AUTORES
- Daniel Rodrigálvarez Utrilla. Enfermero del Servicio de Dermatología, Nefrología y Digestivo del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- María Pilar Legido Román. Enfermera del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Miguel Servet, Zaragoza. España.
- Javier Cabrejas Cabrejas. Enfermero del Servicio de Hemodiálisis del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Ariadna Lancis García. Enfermera de la Mutua de Accidentes de Zaragoza (MAZ), Centro Asistencial de Borja, Zaragoza, España.
- Laura Cañada Osma. Enfermera Especialista en Salud Mental. Unidad de Hospitalización de Psiquiatría de Adultos del Hospital Clínico Lozano Blesa, Zaragoza. España.
- Miguel Ángel Tonello Gallego. Enfermero del Servicio de Urología del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza. España.
RESUMEN
Introducción: El consumo excesivo de bebidas azucaradas se ha convertido en un problema de salud global. En 2020, millones de nuevos casos de enfermedades cardiovasculares fueron atribuidos al consumo de bebidas azucaradas a nivel mundial. En España, las bebidas azucaradas se podrían agrupar en 3 tipos: las refrescantes, las deportivas y las energéticas, siendo estas últimas consumidas por aproximadamente el 49,2% de los jóvenes. Algunos autores, especialmente a través de la publicación de diversos casos clínicos, han reportado que un consumo excesivo de bebidas energéticas puede provocar diversas enfermedades gastrointestinales y renales tales como hepatitis, pancreatitis o insuficiencia renal aguda.
Objetivo: El objetivo de esta revisión es conocer si un consumo excesivo de bebidas energéticas puede provocar la aparición de patologías tanto digestivas como renales, especialmente en pacientes jóvenes.
Método: Se realizó una búsqueda sistemática utilizando distintas herramientas y bases de datos. Los principales recursos bibliográficos utilizados fueron PubMed, Web Of Science y CINAHL. Se utilizaron distintos términos MeSH y DeCS que relacionan el consumo de bebidas energéticas con enfermedades gastrointestinales como “energy drinks”, “gastritis” y “pancreatitis”. También se utilizaron los operadores booleanos AND y OR para realizar una búsqueda más exhaustiva.
Resultados y conclusiones: Si bien los casos clínicos presentados proporcionan una evidencia preliminar de una asociación entre el consumo de bebidas energéticas y diversas enfermedades como hepatitis, pancreatitis, gastritis atrófica, metaplasia gástrica intestinal e insuficiencia renal aguda, se necesitan más estudios de investigación para confirmar estos hallazgos y establecer una relación causal. Además, se requiere una mayor comprensión de los mecanismos biológicos subyacentes y cómo podrían provocar la aparición de estas enfermedades.
PALABRAS CLAVE
Bebidas energéticas, gastritis. pancreatitis, insuficiencia renal, bebidas azucaradas.
ABSTRACT
Introduction: Excessive consumption of sugar-sweetened beverages has become a global health problem. In 2020, millions of new cases of cardiovascular disease were attributed to the consumption of sugar-sweetened beverages globally. In Spain, sugar-sweetened beverages can be grouped into 3 types: soft drinks, sports drinks and energy drinks, the latter being consumed by approximately 49.2% of young people. Some authors, especially through the publication of various clinical cases, have reported that excessive consumption of energy drinks can cause various gastrointestinal and renal diseases such as hepatitis or pancreatitis.
Objective: The aim of this review is to find out whether excessive consumption of energy drinks can lead to the appearance of digestive and renal pathologies, especially in young patients.
Method: A systematic search was carried out using different tools and databases. The main bibliographic resources used were PubMed, Web Of Science and CINAHL. Different MeSH and DeCS terms relating energy drink consumption to gastrointestinal diseases such as “energy drinks”, “gastritis” and “pancreatitis” were used. Boolean AND and OR operators were also used to perform a more comprehensive search.
Results and conclusions: While the clinical cases presented provide preliminary evidence of an association between energy drink consumption and various diseases such as hepatitis, pancreatitis, atrophic gastritis, gastric intestinal metaplasia, and acute renal failure, further research studies are needed to confirm these findings and establish a causal relationship. In addition, further understanding of the underlying biological mechanisms and how they may lead to the onset of these diseases is required.
KEY WORDS
Energy drinks, gastritis, pancreatitis, renal insufficiency, sugar-sweetened beverages.
INTRODUCCIÓN
El consumo excesivo de bebidas azucaradas se ha convertido en un problema de salud global. Según diversos estudios, en 2020 aproximadamente 2,2 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y 1,2 millones de nuevos casos de enfermedades cardiovasculares fueron atribuidos al consumo de bebidas azucaradas en 184 países1.
Diversos estudios como el de Lara-Castor et al, destacan que las bebidas azucaradas contribuyen al aumento de peso y al aumento de enfermedades cardiometabólicas tanto de forma directa, como de manera indirecta a través del aumento de peso, afectando mayoritariamente a adultos jóvenes de sexo masculino residentes en áreas urbanas y con un alto nivel educativo1.
En España, las bebidas azucaradas se podrían agrupar en 3 tipos: las refrescantes, las deportivas y las energéticas. Según el estudio BEENIS, los tres tipos de bebidas son ampliamente consumidas por los jóvenes estudiados, cuyas edades están comprendidas entre 13 y 18 años. En nuestro país, las bebidas refrescantes son consumidas por un 92,9% de los jóvenes (especialmente en momentos de ocio) y las bebidas deportivas por un 61,7%, (preferentemente al realizar deporte). Por último, el 49,2% de los alumnos estudiados consumía bebidas energéticas (tanto en momentos de ocio como al realizar deporte), siendo en la mitad de las ocasiones ingeridas junto a alcohol2.
A pesar de que gran cantidad de artículos han estudiado la asociación entre un consumo excesivo de bebidas azucaradas y su relación con distintas enfermedades como la diabetes mellitus tipo 2, no hay tantos autores que hayan puesto un foco concreto sobre los perjuicios para la salud que pueden provocar uno de estos subgrupos, las bebidas energéticas. Estas, no solo poseen por norma general ingentes cantidades de azúcar provocando el aumento ya mencionado en la prevalencia de enfermedades cardiometabólicas sino que además, debido a su composición, posee diversos componentes añadidos que en exceso pueden resultar perjudiciales, como altas dosis de cafeína, taurina, guaraná o incluso niacina, la cual a pesar de ser una vitamina esencial, puede llegar a provocar hepatotoxicidad si es ingerida a altas dosis y su consumo es prolongado en el tiempo3–5.
Algunos autores, especialmente a través de la publicación de diversos casos clínicos, han reportado que un consumo excesivo de bebidas energéticas puede provocar diversas enfermedades tanto gastrointestinales como renales. Dentro de las enfermedades digestivas más relevantes que podrían estar asociadas a un consumo excesivo de bebidas energéticas se encuentran la hepatitis3–5, la gastritis atrófica6, la metaplasia gástrica intestinal6 y la pancreatitis7,8. En relación a las enfermedades renales, el excesivo consumo de este tipo de bebidas podría desembocar en algunos casos en una insuficiencia renal aguda3.
El objetivo de esta revisión es conocer si un consumo excesivo de bebidas energéticas puede provocar la aparición de patologías tanto digestivas como renales, especialmente en pacientes jóvenes.
METODOLOGÍA
Se realizó una búsqueda sistemática utilizando distintas herramientas y bases de datos. Los principales recursos bibliográficos utilizados fueron PubMed, Web Of Science y CINAHL.
En las búsquedas, se utilizaron distintos términos MeSH y DeCS que relacionan el consumo de bebidas energéticas con enfermedades gastrointestinales como “energy drinks”, “gastritis” y “pancreatitis”. También se utilizaron los operadores booleanos AND y OR para realizar una búsqueda más exhaustiva.
Los estudios incluidos en la revisión fueron aquellos publicados entre 2010 y 2025, ya que determinados casos clínicos como el de Apestegui et al, a pesar de haber sido publicados hace más de una década, fueron de los primeros en observar una posible asociación entre un consumo excesivo de bebidas energéticas y la aparición de determinadas enfermedades gastrointestinales, especialmente en pacientes jóvenes.
RESULTADOS
El consumo excesivo de bebidas azucaradas se ha convertido en un problema de salud global. Algunos estudios como el de Lara-Castor et al, indican que en 2020 aproximadamente 2,2 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y 1,2 millones de nuevos casos de enfermedades cardiovasculares fueron atribuidos al consumo de bebidas azucaradas1.
Los estudios publicados, también destacan que las bebidas azucaradas contribuyen de forma directa e indirecta tanto al aumento de peso como a la mayor aparición de enfermedades cardiometabólicas, siendo los adultos jóvenes de sexo masculino residentes en áreas urbanas y con un alto nivel educativo el colectivo más afectado1. En un primer momento, este perfil de paciente parece chocar con otros estudios publicados, ya que la relación entre el IMC y el nivel socioeconómico, ha sido estudiada por diferentes autores. En términos generales, los investigadores han encontrado una asociación inversa entre la clase social y el IMC. Es decir, cuanto menor es la clase social, mayor es el IMC; y cuanto mayor es la clase social, menor es el IMC 9,10. Sin embargo, diversos estudios como el de Ramiro-González et al, han descrito que distintos niveles socioeconómicos crean distintas estrategias en relación a sus hábitos de consumo. En este caso, las familias desfavorecidas basan su mejora dietética en la disminución del consumo de bebidas azucaradas11, lo que podría explicar que el perfil de paciente más afectado tenga un nivel socioeconómico alto. A este hecho, también puede contribuir la existencia de impuestos especiales a las bebidas azucaradas, lo que limitaría su consumo en estratos socioeconómicos bajos12.
Respecto a las enfermedades renales y digestivas que podrían estar asociadas al consumo concreto de bebidas energéticas, se encuentran la hepatitis, la gastritis atrófica, la metaplasia gástrica intestinal, la pancreatitis y la insuficiencia renal aguda. A continuación, desglosamos las distintas patologías con los distintos casos clínicos estudiados durante la revisión.
- Hepatitis:
La hepatitis parece ser la patología más prevalente en esta serie de casos clínicos, siendo descrita hasta por tres autores.
En el caso de Al Yacoub et al, estudiaron a una mujer de 62 años la cual desarrolló diversos problemas de salud como la ya mencionada hepatitis, además de insuficiencia renal aguda. Esto fue evidenciado con diversas analíticas que encontraron una elevación importante en las enzimas hepáticas y una disminución en la función renal. En este caso expuesto, se evidenció mejoría tras suspender el consumo de bebidas energéticas, además de la administración intravenosa de fluidoterapia y antibioterapia. En este caso, al igual que en los sucesivos que expondremos, los autores atribuyen la hepatitis al consumo excesivo de niacina a través de las bebidas energéticas3.
El estudio de Apestegui et al, expone un caso de hepatitis secundaria al consumo de bebidas energéticas. Este caso es interesante, ya que el paciente es un varón de 16 años, el cual se sometió a un trasplante hepático en septiembre de 2003 debido a un tumor biliar. En marzo de 2006 tuvo que ser someterse a un segundo trasplante debido a lesiones del tracto biliar. De nuevo, las excesivas cantidades de niacina presentes en las bebidas energéticas, parecen estar detrás de este daño hepático. De esta forma. Los autores ponen el foco no solamente a los riesgos derivados del consumo excesivo de bebidas energéticas, sino a la necesidad de que los médicos pregunten detalladamente durante la anamnesis sobre los hábitos de consumo de estas bebidas en pacientes con problemas hepáticos ya advertir sobre los riesgos a pacientes vulnerables como son aquellos que se han sometido a un trasplante de este tipo4.
El tercer estudio que relaciona daño hepático y un consumo excesivo de bebidas energéticas es el de Harb et al. En el siguiente artículo, expone el caso de un hombre de 50 años, el cual presentó signos de daño hepático, reflejados tanto en los estudios de laboratorio como en los estudios ecográficos. Tras la mejoría de síntomas durante el tratamiento hospitalario, los investigadores descartaron que las causas del daño hepático fueran infecciones virales o consumo de alcohol5. Nuevamente, los autores sospechan que los distintos componentes de las bebidas energéticas como la alta concentración de niacina podrían haber contribuido al daño hepático. Por ello, concluyen que se necesitan mayores estudios para conocer el efecto de todos estos componentes sobre la salud hepática.
- Gastritis atrófica y metaplasia gástrica intestinal:
El caso clínico de Garg et al, describe el caso de una mujer de 34 años, la cual desarrolló tanto gastritis atrófica, como metaplasia gástrica intestinal, la cual es considerada como una lesión premaligna del adenocarcinoma gástrico. En este caso, tras la anamnesis descubrieron que la mujer consumía regularmente una gran cantidad de bebidas energéticas. Lo más sorprendente de este caso es que al suspender el consumo de este tipo de bebidas, estas alteraciones en el revestimiento del estómago se revirtieron, planteando la posible asociación entre un consumo continuado de bebidas energéticas y el desarrollo de adenocarcinoma gástrico. No obstante, los mismos autores confirman que se necesitan más investigaciones para comprender completamente el mecanismo por el cual las bebidas energéticas causan este daño a la mucosa gástrica6.
- Pancreatitis:
La pancreatitis es la segunda patología digestiva más prevalente en la serie de casos clínicos encontrados.
En primer lugar, analizaremos el artículo de McMillan et al. En este caso, se presenta el caso de un paciente de 62 años con diagnóstico previo de pancreatitis crónica. Según describen los autores, el paciente sufrió una reagudización del dolor de la patología base ya conocida, debido según describen al abuso de bebidas energéticas. Este es un caso particular, ya que el paciente estudiado tiene múltiples antecedentes de abuso de alcohol y diversas drogas, aunque en el momento de la reagudización al parecer este no había consumido alcohol ni cocaína en los últimos 5 meses, si era consumidor activo de otras sustancias como cannabis7.
Aunque en este caso los autores relacionaron los síntomas con el abuso en la ingesta de bebidas energéticas, podrían existir múltiples factores que podrían haber desencadenado este episodio de exacerbación.
Más esclarecedor es el caso presentado por Randhawa et al. En él, exponen un caso de un varón de 29 años, que fue diagnosticado de pancreatitis aguda. Aunque el paciente no consumía alcohol, si ingería una gran cantidad de bebidas energéticas. Los estudios de imagen descartaron que la pancreatitis fuera causada por causas biliares como pudiera ser una litiasis biliar8.
Aunque el mecanismo exacto no está completamente claro, los autores sugieren posibles componentes de este tipo de bebidas como la alta concentración de cafeína, azúcar y otros ingredientes, que podrían tener un efecto negativo en el páncreas pudiendo desencadenar en casos como el presentado una pancreatitis aguda.
- Insuficiencia renal aguda:
En este particular, volvemos al primer caso clínico mostrado. En relación con la patología renal descrita, el componente que aparentemente es el desencadenante de la insuficiencia renal aguda, son las altas dosis de taurina presente en las bebidas energéticas que ingería la paciente3.
DISCUSIÓN-CONCLUSIONES
Si bien los casos clínicos presentados proporcionan una evidencia preliminar de una asociación entre el consumo de bebidas energéticas y los diversos problemas tanto gastrointestinales como renales, se necesitan más estudios de investigación para confirmar estos hallazgos y establecer una relación causal. Además, se requiere una mayor comprensión de los mecanismos biológicos subyacentes que median estos efectos adversos.
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