA

El SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado) es una afección común pero poco diagnosticada. Los síntomas más frecuentes son distensión abdominal, gases, hinchazón y diarrea, pero no son suficientes para confirmar el diagnóstico1.

El rasgo característico del SIBO es la presencia excesiva de bacterias, tanto aeróbicas como anaeróbicas, en el intestino delgado, que normalmente tiene una colonización bacteriana mínima. La cantidad de bacterias se puede medir con precisión mediante cultivos del líquido aspirado endoscópicamente del lumen del intestino delgado, aunque es invasivo2.

La prueba de aliento con glucosa o lactulosa es menos invasiva, pero aún necesita mayor estandarización y validación. Factores como el uso de inhibidores de la bomba de protones, opioides, cirugías como el bypass gástrico y problemas de motilidad intestinal pueden aumentar el riesgo de SIBO1.

En tiempos recientes, se ha registrado un incremento en la cantidad de casos diagnosticados de SIBO, lo cual se atribuye principalmente a la disponibilidad de pruebas de aliento no invasivas que simplifican el diagnóstico2.

El tracto gastrointestinal en los adultos alberga la mayor cantidad de microorganismos en el cuerpo, especialmente en el colon, que contiene 38 billones de bacterias. El SIBO se define por un exceso de bacterias en el intestino delgado, acompañado de diversos síntomas gastrointestinales1.

El SIBO puede causar esteatorrea y pérdida de peso debido a la malabsorción de grasas, especialmente cuando hay alteraciones en la anatomía intestinal, como en el síndrome del asa ciega. También puede provocar deficiencias de vitaminas, particularmente de B12, lo que lleva a debilidad, ataxia sensorial y parestesia. La deficiencia grave de vitamina D, por malabsorción, puede causar entumecimiento alrededor de la boca, parestesia en manos y pies, y calambres musculares debido a la hipocalcemia3,4.

Los síntomas del SIBO son variados y poco específicos, e incluyen dolor abdominal, eructos, distensión, diarrea, hinchazón, flatulencia e indigestión, los cuales pueden presentarse con distinta frecuencia, duración e intensidad. Más de dos tercios de los pacientes experimentan estos síntomas1.

Diagnóstico:

Entender mejor el microbioma del intestino delgado es clave para abordar el SIBO, ya que permite a los médicos evaluar la efectividad de los métodos de diagnóstico. Aunque el conocimiento sobre el microbioma humano ha avanzado rápidamente, aún estamos en una etapa temprana, especialmente en lo que respecta al microbioma fuera del colon4.

El diagnóstico de SIBO es complicado, ya que requiere pruebas especializadas, lo que hace difícil estimar su prevalencia. No obstante, parece ser más común en mujeres y en personas mayores1,3.

El cultivo del intestino delgado es considerado el «mejor método diagnóstico» para confirmar el SIBO. Se establece un umbral de ≥10³ ufc/mL como resultado positivo, especialmente cuando se realiza un aspirado y cultivo duodenal, ya que los recuentos bacterianos suelen ser bajos en este ambiente más ácido1.

La prueba de aliento con glucosa y lactulosa se ha establecido como el método diagnóstico principal en la práctica clínica debido a ser no invasiva y de bajo costo4.

Las pruebas de aliento miden la concentración de gases como hidrógeno, metano o sulfuro de hidrógeno. Estas pruebas se basan en que las células humanas no producen estos gases, por lo que niveles elevados en el aire exhalado indican un aumento en la fermentación de carbohidratos no digeridos por las bacterias que colonizan el intestino delgado2.

La preparación antes de la prueba es crucial para obtener resultados diagnósticos precisos. Las pautas sugieren suspender el uso de antibióticos antes de la prueba, ya que su consumo puede alterar los niveles de hidrógeno y metano en el aliento exhalado4.

Existen varios mecanismos que protegen la microbiota del intestino delgado y previenen la colonización bacteriana excesiva, pero cuando estos se ven comprometidos, pueden llevar al SIBO. Los principales mecanismos de protección son: defensas antimicrobianas gastrointestinales (incluyen la producción de ácido clorhídrico, la secreción de enzimas pancreáticas, la bilis y la inmunidad mucosa), motilidad gastrointestinal y anatomía del tracto gastrointestinal (anomalías estructurales, como divertículos, estenosis, adherencias o fístulas, pueden alterar el intestino delgado)2.

Cuando estas barreras protectoras no funcionan correctamente, se desarrolla SIBO. Los ácidos gástricos y la bilis destruyen y previenen que las bacterias lleguen a los intestinos tras la ingesta de alimentos, lo que vincula el SIBO con la aclorhidria. Además, las enzimas proteolíticas descomponen las bacterias en los intestinos, por lo que la insuficiencia pancreática crónica también se asocia con el SIBO2.

 

Tratamiento:

El objetivo del tratamiento para el SIBO es aliviar los síntomas eliminando el exceso de bacterias, generalmente con antibióticos. Sin embargo, algunos pacientes siguen presentando síntomas a pesar del tratamiento, lo que podría indicar que existen otras condiciones subyacentes, como problemas de motilidad o el uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP), o que las bacterias son resistentes a los antibióticos1.

El tratamiento inicial para el SIBO se basa en el uso de antibióticos para eliminar el sobrecrecimiento bacteriano y corregir posibles deficiencias nutricionales. Entre los antibióticos utilizados se incluyen metronidazol, ciprofloxacina, tetraciclina, amoxicilina-clavulánico, neomicina y rifaximina, siendo esta última la más estudiada2.

No todos los probióticos son igualmente efectivos y deben ser utilizados con cuidado en pacientes con SIBO4. Se piensa que los probióticos pueden tener efectos positivos en la microbiota intestinal, aunque hay pocos estudios clínicos al respecto. Dado el costo y los posibles efectos secundarios de los antibióticos y probióticos, se han propuesto tratamientos no farmacológicos1.

Una dieta elemental puede ser una opción en aquellos casos donde los pacientes no toleran los antibióticos o no responden al tratamiento antibiótico después de dos ciclos2,3. Una dieta baja en oligosacáridos fermentables, disacáridos, monosacáridos y polioles, conocida como dieta baja en FODMAP, limita la fuente de energía que necesitan las bacterias para proliferar, lo que reduce la fermentación bacteriana2.

El personal de enfermería debe monitorear la efectividad y el avance del tratamiento durante la fase inicial, así como asegurar que el paciente cumpla con las indicaciones. Es importante controlar regularmente la ingesta calórica y el peso del paciente durante y después del tratamiento para asegurar una recuperación adecuada. Enfermería debe seguir de cerca estos aspectos e informar cualquier preocupación al médico responsable3.

 

CONCLUSIÓN

El SIBO provoca síntomas gastrointestinales inespecíficos y se asocia con diversas afecciones tanto gastrointestinales como no gastrointestinales. Debido a la variedad de síntomas, estos por sí solos no son suficientes para diagnosticar el SIBO. El cultivo bacteriano de aspirados del intestino delgado se considera el método diagnóstico más confiable. Entre los tratamientos efectivos y bien tolerados por los pacientes se incluyen el antibiótico no sistémico rifaximina y los antibióticos sistémicos1.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Rao SSC, Bhagatwala J. Small Intestinal Bacterial Overgrowth: Clinical Features and Therapeutic Management. Vol. 10, Clinical and translational gastroenterology. NLM (Medline); 2019. p. e00078.

2. Skrzydło-Radomańska B, Cukrowska B. How to Recognize and Treat Small Intestinal Bacterial Overgrowth? J Clin Med. 2022;11(20):1–9.

3. Sufian J. Sorathia; Venu Chippa; Juan M. Rivas. Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Available from: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK546634/

4. Achufusi TGO, Sharma A, Zamora EA, Manocha D. Small Intestinal Bacterial Overgrowth: Comprehensive Review of Diagnosis, Prevention, and Treatment Methods. Cureus. 2020;12(6).

 

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